miércoles, 3 de junio de 2015

Lecturas Misa Miércoles 03 de Junio de 2015 Santos Carlos Lwanga y compañeros, mártires Memoria obligatoria. Rojo

Miércoles 03 de Junio de 2015
Santos Carlos Lwanga y compañeros, mártires
Memoria obligatoria. Rojo
Mutesa, el rey de Buganda (actual Uganda), había recibido bien la tarea de los misioneros que evangelizaron a su pueblo en el año 1879, a tal punto que muchos cristianos llegaron a ocupar cargos de importancia durante su reinado. Sin embargo, su sucesor, el rey Mwanga, víctima y parte de intrigas palaciegas, decidió perseguir a todos los que se atrevían a rezar. En realidad, la persecución estaba destinada a los cristianos en particular. Carlos Lwanga recibió la decapitación junto con otros compañeros pajes de la corte del rey. Los 22 mártires de Uganda fueron beatificados por Benedicto XV y canonizados por Pablo VI el 18 de octubre de 1964, en pleno Concilio Vaticano II.

Antífona de entrada          cf. Sab 3, 6-7. 9

El Señor probó a sus elegidos como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

Oración colecta

Dios nuestro, que hiciste de la sangre de tus mártires semilla de nuevos cristianos, concédenos bondadosamente que el campo de tu Iglesia, regado por la sangre de san Carlos Lwanga y sus compañeros, te brinde siempre una generosa cosecha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Tob 3, 1-11a. 16-17a

Lectura del libro de Tobías.
Yo, Tobit, con el alma llena de aflicción, suspirando y llorando, comencé a orar y a lamentarme, diciendo: “Tú eres justo, Señor, y todas tus obras son justas. Todos tus caminos son fidelidad y verdad, y eres tú el que juzgas al mundo. Y ahora, Señor, acuérdate de mí y mírame; no me castigues por mis pecados y mis errores, ni por los que mis padres cometieron delante de ti. Ellos desoyeron tus mandamientos y tú nos entregaste al saqueo, al cautiverio y a la muerte, exponiéndonos a las burlas, a las habladurías y al escarnio de las naciones donde nos has dispersado. Sí, todos tus juicios son verdaderos, cuando me tratas así por mis pecados, ya que no hemos cumplido tus mandamientos ni hemos caminado en la verdad delante de ti. Trátame ahora como mejor te parezca: Retírame el aliento de vida, para que yo desaparezca de la tierra y quede reducido a polvo. Más me vale morir que vivir, porque he escuchado reproches injustos y estoy agobiado por la tristeza. Líbrame, Señor, de tanta opresión, déjame partir hacia la morada eterna y no apartes de mí tu rostro, Señor. Es preferible para mí la muerte, antes que ver tanta opresión en mi vida y seguir escuchando insultos”. Ese mismo día sucedió que Sara, hija de Ragüel, que vivía en Ecbátana, en Media, fue insultada por una de las esclavas de su padre. Porque Sara se había casado siete veces, pero el malvado demonio Asmodeo, había matado a sus maridos, uno después de otro, antes de que tuvieran relaciones con ella. La esclava le dijo: “¡Eres tú la que matas a tus maridos! ¡Te has casado con siete y ni uno solo te ha dado su nombre! Que tus maridos hayan muerto no es razón para que nos castigues. ¡Ve a reunirte con ellos y que jamás veamos ni a un hijo ni a una hija tuyos!”. Aquel día, Sara se entristeció mucho, se puso a llorar y subió a la habitación de su padre, con la intención de ahorcarse. Pero luego pensó: “¿Y si esto da motivo a que insulten a mi padre y le digan: ‘Tú no tenías más que una hija querida, y ella se ha ahorcado por sus desgracias’? No quiero que por culpa mía mi anciano padre baje a la tumba lleno de tristeza. Mejor será que no me ahorque, sino que pida al Señor que me haga morir. Así no oiré más insultos en mi vida”. Entonces, extendiendo los brazos hacia la ventana, Sara oró al Señor. A un mismo tiempo fueron acogidas favorablemente ante la gloria de Dios las plegarias de Tobit y de Sara, y fue enviado Rafael para sanar a los dos: Para quitar las manchas blancas de los ojos de Tobit, a fin de que viera con ellos la luz de Dios, y para dar a Sara, hija de Ragüel, como esposa a Tobías, hijo de Tobit, librándola del malvado demonio Asmodeo.
Palabra de Dios.

Comentario

El hombre y la mujer encuentran, por fin, un lugar para expresarse sobre su pobreza: la oración. Es allí donde el ser humano se encuentra con Dios y le habla con total sinceridad, y allí mismo halla su verdadera riqueza. En el diálogo con Dios, la humanidad se encuentra consigo misma.

 

Salmo 24, 2-5b. 6. 7b. 9

R. ¡A ti, Señor, elevo mi alma!

Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;
¡que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos!
Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse:
Se avergonzarán los que traicionan en vano. R.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto:
Por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. R.

Aleluya        Jn 11, 25a. 26

Aleluya. “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, no morirá jamás”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mc 12, 18-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Se acercaron a Jesús unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: “Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: ‘Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda’. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”. Jesús les dijo: “¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: ‘Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’? Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error”.
Palabra del Señor.

Comentario

En tiempos de Jesús, había diversas maneras de vivir y practicar el judaísmo. Uno de los grupos de la época, los saduceos, no creían en la resurrección, como tampoco en varios libros de la Biblia. En esto se diferenciaban de otras agrupaciones, como los fariseos, por ejemplo. Por eso, muchas veces se abrían discusiones teológicas entre las diversas opiniones. Entonces, no resulta extraño este tipo de diálogo entre los saduceos y Jesús.

Oración sobre las ofrendas

Al presentar nuestros dones, Señor, te pedimos que, así como diste a tus mártires la gracia de morir antes que pecar, nos concedas también a nosotros, servirte en tu altar con total entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 115, 15

Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus santos.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que estos divinos sacramentos, recibidos en la conmemoración de tus santos mártires, como a ellos les dieron el valor para superar los tormentos, a nosotros nos concedan, en medio de las adversidades, la perseverancia en la fe y en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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