lunes, 1 de junio de 2015

Posted: 31 May 2015 01:30 AM PDT

   El tenor italiano Andrea Bocelli, que ha vendido más de 75 millones de discos, habló de su fe y cantó este jueves por la noche en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona en la primera edición de la gira musical "El gran misterio",organizada por el Pontificio Consejo para la Familia, que recorrerá diversas ciudades de todo el mundo.

   “Considero que es un gran privilegio, y también un deber preciso para cada uno de nosotros, ser testigos, activos y alegres, del mensaje cristiano, y divulgarlo tanto como sea posiblemediante el ejemplo y ofreciendo la posibilidad de compartirlo", explicó el famoso tenor que quedó ciego en su infancia.

   Sobre el arte como camino hacia Dios dijo: "La buena música lleva consigo un fuerte mensaje de paz y de hermandad: interpretar el repertorio sacro, así como escucharlo, puede ser una forma intensa de oración. Una oportunidad que encuentra plena expresión y “floritura” cuando los momentos de reflexión acercan y elevan la escucha gracias a la obra de los sacerdotes, ministros de la misericordia divina".
También habló del gran tema de la gira, la familia cristiana: "La familia, el principal pilar de la sociedad, es la insustituible palestra de los afectos, es la institución crucial para la expresión y la transmisión de los valores cristianos. Es el seno de la Iglesia (y mediante las enseñanzas de Aquel que la ha inspirado), donde podemos profundizar juntos, y comprender mejor, la fuerza extraordinaria del amor entre el hombre y la mujer, y, consecuentemente, de la familia”.

Bocelli fue presentado por el padre Andrea Ciucci en sustitución del presidente del Pontificio Consejo de la Familia, Vincenzo Paglia, quien no pudo acudir como estaba previsto. El acto contó también con una predicación sobre la familia a cargo del cardenal Sistach.


Recordando el Génesis
Andrea Ciucci, presbítero de la diócesis de Milán, habló primero en catalán y luego en castellano comentando el relato de la Creación en el Génesis. Invitó a los presentes a “no dejar pasar el tiempo y las tardes [de esa narración] tan deprisa. Deleitémonos. Al final del sexto día vio Dios que todo era muy bueno”.

Contó también como vio Dios “conmovido por la soledad de Adán” decidió “ofrecerle una ayuda que le confortara. Y fue al final del sexto día cuando creó a la mujer. Y Adán se alegró”. 

Recordó que “el amor del hombre y la mujer son imagen de su Iglesia, el Gran Misterio”, aludiendo al título de la gira.

El sacerdote invitó a “hacer esta tarde memoria agradable de nuestras familias y las de todo el mundo. Sobre todo las desfiguradas por la velocidad de la historia y por el egoísmo de los hombres”, “a sentarnos en el jardín reproducido por Gaudí junto a Dios y gozar de esta tarde".

La familia, motor del mundo y de la historia
El cardenal Martínez Sistach predicó sobre la hermosura de la institución familiar. Así, proclamó: “La familia surge del matrimonio y es un bien incomparable [para el bienestar de la persona y de la sociedad humana]... Esta sociedad del bienestar sólo podemos conseguirla si las familias gozan de estabilidad y de armonía. Entre otras razones porque con las familias desestabilizadas la sociedad no dispone de medios económicos suficientes para conseguir aquel bienestar y porque substituir el amor de los padres es casi imposible... Es el lugar donde se aprende a amar... La familia es el motor del mundo y de la historia. Cada uno de nosotros construimos la propia personalidad en la familia".

Tuvo después unas palabras para los abuelos: “Como dice el Papa Francisco, felices aquellas familias que tienen los abuelos cerca. El abuelo es padre dos veces, y la abuela es madre dos veces”. Realizan un servicio muy valioso con la acogida, la suplencia, la ayuda económica y la catequesis de los nietos”.

El cardenal no olvidó el sufrimiento de las familias separadas, y recordó el deber de acogerlas y ser buenos samaritanos. 


La violinista Petryshak y la dirección de Marcello Rota
La violinista Anastasiaya Petryshak, de 21 años de edad, emocionó tocando la "Thaïs" de Massenet. La Orquesta Sinfónica del Vallés y la Polifónica de Puigreig, dirigidas por Marcello Rota, interpretaron el "Réquiem lacrimosa" de Mozart. 

Bocelli cantó el “Verum Corpus”, un texto eucarístico del siglo XIV, musicado por Mozart, que trata de los símbolos del Bautismo, que nos acoplan a la muerte y resurrección de Jesucristo, y de la Eucaristía, “fármaco de inmortalidad” en palabras de san Ignacio de Antioquia.

Siguió “Mille Cherubini in Coro” de Schubert, que evoca la intimidad que se crea entre madre e hijo a la hora de dormir pero también es una metáfora de la confianza que el discípulo pone en Dios. Alude al Salmo 131: “Me mantengo tranquilo en paz, tengo el alma serena. Como un infante en el regazo de su madre, como un niño pequeño se siente el alma mía”.

Después de implorar la misericordia del benigno juez celestial con el “Pieta Signore” de Stradella, llegó la melodía central de la película “La Misión”, de Ennio Morricone, con Anastasya Petryshak en el violín. 

Marcello Rota dirigió después a las dos orquestas en el “Nabucco – Va Pensiero”, de Verdi, que remite al Salmo 137: “Junto a los ríos de Babilonia nos sentamos y lloramos al recordar Sion. En los sauces que allí había colgamos nuestras arpas”.

Resonaron también tres avemarías clásicas: de Schubert, Gounod y Caccini.


La celebración se acercó al final con el rezo del Padre Nuestro, para el que todos los concurrentes en la celebración se levantaron. Bocelli rezó con un leve movimiento de sus labios en su lengua materna, se santiguó y juntó sus manos al acabar la bendición.

Acabó el acto con Bocelli y una de las canciones que con más éxito ha interpretado¨: “The Prayer”, de D Foster: las palabras finales son las que reflejan con más intensidad el espíritu de esta gira por la familia que ha promocionado: “Y la fe con la que nos has iluminado, siento que nos salvará".

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