sábado, 6 de junio de 2015

Orden de Predicadores, Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria Décima Semana del Tiempo Ordinario Del 8/6/2015 al 13/6/2015

Introducción a la semana
La lectura continua cambia respecto a la de la semana anterior: La primera lectura inicia y continúa la segunda carta de Pablo a los Corintios, y la lectura evangélica es de san Mateo y comienza con la gran obertura del Sermón de la montaña, las Bienaventuranzas, para continuar con dicho sermón en días sucesivos.
Pablo escribió sus primeras cartas, las dirigidas a los Tesalonicenses, desde Corinto, donde había logrado formar una relevante comunidad. Pero no muy tarde comenzaron conflictos en esa comunidad, que exigieron visitas del apóstol y dirigirse a ellos en cartas diversas de las que en el canon de los libros inspirados están dos. La segunda es una de las cartas más ricas de san Pablo. En ella una figura es la central, Cristo. Y un ministerio queda definido y exaltado el apostólico que él ha llevado a cabo.
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Lunes 8/6/2015
“Él nos alienta en nuestras luchas”

I. Contemplamos la Palabra

Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-7
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los santos que residen en toda Acaya: os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo. Si nos toca luchar, es para vuestro aliento y salvación; si recibimos aliento, es para comunicaros un aliento con el que podáis aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros. Nos dais firmes motivos de esperanza, pues sabemos que si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.


Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9 R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,1-12:
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos , porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “Él nos alienta en nuestras luchas”

San Pablo, en medio de sus luchas, nos recuerda cuál es la fuente inagotable de nuestra energía, de nuestro ánimo para trabajar en favor del evangelio. Dios es la fuente de nuestro consuelo, Dios es la fuente de nuestro aliento. Recibimos el consuelo, el aliento, el amor, el perdón… de nuestro Dios y de su Hijo Jesucristo. Lo recibimos en pasiva para que nosotros, a su vez, se lo ofrezcamos a nuestros hermanos en activa y les consolemos, les alentemos, les amemos, les perdonemos, les ofrezcamos confianza. Esta es la dialéctica de Dios con nosotros y de nosotros con nuestros hermanos. “Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis otro tanto”.
Lo nuestro no es estar sometidos a una Ley, a unos mandatos. Lo nuestro es estar sometidos gozosamente a un amor, a una Persona que nos ama entrañablemente. Nuestro punto de referencia no es la ley, los mandatos. Nuestro punto de referencia es Jesús. De él recibimos toda nuestra energía y gracias a él la podemos comunicar a nuestros hermanos. “Amaos unos a otros como yo os he amado”… Consolaos unos a otros, como yo os he consolado, perdonaos unos a otros como yo os he perdonado…
  • “Bienaventurados los pobres de espíritu”

No hay que citar a un profundo pensador, a un gran filósofo para afirmar que el deseo más fuerte de la persona humana es el deseo de felicidad. Así lo experimentamos todos. Jesús, que nos conocía y nos conoce bien, también nos habló de este nuestro anhelo más profundo, en sus bienaventuranzas, el camino con ocho vías para alcanzar la felicidad. Las bienaventuranzas no son un código moral de leyes desvinculadas de la persona de Jesús. Las bienaventuranzas se mueven en otro plano. En el plano del “seguidor de Jesús”. Se trata, en primer lugar, de seguir a una persona que te ha seducido, encandilado… Y desde ahí, las bienaventuranzas nos dicen cuál es el estilo de vida, cuál es el espíritu que ha de animar a este seguidor. Y prometen lo que más anhela nuestro corazón: felicidad.
Bien poco se parecen las bienaventuranzas de Jesús a las bienaventuranzas de nuestra sociedad. Nuestra sociedad proclama felices a los que tienen mucho dinero, a los que ocupan los primeros puestos, a los triunfadores, a los guapos, a los que disfrutan de la vida sin escrúpulos… ¿Quién acierta? Cristiano es el que experimenta en su vida que Jesús tiene razón y da en el clavo siempre. Se adentra por el camino que Jesús vivió y predicó y experimenta, por sí mismo, la verdad de la vida y de las palabras de Jesús… también de sus bienaventuranzas.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
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Martes 9/6/2015
Vosotros sois la sal de la tierra

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18-22
Hermanos:
¡Dios me es testigo!
La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no».
Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego
«no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «si». Y por él podemos
responder: «Amén» a Dios, para gloria suya.
Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros.
Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.
Salmo 118. R. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma. R.

La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.

Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que aman tu nombre. R.

Asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna maldad me domine. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. R
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y
que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre
que está en el cielo.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Él ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu

La coherencia predicadora de la que hace gala el apóstol es el mejor síntoma de su vocación evangelizadora; como testigo de la Palabra, al igual que Jesús de Nazaret, es un hombre positivo que glorifica a Dios Padre. Pablo bien sabe que todas las promesas y esperanzas se han cumplido en Jesucristo, y esta vivencia de fe le lleva a hacer gala de claridad y talante positivo. No se predica según conveniencia, ni para contentar al que manda, sino para que el hombre de hoy conozca la Palabra de Jesús que, acogida en el corazón, es capaz de cambiar el rumbo de nuestra vida humanizándola. Esto es posible porque Jesús nos ofrece el impagable subsidio del Espíritu quien es el que anima nuestro caminar y estimula nuestras más fraternas decisiones.
  • Vosotros sois la sal de la tierra

El mensaje requiere mensajero y en las bellas palabras de este evangelio el Maestro indica cómo tiene que conducirse el mensajero: como luz y sal. No sé si nos lleva a error la pretendida excelencia a conseguir casi siempre en todas nuestras tareas, ni si por luz evocamos los seguidores de Jesús solo la luminosidad de un espectáculo deslumbrante. Pero basta con que caigamos en la cuenta que la pequeña luz de nuestro teléfono móvil es capaz de romper la oscuridad, para que reubiquemos nuestro estilo creyente que va más por ser luz que ayuda a caminar y a vivir que por ser luz que deslumbra, que eso solo le compete al Señor de la luz. Y sal, que es como decir, sabor, chispa, humor, mejor sentido, modo de vida atrayente, alegría; porque seguir al Maestro con talante anodino y aburrido, disuade del mismo seguimiento, pues hacerlo sin fuerza testificante, sin evocar los frutos de la gracia y la misericordia en todos nuestros gestos nunca daremos gloria al Padre del cielo. Si abandonamos nuestra capacidad de ser testigos de la Palabra que da vida (nos tornamos opacos y sosos) no nos extrañe que el mundo de hoy siga ignorando a Jesús de Nazaret. Y bastante escasa está nuestra historia presente de horizontes esperanzadores y deficitaria en humor y amor, como para que los cristianos hagamos dejación de este encargo hermoso por sí mismo: ser luz y sal, aquí y ahora, en nombre del Maestro.
En la Iglesia confundimos a veces seriedad con tristeza; ¿no podíamos poner todos un poquito de sal en nuestros mensajes y presencias?
Mensajes y gestos del Papa Francisco ponen en tela de juicio no pocos pronunciamientos de la institución eclesial no muy lejanos ¿tan difícil es un poco de coherencia, siquiera en mínimas dosis?
Fr. Jesús Duque O.P.Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de San Jacinto (Sevilla)
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Miércoles 10/6/2015
No he venido a abolir, sino a dar plenitud

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 4-11
Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Aquel ministerio de muerte –letras grabadas en piedra– se inauguró con gloria; tanto que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su rostro, caduco y todo como era. Pues con cuánta mayor razón el ministerio del Espíritu resplandecerá de gloria. Si el ministerio de la condena se hizo con resplandor, cuánto más resplandecerá el ministerio del perdón. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable. Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente.
Sal 98,5.6.7.8.9 R/. Santo eres, Señor, Dios nuestro
Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo. R/.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía. R/.

Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio. R/.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades. R/.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • «El Espíritu da vida»

En el fragmento de la carta a los corintios Pablo reflexiona sobre lo que supuso para el pueblo de Israel la Alianza materializada a través de Moisés y lo que ha supuesto la nueva Alianza sellada por Cristo y guiada por el Espíritu.
Pablo insiste que el hecho de atreverse a transmitir y ser servidores de la nueva Alianza no es por méritos propios, sino que Dios ha sido quien les ha capacitado para ser servidores de una nueva Alianza, no basada en letras escritas sobre piedra, sino basada en la alegría que da el Espíritu y que nos infunde vida.
Si en el momento en que Dios entrega a Moisés las tablas de piedra, fue un momento glorioso y el rostro de Moisés resplandecía tanto, que nadie podía fijar su vista en él; con cuanta mayor razón, la Alianza que procura el Espíritu resplandecerá con gloria, pues en la antigua Alianza se procura la condena por los pecados, cuanto más resplandecerá la Alianza que procura el perdón, así pues, aquel resplandor se ve eclipsado por esta gloria incomparable.
Jesús, a través de su muerte y resurrección, nos abre las puertas de su corazón hacia un perdón sin límites.
  • «Quien los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos»

En este breve relato del evangelista Mateo, Jesús hace una verdadera declaración de principios.
Muchos achacaban a Jesús, que estaba en contra de la ley de Moisés y de los principios que enseñaron los distintos profetas, pero Él se posiciona en todo lo contrario, insiste en que no ha venido a abolir nada, sino a dar plenitud, es decir, a profundizar sobre los preceptos de la antigua ley.
Jesús se encontraba en la montaña con un montón de seguidores y acababa de pronunciar las Bienaventuranzas, poniéndose del lado de los débiles y desfavorecidos, de aquellos que se entregan a los demás, incluso de los que van contra corriente, llamando bienaventurados a los pobres, a los que carecen de todo, a los perseguidos, a los que trabajan por la justicia, en fin, parece que Cristo no sigue "lo políticamente correcto", por eso les advierte que aquel que se salte algún precepto, aunque sea de los menos importantes, y lo enseñe a los demás, será el menos importante en el reino de los cielos, pero aquel que los cumpla, será recompensado en el cielo.
Jesús nos invita a no ser meros "cumplidores", sino que adecuemos nuestra vida en el servicio hacia los demás, que nuestro corazón este siempre abierto hacia el otro, no porque lo marca la ley, más bien porque nos regimos por el amor, tal como hizo Jesús a lo largo de su vida y nos predicó. No seguir los mandatos de Jesús porque hay que hacerlo, sino porque estamos convencidos de que debe ser nuestro estilo de vida, y así cumpliremos con la ley pero sin que nos suponga carga alguna, más bien porque nos sale del corazón.
- ¿Nos limitamos a ser meros cumplidores o nos nace el seguir a Jesús?
- Las normas de hace tiempo, ¿pensamos en abolirlas o creemos mejor el adaptarlas?
- ¿Aceptamos como hizo Jesús las normas o nos oponemos a todo lo que no hacemos nosotros?
D. José Vicente  Vila  Castellar, OPD. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)
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Jueves 11/6/2015San Bernabé 
Vayan y proclamen

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 21-26; 13 1-3
Cuando los de la iglesia de Jerusalén conocieron esta noticia, mandaron a Bernabé a Antioquía. Al llegar, Bernabé vio cómo Dios los había bendecido, y se alegró mucho. Animó a todos a que con corazón firme siguieran fieles al Señor. Porque Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así mucha gente se unió al Señor.
Después de esto, Bernabé fue a Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró lo llevó a Antioquía. Allí estuvieron con la iglesia un año entero, enseñando a mucha gente; y allí, en Antioquía, fue donde por primera vez se dio a los discípulos el nombre de cristianos.
En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros. Eran Bernabé, Simón (al que también llamaban el Negro), Lucio de Cirene, Menahem (que se había criado junto con Herodes, el que gobernó en Galilea) y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Separadme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los he llamado.”
Entonces, después de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron.
Sal 97,1- 6 R. El Señor revela a las naciones su justicia
Cantad al Señor una canción nueva,
pues ha hecho maravillas!
¡Ha alcanzado la victoria
con su gran poder, con su santo brazo
El Señor ha anunciado su victoria,
ha mostrado su justicia
a la vista de las naciones;
ha tenido presentes su amor y lealtad
hacia el pueblo de Israel.
¡Hasta en el último rincón del mundo ha sido vista
la victoria de nuestro Dios

Cantad a Dios con alegría,
habitantes de toda la tierra;
dad rienda suelta a vuestra alegría
y cantadle himnos.
Cantad himnos al Señor al son del arpa,
al son de los instrumentos de cuerda.
Cantad con alegría ante el Señor, el Rey,
al son de los instrumentos de viento.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,7-13
Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios. Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis.
“No llevéis oro ni plata ni cobre ni provisiones para el camino. No llevéis ropa de repuesto ni sandalias ni bastón, pues el obrero tiene derecho a su sustento.
“Cuando lleguéis a un pueblo o aldea, buscad a alguien digno de confianza y quedaos en su casa hasta que salgáis de allí. Al entrar en la casa, saludad a los que viven en ella. Si la gente de la casa lo merece, la paz de vuestro saludo quedará en ella; si no lo merece, volverá a vosotros.

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Bernabé, lleno del Espíritu Santo

Releyendo el versículo anterior del libro de los hechos que hoy nos presenta la liturgia, rescato que algunos hermanos de la comunidad de Antioquía, motivados por el Espíritu, se atrevieron y se arriesgaron a salir del circulo judaíco para ir al encuentro del otro diferente. Y parece que de este encuentro surgieron personas renovadas. Algo de lo que escucharon, de lo que vieron, les tocó interiormente, les transformó y muchos decidieron ser parte de los discípulos del Señor. La comunidad de Antioquía es una comunidad prototipo por ir más allá de las fronteras culturales y religiosas judías.
Desde Jerusalén llega Bernabé, calificado como un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe, es capaz de mirar, valorar y agradecer lo que Dios hace a través de la comunidad de Antioquía, abierta a la novedad y respondiendo a los desafíos y llamadas de todos sus contemporáneos. Un hombre que con su presencia, sus gestos y palabras es signo de la Presencia en mayúscula, de la Vida.
Bernabé encarna los rasgos de un discípulo de Jesús, vive la novedad del Espíritu. Por un lado acoge y valora la inclusión del diferente, y por otro asume la itinerancia, dejando lo conocido -junto con Saulo- para ir a otras tierras, culturas y acompañar a las personas, que buscan, que tienen sed de Dios.
Hoy nuestros barrios y ciudades están necesitadas de gestos y hechos que incluyan, de encuentro, de diálogo para comprender(nos) y acoger(nos), de recrear proyectos comunes integrando nuestras diferencias, de personas que acompañen en la búsqueda. Hoy, podemos dejarnos iluminar y contagiar por la persona de Bernabé.
  • Está llegando el reino de los cielos

Este texto de Mateo, todo él, es como una danza que invita a ponerse en movimiento hacia el otro para contarle una buena noticia a través de gestos concretos que le lleva a conectarse con la Vida del reino de Dios.
Jesús invita a sus discípulos a salir al encuentro de los que sufren, de los enfermos, de los que son excluídos para comunicarles que el reino está presente, con gestos y acciones sanadoras. No de cualquier manera, les recomienda cómo ir -ni plata ni dinero, ni morral, ni bastón- para que el encuentro sea auténtico, fraterno y pacífico. Rasgos que el mismo Jesús vive. Es un estilo de vida donde la confianza no está colocada en lo que se tiene sino en Dios, en la acogida de la gente.
Salir y recrear encuentros sanadores es una consecuencia de haber vivido la experiencia de ser sanado, de ser transformado, de haber vuelto a la vida. Así lo expresa gratis lo han recibido, entréguenlo también gratis. No es llevar cosas, es ofrecer “algo” que ya se ha recibido, experimentado. ¿Qué es ese “algo” que nos ha sido regalado, que ya está en cada uno?, y sin embargo sigue oprimido, oculto por la falta de libertad, las injusticias, las desigualdades.
Hna. Nélida Armas  Tejera O.P.Hna. Nélida Armas Tejera O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo 
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Viernes 12/6/2015Sagrado Corazón de Jesús 
“Dios tiene corazón”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1b. 3-4. 8c-9
Así dice el Señor:
-”Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñe a andar a Efraín lo alzaba en brazos; y él comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón , se me commueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta”.
Salmo: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré, porque mi fuerza
y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.

Tañed para el Señor,
que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.» R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 8-12. 14-19
Hermanos:
A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.
Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano.
Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37
En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, cantamos un himno que repite esta frase, “Dios tiene corazón”, que equivale a decir, Jesús tiene corazón. Con la palabra corazón, se designa en la Biblia al centro más íntimo de la persona, lo esencial. Todo lo que entra en nuestra interioridad llega al corazón, y viceversa, todo lo que sale, lo hace desde el corazón.
Decir que una persona tiene corazón, es decir que esa persona es una persona íntegra, plenificada. Jesús es el hombre perfecto que tiene corazón, porque su vida es vida para los demás, su vida es fruto maduro que se entrega por amor y nos enseña a amar.
  • “Con correas de amor lo atraía”.

Con la sugerente imagen de las “correas de amor”, el profeta Oseas nos hace caer en la cuenta de que cuando todo está perdido por la tozudez del hijo, el amor invencible de Dios lo salva todo. Sólo la gracia y sólo el amor pueden vencer y salvar.
“Nuestro Dios es un dios que salva”. A Dios se le revuelve el corazón, le da un vuelco y, a pesar de nuestra incomprensión, el Señor sólo nos muestra su amor. Es este un ejemplo de paciencia para nosotros, que somos impacientes, que tenemos un corazón de piedra incapaz de compadecernos de los que están lejos, heridos y sufren.
  • “El amor cristiano trasciende toda filosofía”.

Este amor cristiano, que tiende a imitar el amor de Jesucristo, tiene su fundamento, su “raíz y cimiento”, como dice también S. Pablo, en la cruz del Señor: lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo. En estas cuatro dimensiones se nos representa el camino más pleno del amor. Amor hasta el límite, amor que soporta todo, amor que da la vida. Sólo mirando el corazón de Cristo podemos aprender este amor y vivirlo en plenitud.
  •  “Le traspasó el costado”.

En la perícopa evangélica, San Juan presenta dos realidades: una, el nacimiento de la Iglesia y los sacramentos con el agua y la sangre que brotan del costado de Cristo; la otra el hecho de que el corazón de Cristo es un corazón traspasado.
Cuando nos damos cuenta de que estamos necesitados de la conversión, nos pasa como a los que escucharon el discurso de Pedro el día de Pentecostés: “estas palabras les traspasaron el corazón y dijeron: ¿qué tenemos que hacer hermanos?”. El creyente se da cuenta de que tener un corazón de carne, un corazón traspasado, sólo lo puede lograr el Espíritu Santo, el único cirujano afamado que puede hacer con éxito este trasplante de corazón.
El corazón de Jesús está traspasado, es decir, está permanentemente abierto para que siempre se pueda entrar y salir; en El no hay voluntad de posesión, sino sólo de amor. Es un corazón que no se endurece ni se cierra. Nuestra salvación está en aceptar vivir con un corazón así, abierto de par en par. Si quiero tener los mismos sentimientos de Jesús, no puedo cerrar mi corazón.
Hay que ser pobre en el espíritu, pues los pobres son los que no ponen la seguridad en sus certezas y riquezas, sino que abren su corazón. Un corazón traspasado, quebrantado, abierto, nos da una mirada nueva que nos permite vernos a nosotros mismos y a los demás con la mirada de Dios, una mirada llena de amor, compasión, paciencia y misericordia.
En esta mirada consiste la pobreza de espíritu, la infancia espiritual y por paradójico que parezca, la madurez espiritual. Sólo desde la pobreza de corazón se aprende a esperar. El corazón pobre y quebrantado nos permite acoger la esperanza.
La devoción al Corazón de Jesús, no es algo ñoño y trasnochado. Todo lo contrario, la verdadera devoción al Corazón de Jesús -dejando atrás esas imágenes tan pintadas, con los ojos vueltos hacia arriba y angelitos danzando por doquier-, para centrarse en la muy determinada determinación que hace falta para empeñarnos en la conversión de nuestro propio corazón.
El Señor nos dice: “Hijo, dame tu corazón, y tus ojos guarden mis caminos”. ¿Se lo daremos por completo?
 MM.  Dominicas MM. Dominicas 
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
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Sábado 13/6/2015Inmaculado Corazón de María 
“María conservaba todo esto en su corazón”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Génesis 27, 1-5. 15-29
Cuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor:
-«Hijo mío.»
Contestó:
-«Aquí estoy. »
El le dijo:
-«Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos,
arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza; después me guisas un
buen plato, como sabes que me gusta, y me lo traes para que coma;
pues quiero darte mi bendición antes de morir.»
Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo.
Salió Esaú al campo a cazar para su padre.
Rebeca tomó un traje de su hijo mayor, Esaú, el traje de fiesta,
que tenia en el arcón, y vistió con él a Jacob, su hijo menor; con la
piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello.
Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había pre-
parado y el pan.
Él entró en la habitación de su padre y dijo:
-«Padre.»
Respondió Isaac:
-«Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?»
Respondió Jacob a su padre:
-«Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste; in-
corpórate, siéntate y come lo que he cazado; después me bendecirás
tú. »
Isaac dijo a su hijo:
-«¡Qué prisa te has dado para encontrarla!»
Él respondió:
-«El Señor, tu Dios, me la puso al alcance.»
Isaac dijo a Jacob:
-«Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mí hijo Esaú
o no.»
Se acercó Jacob a su padre Isaac, y éste lo palpó, y dijo:
-«La voz es la voz de Jacob, los brazos son los brazos de Esaú. »
Y no lo reconoció, porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú. Y lo bendijo.
Le volvió a preguntar:
-«¿Eres tú mi hijo Esaú?»
Respondió Jacob:
-«Yo soy.»
Isaac, dijo:
-«Sírveme la caza, hijo mío, que coma yo de tu caza, y así te bendeciré yo. »
Se la sirvió, y él comió. Le trajo vino, y bebió. Isaac te dijo:
-«Acércate y bésame, hijo mío.»
Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, lo bendijo, diciendo:
«Aroma de un campo que bendijo el Señor es el aroma de mí hijo;
que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino.
Que te sirvan los pueblos, y se postren ante ti las naciones.
Sé señor de tus hermanos, que ellos se postren ante ti.
Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga.»
Sal 134, 1-2. 3-4. 5-6 R. Alabad al Señor porque es bueno.
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios. R.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya. R.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,41-51:
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Cuando Dios decidió venir al mundo lo hizo en forma de niño, con un corazón de niño. De Jesús, en un momento dado de su vida, se nos dice que: “iba creciendo en edad, en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52). Pero, su corazón no creció como suelen hacerlo los de los otros seres humanos, que se hacen más desconfiados, suspicaces y maliciosos, sino en la línea de la inocencia, de la sencillez y de la confianza. De ahí que llegara a decir: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Jesús lo aprendió de su Madre, María. Con ella lo vivió y lo practicó primero; luego, más tarde, no hizo más que seguir en aquella dirección con todos.
  •  “Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos”: Antoine de Saint Exupery.

En nuestra cultura occidental, hablar del corazón es hablar de afectos, de sentimientos, de amor o de odio. Lo específicamente humano, lo espiritual, lo afectivo, lo intelectual es invisible para los ojos. La amistad, la bondad, la belleza, la verdad, la sinceridad no son visibles más que con el corazón. Los ojos son importantísimos, pero su misión, al final, es llevarnos a la otra dimensión y, al llegar, retirarse, para que el corazón tome las riendas de lo que es competencia suya.
Al celebrar el Corazón de María, estamos hablando de lo que María veía y cómo lo veía. Los ojos le mostraban un niño, ella veía a Dios; los ojos le mostraban un José que no entendía qué es lo que pasaba; María veía en él a la persona puesta y dispuesta por Dios para el cometido más delicado que se pudiera pensar. Y así con todo lo demás. Y, porque María todo eso lo intuía y veía con el corazón, lo celebramos, lo admiramos, se lo agradecemos y, en la medida en que podemos, la imitamos. Porque ser ciego es una de las mayores desgracias, pero “no tener corazón” es todavía peor; o tenerlo, no de carne, sino de piedra, insensible, es algo que todos detestamos. María fue muy humana, muy sensible, muy delicada, piadosa y compasiva.
  • “María lo guardaba todo en su corazón”

Y, al mismo tiempo, María seguía siendo humana. Y, como tal, no lo entendía todo. Y, en lugar de pedir cuentas a Dios o disgustarse, protestar o retirarse, su actitud fue muy distinta: lo guardaba todo, como algo sagrado, en lo más hondo de su corazón. Y allí lo rezaba, lo discernía, lo recordaba, lo volvía a vivir. Y esperaba como buena madre que llegara el momento de entender aquello, o de no entenderlo porque no era suyo sino de Dios.
No sé si estaré acertado o equivocado, pero tengo para mí que una cosa, una verdad, un misterio, todo aquello con capacidad para estar en un libro o en Google y en el Corazón de María, cambia substancialmente si está en un sitio o en otro. En apariencia es la misma realidad, pero realmente es distinto. La persona y el corazón de María tienen capacidad suficiente para hacer las cosas “según Dios”, no sólo según los hombres. A mí me da mucha más seguridad contemplar lo que María guardaba en su corazón sobre cualquier aspecto de Jesús que lo que pueda aprender a través de otros medios. Esto no es fácil explicarlo ni demostrarlo; pero intuyo que nosotros, los seguidores de Jesús y de María, tampoco lo necesitamos. Por eso celebramos su Corazón, y, al hacerlo, celebramos también todo lo que allí guardaba y la forma en la que lo hacía. Pidiendo únicamente ser capaces de parecernos a ella, por madre y por maestra.

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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