jueves, 4 de junio de 2015

SAN BONIFACIO. Nació en Inglaterra el año 673. Primero profesó la Regla benedictina en el monasterio de Exeter, del que pasó al de Nursling, y se dedicó al estudio, la oración, la docencia y la predicación. Después se convirtió en uno de los mayores misioneros de la Edad Media. El año 719 marchó a Alemania a predicar la fe cristiana a los paganos de Hesse, Baviera, Westfalia, Turingia y Wurtemberg, lo que hizo con notable éxito. Como gesto simbólico hizo talar la encina de Geismar, sagrada para los paganos. Tres veces viajó a Roma para hablar con el Papa y, en el segundo viaje, fue consagrado obispo, con sede en Maguncia. El Papa lo autorizó a consagrar obispos por toda Germania y le confió la reforma de la Iglesia franca. Con ayuda de varios compañeros llegados de Inglaterra, fundó iglesias y monasterios, entre ellos el de Fulda, congregó diversos concilios y promulgó leyes. Contó con el apoyo de Carlos Martel e invistió del poder real a Pipino. Durante una expedición apostólica por Frisia, un grupo de paganos acabó con su vida y la de sus compañeros en Dokkum el 5 de junio del año 754.- Oración: Concédenos, Señor, la intercesión de tu mártir san Bonifacio, para que podamos defender con valentía y confirmar con nuestras obras la fe que él enseñó con su palabra y rubricó en el martirio con su sangre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
* * *
Santos Domingo Toai y Domingo Huyen. Son dos mártires vietnamitas, casados y padres de familia, de profesión pescadores, que compartían la misma fe cristiana. El 5 de junio de 1862, en tiempo del emperador Tu Duc, en la ciudad de Tang Gia, los introdujeron en sendas chozas de cañas secas, a las que prendieron fuego, pereciendo los dos quemados vivos. Antes habían padecido una larga y dura prisión en la que, sometidos a toda clase de torturas, con gran fuerza de ánimo, exhortaban a sus compañeros a mantenerse firmes en la fe.
San Doroteo de Tiro. Cuando todavía era presbítero, padeció mucho en tiempo del emperador Diocleciano, pero sobrevivió. Más tarde, ya obispo de Tiro en Fenicia (Líbano), sufrió la persecución del emperador Juliano y, con más de ciento siete años de edad, fue martirizado en Tracia.
Santos Eoban, Adelario y compañeros. Eran compañeros de san Bonifacio y colaboradores suyos, que sufrieron el martirio juntamente con él en Dokkum, Frisia (hoy Holanda), el 5 de junio del año 754. Estos son los nombres de los once santos mártires: Eoban, obispo; Adelario, Vintrungo y Gualterio, presbíteros; Amundo, Sevibaldo y Bosa, diáconos; Vaccaro. Gundecaro, Eluro y Atevulfo, monjes.
San Eutiquio. Obispo de Como (Liguria, Italia), insigne por su vida de oración y su amor a la soledad con Dios. Murió el año 539.
San Franco. Nació en Roio (L'Aquila, Italia). De joven ingresó en el monasterio benedictino de San Jorge, en Lucoli, donde permaneció unos veinte años llevando una vida monástica ejemplar. Después, con permiso de los superiores, estuvo llevando vida eremítica por los Apeninos, hasta que se estableció cerca de Assergi (Abruzzo), en una gruta de los Montes Sabinos. Murió el año 1270.
San Ilidio. Obispo de Clermont-Ferrand (Aquitania, Francia). Según la tradición, el emperador Máximo lo llamó a Tréveris (Alemania) para que curase a su hija enferma o, como se creía entonces, endemoniada. El santo la curó y, durante el viaje de regreso, murió el año 384.
San Lucas Vu Ba Loan. Sacerdote vietnamita que, durante la persecución del emperador Mihn Mang, fue arrestado, llevado a la cárcel y sometido a juicio. Hicieron todo lo posible, torturas y promesas halagüeñas, para que apostatara, pero permaneció firme en la confesión de su fe. Lo decapitaron en Hanoi (Vietnam) el año 1840.
Santos Marciano, Nicandro, Apolonio y compañeros mártires. Según la tradición, por haber profesado la fe cristiana, después de haberlos sometido a crueles suplicios, los encerraron en un recinto amurallado, quedando expuestos al sol ardiente hasta que murieron extenuados por el calor, la sed y el hambre. Esto sucedió en Egipto en el siglo III.
San Pedro Spanó. Fue un ermitaño que vivió entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII. Fundó un monasterio eremítico en Ciano, cerca de Mileto en Calabria (Italia), que encarnó los ideales del monaquismo greco-calabrés de vida solitaria, extremada pobreza y mortificación, continua oración y espíritu de compunción.
San Sancho de Córdoba. Nació en Albi (Francia). Lo capturaron y lo llevaron a Córdoba (España), entonces bajo el poder musulmán, donde consiguió la libertad y entró en la guardia personal del emir. Mantuvo su fe cristiana y la alimentó con los consejos y palabras de san Eulogio de Córdoba, que es quien narra su martirio. Y siendo todavía muy joven, el año 851, en el reinado del emir Abderramán II, por negarse a apostatar y a abrazar la religión musulmana, fue empalado y luego abrasado en voraz hoguera.
Beato Adán Arakawa de Amakusa. Nació en Arima (Japón) el año 1551. Seglar japonés de la diócesis de Fukuoka, casado, hombre de fe sencilla y bien formada, siempre contento, catequista y, al marchar los misioneros, responsable de la comunidad cristiana. Fue encarcelado y repetidamente torturado desde el 21 de marzo de 1614. Afirmó su fidelidad a las autoridades civiles, pero también la independencia de su fe. En medio de las torturas, después de anunciar a Cristo, permanecía continuamente en oración. Fue decapitado en Shiki el 5 de junio de 1614 por no querer apostatar de su fe y por su calidad de animador catequista de la comunidad. Fue beatificado el año 2008.
Beata Margarita Lucía Szewczyk. Fundadora de las Hijas de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. Nació el ańo 1828 en Wolyn (hoy Ucrania). Pronto quedó huérfana de padre y madre y se educó con su hermanastra mayor. A la edad de 20 ańos entró en la Tercera Orden Franciscana. En 1870 peregrinó a Tierra Santa y como fruto de la experiencia allí vivida decidió consagrarse a ayudar a pobres, ancianos y enfermos. Los acogió primero en su departamento y más tarde pudo abrir una casa con jardín. Con las mujeres que se le unieron en su vida y apostolado llevó a cabo su fundación. Murió en Nieszawa (Polonia) el 5 de junio de 1905. Beatificada el 2013.

* * *

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
Jesús, antes de su Ascensión, dijo a sus Apóstoles: -Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines del mundo (Hch 1,5.8).
Pensamiento franciscano:
Dice san Francisco en su Regla: -Ningún hermano predique contra la forma e institución de la santa Iglesia y a no ser que le haya sido concedido por su ministro. Y guárdese el ministro de concederlo sin discernimiento a alguien. Sin embargo, todos los hermanos prediquen con las obras (1 R 17,1-3).
Orar con la Iglesia:
Oremos a Dios Padre que, por la muerte y resurrección de Cristo, nos ha dado el Espíritu Santo:
-Por la Iglesia, para que, impulsada por el Espíritu Santo, permanezca atenta a lo que sucede en el mundo y pueda iluminarlo todo con el Evangelio.
-Por todos los pueblos y razas en la diversidad de sus culturas y civilizaciones, para que el Espíritu Santo abra los corazones de todos al Evangelio.
-Por nuestro mundo de hoy, para que el Espíritu Santo promueva la esperanza de un mundo mejor y vislumbremos el gran día de Jesucristo.
-Por todos y cada uno de nosotros, para que, iluminados y fortalecidos por el Espíritu Santo, demos de palabra y de obra testimonio de Jesús.
Oración: Dios todopoderoso, que el Espíritu Santo, luz de tu luz, alumbre y fortalezca nuestros corazones, para que seamos ante los hombres testigos de Cristo y de su Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
* * *
SAN BONIFACIO
Benedicto XVI, Catequesis del 11 de marzo de 2009
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy vamos a reflexionar sobre un gran misionero del siglo VIII, que difundió el cristianismo en Europa central: san Bonifacio, que ha pasado a la historia como «el apóstol de los germanos». Nació en una familia anglosajona en Wessex alrededor del año 675 y fue bautizado con el nombre de Winfrido. Entró muy joven en un monasterio, atraído por el ideal monástico. Poseyendo notables capacidades intelectuales, parecía encaminado a una tranquila y brillante carrera de estudioso.
Ordenado sacerdote cuando tenía cerca de treinta años, se sintió llamado al apostolado entre los paganos del continente. Gran Bretaña, su tierra, evangelizada apenas cien años antes por los benedictinos encabezados por san Agustín, mostraba una fe tan sólida y una caridad tan ardiente que enviaba misioneros a Europa central para anunciar allí el Evangelio. En el año 716, Winfrido, con algunos compañeros, se dirigió a Frisia (la actual Holanda), pero se encontró con la oposición del jefe local y el intento de evangelización fracasó. Volvió a su patria, pero no se desalentó: dos años después vino a Roma para hablar con el papa Gregorio II y recibir directrices. El Papa, según el relato de un biógrafo, lo acogió «con el rostro sonriente y con la mirada llena de dulzura», y en los días siguientes mantuvo con él «coloquios importantes», y, al final, tras haberle impuesto el nuevo nombre de Bonifacio, con cartas oficiales le encomendó la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de Alemania.
Confortado y sostenido por el apoyo del Papa, san Bonifacio se dedicó a la predicación del Evangelio en aquellas regiones, luchando contra los cultos paganos y reforzando las bases de la moralidad humana y cristiana. Con su actividad incansable, con sus dotes organizadoras y con su carácter dúctil y amable, a pesar de su firmeza, san Bonifacio obtuvo grandes resultados. El Papa entonces «declaró que quería imponerle la dignidad episcopal, para que así pudiera corregir con mayor determinación y devolver al camino de la verdad a los equivocados, se sintiera apoyado por la mayor autoridad de la dignidad apostólica y fuera tanto más aceptado por todos en el oficio de la predicación cuanto más parecía que por este motivo había sido ordenado por el prelado apostólico».
Fue el mismo Sumo Pontífice quien consagró «obispo regional» -es decir, para toda Alemania- a san Bonifacio, el cual retomó sus fatigas apostólicas en los territorios que se le confiaron y extendió su acción también a la Iglesia de la Galia: con gran prudencia restauró la disciplina eclesiástica, convocó varios sínodos para garantizar la autoridad de los sagrados cánones y reforzó la necesaria comunión con el Romano Pontífice: ésta era una de sus principales preocupaciones. También los sucesores del papa Gregorio II lo tuvieron en gran aprecio: Gregorio III lo nombró arzobispo de todas las tribus germánicas, le envió el palio y le dio facultad para organizar la jerarquía eclesiástica en aquellas regiones.
El gran obispo, además de esta labor de evangelización y organización de la Iglesia mediante la fundación de diócesis y la celebración de sínodos, favoreció la fundación de varios monasterios, masculinos y femeninos, a fin de que fueran un faro para irradiar la fe y la cultura humana y cristiana en el territorio. De los cenobios benedictinos de su patria había llamado a monjes y monjas, que le prestaron una ayuda eficacísima y valiosa en la tarea de anunciar el Evangelio y de difundir las ciencias humanas y las artes entre las poblaciones.
En efecto, con razón consideraba que el trabajo por el Evangelio debía ser también trabajo en favor de una verdadera cultura humana. Sobre todo el monasterio de Fulda -fundado hacia el año 743- fue el corazón y el centro de irradiación de la espiritualidad y de la cultura religiosa: allí los monjes, en la oración, en el trabajo y en la penitencia, se esforzaban por tender a la santidad, se formaban en el estudio de las disciplinas sagradas y profanas, y se preparaban para el anuncio del Evangelio, para ser misioneros. Así pues, por mérito de san Bonifacio, de sus monjes y de sus monjas -también las mujeres desempeñaron un papel muy importante en esta obra de evangelización- floreció asimismo la cultura humana que es inseparable de la fe y que revela su belleza.
Aunque ya era de edad avanzada -tenía alrededor de 80 años- se preparó para una nueva misión evangelizadora: con cerca de cincuenta monjes volvió a Frisia, donde había comenzado su obra. El 5 de junio del año 754, al comenzar la celebración de la misa en Dokkum (actualmente, en el norte de Holanda), fue asaltado por una banda de paganos. Avanzando con frente serena, «prohibió a los suyos que combatieran». Fueron sus últimas palabras antes de caer bajo los golpes de sus agresores. Los restos mortales del obispo mártir fueron llevados al monasterio de Fulda, donde recibieron digna sepultura.
A distancia de siglos, ¿qué mensaje podemos recoger de la enseñanza y de la prodigiosa actividad de este gran misionero y mártir? Una primera evidencia se impone a quien se acerca a san Bonifacio: la centralidad de la Palabra de Dios, vivida e interpretada en la fe de la Iglesia. La segunda evidencia, muy importante, que emerge de la vida de san Bonifacio es su fiel comunión con la Sede apostólica, que era un punto firme y central de su trabajo misionero. Una tercera característica: promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica. Como auténtico hijo de san Benito, supo unir oración y trabajo (manual e intelectual), pluma y arado.
* * *
PASTOR SOLÍCITO QUE
VELA SOBRE LA GREY DE CRISTO
De las cartas de san Bonifacio
La Iglesia, que es como una barca que navega por el mar de este mundo y que se ve sacudida por las diversas olas de las tentaciones, no ha de dejarse a la deriva, sino que debe ser gobernada.
En la primitiva Iglesia tenemos el ejemplo de Clemente y Cornelio y muchos otros en la ciudad de Roma, Cipriano en Cartago, Atanasio en Alejandría, los cuales, bajo el reinado de los emperadores paganos, gobernaban la nave de Cristo, su amada esposa, que es la Iglesia, con sus enseñanzas, con su protección, con sus trabajos y sufrimientos hasta derramar su sangre.
Al pensar en éstos y otros semejantes, me estremezco y me asalta el temor y el terror, me cubre el espanto por mis pecados, y de buena gana abandonaría el gobierno de la Iglesia que me ha sido confiado, si para ello encontrara apoyo en el ejemplo de los Padres o en la Sagrada Escritura.
Mas, puesto que las cosas son así y la verdad puede ser impugnada, pero no vencida ni engañada, nuestra mente fatigada se refugia en aquellas palabras de Salomón: Confía en el Señor con toda el alma, no te fíes de tu propia inteligencia; en todos tus caminos piensa en él, y él allanará tus sendas. Y en otro lugar: El nombre del Señor es un torreón de fortaleza: a él se acoge el honrado, y es inaccesible. Mantengámonos en la justicia y preparemos nuestras almas para la prueba; sepamos aguantar hasta el tiempo que Dios quiera y digámosle: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tengamos confianza en él, que es quien nos ha impuesto esta carga. Lo que no podamos llevar por nosotros mismos, llevémoslo con la fuerza de Aquel que es todopoderoso y que ha dicho: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Mantengámonos firmes en la lucha en el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de angustia y aflicciónMuramos, si así lo quiere Dios, por las santas leyes de nuestros padres, para que merezcamos como ellos conseguir la herencia eterna.
No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a los hombres de toda condición y de toda edad, en la medida en que Dios nos dé fuerzas, a tiempo y a destiempo, tal como lo escribió san Gregorio en su libro de los pastores de la Iglesia.
* * *
«TENER EL ESPÍRITU DEL SEÑOR» (V)
por Ignace-Étienne Motte, ofm
POBREZA Y ACCIÓN DE GRACIAS
La sed de apropiación cede el paso al espíritu de pobreza. El hombre aprende a recibirlo todo como don, a no cerrar los brazos aferrando lo que se le ha confiado, a reconocer que todo viene de Dios y a devolvérselo dándole gracias.
Las Admoniciones describen ampliamente esta actitud y la presentan como el fruto por excelencia de la acción del Espíritu Santo en el hombre: «Así se puede conocer si el siervo de Dios tiene el Espíritu del Señor...» (Adm 12,1). El criterio indiscutible del dominio del Espíritu consiste en la no apropiación:
«Así se puede conocer si el siervo de Dios tiene el Espíritu del Señor: si, cuando el Señor obra por medio de él algún bien, no por eso su carne se exalta, porque siempre es contraria a todo lo bueno, sino que, más bien, se tiene por más vil ante sus propios ojos y se estima menor que todos los otros hombres» (Adm 12).
La razón es muy simple: abandonado a sus solas fuerzas, el hombre pecador es incapaz por sí mismo del bien:
«Dice el Apóstol: "Nadie puede decir Jesús es el Señor, sino en el Espíritu Santo"; y: "No hay quien haga el bien; no hay ni uno solo"» (Adm 8,1-2).
Así, pues, el bien no nos pertenece, le pertenece a Dios, que es «Todo Bien». Tener el Espíritu es dejar, con toda pobreza, que Dios haga el bien como quiera y no retener de ningún modo el bien que Dios hace. El primer fruto, el fruto esencial del Espíritu Santo consiste en abrirse a Dios mediante la pobreza. Se diría de buena gana: «Dichosos los que son pobres en el Espíritu Santo». La regla de oro del Reino gratuito consiste en no retener nada para uno mismo y en restituir todo a Dios mediante la acción de gracias:
«Y restituyamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos son suyos, y démosle gracias por todos ellos, ya que todo bien de Él procede. Y el mismo altísimo y sumo, solo Dios verdadero, posea, a Él se le tributen y Él reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las acciones de gracias y la gloria; suyo es todo bien; sólo Él es bueno» (1 R 17,17-18).
MINORIDAD Y MISERICORDIA
No apropiarse de nada y dar a Dios lo que es de Dios, equivale también a hacerse pequeño ante los demás. A la voluntad de dominio del hombre carnal se opone el espíritu de minoridad.
«Nunca debemos desear estar sobre otros, sino, más bien, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana criatura por Dios. Y sobre todos aquellos y aquellas que cumplan estas cosas y perseveren hasta el fin, se posará el Espíritu del Señor y hará en ellos habitación y morada» (2CtaF 47-48).
«Ser siervos y estar sujetos», escribe Francisco. Son los términos que él suele emplear cuando describe la minoridad (por ejemplo, 1 R 16,7; 2CtaF 1; 2 R 12,4; Test 19...). Se trata de reconocer el señorío de Dios sobre el hermano, el plan de amor gratuito de Dios sobre él. Entonces uno se hace menor que el otro, se abaja ante él, hasta sus pies, por respeto, por veneración, para servir en él el designio de amor, para que viva.
¿No es ésta la actitud profunda de Jesús hacia los «que el Padre le ha dado»? Este increíble abajamiento del Hijo, asombroso eco del amor misericordioso del Padre, ha quedado indeleblemente grabado en la escena del lavatorio de los pies (Jn 13), que inspiró a Francisco su programa de vida y el nombre de su familia: «Todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro» (1 R 6,3).
Tener el Espíritu del Señor Jesús consiste en incorporarse a la actitud de abajamiento del Hijo de Dios, que tomó la humilde condición de criatura para unirse al hombre en el vacío de su pobreza y transfigurarla con su amor. Cuando es abrazada por Jesús, la amargura de nuestra lepra humana se transforma en la dulzura de la misericordia de Dios.

* * *
DÍA SEGUNDO
V/. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
V/.Gloria al Padre...
R/. Como era en el principio...
ORACIÓN INICIAL
Te pedimos, Señor, confiados en la intercesión de tu siervo Antonio, que tu Espíritu nos penetre con su fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestro obrar concuerde con tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
DE LA VIDA DE SAN ANTONIO
El 16 de enero de 1220 fueron martirizados en Marrakech los franciscanos que habían pasado por Coimbra, san Berardo y cuatro compañeros. Sus restos mortales fueron llevados por el Infante Don Pedro a Coimbra, y allí colocados en la iglesia de Santa Cruz. Las noticias del martirio y los milagros que acompañaban a las santas reliquias llevaron a Antonio a intensificar sus relaciones con los franciscanos del pequeño convento de San Antón. El deseo de evangelizar a los infieles y de sufrir el martirio por Cristo, llevó a Antonio a pasar, con los debidos permisos, a la Orden de San Francisco. Era el verano-otoño de 1220. Hecho un brevísimo noviciado, a finales de 1220 o principios de 1221 Antonio marchó a Marruecos con un compañero. Pero, cuando veía ya cercano el cumplimiento de sus anhelos, una grave enfermedad lo tuvo postrado todo el invierno, y lo obligó a regresar a su patria tan pronto como el tiempo y la navegación lo permitieran. Una vez más era la Providencia la que marcaba el camino a Antonio con hechos insospechados.
DE LOS SERMONES DE SAN ANTONIO
La confesión sacramental se dice también puerta del cielo. Sí. Verdaderamente es puerta del cielo, verdadera puerta del paraíso, porque por ella, como por una puerta, pasa el penitente a besar los pies de la divina misericordia, se levanta hasta besar las manos de la gracia celestial, y es acogido para recibir el ósculo de la reconciliación con el Padre. ¡Oh casa de Dios! ¡Oh puerta del cielo! ¡Oh confesión del pecado! ¡Dichoso aquel que habite en ti! ¡Dichoso el que entre por ti! ¡Feliz el que se humillare en ti! Humillaos, pues, vosotros, y entrad, hermanos carísimos, por la puerta de la confesión. Confesad, como habéis oído, los pecados y sus circunstancias. Ha llegado el tiempo aceptable para la confesión, ha llegado el día saludable para la satisfacción, conforme a lo que dice: Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches...
Cuando finalmente le tentó de avaricia, le respondió Jesús: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás. Todos los que aman el dinero o las glorias mundanas, se postran ante el diablo y lo adoran. Pero nosotros, por quienes Jesucristo descendió al vientre de una Virgen y se sometió al tormento de una cruz, instruidos por su ejemplo, vayamos al desierto de la penitencia y con su ayuda refrenemos el ímpetu de la gula, el viento de la vanagloria, el incendio de la avaricia. Adoremos a Aquel a quien los ángeles sirven. Él es bendito, glorioso, laudable y excelso por los siglos de los siglos. Y toda criatura responda: Amén.
Antífona: El Señor enderezó sus pasos, y prolongó su vereda en la paz. Le mostró el camino de la sabiduría, su senda brilla como la aurora y se va esclareciendo hasta que es de día.
DE LOS MILAGROS DE SAN ANTONIO
Una monja de Santa Clara, llamada Oliva, cuando aún estaba insepulto el cuerpo del santo, se llegó a besarle las manos. Mientras permanecía postrada ante su cuerpo, pidió a Dios que, por los méritos del bienaventurado padre Antonio, le infligiera en la presente vida toda la pena que por sus pecados hubiera merecido. Acabada su oración, volvió a entrar al monasterio, siendo enseguida atacado todo su cuerpo de un dolor tan violento, que no sólo le fue imposible dominarse a sí misma, sino que sobresaltó a las otras monjas con sus gritos. Cuando al día siguiente entraban las otras en el refectorio, entró también ella a hurtadillas; pero, recreciéndole poco a poco el mal, no pudo probar bocado, sino que, mientras sus hermanas comían, se revolvía a uno y otro lado. Fue llevada a la enfermería por orden de la abadesa y, con redobladas súplicas, imploraba remedio. Se acordó entonces de que tenía guardada una partecilla de la túnica del bienaventurado Antonio y, tras hacérsela traer, se la aplicó. Inmediatamente cesó todo dolor.
PLEGARIA
Recuerda, Señor, que tu misericordia y tu ternura son eternas. Con la confianza que nos da el sabernos hijos tuyos e invocando la intercesión de tu siervo san Antonio, al que atiendes con largueza, te presentamos nuestras peticiones: ...... ...... ......
ORACIÓN FINAL
Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
V/. Bendigamos al Señor.
R/. Demos gracias a Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario