viernes, 12 de junio de 2015

Almudi.org, Inmaculado Corazón de María

María es la mujer que sabe amar según el amor de Dios, a la medida del corazón de Jesús, y nos quiere con corazón de Madre
“Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.  Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.  Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”(Lucas  2,41-51).   


1. Ayer celebrábamos la solemnidad del Corazón de Jesús, del Amor. Propio de hijos bien nacidos es que hoy, junto al Hijo, encontremos a su Madre. El Papa Pío XII, muy sensible a la celebración del amor compartido entre el Hijo y la Madre, instituyó esta fiesta el año 1944. María, que fue cauce providencial y madre privilegiada del Verbo encarnado, antes de concebir a su Hijo físicamente lo concibió por la fe y el amor. Y cuando el Hijo, concluida la obra de la redención, subió al cielo, al Padre, ella se quedó físicamente entre nosotros sin el Hijo, pero siguió poseyéndolo en fe y amor. Nosotros, si hemos sabido del amor por el costado abierto de Cristo muerto, hemos de saber también del amor sufrido por la Virgen María que en el Calvario hizo ofrenda del Hijo por nosotros al Padre. Alabemos, pues, al Hijo y a su Madre.
Hablar del corazón, y más hablar del corazón de una mujer bendita, es situarnos en un campo de esperanza. El lenguaje popular dice: "tiene un corazón de oro", "te lo digo de corazón", "es toda corazón". Corazón significa intimidad, vida interior, el motor y la raíz de la persona. En la Biblia, corazón es igual a la persona misma. El corazón de la Virgen María es representado con dos símbolos: la espada del dolor y del martirio y las llamas del amor y la ternura.
San Lucas hace dos referencias al corazón de María. Cuando los pastores ven al niño Jesús, “María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón" (Lc 2,19).El otro es el que hemos leído hoy: "...Y su madre guardaba estas cosas en su corazón", y fue luego de encontrar a Jesús en el templo, cuando dijo el Señor: "¿Por qué me buscábais? No sabíais que yo tengo que estar en lo que es de mi Padre?" María, como nosotros, has tenido que recorrer un camino de fe y de oscuridades hasta llegar a comprender que “su madre y sus hermanos son los que cumplen el designio de Dios” (Mc 3,35) y que tú estabas ahí en primer lugar por tu entrega, constante, hasta seguir la suerte del maestro hasta el final: "Estaba presente junto a la cruz de Jesús su madre..." (Jn 19,25; Servicio bíblico latinoamericano).
Madre mía, te pedimos hoy que sepamos hacer como tú, que guardabas las cosas buenas, y además las ponderabas. Gracias a eso eres consuelo para la aflicción, Madre del buen consejo, quien mejor nos puede enseñar a vivir el amor al prójimo. Puedes convertir nuestro egoísmo y amor propio en caridad y amor a Dios. Puedes quitar las nubes negras que a veces vienen a mi alma, haciéndome ver la luz de tu Hijo, puedes dar buenas inspiraciones a todos mis pensamientos, haciéndolos puros como los tuyos, puedes darme la libertad de la humildad y poder proclamaramar: “he aquí la esclava del Señor, se haga en mí según su palabra”.Contemplar hoy a Nuestra Señora es mirar el misterio del hombre desde la luz que brota de María. Y decirse devoto del Corazón de María es ser hombre o mujer de corazón misericordioso, donde habita el amor y la ternura.
Corazón es emoción, sentimiento y pasión. Sólo la palabra que sale del corazón y se dice de corazón puede llegar al corazón del otro. Lenguajes rutinarios, formalistas, abstractos no pueden ser los de un profeta porque nada dicen ni a nadie llegan. Cantar al Corazón de la Virgen María es adentrarse por el camino de la profundidad, de la contemplación, del silencio interior. Lo que guardaba y meditaba en su corazón nos señala la senda. Del hondo silencio brota la palabra insondable. "No se ve bien sino con el corazón” (El Principito). En esta fiesta, pensemos que "tener corazón" es la herencia y el regalo que nos ofrece María. Por eso suplicamos: "Danos un corazón grande para amar" (Conrado Bueno Bueno).
María, Tú supiste cuidar de Dios Hombre, hasta la edad adulta, para que creciera «en sabiduría, en edad y en gracia» (Lc 2, 52) eres modelo de todos los educadores. Especialmente eres modelo para los padres cristianos, que están llamados, en condiciones cada vez más complejas y difíciles, a ponerse al servicio del desarrollo integral de sus hijos, para que lleven una vida digna del hombre y que corresponda al proyecto de Dios (Juan Pablo II).
Gran apóstol del Inmaculado Corazón de María fue San Antonio María Claret, que fundó la Congregación de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María. Pero es en el siglo XX, cuando alcanza su cenit con dos hechos trascendentales: las apariciones de la Virgen en Fátima y la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, hecha por Pío XII el año 1942, y luego Juan Pablo II en 1984, y poco después se cumplió la profecía, la caída del marxismo en Rusia. En Fátima la Virgen manifestó a los niños que Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón como medio para asegurar la salvación de muchas almas y para conservar o devolver la paz al mundo. La Beata Jacinta Marto, le dijo a Lucía: "Ya me falta poco para ir al cielo. Tú te quedarás aquí, para establecer la devoción al Corazón Inmaculado de Maria". También se lo dirá después la Virgen. Seguirán con esta devoción Pablo VI y, sobre todo Juan Pablo II, que se declara milagro de María, porque ella le salvó en su atentado. El  Corazón Inmaculado, que es, ternura y dulzura, pero, a la vez, exigencia de oración, sacrificio, penitencia, generosidad y entrega.
María es nuestra madre, y nos quiere incondicionalmente. Así como una madre se pone en segundo lugar, olvidando sus proyectos y sueños para el bien de sus hijos, así como cuando un hijo no se porta bien con su madre pero luego le pregunta si le perdona ella dice: “¿cómo no voy a perdonarte, hijo mío?, ¡si soy tu madre!” Así María nos hace ver, como las buenas madres, cómo es el amor de Dios, y su perdón. Un niño de 8 años me decía que “una madre sabe amar de manera distinta a los hijos, según sus necesidades”. Así es, le respondí con lo que yo he aprendido: “quiere más a quién más lo necesita, que hoy puede ser tu hermano más pequeño, pero mañana puedes ser tú”. Así a María le sobra corazón para atendernos a todos como si fuéramos únicos: Dios le dio Corazón de Madre para que con él amara a todos y cada uno de los hombres. Y, no sólo los de hoy, sino todos los de ayer y de mañana. Toda madre tiene amor particular a cada hijo exactamente igual que el que tiene a todos en conjunto. Y más al más desvalido, al extraviado. Madre mía, santa María, quiero entrar en tu corazón, derramar ahí las penas de mi corazón para encontrar consuelo, mis problemas y tentaciones para que como por ósmosis y en otra dimensión de nuestro ser, transformen nuestra vida, sin saber cómo y sin poderlo explicar: "Entréme donde no supe, / y quedéme no sabiendo, / toda ciencia trascendiendo. // Yo no supe dónde entraba, / Pero cuando allí me ví, / Grandes cosas entendí; / No diré lo que sentí, // Pero me quedé no sabiendo, / Toda ciencia trascendiendo" (San Juan de la Cruz). "¡Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de María, una digna morada al Espíritu Santo, haz que por la intercesión de su Corazón y su compañía e intimidad, lleguemos a ser templos de su gloria". Amen (Jesús Martí Ballester).
2. Isaías (61,9-11) nos adentra en el corazón de María, que desborda de gozo con el Señor. Ella es madre de la estirpe nueva: “conocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas”. La ilusión mayor de una madre es que su hijo sea feliz. Ese es el deseo del Corazón de María: que lleguemos al esplendor de la gloria a imagen de Jesús. Por eso se alegra de la salvación de sus hijos: ”Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos”.
3. También en 1Samuel (2,1.4-8) se nos desvelan los sentimientos del corazón de María: “Mi corazón se regocija por el señor, / mi poder se exalta por Dios; /mi boca se ríe de mis enemigos, / porque gozo con tu salvación”. Su acción de gracias va unida a la alegría por nuestra salvación: “los cobardes se ciñen de valor… la mujer estéril da a luz siete hijos… El Señor da la muerte y la vida, / hunde en el abismo y levanta; / da la pobreza y la riqueza, / humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido, / alza de la basura al pobre, / para hacer que se siente entre príncipes / y que herede un trono de gloria”.
Llucià Pou Sabaté

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