lunes, 1 de junio de 2015





San Justino, mártir

Para el día de hoy (01/06/15):  

Evangelio según San Marcos 12, 1-12




Históricamente y durante mucho tiempo, la arquitectura se valió de la piedra angular para procurar las edificaciones más sólidas. Más aún, es la piedra robusta en su solidez única que se colocaba en el punto de unión de los muros para que éstos tuvieran fortaleza y pudieran soportar todo el peso de la construcción que poco a poco se añadiría. Por ello que desechar esta piedra o bien elegir una piedra errónea implica una garantía de derrumbe, de que lo edificado ha de caer irremisiblemente, construcción sin valor ni destino.

Por otra parte, cualquier oyente del Maestro en el tiempo de su ministerio habría captado la importancia de sus palabras: la carga simbólica de Israel como viña creada, plantada y cultivada por Dios, y luego cedida a los hijos de Abraham para su propio bienestar no podía, de ninguna manera, pasar desapercibida.
Pero para Jesús el vino debe beberse para alabar sus virtudes o rechazarlo si está picado: nadie comenta el sabor del vino por el brindis de otros, ni sacia su hambre leyendo el menú.

Ése, precisamente, era el gran problema de su tiempo y no nos es ajeno. Es una cuestión de propiedad que está muy lejos de lo material, implica primacías, confianza y, por sobre todo, amor paterno.

Había en ese tiempo y en este también, ciertas gentes que se arrogaban el derecho de usufructuar los beneficios de la viña como si fuera propia. Allí sólo hay lugar para la explotación y ningún espacio para la gratitud y el compartir.
Por eso mismo a los mensajeros se los silencia, se los ignora o se los aplasta con brutal eficiencia. No vaya a ser que la potencia de la verdad desarme soberbias intenciones, intenciones que esconden el afán de la muerte de Dios, de una vida sin trascendencia, en las mismas sombras que llevarán a muchos a articular razones de cruz, lógicas de calvario.

Cristo es la piedra angular de la Iglesia y de toda existencia.
Cuando ello se ignora o se trastoca, inevitablemente, más temprano que tarde todo se viene abajo, todo se encamina a un derrumbe mortal y estruendoso.

Es tiempo propicio para volver a preguntarnos con qué construimos y cómo nos vamos edificando. Mejor aún, con Quien.

Paz y Bien

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