jueves, 4 de junio de 2015

Almudi.org, Sábado de la semana 9 de tiempo ordinario; año impar

La generosidad y el abandono en Dios deja actuar a la gracia y obra maravillas en el mundo.
“En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir»  (Mc 12,38-44).


1. Vemos hoy es un contraste entre los letrados y la pobre viuda. A los letrados judíos «les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias», «buscan los asientos de honor y los primeros puestos». Son también avaros, «devoran los bienes de las viudas». Mientras que la viuda pobre se acerca al cepillo del Templo y de un modo discreto, sin imaginar que la están mirando nada menos que el Mesías y sus discípulos, deposita allí dos reales: «Ha echado en el cepillo más que nadie, porque ha echado todo lo que tenía para vivir». La generosidad de esa mujer nos recuerda lo que dijo Jesús en sermón de la Montaña: «el Señor, que ve en lo oculto, te lo recompensará». Dios ve el corazón. Lo mejor de la vida es  el amor, la generosidad. Es lo más frágil en apariencia, el buen corazón. Parece que estas cosas no sirven como el dinero y el poder, pero mientras que lo demás pasa, la entrega queda y da frutos: amistad, felicidad. Al final se demuestra como lo más fuerte, algo que si está, lo demás vendrá luego. Y si hay lo demás pero no está ese amor, la vida no tiene sentido. Por eso el avaro es tan pobre, porque lo único que tiene es dinero. Y el poderoso vive para no bajar del pedestal. En el fondo son egoístas, y así pierden todo.
Hoy, como entonces, podemos sufrir esas actitudes hipócritas, vanidosas, sentirnos mejores que el resto: que formamos parte de los creyentes, los “nuestros”, los practicantes... ¡los puros! Jesús, ayúdame a ver esta escena que viste: «llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas»; quiero aprender de ella, que dio todo lo que tenía para vivirSe abandona totalmente en las manos de la Providencia. Tú lo viste, que ponía todo al servicio de Dios y de la atención de los pobres. Te gusta el olvido de sí misma, el deseo de glorificar a Dios en la atención a las necesidades de los demás, el olvidar nuestros males por darnos a los demás, por consolar… ayúdame a tener esa pureza de la intención, esa generosidad del amor (Enric Prat i Jordana).
Esta viuda representa lo mejor de la piedad del verdadero Israel. No pervierte en letra muerta la Ley auténtica del amor. Honra la “casa de oración”, es auténtico símbolo del Mesías, que ha venido a “dar su vida”. El gesto de gratuidad total, anticipa la muerte de Jesús por la salvación de todos. Es una verdadera encarnación del reino de Dios y un espejo de su gracia, ya que ha ofrecido todo lo que es y todo lo que posee.
Madre Teresa dijo (y vivió, por supuesto) que hay que “dar hasta que nos duela”. Voy por buen camino si también me duele el dar. Ante tantos que buscan el honor, busquemos el servicio generoso. Como tú, Jesús, que en la Eucaristía lo has dado todo por nosotros. Tu cuerpo se entrega por nosotros y tu Sangre se derrama para el perdón de nuestros pecados. ¿Habrá más amor que aquel del que da su vida por los que ama? (www.homiliacatolica.com).
2. Te pido, Jesús, que mi fe sea viva por el amor, que proclame con mi vida el Evangelio, como dice el Apóstol: “-Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos... Proclama la "Palabra"”. Es con la entrega de mi amor, que la presencia de la Palabra de Dios se hace viva.
-“Insiste a tiempo y a destiempo, denuncia el mal, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. Ayúdame, Jesús, a proclamar con el amor tu Buena nueva. Que sepa llevar tu palabra como cada persona necesite en su vida, y no como queriendo imponerla. Que la “refutación de los errores” no me lleve a la intolerancia en una sociedad plural, sino que ayude a partir del bien que hay en cada persona, como decía Juan Pablo II en palabras de san Pablo: vencer el mal con el bien. Que la exhortación alentadora a los que están pasando una prueba, la enseñanza o doctrina, vaya unida al consuelo o simplemente “estar ahí”, hacer compañía.
Que proclame tu palabra, Señor, con el trabajo de cada día con amor y afán de perfección, contribuyendo a la re-creación, tu providencia... con el servicio según tu palabra: «he venido a servir y no a ser servido»... en el educar a los hijos según los valores evangélicos... en visitar a los enfermos o a los que viven en soledad...
-“Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros... apartarán sus oídos de la verdad”. También hoy hay una seducción por «filosofías» e «ideologías», en lugar de la verdad del evangelio. Señor, danos el gusto de la santa doctrina, el amor de la verdad, la docilidad a la Iglesia y al Espíritu Santo.
-“Pero tú, permanece prudente, soporta los sufrimientos, trabaja en la extensión del evangelio, cumple con fidelidad tu ministerio”. La «comunicación», en la expansión de la buena nueva, no es tanto “marketing”, sino sobre todo don de sí, oración (Noel Quesson).
3. "Mi boca contará tu salvación, Señor," te canto hoy con este salmo que alaba la perseverancia y nos da confianza: “Llena estaba mi boca de tu alabanza / y de tu gloria, todo el día. / No me rechaces ahora en la vejez, / me van faltando las fuerzas, no me abandones”. 
Quiero acabar hoy esta meditación con un acto de confianza en ti, Señor: “Seguiré esperando, / redoblaré tus alabanzas; / mi boca contará tu auxilio, / y todo el día tu salvación”. A mi Dios, que me ha acompañado a lo largo de la vida, le canto con agradecimiento: “Dios mío, me instruiste desde mi juventud, / y hasta hoy relato tus maravillas.
Y yo te daré gracias, Dios mío, / con el arpa, por tu lealtad.”

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