lunes, 18 de mayo de 2015

Servicio Bíblico Latinoamericano Semana del 24 al 30 de Mayo de 2015 – Ciclo B

OBSERVACIONES
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24 de mayo de 2015, domingo
Pentecostés
Vicente de Lerins, Susana, María auxiliadora

Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Salmo 103: Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra
1Cor 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu
Jn 20,19-23: Reciban el Espíritu Santo


Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión... Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse al nivel de los que allí viven. Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.


Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, "balal") las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses ("Babel"). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.
Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=«Pentecostés») después de la salida de Egipto.
Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=«hagios»: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.
Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de "ruidos extraños"; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice "lenguas diferentes". Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.
Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. "Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.
Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecotés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier.

Nota: No hay capítulo de la serie «Un tal Jesús» que se refiera al evangelio de este domingo. 

Para la revisión de vida

         Hacer un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu puede suscitar en mí y que quizá no tengo condiciones de escuchar en la prisa diaria.
         Educar la mirada: lograr "ver" al Espíritu actuando en tantas cosas como Él mueve y dirige...
         No dejarnos deslumbrar por todos los que se remiten fácilmente al "espíritu" y en su nombre se apartan del compromiso del amor, de la atención a los pobres...: hacer "discernimiento de espíritus".
         Ejercicio: leer un libro de espiritualidad comprometida.

Para la reunión de grupo

-              ¿Qué reacción nos produce la palabra "espíritu"? Démosle sinónimos explicativos.
-              Hoy hablan muchos del "espíritu" y lo encuentran en regiones o en actividades muy lejanos de la realidad, del compromiso social, en lo "puramente religioso"... ¿Es así lo que la Biblia nos dice del Espíritu? Pongamos ejemplos.
-              «Hay que ser espirituales, no espiritualistas»: comentar la frase, con razones y con experiencias.
-              En el transfondo de lo que escribe, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles (1ª lectura) tiene en el pensamiento el símbolo de lo que ocurrió en Babel: ¿en qué sentido? Explicitar las referencias simbólicas.

Para la oración de los fieles

-              Para que el Espíritu de Pentecostés se siga derramando hoy en la Iglesia en todos sus miembros, para animarla a ser fermento y catalizador de todas las transformaciones que el mismo Espíritu produce en todos los hombres y mujeres de todas las razas y credos, roguemos al Señor...
-              Por este mundo que en la actualidad tiene en curso varias guerras que apelan a razones religiosas, para que el Espíritu de Dios, que actúa en todos los pueblos, los lleve poco a poco a superar la Babel de la confusión y nos encamine a la reconciliación y la Paz...
-              Por esta Humanidad, hija de Dios, que se refiere a Él y lo ama desde las más diversas religiones y tradiciones espirituales; para que, sin perder la identidad espiritual que Dios ha dado a cada pueblo -destello singular de su gloria- todas las religiones dialoguen activa y fructuosamente, como mediaciones que son del único Dios...
-              Para que el Espíritu Dios, "padre de los pobres" [Pater páuperum], que siempre les ha dado a lo largo de la historia, sobre todo en los momentos más difíciles y de máxima postración, claridad en la visión y coraje para el compromiso liberador, les dé hoy también en todo el mundo, fe convencida y esperanza activa...
-              Para que, como en Pentecostés, todos los pueblos entiendan el lenguaje del amor y de la unidad, sin que ningún pueblo quiera dominar a los demás…
-              Para que el Espíritu del Dios creador, "que repuebla la faz de la Tierra" y deposita -también en todas las criaturas- una participación de sí mismo, nos haga a los humanos conscientes de que no poseemos el mundo en propiedad para utilizarlo y consumirlo, sino para co-existir con todas las cosas y con-vivir con todas las criaturas animadas reverenciando así tanto a la Creación como al Creador...

Oración comunitaria

         Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la Gloria: ilumina nuestra mirada interior para que, viendo lo que esperamos a raíz de tu llamado, y entendiendo la herencia grande y gloriosa que reservas a tus santos, comprendamos con qué extraordinaria fuerza actúa en favor de los que creemos. Por N.S.J. [cfr Ef 1, 17ss]

         O bien

         Dios nuestro, Espíritu inasible, Luz de toda luz, Amor que está en todo amor, Fuerza y Vida que alienta en toda la Creación: derrámate hoy de nuevo sobre toda la creación y sobre todos los pueblos, para que buscándote más allá de los diferentes nombres con que te invocamos, podamos encontrarTe, y podamos encontrarnos, en Ti, unidos en amor a todo lo que existe. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos.



25 de mayo de 2015, lunes
Vicenta López Vicuña, Beda

Eclo 17,20-28: Retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia
Salmo 31: Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado
Mc 10,17-27: Vende lo que tienes y sígueme



Aunque en la cultura actual no hay mucho interés por la «vida eterna», sí abunda la preocupación por la vida futura. La televisión y el internet anuncian un futuro amenazado por catástrofes, pero este anuncio no viene acompañado de un cambio en el modo de vivir. Son premoniciones trágicas, pero no proféticas, ya que no invitan a cambiar esos estilos de vida que amenazan la existencia. Las dos respuestas que Jesús ofrece al joven que lo interroga en el camino obedecen a una preocupación religiosa. Jesús nos invita a cambiar esa lógica, primero con una actitud ética y, luego, con una transformación radical de la existencia. La primera respuesta tiene un énfasis ético y se concentra en los mandamientos que regulan la relación con el prójimo. Es decir, lo que pide casi toda legislación en cualquier nación. ¡Nada más, pero nada menos! Luego, como el hombre insiste en presentarse como «justo», Jesús lo confronta con una verdad muy sencilla: como ya tiene asegurada la vida presente, quiere asegurar la eterna de la misma forma. Se marcha contrariado porque la exigencia de Jesús supera sus expectativas religiosas y existenciales. Sus posesiones le impiden abrazar la nueva vida que Jesús le ofrece.  



26 de mayo de 2015, martes
Felipe Neri, Mariana Paredes


Eclo 35,1-15: El que guarda los mandamientos ofrece sacrificio de acción de gracias
Salmo 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Mc 10,28-31: Recibirás en este tiempo cien veces más, y la vida eterna



La intervención de Pedro responde a la lógica de las recompensas: cuando hacemos algo que consideramos bueno, esperamos a cambio un premio. La respuesta de Jesús se orienta en otra dirección: es necesario trabajar en el mundo presente para cambiar las condiciones del mundo futuro. Nosotros nos maravillamos de las tecnologías de nuestra época, pero no nos damos cuenta de que son el producto de muchos esfuerzos y sacrificios de épocas anteriores. También consideramos óptima nuestra vida en comparación de la esclavitud de la Antigüedad o de la servidumbre en la Edad Media, pero no nos damos cuenta de que este estilo de vida exigió la lucha y el sacrificio de muchas generaciones de obreros y empleados. – Jesús nos pide descubrir qué nos ofrece el mundo presente y qué tendríamos que hacer para hacer posible una vida digna en el mundo futuro. En el presente podemos abrirnos a una posibilidad de hermandad universal al descubrir que muchas personas que hasta ahora desconocíamos se pueden convertir en nuestra familia. Así no estaríamos limitados por las exigencias de parentesco o por obligaciones meramente jurídicas. De igual modo, podemos cambiar las condiciones de existencia en el mundo presente para hacer posibles unas mejores. 



27 de mayo de 2015, miércoles
Agustín de Cantorbery


Eclo 36, 1-2a.5-6.13-19: Que sepan las naciones que no hay Dios fuera de ti
Salmo 78: Muéstranos, Señor, tu misericordia
Mc 10,32-45: Estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado



El destino que Jesús elige y el estilo de vida de sus discípulos parecen dos realidades distintas y distantes, pero están indisolublemente ligadas. Jesús elige confrontarse a sí mismo y confrontar a las autoridades de Jerusalén. Y lo hace no por capricho personal, sino como parte de la voluntad de su Padre que busca la reconciliación del mundo por medio de la eliminación de las diferencias que enemistan a las personas entre sí: judíos y paganos, pobres y ricos, sabios e ignorantes, puros e impuros. Jesús quiere comunicar su verdad en Jerusalén, en un lugar en el que puede ser escuchado, aunque esa decisión comporta riesgos mortales. Lo mismo ocurre con los discípulos que quieren los puestos principales y rivalizan entre sí por el poder de dominación. Sin embargo, Jesús les ha enseñado a realizar la justicia por medio del amor solidario, lo que exige renunciar efectivamente a las pretensiones de poder y de dominio. Jesús asume un destino de reconciliación entre los seres humanos que requiere un nuevo estilo de vida, en total ruptura con las expectativas de control, riqueza y fama, tan apreciadas en esa época como en la nuestra. ¿Y nosotros qué elegimos?



28 de mayo de 2015, jueves
Jesucristo Sumo y Eterno Saceerdote
Emilio, Justo, Germán


Gn 14,18-20: Sacó pan y vino
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec
1Cor 11,23-26: Cada vez que comen y beben proclaman la muerte del Señor
Lc 9,11b-17: Comieron todos y se saciaron



El alimento es la primera urgencia de todo ser vivo. En todas las culturas la vida se organiza en torno al alimento. En la mayor parte de rituales se comparte el alimento, ya sea de manera simbólica o en cenas especiales. Por esta razón, la comida se considera ‘sagrada; expresión de la vida y de todo aquello que la sustenta. La celebración que hoy hacemos de Jesucristo, como ‘Sumo y eterno sacerdote’, nace de la memoria que el alimento tiene en la vida cristiana. En la ‘Última Cena’ Jesús nos entrega su vida en el símbolo del pan y el vino. La mesa compartida con los pecadores, los pobres y los cobradores cambia la manera de relacionarse entre los marginados y se convierte en símbolo de unidad entre los seres humanos y con Dios. El alimento multiplicado hace realidad la esperanza de la multitud, que recibe el alimento cotidiano mientras recibe el alimento espiritual. Esa realidad sagrada manifestada en el alimento, la mesa, el pan y el vino, se consagra en la figura de Jesús como ungido al servicio de Dios en el servicio al ser humano. – ¿Hacemos de nuestro alimento diario un momento de consagración de nuestra vida?



29 de mayo de 2015, viernes
Maximino, Hilda


Eclo 44,1.9-13: Nuestros antepasados fueron hombres de bien, vive su fama por generaciones
Salmo 149: El Señor ama a su pueblo
Mc 11,11-26: Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos



Todos nosotros esperamos algún tipo de signo cuando queremos tomar una decisión importante. Jesús acude al templo en compañía de sus discípulos y observa atentamente. Encuentra el signo en los días siguientes al fijarse en la higuera y al mirar a la gente que permanece en los alrededores del Templo. De la higuera percibe que no satisface las expectativas de los pasantes, que se emocionan al ver la abundancia de hojas, pero que no encuentran ningún fruto en ella. Pasa algo similar con el Templo, es un edificio enorme y hermoso, pero los frutos de oración y de acogida nunca se producen. Sólo son un mercado del que se benefician muy pocos y en el que la mayor parte de los que allí acuden con fe y esperanza sólo son explotados y excluidos. Jesús encuentra allí el signo de los tiempos: tanto el Templo de Jerusalén como la higuera impresionan con su decorado, pero no con sus frutos. La expulsión de los vendedores es el signo contrario, que muestra el sentido de apertura y universalidad que constituye la vocación original del Templo de Jerusalén. – Nosotros a veces queremos ceremonias vistosas y elegantes, pero debemos preguntarnos si nos conducen a una auténtica vida cristiana.



30 de mayo de 2015, sábado
Fernando, Juana de Arco


Eclo 51,17-27: Daré gracias al que me enseñó
Salmo 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
Mc 11,27-33: ¿Con qué autoridad haces esto?



La expulsión de los mercaderes del Templo se convierte en un desafío directo para las autoridades del mismo Templo de Jerusalén. Aunque los jefes conocían las tradiciones proféticas que hacían del Templo una casa de oración abierta a todas las naciones, sin embargo, para ellos eran más importantes los controles y limitaciones que les daban poder. El Templo era más una enorme caja fuerte y un banco que un espacio para el crecimiento espiritual. La principal actividad era el consumo de animales de sacrificio y la recepción de impuestos y ofrendas monetarias. El poder de las familias sacerdotales que lo controlaban era tal que influían sobre los invasores romanos en el nombramiento de las autoridades civiles. Jesús se opone a tales prácticas en nombre de Dios, a quien supuestamente se le rendía homenaje con tal monumento. – Hoy nosotros nos enfrentamos a desafíos semejantes. En nombre de la libertad, de la justicia o, incluso, del amor se desvían recursos para encubrir la violencia y la enajenación mental y espiritual. Los impuestos con frecuencia terminan invertidos en propiedades particulares de quienes controlan el poder. Como Jesús, también nosotros podemos poner en evidencia las contradicciones de esas realidades y la verdadera función que deberían cumplir.





Servicio Bíblico Latinoamericano
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