miércoles, 10 de junio de 2015




Para el día de hoy (10/06/15):  

Evangelio según San Mateo 5, 17-19



Una mirada muy superficial de la lectura que nos ofrece la liturgia de este día nos puede presentar una flagrante contradicción en las enseñanzas del Maestro, y ello mayormente suele acontecer cuando esa mirada se sustenta en una lectura lineal, superficial. La literalidad es madre de todos los fundamentalismos, y sin importar su origen o color, todos ellos son contrarios a la Buena Noticia.

El problema de fondo es que por un lado Jesús de Nazareth afirma que Él no ha venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darle pleno cumplimiento, y por otro lado encontramos sus posturas polémicas y conflictivas frente a ciertos preceptos impuestos, como por ejemplo la observancia del Sabado, las abluciones previas a la comida, el ayuno. 

La Ley de Moisés, en sus orígenes, implicó un gran salto cualitativo para la ética de Israel como pueblo naciente; tribus de esclavos en Egipto, al calor del desierto como crisol y mediante la Ley como instrumento redentor, esas tribus se convirtieron en nación de hombres libres. La Ley, por lo tanto, era bendición de Dios para alcanzar por ella la libertad y la identidad que surge de la convivencia comunitaria.
Los Profetas, a su vez, eran el aire puro que mantenían viva la llama de la fé. Sin demasiadas vueltas, con voz clara y rotunda, anunciaban la esperanza que siempre proviene de Dios y denunciaban aquello que se oponía a los sueños del Creador para todos sus hijos.

Con el correr de los siglos la observancia de la Ley se quedó en la pura letra y se olvidó a Aquél que la sustentaba, que le otorgaba sentido y trascendencia. La Ley como don de Dios se convirtió en una imposición a menudo intolerable, que se practicaba por miedo a represalias o castigos antes que por vínculos filiales.

Jesús de Nazareth viene a dar pleno cumplimiento de la Ley y los Profetas porque su plenitud es el amor, Dios mismo entre nosotros, Dios entre su pueblo.
La Ley y los Profetas significan un ascenso interior hacia el cielo presente del Evangelio, y es herencia para transmitir a todas las generaciones.

Paz y Bien

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