martes, 2 de junio de 2015

La homilía de Betania Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo 7 de junio de 2015

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
7 de junio de 2015
La homilía de Betania

1.- “ATRÉVETE CUANTO PUEDAS”
Por Javier Leoz
2.- INVITADOS A LA CENA NUPCIAL DEL SEÑOR
Por Antonio García-Moreno
3.- ¿QUÉ HACES CON TU HERMANO?
Por José María Martín OSA
4.- LA FIESTA DEL CORPUS ES LA FIESTA DEL AMOR CRISTIANO
Por Gabriel González del Estal
5.- JESÚS PERMANECE CON NOSOTROS Y MUY CERCA
Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILIA MÁS JOVEN

CELEBRAR LA EUCARISTÍA, AUN ESTANDO SOLO
Por Pedrojosé Ynaraja



1.- “ATRÉVETE CUANTO PUEDAS”
Por Javier Leoz
Solemnidad del Corpus Christi y, con ella, la seguridad de que el Señor –lejos de abandonarnos- se ha quedado en este Misterio de fraternidad, amor, generosidad, pasión, muerte y resurrección que es la Eucaristía.
1.- Qué bien lo expresó el Papa Emérito, Benedicto XVI, en el siguiente texto: "¿Qué significa Corpus Christi para mí? En primer lugar, el recuerdo de un día de fiesta, en el que se tomaba al pie de la letra la expresión que acuñó Santo Tomás de Aquino en uno de sus himnos eucarísticos: «Quantum potes tantum aude» —atrévete cuanto puedas a alabarle como merece—. Estos versos recuerdan además una frase que el mártir Justino ya había formulado en el siglo II... El día de Corpus Christi toda la comunidad se siente llamada a cumplir esa tarea: atrévete cuanto puedas. Todavía siento el aroma que desprendían las alfombras de flores y el abedul fresco, los ornamentos en las ventanas de las casas, los cantos, los estandartes; todavía oigo la música de los instrumentos de viento de la banda del pueblo, que en aquel día a veces se atrevía con más de lo que podía; y oigo el ruido de los petardos con los que los muchachos expresaban su barroca alegría de vivir, pero saludando a Cristo en las calles del pueblo como a una autoridad de la ciudad, como a la autoridad suprema, como al Señor del mundo..."
2.- Hoy, desgraciadamente, nuestras calles no rezuman aroma a fraternidad o justicia. Nuestros ojos, en cuanto saltamos a ellas, se encuentran con dramas en mil rostros y pobreza que reclaman nuestra atención. Hoy, Jesús el “pobre” (tal vez disimulado en custodia) avanza por plazas y cuestas, calles y encrucijadas de nuestros pueblos y ciudades para dejarse aclamar pero, también, para que no olvidemos que la Eucaristía es fuerza que nos impulsa hacia el bien. Pero no es una fuerza cualquiera. No es solidaridad simple y a veces interesada. El Corpus Christi nos hace caer en la cuenta de que el amor cristiano no entiende de colores ni de ideologías y que, incluso también hacia el ingrato enemigo, ha de ir volcado nuestro amor porque también Cristo, en su primera custodia de madera (la mesa de Jueves Santo) quiso que su afecto llegase incluso al que más tarde le traicionó. Esa es la diferencia entre solidaridad y caridad. La solidaridad, centrada en el humanismo, tiende a doblegarse, cansarse y agotarse. La caridad, sustentada en el amor divino, es (como dice San Pablo) un amor sin límites, que a veces cuesta ofrendarlo pero que –cuando se da- más se aumenta y más satisfacción produce. Hoy, al llevar a Cristo Sacramentado por nuestras calles, decimos al mundo que somos muchos los que creemos en un amor sin más adjetivo que DIVINO. Por eso cantamos, festejamos, adoramos y hasta nos emocionamos: ¡ES EL AMOR QUE PASA!
3.- A punto de iniciarse el Año de la Misericordia (convocado por el Papa Francisco para el día de la Inmaculada) creo que el Corpus Christi nos centra en el auténtico valor y pureza de esa misericordia. Los cristianos no podemos quedarnos en meros gestos o detalles. La misericordia de Cristo, envuelta hoy en históricas custodias y cobijada bajo palio, nos reclama también un punto de atención: es Misterio. La tocamos y, a la vez, la sentimos lejos. La ofrecemos, y en muchos momentos, nos abre las carnes. Hablamos de ella pero, en algunos instantes, la constituimos sólo en poesía, canción o palabrería. ¡Qué distinta la misericordia del Señor que avanza por nuestras calles en este día del Corpus Christi! Es Él mismo quien se ofrece.
En una coyuntura con tantas soledades y sufrimientos. En una realidad mundial tan compleja y con tantos frentes abiertos, el Corpus Christi nos invita a mirar más allá de nosotros mismos. A buscar esa potencia escondida y misteriosa que en un altar se hace presente y que, cuando se comulga, nos convierte en personas invencibles y constantes en el amor y por el amor.
4.- Hoy, en multitud de parroquias, catedrales, comunidades religiosas, pueblos y ciudades desfilarán custodias con el Amor de los Amores. ¿Estamos dispuestos luego nosotros a ser “templetes de carne y hueso” que hagan presente a Cristo en esas otras calles donde es marginado y despreciado, silenciado o blasfemado? Sí; en esas otras calles y plazas que son nuestros puestos de trabajo, el campo donde se toman decisiones, la familia, la educación o nuestras conversaciones diarias. Es fácil, aunque, en estos tiempos, muy meritorio, salir en procesión en un mundo secularizado y habituado a la zafiedad en su asfalto, pero luego nos queda la asignatura pendiente: proclamar el reino de la vida, el Señor de la Eucaristía, allá donde pensamos, vivimos, trabajamos o descansamos como cristianos.
6.- ¡ATRÉVETE CUÁNTO PUEDAS! ¡VIVA JESÚS SACRAMENTADO!
QUE  ME ATREVA, SEÑOR
A dar la cara por Ti cuando,  tantos rostros,
dicen ser de los tuyos y se  esconden
a la hora de ser signo de tu  presencia.
A ser custodia, de carne y  hueso,
que –cuando es mirada-
destella rayos de que Tú  eres mi luz
de que, Tú, eres el motor de  mis paso
de que, Tú, eres el secreto  de mis palabras.

QUE  ME ATREVA, SEÑOR
A ser pétalo de tu Evangelio
dejando, allá por donde  pase,
un exponente de que soy de  los tuyos
Un síntoma de que, tu Cuerpo  y tu Sangre,
se funden en mis entrañas
y me empujan a ser un templo  vivo
allá donde existe la muerte  o el llanto.

QUE  ME ATREVA, SEÑOR
Y, con mis fuerzas, cuanto  pueda
a darte alabanza y honor
aun a riesgo de ser centro  de la diana
de burlas y mofas
cuando, ante otros dioses de  madera y cartón
no doblego lo más santo y  fuerte que poseo: Tú.

QUE  ME ATREVA, CUÁNTO PUEDA SEÑOR
A rendirme a tus pies
pero nunca rendirme de lo  que pienso y creo:
Tú eres Rey, Tú eres Amor de  amores
Tú eres cielo en la tierra y  Palabra certera
en tantas noches oscuras
Tú mereces la gloria, sólo  Tú,
cuando lo que nos rodea
nos invita a centrarnos sólo  en la nuestra

QUE ME ATREVA, CUÁNTO PUEDA  SEÑOR
A ser incienso de un Dios  que no defrauda
Mano tendida para el que  llama a mi puerta
Voz que anuncia y denuncia
Silencio que conforte en mil  duelos

QUE  ME ATREVA, CUÁNTO PUEDA SEÑOR
A manifestar, en este vacío  mundo,
que Tú lo puedes llenar todo
cuando, el hombre y la mujer  de este tiempo,
busque en la profundidad (y  no en la superficialidad)
el Agua Viva que calma la  sed de una vez por todas.
¡Bendito, Señor, sea tu  nombre!
¡Bendita, Señor, sea tu  presencia!
¡Grande, Señor, sea tu  reinado en el corazón del hombre!
¡Única y para Ti, Señor, sea  nuestra adoración!
Tuyos, siempre tuyos Señor,
en este día en el que tu Cuerpo  y tu Sangre
hacen de innumerables  rincones de nuestra tierra
un inmenso altar desde el  cual hablas,
miras, callas, observas,  lloras y bendices.
¡QUE ME ATREVA, CUÁNTO PUEDA SEÑOR!

2.- INVITADOS A LA CENA NUPCIAL DEL SEÑOR
Por Antonio García-Moreno
1.- LA SANGRE DE LA ALIANZA.- Los ritos ancestrales de la Pascua judía hunden sus raíces en ritos aún más antiguos, aunque adquieren un sentido nuevo y prefiguran al mismo tiempo el sacrificio por excelencia, el sacrificio definitivo, el sacrificio de Cristo. La sangre ha sido siempre un elemento que ha estremecido al hombre, al mismo tiempo que ha visto en ella una fuerza misteriosa.
Al relacionarla con la alianza se pone el acento en la unidad. En cierto modo es una realidad que también hoy está en vigor. Y así se dice que los hermanos tienen la misma sangre, o se establece una especial relación entre quien da su sangre y el que la recibe. Así al participar los pactantes de la misma sangre se establecía entre ellos una estrecha unión.
2.- LA SANGRE DE CRISTO.- "No usa sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia..." (Hb 9, 12). El Misterio de la Redención alcanza cotas muy altas en la Eucaristía. Hemos de recordarlo de modo especial hoy, día en que se celebra la gran fiesta del Corpus Christi, en la que los cristianos rendimos adoración al Santísimo Sacramento del altar, le tributamos el culto supremo a Jesús sacramentado. Él quiso derramar su sangre en sacrificio de expiación por nosotros.
Antes esta realidad el hagiógrafo exclama: "Si la sangre de los machos cabríos... tienen el poder de consagrar a los profanos, ¡cuánto más la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo!"... Sangre de Cristo, embriágame.
2.- CRISTO, CORDERO DE DIOS.- "El primer día de los ázimos..." (Mc 14, 12). Los ázimos es el nombre que recibían los panes preparados sin levadura, para comerlos durante los días de la Pascua. El pan de días anteriores, confeccionados con levadura, tenía que haberse consumido ya, o ser destruido, pues se consideraba que la fermentación de la masa ludiada era una especie de impureza, incompatible con la fiesta pascual.
Pero más importante que el pan ázimo, era el cordero inmolado en esa fiesta. Se recordaba así la sangre de aquellos corderos con la cual se tiñeron los dinteles de las casas en Egipto de los hebreos, librándolos así de la muerte...En la nueva fiesta pascual, en la Pascua cristiana, Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como lo recordamos antes de la comunión de su Cuerpo y su Sangre, Alma y Divinidad. En ese momento se nos recuerda, con palabras del Apocalipsis, que estamos invitados a la cena nupcial del Señor.

3.- ¿QUÉ HACES CON TU HERMANO?
Por José María Martín OSA
1.- Día de la Caridad. Hoy vuelve de nuevo la Iglesia a recordarnos lo que significa el misterio de Cristo con nosotros. Hoy quiere que volvamos de nuevo los ojos hacia ese misterio inexplicable del Cuerpo de Cristo y le cantemos gozosos y le demos las gracias. Junto a ese sentimiento de amor y agradecimiento al Señor porque ha querido quedarse con nosotros -ese sentimiento que se expresa en la quietud de la oración-, la Iglesia ha querido recordarnos algo extraordinariamente interesante. Es esto: que Cristo no sólo se quedó bajo la forma de pan y vino para que nuestra ruta tuviera auxilio permanente, sino que se quedó en los hombres que necesitan de los demás. Por eso, hoy es el Día de la Caridad. No podemos hoy cantar a Cristo en su magnífica custodia procesional si somos capaces de adorarlo en aquellos hombres en los que, inevitable es decirlo, cuesta mucho encontrarlo. Él quiso que lo buscáramos en esos hombres, porque en ellos escondió sus rasgos en una especie de reto lanzado desde siempre a nuestra inquietud y a la sinceridad de nuestro cristianismo.
2.- El Corpus es un día para el encuentro con los hermanos. "Haced esto en memoria mía". Jesús no nos dijo "pronunciad estas palabras en memoria mía", sino "haced", es decir "vivid". No hay de verdad Eucaristía si no tenemos los sentimientos que tuvo Jesús, si no intentamos entregarnos y amarnos como Él nos ama. La fracción del pan --nombre con el que los primeros cristianos designaban a la Eucaristía-- es un gesto que a menudo pasa desapercibido, pero sin embargo refleja perfectamente lo que Jesús quiso enseñarnos al partirse y repartirse por nosotros. Compartir hoy y aquí es una obligación perentoria de la que ningún cristiano estamos dispensados. Sentir, como sintieron los apóstoles, el hambre de la multitud que seguía a Jesús será un rasgo que distinguirá nuestro espíritu cristiano. Si no somos capaces de captar la necesidad de los hombres el Día del Corpus habrá sido en vano. El Día del Corpus es un día para el encuentro con los hermanos y para que compartamos con ellos, además de todo cuanto humanamente podamos darles (si es que podemos darles algo), el gozo de tener cerca de nosotros a Cristo, un Cristo personal y cercano que quiere asomarse a nuestra vida no sólo a través del expositor de una gran Custodia sino a través de los hombres, que es donde realmente quiere vivir y estar para siempre. ¿Qué haces con tu hermano? Es la pregunta que Dios nos hace cada día y que es el lema de la campaña institucional de Cáritas 2015.
3. - La Eucaristía es misión. Dios nos encomienda vivir lo que hemos celebrado. Por eso la Eucaristía celebra la vida y nos da fuerza para la vida. Cuando el sacerdote nos dice "Podéis ir en paz" nos está enviando al mundo. Es como si Jesús nos dijera: "Tomad, comed y vivid el amor". Es esta la segunda procesión del Corpus, la que emprendemos cada día hacia la calle, hacia el trabajo o hacia la escuela como mensajeros del amor de Dios. El hombre de hoy tiene hambre de verdad y de plenitud, tiene hambre de Dios.

4.- LA FIESTA DEL CORPUS ES LA FIESTA DEL AMOR CRISTIANO
Por Gabriel González del Estal
1.- Hablar de la fiesta del Corpus Christi es hablar de la fiesta del amor cristiano. Pero resulta que oímos por ahí de vez en cuando que lo que los cristianos tenemos que hacer es predicar más la justicia y menos el amor. Mientras que otros, muy cumplidores y muy observantes ellos, nos dicen, por otro lado, que hablamos mucho del amor, pero nos olvidamos de recomendar las prácticas tradicionales de la piedad y de la penitencia cristiana. Es como si nos dijeran que el amor cristiano va en contra de la justicia, o en contra de las prácticas tradicionales de la piedad cristiana. O que el amor cristiano es algo mucho más fácil de cumplir, que la justicia o el rezo del rosario. Y, claro está, esto no sólo no es verdad, sino que es exactamente lo contrario. El amor cristiano es el amor de Cristo, el mismo amor con el que Cristo denunció la injusticia y se retiró por las noches a hablar con su Padre Dios. El amor cristiano es el que gobernó y dirigió toda la vida, pasión y muerte del Señor. La práctica del amor cristiano es la única llave que nos abre las puertas de la santidad cristiana. Si no tengo amor nada soy, repitió muchas veces San Pablo. Pues bien, lo que yo quiero decir es que el amor cristiano, además de ser la virtud más difícil de practicar, es la virtud que da valor y consistencia a todas las demás virtudes. Predicar un cristianismo basado en la práctica del amor cristiano no es predicar un cristianismo fácil o rebajado, sino todo lo contrario. Los santos fueron santos, precisamente porque intentaron seguir lo más fielmente posible a Aquel que nos amó hasta el extremo. No hay nada más difícil en la vida humana, que amar constantemente con amor cristiano a los demás. Porque amar es olvidarse de uno mismo y pensar en los demás. Y amar a los demás como Cristo nos amó es amarlos hasta el extremo, hasta el extremo de dar la vida por ellos. Esto nunca fue algo fácil de cumplir.
2-.La sangre de la Antigua y de la Nueva Alianza. Cuando Moisés quiso demostrarle al Señor que el pueblo estaba dispuesto a cumplir todo lo que Él les mandaba en el documento de la alianza, “mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas como sacrificio de comunión”. La sangre de estos animales rociada sobre el pueblo fue el signo y la señal de la aceptación y cumplimiento de la Antigua Alianza. El pueblo de Israel ofrecía al Señor la sangre de los mejores animales que tenía: vacas, corderos, palomas… Los sacerdotes de la Antigua Alianza ofrecían al Señor algo que, sin duda, era para el pueblo muy valioso y, al mismo tiempo, el pueblo prometía obedecer y cumplir todos los mandatos de la Ley. En la Nueva Alianza, en cambio, Cristo se constituye en el nuevo y único sacerdote y ofrece al Señor su propia sangre, su vida. La sangre de Cristo, su vida, será, desde entonces, para nosotros la señal de la Nueva Alianza. Esto es lo que debemos entender y celebrar cuando celebramos la eucaristía. Cuando nosotros celebramos la eucaristía, Dios hace con nosotros una nueva y eterna alianza, perdonándonos todos nuestros pecados por la sangre de Cristo, por su vida, mientras nosotros prometemos cumplir el nuevo mandamiento que el Señor nos dio: amarnos unos a otros como Él nos amó. Celebrar, pues, la eucaristía es renovar la nueva y eterna alianza que el Señor ha hecho con nosotros, en la sangre, en la vida de su Hijo. La eucaristía es el memorial de la pasión y muerte de Cristo: “haced esto en memoria mía”.
3.- La eucaristía debe crear comunión. Comunión con Dios, nuestro Padre, intentando imitar, aunque sea de lejos, la comunión que siempre existió entre el Padre y su Hijo. Comunión entre todos los cristianos, en Cristo, haciendo que el mismo amor con el que Cristo nos amó nos una a nosotros y haga comunidad entre todos nosotros. Comunión entre todas las personas, porque Dios nos ama a todos y quiere que todos seamos sus hijos. Comunión con la tierra y con el universo entero, porque todo el universo es la casa y el templo de Dios. La eucaristía, en definitiva, es amor, comunión, alianza de amor entre Dios y los hombres. Porque el amor busca siempre la unión y la comunión entre todas las personas que aman.

5.- JESÚS PERMANECE CON NOSOTROS Y MUY CERCA
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Hoy es un día muy especial para reflexionar sobre un milagro permanente, sobre un signo que Jesús hizo ante sus discípulos hace más de dos mil años y que permanece. Nos referimos a su presencia real en la Eucaristía. Obviamente, a nosotros, aquí y ahora, lo que más nos interesa es ese pensamiento fuerte sobre la presencia de Jesucristo es el Sacramento del Altar. No puede eludirse el hecho de que Dios se ha quedado en la Tierra en forma aparente de pan y vino y que está dispuesto para ser alimento espiritual de las almas. Esto puede dar un cierto rubor "modernista" el afirmarlo de manera tajante, pero, sin embargo, dejarlo fuera, o atenuarlo en una especie de valoración legendaria, es una dejación absurda. Incluso, de una manera un tanto cazurra bien podría decir que si tenemos una cosa buenísima para qué vamos a prescindir de ella.
2.- La recepción del Cuerpo del Cristo, el diálogo íntimo con el Recién Recibido, las charlas –internas y distendidas—en la proximidad del Sagrario y la profunda convicción de la presencia de Dios en ese pan y vino de vino es, en sí mismo, un grandísimo bien que preside nuestra vida de cristianos. Y si alguno le faltase fe, al respecto, la solución es muy fácil: pedir a quien se quiso quedar en la Eucaristía que nos aumente la fe.
3.- Y en cuanto al contenido litúrgico de nuestra celebración de hoy hemos de decir que esta solemnidad comenzó a celebrarse en Bélgica, en Lieja, en 1246. Sería el Papa Urbano VI quien motivo que de extendiera por toda la Iglesia. El Pontífice buscaba que esa idea, generalizada y admitida en toda la cristiandad, de la presencia real de Jesús en la Eucaristía, tuviese mayor resonancia por la dedicación de una fiesta universal. No obstante, ya en esos tiempos, se celebraban las procesiones eucarísticas que han llegado a nuestros días. El Papa Urbano VI deseaba que hubiese un día específico para reflexionar en ese acto de generosidad de Cristo que es quedarse realmente junto a nosotros.
4.- Con la perfección en los contenidos que marca siempre la Sagrada Liturgia tenemos que decir las lecturas que hemos proclamado ayudan a mejor comprender el misterio que hoy, especialmente, adoramos. Y en el Libro del Éxodo, en su capítulo 24, leemos una frase que va a recordar bastante la consagración que hizo Jesús en la Cena del Jueves Santo. Son palabras de Moisés que dice: “Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos esos mandatos.” El Amigo de Dios, el gran Moisés estaba profetizando, al menos la forma, de lo que sería la alianza más directa de Dios con el hombre. La sangre de su Hijo Unigénito sería el principio de una nueva Alianza de Amor y de permanencia física en el mundo, a través de todos los tiempos. A su vez en la Carta a los Hebreos, se plasma una de las grandes novedades realizadas por Cristo en las relaciones con Dios Padre Todopoderoso. Su sacrificio va a ser el último y el definitivo dirigido a Dios. Por un lado se clausura una acción litúrgica sacrificial y se abre el nuevo culto con el recuerdo y presencia permanente de Jesús, que es víctima y altar. Dice la Carta a los Hebreos que Jesús “no usa sangre de macho cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna”
5.- El Evangelio de San Marcos nos narra con su brevedad y precisión acostumbradas todos los momentos de la celebración de Sagrada Cena con la consagración eucarística dicha en su final. Y los términos utilizados por Jesús en el relato de Marcos en lazan directamente con los otros textos bíblicos leídos hoy que marcan esa nueva alianza de amor y de reconciliación, oficiada por el Hijo, y admitida por el Padre. Todos los días, a todas las horas, celebramos y festejamos la Eucaristía, la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados, pero en esta fiesta grande del Cuerpo y de la Sangre del Señor debemos de hacer un esfuerzo para tener ese misterio más cerca de nosotros y que nos sirva de alimento para el complejo camino diario del seguimiento de Nuestro Señor Jesús.

LA HOMILIA MÁS JOVEN

CELEBRAR LA EUCARISTÍA, AUN ESTANDO SOLO
Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, es su nombre completo. Oía en mi infancia, y hasta en años posteriores, el dicho castellano que reza: “tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Aquí donde vivo y en muchos otros lugares, son estos jueves días laborables, sin que por ello, pienso yo, se resienta nuestra Fe. Debemos tener muy presente que la semana es una norma bíblica y el domingo creación cristiana. Las diferentes solemnidades y fiestas que han ido surgiendo, que continúan celebrándose o no, no forman parte de lo nuclear cristiano.
2.- Dos cosas quiero apuntar para empezar. La presencia del Señor entre nosotros, está afirmada en diversas circunstancias. En la Palabra Proclamada, cuando dos o más nos reunimos en su Nombre y en la realidad Eucarística, tanto cuando la celebramos, como en su permanencia en el Sagrario. Debemos afirmar la última, sin olvidar las otras. Debemos celebrarla, sin olvidar las anteriores. Podemos gozar de ella en ciertas ocasiones, teniendo en otros momentos la oportunidad de aprovechar únicamente las otras. Celebrar la Palabra nos hace presente al Maestro. Encontrarnos dos o más en su Nombre, sintiéndonos responsables de serlo y pretendiendo trasmitir la riqueza de nuestra Fe, también y en cualquier lugar y momento, nos prestará su compañía, no lo olvidemos.
3.- He iniciado este mensaje homilía, mis queridos jóvenes lectores, recordándoos algunos principios que nunca debemos olvidar. Continúo ahora dedicando mi comentario a la fiesta de hoy. Cada vez que celebramos misa es Corpus. Cada visita que hacemos al Sagrario, también es un encuentro personal y espiritual con Él. La Eucaristía, fundamentalmente, es celebración. Actualización mistérica de lo realizado en el Cenáculo, completado en el Calvario y culminado al resucitar Él en el Sepulcro. Es alimento espiritual. Tuvo mucho interés en anunciarlo el Maestro en más de una ocasión. Uno come para poder vivir. Con frecuencia es una satisfacción del hambre y deleite del paladar. Pero aunque no pongamos atención, aunque no disfrutemos comiendo, aunque ni nos demos cuenta de lo que estamos masticando, lo que tragamos con buena disposición, nos alimenta.
4.- Es importante tenerlo en cuenta, mis queridos jóvenes lectores. Yo no me pregunto al levantarme, si tengo ganas de celebrar misa. Generalmente los días de labor no estoy obligado a ello, estoy sólo en casa y puedo escoger, sin que nadie me vea o se entere. Me pregunto sinceramente ¿por qué voy a entrar en “mi pequeña iglesia” yo sólo, nada me obliga a hacerlo?, escucho entonces en mi interior: “haced esto en conmemoración mía”. Si la juguetona imaginación domina mi interior y sé que difícilmente lograré hacerlo atento, le digo: allá Tú, Señor, que me lo indicaste. Haré lo que pueda, tal vez en este momento, en un rincón de África, o de cualquier otro continente, una solitaria monja te contemple interesada y emocionada. Yo no voy a llegar a tanto, pero recibe lo mío y lo otro juntamente, como una realidad simbiótica espiritual, que te sea propicia y agradable en tu presencia. Guy de Larigaudie recordaba: no hay que decir: tal día iré a misa, como si fuera una excepción. Lo excepcional debe ser es decir algún día no voy a asistir a misa.
5.- La liturgia de este año pone el acento en un aspecto que olvidamos con frecuencia. La Eucaristía es un pacto, una alianza de Amor, entre Dios y los hombres, mediante su Hijo Jesús, que es sacerdote de sí mismo, víctima inmensa, presentada al Padre. Culminación de otras alianzas que recuerdan las lecturas. Conservar el Sagrario, aunque permanezca sólo, es guardar el documento legal de esta situación. La Eucaristía está fundamentalmente depositada para asistir a enfermos y moribundos. Es apropiadísima para la oración y adoración. Es “documento mudo” que reclama protección y ayuda. Quien es propietario de algo de valor, conserva la factura de la compra, la escritura notarial de la finca que es suya, el certificado del registro de la propiedad inmobiliaria que le acredita su posesión legítima. Mucho más es la Eucaristía, no lo olvidéis y os confío que, cabe el Sagrario, le he dicho al Señor esta mañana, entre otras cosas, a mis queridos jóvenes lectores, buenos días les des Dios.
Más tarde he celebrado misa. Físicamente estaba sólo en el recinto. Realmente me acompañaban Santa María y San José, los Apóstoles, los Ángeles y todos los Santos. Amén de tantos otros que anclados en el espacio y tiempo del planeta tierra, también lo hacían.


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