domingo, 7 de junio de 2015

José-Ramón Flecha Andres, EL HOMBRE Y LA VIDA

EL HOMBRE Y LA VIDA

                 LA IMAGEN DE DIOS EN EL ENFERMO

La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por san Juan Pablo II en 1992. Él mismo decidió que se celebrara el día 11 de febrero, en que se celebra la memoria de la Virgen de Lourdes.
En este año 2015, el mensaje del Papa Francisco para esta Jornada va dirigido a los enfermos, a los profesionales y también a los voluntarios en el ámbito sanitario.
El título del mensaje es altamente sugestivo: “Sabiduría del corazón para reconocer en los enfermos la imagen de Dios”. Claro que esta sabiduría no se limita a un conocimiento teórico, abstracto, fruto del estudio o del razonamiento. Es una actitud impagable, don de Dios y tarea humana.

La sabiduría del corazón es infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de todas las personas que están dispuestas a abrirse al sufrimiento de los hermanos y a reconocer en ellos la imagen de Dios. A la luz de este don de Dios, se pueden entender al menos tres frutos que podemos esperar de la Jornada Mundial del Enfermo.

LOS DONES DE LA SABIDURÍA

• Sabiduría del corazón es servir al hermano. El enfermo necesita   ayuda  para lavarse, vestirse o alimentarse. Esa ayuda prestada al hermano enfermo es camino de santificación, experiencia de la cercanía del Señor y manifestación de la misión de la Iglesia.
• Sabiduría del corazón es estar con el hermano. Romper por un tiempo el ritmo de nuestras prisas para acercarnos al enfermo es muy importante. Estar junto a él es un modo de alabar a Dios, de seguir a Jesucristo y de mostrar nuestro amor y nuestro consuelo al paciente
• Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. En este mundo, marcado el deseo de hacer y producir, olvidamos la belleza de lo gratuito, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. El Papa Francisco nos recuerda una vez más lo importante que es la salida de sí hacia el otro.  
• Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. La caridad verdadera  nos impide juzgar al otro y nos prohíbe complacernos en el bien que pretendemos realizar.

LA CRUZ Y LA GRACIA

La experiencia del dolor y de la enfermedad encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús. De hecho, la cruz nos revela la solidaridad de Dios con nosotros y su infinita misericordia.
El Papa nos recuerda que esa respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, nos remite a la experiencia de los discípulos que tocaron el  cuerpo de Cristo resucitado. Sus llagas fueron y son todavía un escándalo para la fe pero nos aseguran la verdad de la fe.
Nos cuesta aceptar   la enfermedad, la soledad y la incapacidad. Parecen dificultar nuestra decisión de entregarnos a los demás. Pero debemos recordar que la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sabiduría del corazón.
La Jornada del Enfermo puede ayudarnos a comprender que si acogemos con fe el misterio del sufrimiento y del dolor, podemos llegar a ser testigos  vivientes de esa fe. La razón humana no nos ayuda a comprender el misterio del dolor, pero nos ayuda a descubrir su sentido y su riqueza de gracia.
El Papa termina su mensaje con una hermosa plegaria que podrá acompañarnos en los días más grises:
“Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón”.
                                                                        José-Román Flecha Andrés

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