jueves, 4 de junio de 2015

Lecturas Misa Jueves 04 de Junio de 2015

Jueves 04 de Junio de 2015
De la feria
Verde

Antífona de entrada          cf. Sal 24, 16. 18

Mírame, Señor, y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido; mira mi pena y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

Oración colecta

Dios nuestro, cuya providencia es infalible en sus designios; te suplicamos que apartes de nosotros lo que nos hace daño y nos concedas todo lo que pueda ayudarnos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura           Tob 6, 10-11; 7, 1. 9-16; 8, 4-9a

Lectura del libro de Tobías.
Cuando entraron en Media y ya se acercaban a Ecbátana, Rafael dijo al joven: “¡Hermano Tobías!”. Este le preguntó: “¿Qué quieres?”. El ángel continuó: “Es necesario que pasemos esta noche en casa de Ragüel; él es pariente tuyo y tiene una hija que se llama Sara”. Cuando llegaron a Ecbátana, Tobías dijo: “Hermano Azarías, llévame directamente a la casa de nuestro hermano Ragüel”. El ángel lo llevó, y encontraron a Ragüel sentado a la puerta del patio. Ellos lo saludaron primero, y él les respondió: “¡Salud, hermanos, sean bienvenidos!”. Y los hizo pasar a su casa. Luego mataron un cordero del rebaño y los recibieron cordialmente. Después de lavarse y bañarse, se pusieron a comer. Entonces Tobías dijo a Rafael: “Hermano Azarías, dile a Ragüel que me dé por esposa a mi hermana Sara”. Ragüel lo oyó y dijo al joven: “Come y bebe, y disfruta de esta noche, porque nadie tiene más derecho que tú, hermano, a casarse con mi hija Sara. Ni siquiera yo puedo dársela a otro, ya que tú eres mi pariente más cercano. Pero ahora, hijo mío, te voy a hablar con toda franqueza. Ya se la he dado a siete de nuestros hermanos, y todos murieron la primera noche que iban a tener relaciones con ella. Por el momento, hijo mío, come y bebe; el Señor intervendrá en favor de ustedes”. Pero Tobías le replicó: “No comeré ni beberé hasta que hayas tomado una decisión sobre este asunto”. Ragüel le respondió: “¡Está bien! Ella te corresponde a ti según lo prescrito en la ley de Moisés, y el cielo decreta que te sea dada. Recibe a tu hermana. Desde ahora, tú eres su hermano y ella es tu hermana. A partir de hoy, es tuya para siempre. Que el Señor los asista esta noche, hijo mío, y les conceda su misericordia y su paz”. Ragüel hizo venir a su hija Sara. Cuando ella llegó, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciendo: “Recíbela conforme a la ley y a lo que está prescrito en el libro de Moisés, que mandan dártela por esposa. Tómala y llévala sana y salva a la casa de tu padre. ¡Que el Dios del cielo los conduzca en paz por el buen camino!”. Después llamó a la madre y le pidió que trajera una hoja de papiro. En ella redactó el contrato matrimonial, por el que entregaba a su hija como esposa de Tobías, conforme a lo prescrito en la ley de Moisés. Después empezaron a comer y a beber. Ragüel llamó a su esposa Edna y le dijo: “Hermana, prepara la otra habitación, y llévala allí a Sara”. Ella fue a preparar la habitación, como se lo había dicho su esposo, llevó allí a Sara y se puso a llorar. Luego enjugó sus lágrimas y le dijo: “¡Ánimo, hija mía! ¡Que el Señor del cielo cambie tu pena en alegría!”. Y salió. Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación y cerraron la puerta. Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: “Levántate, hermana, y oremos para pedir al Señor que nos manifieste su misericordia y su salvación”. Ella se levantó, y los dos se pusieron a orar para alcanzar la salvación. Él comenzó así: “¡Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu nombre por todos los siglos de los siglos! ¡Que te bendigan los cielos y todas tus criaturas por todos los siglos! Tú creaste a Adán e hiciste a Eva, su mujer, para que le sirviera de ayuda y de apoyo, y de ellos dos nació el género humano. Tú mismo dijiste: ‘No conviene que el hombre esté solo. Hagámosle una ayuda semejante a él’. Yo ahora tomo por esposa a esta hermana mía, no para satisfacer una pasión desordenada, sino para constituir un verdadero matrimonio. ¡Ten misericordia de ella y de mí, y concédenos llegar juntos a la vejez!”. Ambos dijeron: “¡Amén, amén!”, y se acostaron para dormir.
Palabra de Dios.

Comentario

La lectura de hoy no es continua: va “saltando” versículos de los capítulos 6 al 8 del libro de Tobías. Esto tiene una intención para la liturgia: mostrar de manera sintética la confianza de este profeta en la providencia de Dios y su entrega a las tradiciones familiares. Es un modelo de piedad para todos nosotros, que pensamos que debemos hacer “la nuestra” y “por nosotros mismos”.

Salmo 127, 1-5

R. ¡Feliz el que teme al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. R.
Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa.R.
¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida:
Que contemples la paz de Jerusalén! R.

Aleluya        cf. 2Tim 1, 10

Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte, e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.

Evangelio     Mc 12, 28-34

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Un escriba que oyó discutir a Jesús con los saduceos, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento más grande que estos”. El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.

Comentario

En las discusiones iniciadas por grupos de diversas posturas religiosas, en el tiempo de Jesús, había una pregunta que sobresalía: “¿Cuál de todos los Mandamientos es el más importante?”. Esto equivaldría a preguntarnos: “¿Qué es lo que nos lleva precisamente a Dios?”. En ambos casos, la respuesta es: “El amor”. Es el amor al hermano y a Dios, un solo amor, que nos hace plenos e íntegros.

Oración sobre las ofrendas

Señor Dios, confiados en tu misericordia traemos estas ofrendas a tu altar, para que, con tu gracia, quedemos purificados por estos misterios que celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 16, 6. 8.

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes. Inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

O bien:         cf. Mc 11, 23. 24

Dice el Señor: “Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen, y lo conseguirán”.

Oración después de la comunión

Guía, Señor, por medio de tu Espíritu, a quienes alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, para que, dando testimonio de ti, no solo de palabra y con la lengua sino con las obras y de verdad, merezcamos entrar en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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