lunes, 25 de mayo de 2015

Servicio Bíblico Latinoamericano Semana del 31 de Mayo al 6 de Junio de 2015 – Ciclo B

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31 de mayo de 2015, domingo
Santísima Trinidad
Visitación

Dt 4,32-34.39-40: El Señor es el único Dios; no hay otro
Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Rom 8,14-17: El espíritu de hijos adoptivos nos hace gritar: “¡Abba!”
Mt 28,16-20: Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo



Conscientes de que el material teológico para una predicación tradicional sobre la Trinidad es muy fácil de encontrar entre las varias decenas de servicios bíblico-litúrgicos que se ofrecen actualmente en internet, nosotros, fieles a nuestro «carisma», vamos a tratar de completar los enfoques tradicionales con algunas perspectivas críticas, para las comunidades que no quieren simplemente repetir lo de siempre, sino replanteárselo.
La reflexión teológica podría centrarse en la «trinidad» misma, o sea «el hecho de que Dios sea TRES personas», y la relación de esta trinidad con el monoteísmo. Veamos.


Jesús era y fue siempre judío, y como tal, fue absoluta y celosamente monoteísta. Jesús nunca habló de, ni siquiera pudo pensar en una «trinidad» de personas en Dios, lo que le hubiera sonado prácticamente a una blasfemia. Para Jesús, Dios es uno y sólo uno y nada más que uno.
Ello quiere decir algo que muchos cristianos no saben, y que algunos se extrañan al llegarlo a saber: que la doctrina de la Trinidad no es del tiempo de Jesús, sino muy posterior. De hecho se adjudica al Concilio de Nicea (325) su primera formulación definitiva. Ello quiere también decir que los evangelios no nos pueden hablar de la Trinidad directamente tal como nosotros la conocemos, y que esas frases que la citan –como la del evangelio de este domingo- son inclusiones posteriores.
Si la doctrina de la Trinidad es una elaboración de los primeros siglos de la Iglesia, que sólo en el siglo IV comenzaron a adquirir una formulación que quedaría luego consagrada oficialmente, ello significa que tiene un componente de construcción teológica, «construcción humana», pues. No es, como dice la simplificación al uso, que Jesús vino del cielo a revelarnos este misterio que no sabíamos, y que nos lo contó, como se daba por supuesto que el Evangelio decía.
Otro filón importante de este bloque temático es la tremenda huella de la filosofía griega que la doctrina de la Trinidad transpira: persona, sustancia, naturaleza, hipóstasis... Todo en ella es una articulación de conceptos de la filosofía griega. De alguna manera, la doctrina de la Trinidad es la respuesta que el cristianismo de aquel momento histórico dio, en una sociedad imbuida de filosofía griega, con la que estaba tratando de dialogar el cristianismo, a la pregunta por el dios en que creía esa religión que estaba saliendo de las catacumbas y luchaba por conseguir un puesto reconocido en la sociedad. No cabe duda de que la doctrina de la Trinidad es un modelo ejemplar de lo que es la «inculturación» de una religión en una cultura ajena. El judeocristianismo, que no sabía nada de aquellas categorías filosóficas helénicas, acabó expresándose, reformulándose a sí mismo en un lenguaje que nada tenía que ver con el lenguaje bíblico neotestamentario. Esta «inculturación» ha sido puesta frecuentemente como «modelo» de lo que debería ser la inculturación de la fe cristiana en otras culturas. Es la «helenización del cristianismo», tan ejemplar por una parte, como nefasta por otra. 
El problema es que aquella filosofía griega hoy sólo se puede encontrar en los libros de historia; en la vida real nadie echa mano de aquella filosofía para responder a las preguntas actuales. Mientras el mundo y la cultura han dejado de creer en la filosofía griega, la Iglesia sigue formulándose a sí misma –y sus doctrinas- en aquella filosofía, y teniendo esas fórmulas como oficiales. Más aún, como intocables, y en no pocos casos como ininterpretables.
(Un ejemplo distinto al de la Trinidad, pero no al margen del domingo: la «transubstanciación», que es «hilemorfismo» aristotélico, pura filosofía griega, de la que nadie echa mano para comprender cosmológicamente la realidad... De ahí que un elemento central de la eucaristía resulte ininteligible para todo cristiano de hoy que no comparta esa filosofía de hace 25 siglos. En el último diálogo teológico que hubo al respecto, los censores romanos desecharon toda otra explicación –se habían presentado varias, muy buenas- y decidieron que sólo la explicación de la «transubstanciación» era reconocida oficialmente como correcta. Desde entonces se acabó el diálogo teológico y pastoral sobre ese tema. Quedó sobreseído y archivado).
Otro elemento es el mismo concepto de «persona». Se trata de un concepto también griego, y más ampliamente occidental, pero que no es universal. En toda su concreta riqueza cultural resulta intraducible a otras culturas, en las que esa categoría no cuadra exactamente. Pero a los occidentales nos parece la categoría suprema, como «lo máximo» que podríamos atribuir a Dios, y también como un mínimo que no podríamos dejar de atribuirle. Así, frente al hinduismo, al budismo, a la espiritualidad «no dual»... a muchos cristianos les resulta imposible aceptar una idea de Dios menos «personal»... Pero si lo pensamos bien, Dios no es persona... Llamarle así no deja de ser un «antropocentrismo». No debiéramos estar tan seguros de que «persona» es una categoría bien aplicada a Dios, un concepto que «le calza bien»... No hay ninguna palabra en la que quepa Dios... y tampoco cabe en la palabra «persona». Más que «personal», puede ser que tuviéramos que decir que Dios es transpersonal, suprapersonal...
Un último elemento de reflexión respecto a la teología trinitaria es la frecuencia con la que los cristianos entendemos mal la doctrina oficial misma de la Trinidad. En la práctica muchos cristianos guardan en su espiritualidad la imagen de «tres personas como tres dioses», a pesar de la proclamación meramente verbal de la unicidad de Dios... Transcribimos más abajo algunas cautelas que Schillebeeckx expresara al respecto.

Habría todo otro tema a revisar, debajo mismo del plano de la Trinidad, y sería el tema del «teísmo» mismo. Demasiado fácilmente hablamos de «Dios», como si supiéramos lo que decimos, y como si en esa palabra sí que cupiera Dios, y le viniera justa la talla... No es tema para desarrollar ahora, pero sí que puede ser bueno simplemente apuntarlo: «Dios tampoco es dios», no es theos, no se le ajusta ese concepto... En los últimos siglos muchos hombres y mujeres no han aguantado lo mal que se sentían ante esa creencia de identificar el Misterio de la Realidad con un theos, esa forma de creer que lo llama «Dios», y tuvieron que optar por el «a-teísmo» para no asfixiarse. Hoy, a estas alturas de los tiempos, afortunadamente, ya muchas personas sabemos que el «teísmo» no es más que un «modelo», una forma de modelar mentalmente ese Misterio de la Realidad, para entendernos. Y por eso mismo sabemos que no hay que darle más importancia a lo que es simplemente un modelo. La alternativa ya no es teísmo/ateísmo. Ahora conocemos la posibilidad del pos-teísmo... Podemos seguir creyendo en el Misterio de la Realidad, en todo aquello que nuestros abuelos y ancestros modelaron en la categoría theos, dios, sabiendo que no es sino un modelo, y desestimándolo si no nos sirve. Si aquellas creencias no nos resultan asumibles –en cuanto creencias, en cuanto modelos útiles- hoy podemos ser igualmente espirituales, e incluso concretamente cristianos, sin tener que ser teístas, ni ateos, sino «pos-teístas». El tema sería largo... Recomendamos para los interesados solamente el libro de John Shelby Spong, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

Acabemos recordando aquel lema que las Comunidades Eclesiales de Base brasileñas acuñaron hace unos 20 años: «A Trindade é a melhor Comunidade», la Trinidad es la mejor Comunidad.

Al evangelio de hoy (no a la Santísima Trinidad) se refiere el capítulo 130 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600130 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap130b.mp3

La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye un capítulo (una «entrevista») titulado «¿Trinidad?». El audio puede ser escuchado (o tomado de) aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=160 El guión aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=160063 Un comentario pedagógico aquí: http://www.emisoraslatinas.net/guia.php?id=161063


Transcribimos estas citaciones del libro de Schillebeeckx, «Soy un teólogo feliz» (Sociedad de educación Atenas, Madrid 1994):
«««««« Para mí, la Trinidad es el modo de Dios de ser persona. Todas las exigencias del dogma las admito sin correr el riesgo de hablar de tres personas, de una especie de familia y, de hecho, de un triteísmo, que es bastante popular en la fe cristiana. (p. 85/86)
En verdad no comprendo la especulación sobre la Trinidad. Respeto las especulaciones de Santo Tomás, por ejemplo, pero no le dicen nada a mi espiritualidad. Se especula demasiado sobre la Trinidad. ¿Dónde está la utilidad para la fe de todas estas especulaciones? (...)
Dios es Trinidad (¡esto es dogma!), pero no es tres personas. Sería triteísmo. No he escrito nunca sobre este tema porque tengo miedo. No quiero hacer especulaciones. Hay una Trinidad en la naturaleza personal de Dios. (86)
Soy por tanto muy modesto, casi agnóstico con relación a una teología trinitaria. Confieso la Trinidad, pero es necesario tener una especie de reticencia respecto a la racionalización de las relaciones de las tres personas. (87)
No estoy en contra de estas especulaciones, pero no veo qué añaden a mi vida espiritual. Diría que no añaden nada (88). »»»»»
 

Para la revisión de vida

         ¿Me dejo inundar por la vida de Dios?
         ¿Estoy atento a la "vida comunitaria" para que mi comunidad se parezca a «la mejor Comunidad»?

Para la reunión de grupo

-               Dios estableció una Alianza con el pueblo judío basada en la Ley; pero luego renovó esa Alianza, con toda la humanidad, basándola en el amor y sellándola no en unas tablas de piedra sino en una persona: su Hijo Jesús. ¿Mi fe se basa en el cumplimiento de la ley, o en la relación de amistad y amor con Dios?
-              Alegría, gusto por el progreso espiritual, fraternidad, un corazón común y vivir en paz: ¿es éste el clima de nuestras asambleas litúrgicas, de nuestra comunidad?
-              En su libro-entrevista del final de su vida, «Soy un teólogo feliz», Edward Schillebeeckx presenta varias reflexiones sobre la Trinidad, que se prestan a un buen debate en la reunión de estudio...
-               

Para la oración de los fieles

-              Por todos los que se esfuerzan por crear comunidad en el mundo, por encima de las fronteras políticas, ideológicas, étnicas, culturales y religiosas... roguemos al Señor...
-              Por todos los que están solos, aislados, o se sienten "sin nadie en el mundo", sin comunidad, o lejos o incomunicados de los que les aman; para que sientan la "comunidad con Dios" más poderosa que toda lejanía o incomunicación...
-              Para que la Iglesia sea un modelo de comunidad, en la que reina la fraternidad, la participación, la comunión... más que el poder, la jerarquización, la exclusión, los privilegios, la falta de participación y de democracia...
-              Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea reflejo de la Trinidad, que es "la mejor comunidad"...

Oración comunitaria

         Oh Dios-Trinidad, "la mejor comunidad", misterio eterno, insondable, del que apenas podemos balbucir una lejana aproximación. Aviva en nosotros tu misma Vida, la que creaste y depositaste en cada una de tus criaturas, para que nos sintamos convocados a acrecentar la Vida, arrollados por esa corriente original y eterna de vida en comunión que tú mismo eres: Trinidad santa, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

         Señor, Dios, que eres nuestro Padre, nuestro Hermano Jesucristo y el Espíritu que nos consuela y nos fortalece; ayúdanos a vivir en auténtica y sincera comunidad, y que lo que celebramos en la liturgia lo expresamos en toda nuestra vida, que traduzcamos nuestra fe en obras de justicia y amor, que no busquemos sólo en tener una fe correcta sino, sobre todo, una vida correcta, que sea siempre y en todo conforme a tu voluntad de que todos seamos hermanos. Por Jesucristo.



Lunes 1 de junio de 2016
Justino

Tob 1,3; 2,1b-8: Tobías procedía con sinceridad
Salmo 111: Dichosos los que temen al Señor
Mc 12,1-12: Agarraron al hijo querido, y lo mataron



La parábola de los viñadores asesinos revela la historia de infidelidad del pueblo al amor del Señor. Muchos profetas enviados de Dios habían sido rechazados y asesinados por los dirigentes políticos y religiosos. La causa del rechazo radicaba en que estos mensajeros, hablando en nombre de Yavé, ponían en evidencia la infidelidad del pueblo y sus dirigentes a la alianza pactada con él. Todo profeta, todo mensajero que hable en nombre de Dios y cuestione el estatus social, nunca es bien visto; resulta una persona sumamente fastidiosa; por eso es necesario eliminarla. La parábola pone de manifiesto que tampoco al hijo del dueño de la hacienda le respetaron la vida. Al contrario: si es el heredero, con mayor razón hay que eliminarlo para quedarse con todo, sin que nada estorbe los intereses de los abusadores. Esta ha sido y sigue siendo la suerte de muchos hombres y mujeres que a lo largo de la historia de la humanidad y de la Iglesia fueron asesinados por encarar los pecados del pueblo y de sus dirigentes, y por recordar la fidelidad al mensaje de Dios. ¿Existen en nuestro país, lugar de trabajo o ámbito de actividades, situaciones parecidas a las que relata la parábola? ¿Qué nos corresponde hacer frente al odio homicida que sigue amenazando y asesinando a tantos profetas de la justicia y la dignidad humana?



Martes 2 de junio de 2016
Pedro, Marcelino


Tob 2,9-14: Estuve ciego
Salmo 111: El justo vive confiado en el Señor
Mc 12,13-17: Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios



Un grupo de fariseos y herodianos pregunta a Jesús si está bien que el pueblo judío pague tributo al emperador romano que lo subyuga. Los unos y los otros pagaban el tributo, aunque por distintas razones. Por eso la pregunta revela una intención retorcida y maligna de poner a Jesús ante un dilema: si responde que no, lo pueden acusar de rebelión; y si su respuesta es sí, se ganará el rechazo del pueblo. El fondo de la pregunta es si pagando el impuesto se viola o no la ley judía; si es fiel o no a las tradiciones religiosas. Mirando la inscripción de la moneda, Jesús dice que se le entregue al césar lo que le corresponde; pero el reconocimiento de autoridad suprema, obediencia y amor sólo se deben al verdadero Dios. Esta es la respuesta sabia y contundente de Jesús. Lamentablemente los seres humanos solemos confundir las cosas para alcanzar provecho propio. Pero la palabra de Jesús es clara: Sólo Dios merece nuestro amor indiviso y nuestra total obediencia. No confundamos los asuntos del reino de Dios, como la paz, la justicia, la solidaridad, la libertad y la verdad, con los intereses mezquinos de los imperios de todos los tiempos.



Miércoles 3 de junio de 2016
Carlos Lwanga y compañeros, mártires (1886)


Tob 3,1-11a.16-17a: El Dios de la gloria escuchó sus oraciones
Salmo 24: Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna
Mc 12,18-27: No es Dios de muertos, sino de vivos



Continúa la controversia entre Jesús y quienes buscan desacreditarlo para condenarlo. Ahora la pregunta va a la resurrección de los muertos. La plantean aristócratas saduceos, que no creen en la resurrección. Por supuesto, el objetivo es hacer caer a Jesús en la trampa. Le ponen un ejemplo de la vida matrimonial relacionado con la llamada “ley del Levirato” (de “levar”: hermano del marido), el que llevan hasta un nivel ridículo. La respuesta de Jesús es que la mujer del caso no pertenece a nadie. Porque con la resurrección de los muertos las condiciones de la vida anterior cambian sustancialmente. La resurrección abre la puerta a una dimensión diferente de la nuestra. Por la resurrección se entra a participar de la vida de Dios en una comunión que supera toda relación humana. Jesús argumenta sobre la resurrección apelando a la identidad misma de Dios: él no es un dios muerto o de muertos, sino vivo y de vivos; es el Dios de la vida. Cuando pretendemos acudir a tradiciones religiosas y llegamos hasta a ocultar el verdadero rostro de Dios, estamos desconociendo su misma identidad. Confesar al Dios vivo, Señor de la vida, es comprometerse a cuidar y defender la vida en todas sus formas como don suyo. Porque él es el origen y destino de la vida. En él encontrará toda vida su más plena realización.



Jueves 4 de junio de 2015
Francisco Caracciolo, Clotilde, Frida


Tob 6,10-11; 7,1.9-17; 8,4-9a: Dígnate apiadarte de ella y de mí, y haznos llegar juntos a la vejez
Salmo 127: Dichosos los que temen al Señor
Mc 12,28b-34: Éste es el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste



Los más de seiscientos preceptos que aparecen en el Pentateuco desconcertarían a cualquier cristiano de la actualidad. No sabría cuáles son los más importantes y permanentes y cuáles los menos importantes y ocasionales. Por esta razón, ya desde tiempos antiguos, los maestros de la Ley y los sacerdotes intentaron sintetizar esa multiplicidad en unos preceptos mínimos condensados en el Decálogo (Éx 20,1-17; Dt 5,6ss). Los Diez Mandamientos en sus dos partes reúnen toda esa sabiduría y la proponen de manera simple e imperiosa para el creyente. La primera parte comprende los tres primeros mandamientos que regulan la relación con Dios: él es único, su nombre se debe respetar y se debe dar un debido sentido al día de reposo. La segunda se refiere a las relaciones con el prójimo, comenzando por los prójimos más cercanos, que son el padre y la madre, y terminando con la pareja y los bienes de las otras personas. – El evangelio de hoy nos presenta una última y poderosa síntesis que condensa en dos mandamientos, relativos a la relación amorosa con Dios y con el prójimo, como el fundamento de toda posible ley y de toda interpretación de esa Ley contenida en el Pentateuco.



Viernes 5 de junio de 2015
Bonifacio


Tob 11,5-17: Antes Dios me castigó, ahora veo a mi hijo
Salmo 145: Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob
Mc 12,35-37: ¿Por qué dicen que el Mesías es Hijo de David?



En los pasajes anteriores Jesús ha respondido a tres preguntas de sus oyentes. Las respuestas han sido rotundas y magistrales. Sus enemigos no se atreven a hacerle más preguntas, quizás por temor a pasar por ignorantes delante del pueblo, quizás porque teman que Jesús esté hablando como un verdadero maestro inspirado por Dios. Ahora es Jesús quien aborda el tema del uso del título mesiánico “hijo de David”. Pero el problema de fondo no es el título en sí mismo. El asunto básico radica en saber si ese título manifiesta o no todo el sentido del mesianismo de Jesús. Este pone de manifiesto que el Mesías no es sólo el hijo de David, sino “su Señor”. Es decir, aunque Jesús pertenezca al linaje de David, es más que eso. El supera todos los títulos. Su misión no depende de los títulos mesiánicos que se le puedan atribuir. Su vocación y misión derivan de su pasión por el reino de Dios; de su decisión de realizar la voluntad de su Padre. A veces nos encerramos en títulos honoríficos que nos puedan proporcionar poder y prestigio. El asunto está en que el único título válido es el ser hijos de Dios, discípulos y misioneros de Jesús, testigos del reino de Dios. Lo demás sobra.



Sábado 6 de junio de 2015
Norberto


Tob 12,1.5-15.20: Bendigan al Señor; yo subo ahora a Él
Interleccional Tob 13: Bendito sea Dios, que vive eternamente
Mc 12,38-44: Esa viuda ha dado cuanto tenía para vivir



Marcos contrapone en forma magistral la actitud de los escribas que exhiben su poder, y la actitud de una anciana que da al Templo todo lo que tiene para vivir. A los primeros sólo les interesa practicar una religión basada en el bolsillo que no les exige esfuerzo ni negación alguna. La segunda es pobre de solemnidad. De partida, es mujer; por lo tanto, debe estar sometida a los varones. Es probable que sea anciana, lo que la margina aun más. Lo que sí nos dice el evangelio es que es viuda y pobre; es decir, excluida absolutamente del sistema de pureza legal. No tiene seguridad alguna para vivir. También el texto señala un contraste diametral entre lo que echaban los ricos en la alcancía del Templo, y las monedas de muy poca valía que echó esa pobre mujer. Los unos buscaban sus propios intereses: lucirse como generosos y devotos. La mujer da de corazón todo lo que tiene. Podríamos decir que lo ha entregado todo para ganar la vida plena. ¿Qué actualidad adquiere este texto para nuestro mundo? Los pobres siguen dando con ordinaria frecuencia hasta lo que no tienen. Los ricos suelen dar de lo que les sobra. Pocos alcanzan a percibir la grandeza que encierra la pequeñez de la ofrenda de los pobres. Los ricos se buscan muchas veces sólo a sí mismos; a sus propias glorias y honores. ¿Será por eso que “a los pobres de corazón les pertenece el reino de los cielos” (Mt 5,3), y que “es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja antes que un rico se salve?” (Mt 19,23-24).





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