lunes, 8 de junio de 2015

Servicio Bíblico Latinoamericano Semana del 14 al 20 de Junio de 2015 – Ciclo B

OBSERVACIONES
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Domingo 14 de junio de 2015
Domingo 11º Ordinario
Eliseo

Ez 17,22-24: Ensalzó un árbol humilde
Salmo 91: Es bueno darte gracias, Señor
2Cor 5,6-10: En destierro o en patria nos esforzamos en agradar al Señor
Mc 4,26-34: La semilla más pequeña se hace más alta que las demás hortalizas



La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.


El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.
Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema del Reino, que es el protagonista de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue... la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Por que fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fe perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él.
[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados- que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que los hoy día «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II... En el último milenio de la Iglesia se dio lo que Teófilo Cabestrero denomina «el eclipse del Reino»: la Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica es la expresión de esta confusión en las palabras del P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX que sintetizaba su definición de Reino de Dios en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es la Iglesia, porque la Iglesia sería el Reino de Dios en la tierra...; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior... Ninguna de estas tres definiciones coincide con lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba y soñaba y se exponía por el Reino de Dios...]
Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda-. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libro Espiritualidad de  la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema dela transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino...
El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Y no es una «nueva teología», sino el pensamiento mismo de Jesús...
Sería vano quedarse en explicaciones simplonas sobre la semilla y los árboles grandes que acogen a todas las aves... sin entrar en lo que realmente significaba para Jesús el tema del Reino, y sin dejar entrever que esa pasión por conseguir la Utopía del Reino por parte de Jesús, es no sólo la ipsissima verba Iesu (las mismísimas palabras de Jesús), sino también la ipsissima intentio Iesu, o sea, la mismísima intención de Jesús, y por tanto Su mismísima Causa, y –permítasenos llevar a término esta argumentación de consecuencias concatenadas- que, por tanto, también debe ser la Causa misma del cristiano. Mostrar esto es, de hecho, el principal objetivo de la homilía... 

Para la revisión de vida

         ¿Da mi vida frutos por la semilla de la Palabra de Dios plantada en mi vida?
         ¿Es un árbol frondoso o un árbol raquítico?
         ¿Soy, como Jesús, un/una fanático/a de la Causa del Reino?

Para la reunión de grupo

-              Tres preguntas graduales:
-              Un primer tema digno de afrontar y estudiar es el del Reino de Dios como causa, motivo, obsesión, manía... de Jesús... Puede ser útil acercarse a la figura histórica de Jesús por medio de alguna adecuada lectura. Por ejemplo, el «Jesús, aproximación histórica» de José Antonio Pagola. (Está replicado ampliamente por internet). Escoger un capítulo, leerlo previamente, y debatirlo en grupo).
-              Una cuestión: la Lumen Gentium, la declaración del Vaticano II sobre la Iglesia, dice que la Iglesia es «germen del Reino»... No dice que la Iglesia es «el germen del Reino». El artículo determinado identificaría a la Iglesia como «el germen» del Reino, el único; sin artículo, la Iglesia es solamente «uno de los gérmenes del Reino», uno entre otros, es decir, que no tiene su exclusiva, ni es la dueña, ni puede sentirse orgullosa de ser imprescindible... Comentar las consecuencias que esto tiene para las relaciones de la Iglesia con el mundo, las relaciones de la Iglesia con el ecumenismo, y sus relaciones también con otras religiones...

Para la oración de los fieles

-              Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
-              Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.
-              Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los seres humanos, para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.
-              Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos al Señor.
-              Por todos los pobres del mundo, para que con nuestra fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos al Señor.
-              Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.

Oración comunitaria

         Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, ¡el Reino de Dios!,  de modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que nos sostiene. Por Jesucristo.



Lunes 15 de junio de 2015
Vito, María Micaela

2Cor 6,1-10: Damos prueba de que somos ministros de Dios
Salmo 97: Aclamemos con júbilo al Señor
Mt 5,38-42: Les digo que no opongan resistencia al que les hace el mal



El evangelio de hoy comienza con una ley que en su tiempo tuvo una importancia enorme para poner coto a la violencia sin límite: la ley del Talión, “ojo por ojo y diente por diente” (Éx 21,3). Con esta sentencia se pretendía frenar la violencia respondiendo siempre en la misma medida al agravio, ofensa o daño sufrido, y no con un daño o venganza superior. Jesús quiere poner fin a esa cadena de violencia, y propone algo que puede resultarnos conformista: “no opongan resistencia al que les hace el mal…”. Si el cristiano lleva a la práctica al pie de la letra esta consigna del Señor, puede confundirse con un conformista que deja pasar todo, incluso la maldad y la injusticia. Pero éste no es el sentido de las palabras de Jesús. El cristiano debe estar dispuesto a sorprender al otro hasta hacerlo salir del camino de la violencia y de la venganza, e introducirlo por el camino del amor, que rechaza toda violencia. Esto es lo que quiere decir Jesús, y no que seamos resignados o conformistas frente a la injusticia. Cada uno deberá ingeniárselas para discernir cuál es la actitud que debe seguir para romper la cadena del odio, la violencia y la venganza sin límite, que siempre conduce a la muerte y nunca a la vida.



Martes 16 de junio de 2015
Aureliano


2Cor 8,1-9: Cristo se hizo pobre por ustedes
Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor
Mt 5,43-48: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores



La violencia tiene límites; el amor no. Jesús propone amar hasta lo inimaginable: hasta al enemigo. Llega a incluir dentro del concepto de “prójimo” no sólo “al que está cerca de mí”, sino también “a aquél a quien yo me acerco”, como queda de manifiesto en la parábola del samaritano, donde este hombre se acerca al malherido para curar sus heridas, y no tiene dudas en prometer al posadero que pagará todos los cuidados que tenga con el malherido hasta que esté restablecido del todo. El discípulo debe adoptar esta actitud de amor sin fronteras, siguiendo el modelo de Dios, que manda luz, calor, agua y vida a todos por igual; a malos y buenos, a justos e injustos. Los cristianos tienen que practicar este amor universal, aunque con frecuencia no sean correspondidos. A la hora de amar, deben estar dispuestos a no hacer distinciones entre amigos y enemigos. Sólo de este modo llegarán a ser hijos de Dios, esto es, de su misma naturaleza; o lo que es igual, su actuar será siempre todo amor que se ofrece al otro para darle vida. Hacernos “prójimo” con los que más nos necesiten es un acto de amor sin precedente. Es la misión de todo aquél que se hace llamar “cristiano”. 



Miércoles 17 de junio de 2015
Ismael, Samuel


2Cor 9,6-11: Al que da de buena gana lo ama Dios
Salmo 111: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor
Mt 6,1-6.16-18: Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará



Jesús desenmascara el modo de obrar de los fariseos, y recomienda a sus discípulos cómo tienen que hacer las obras de piedad: la limosna, la oración y el ayuno. Ninguna de ellas debe hacerse para llamar la atención de la gente, para ser vistos, ganar prestigio o adquirir una posición de poder y privilegio ante los demás. Jesús recomienda hacer limosna sin aspavientos, hasta el punto que “tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha”, pues la limosna que se hace con ostentación y busca el reconocimiento y el prestigio social, ofende al pobre. Quien así actúa es un hipócrita. Jesús recomienda evitar la oración ostentosa de los fariseos, pues la oración no es un acto de exhibición, sino un encuentro personal con Dios que debe hacerse desde lo profundo de uno mismo. De no ser así, la oración no consigue su objetivo. El tercer ejemplo explica cómo el ayuno que agrada a Dios no es aquel que se hace con ostentación, sino el que se practica como símbolo de solidaridad con el dolor y el sufrimiento humano. Quien actúa así, Dios, nuestro Padre, que ve en lo escondido, lo recompensará.



Jueves 18 de junio de 2015
Germán, Salomón


2Cor 11,1-11: No se dejen corromper, seansinceros y fieles
Salmo 110: El Señor recuerda siempre su alianza
Mt 6,7-15: Cuando ustedes recen, no sean charlatanes



Pocos textos del evangelio han sido tan mal traducidos como el del Padre Nuestro. El sentido de esta oración es muy distinto al que suele dársele, pues en realidad le pedimos al Padre del Cielo que se entere toda la gente del nuevo nombre de Dios, a quien Jesús nos invita a llamar “Padre”. En lugar de desear que venga su reino, le pedimos que reine sobre nosotros; no queremos que se cumpla su voluntad con relación a cada acto de nuestra vida, sino que su designio de salvación sobre el mundo se haga realidad; no solicitamos que nos dé el pan de cada día, sino que adelante el pan del mañana –el banquete anunciado para los último tiempos– al día de hoy; continuamos pidiéndole que cancele lo mucho que le debemos, cuando vea que nosotros cancelamos las deudas que tienen los demás hacia nosotros. Por último, le rogamos que no nos deje caer en la (triple) tentación –del poder, del prestigio y del dinero–, librándonos del malo, imagen de Satanás, que no quiere un mundo de hermanos en el que todos puedan llamar al Dios del cielo “Padre nuestro”. ¡Qué pena que haya sido tan mal traducida la oración cristiana por excelencia!



Viernes 19 de junio de 2015
Romualdo


2Cor 11,18.21b-30: Pesa sobre mí la preocupación por todas las comunidades cristianas
Salmo 33: El Señor libra de sus angustias a los justos
Mt 6,19-23: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón



La literatura está plagada de relatos de personas que descubren un tesoro y dejan todo por alcanzarlo. Casi siempre es algún misterioso secreto del universo. Jesús conocía la fuerza de esos sueños infantiles y por eso nos propone un desafío: descubrir el tesoro oculto que es el Reino de Dios. Ese desafío nos puede conducir a descubrir una nueva dimensión de la vida, en la que las seguridades más imperiosas de la cultura como son la riqueza, el prestigio y el poder cedan ante el amor, la justicia y la gracia. ¿Qué podemos tener y qué debemos elegir para alcanzar aquello que deseamos? – El evangelio nos indica el camino al recordarnos que debemos cambiar la mirada. Sólo una mirada limpia, un ojo abierto, una mente transformada por la enseñanza de Jesús es capaz de descubrir el tesoro, donde las demás personas sólo ven pobreza, opresión y limitaciones. ¿Qué podemos dar a cambio de la vida? Únicamente la vida misma. Una vida conducida por los valores más altos, pero al mismo tiempo, siempre atenta a la dura realidad humana y dispuesta a aceptar los propios límites y errores. La enseñanza de Jesús es un tesoro oculto que sólo podremos descubrir entrenando nuestro ojo en la espiritualidad.



Sábado 20 de junio de 2015
Silverio, Raul


2Cor 12,1-10: Muy a gusto presumo de mis debilidades
Salmo 33: El Señor está cerca de los atribulados
Mt 6,24-34: No se preocupen por el día de mañana



Es natural que nos preocupemos por el mañana. La especie humana ha sobrevivido en gran parte precisamente por esa extraordinaria capacidad de previsión; desde el ama de casa que cultiva con esmero su huerta en previsión de malas cosechas o de falta de empleo, hasta las grandes potencias mundiales que anticipan los futuros desarrollos tecnológicos. Todos, sin excepción, basan su seguridad inmediata o a largo plazo en la capacidad de anticipar lo que pueda ocurrir. Sin embargo, detrás de esto puede anidar una falsa seguridad que de repente se transforma en un ave rapaz, dispuesta a arrancarnos los ojos. Aunque tengamos capacidad de previsión y nos preparemos para lo inesperado, no podemos controlar el futuro. El mundo por venir es todavía una posibilidad que nunca estará completamente determinada. ¿Qué nos queda entonces? Desplazar nuestras seguridades hacia nuestras propias convicciones, reconocer el valor de nuestras experiencias, particularmente de nuestra experiencia espiritual. Sólo si valoramos el presente y recuperamos la memoria del pasado tendremos la capacidad necesaria para valorar las novedades del futuro. Detrás de cada invento tecnológico podemos descubrir una oportunidad de integrarnos o sólo una tentación más de aislarnos. Cada novedad nos puede rescatar; pero también nos puede confundir y extraviar.





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