domingo, 24 de mayo de 2015

SANTÍSIMA TRINIDAD

31 de Mayo 2015



EVANGELIO: Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».


ACERCARNOS EL TEXTO

â Mateo concluye su evangelio con un relato de ENCUENTRO, ENVÍO y PROMESA de Jesús a sus discípulos. La presencia de Dios en el mundo, una vez que los cielos se han abierto y Jesús se ha encarnado, es definitiva, pues su nombre es «Emmanuel», es decir, «Dios-con-nosotros» (como nos ha dicho al comienzo de su Evangelio).


â El ENCUENTRO FINAL de Jesús con sus discípulos tiene lugar en un escenario significativo: en Galilea, donde él comenzó la misión; y en un monte, como cuando Dios congregó a su pueblo en el Sinaí.

Es la INICIATIVA de JESÚS la que hace posible el encuentro: los once van donde él les había citado. Este encuentro es un momento decisivo: en él Jesús constituye al nuevo pueblo mesiánico que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la Iglesia.

Sorprendentemente, Mateo recuerda aquí la duda: «Al verlo, se postraron ante él los mismos que habían dudado» (v. 17). En otras palabras, la actitud de los discípulos expresa la fe; sin ella no hay fundamento para el nuevo pueblo, para la Iglesia, para la misión. Pero una fe que ha estado, está y estará mezclada con la duda, que es compañera inseparable de la fe itinerante. Como siempre: fe y vacilación, claridad y desconcierto.


â El ENVÍO tiene su raíz y fundamento en la plena autoridad, o plenitud del poder que se le ha dado a Jesús resucitado. El envío que reciben los discípulos es CONTINUACIÓN y PARTICIPACIÓN de la misión de Jesús, pero la misión se extiende ahora a todos los hombres y mujeres, y no sólo a Israel como en Mt 10, 5-6. El breve discurso de Jesús está dominado por la idea de la PLENITUD y UNIVERSALIDAD, pues la misión que se nos confiere y a la que se nos envía no tiene barreras.


â El fin de la misión es «HACER DISCÍPULOS». Es quizá la expresión más sintética y correcta de la existencia cristiana. El cristiano es un discípulo. No se trata de ofrecer un mensaje, sino de establecer una estrecha relación con el Maestro, una relación personal y de seguimiento.

Dos son las condiciones para hacer discípulos: el BAUTISMO y la ENSEÑANZA. La segunda reviste una importancia particular en el evangelio de Mateo. En él, Jesús es el Maestro (4, 23; 8, 19; 22, 36; 23, 8; etc.). Jesús se define Maestro en polémica con los malos maestros, tales como los escribas y fariseos (5, 19; 15, 9). Sólo en este pasaje se dice que los discípulos deben, a su vez, enseñar; pero no son maestros, sino que permanecen como discípulos. No enseñan algo propio, sino solamente aquello que Jesús les ha mandado.


â El bautismo vincula al discípulo con Jesús, con Dios. Pero, ¿con qué Dios? Muchos se avergüenzan de Dios. Dios les trae malos recuerdos. No es a ese Dios a quien nos consagramos en el bautismo. Dios no es alguien satisfecho de sí mismo y de su poder. Dios no es un tirano, no se impone, no coacciona, no se exhibe.

La fórmula «Padre, Hijo y Espíritu Santo» nos recuerda que Dios es sólo Amor. Amor comunicado. Su gloria y su poder es sólo amar. El bautismo nos vincula con ese Dios, no con otro. Es sabido que en el libro de los Hechos se habla de bautizar «en el nombre de Jesús» (1, 5; 2, 38). Pero la realidad profunda sigue siendo la misma. El bautismo vincula con la persona de Jesús Salvador; ahora bien, toda su obra y vida procede del amor del Padre y culmina con la efusión del Espíritu.


â «Estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo» (v. 20). Así acaba el evangelio. Es un final con sorpresa. El Señor resucitado no se ha ido, sino que permanece. La promesa que trae Jesús (“Emmanuel” = Dios con nosotros), con la que comienza su evangelio Mateo (1, 2-3), es ya una realidad permanente. Las últimas palabras de Jesús son una invitación a volver al principio del evangelio para escuchar de nuevo sus enseñanzas y contemplar sus signos, como enseñanzas y signos del resucitado. Y son también un mandato de comunicar a otros la buena noticia desde la certeza de que el resucitado sigue presente entre nosotros.


â Mateo no ha querido terminar su narración evangélica con el relato de la ASCENSIÓN. Su evangelio, redactado en condiciones difíciles y críticas para las comunidades creyentes, pedía un final diferente al de Lucas. Una lectura ingenua y equivocada de la ascensión podía crear en aquellas comunidades la sensación de orfandad y abandono ante la partida definitiva de Jesús. De ahí que ponga el punto final con una frase inolvidable de Jesús resucitado: «Y sabed que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo» (v. 20).



REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES


*    Ésta es la fe que ha animado a las comunidades cristianas desde sus comienzos: no estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas; ÉL ESTÁ CON NOSOTROS. En momentos difíciles como los que estamos viviendo hoy, es fácil caer en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo que necesitamos urgentemente recordar: Él está con nosotros. Para los primeros creyentes, Jesús no era un personaje del pasado, sino alguien vivo que animaba, vivificaba y llenaba con su Espíritu a las comunidades.


*    Cuando dos o tres creyentes se reúnen en su nombre, allí está él en medio de ellos. Olvidarlo es arriesgarnos a debilitar la raíz de nuestra esperanza.

Pero todavía hay algo más. Cuando nos encontramos con una persona necesitada, despreciada y abandonada, nos estamos encontrando con aquel que quiso solidarizarse con ellas de manera radical. Por eso, nuestra ADHESIÓN ACTUAL a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que en la AYUDA y SOLIDARIDAD con el NECESITADO: «Cuanto hicisteis a uno de estos pequeños me lo hicisteis a mí».


*    La ascensión es una llamada a SEGUIR ESPERANDO a pesar de las decepciones, desengaños y desalientos. A lo largo de la vida podemos sentir una doble tentación: o bien desistir de la marcha, porque el camino nos resulta demasiado fatigoso; o bien anticipar la llegada a la meta, porque el camino se nos hace demasiado largo.

La ASCENSIÓN: una buena ocasión para tomar conciencia de la paciencia histórica. Naturalmente entendiéndola bien, pues la paciencia cristiana no consiste en adoptar una postura de dimisión ante la vida. Al contrario, el hombre y la mujer pacientes resisten activamente a las adversidades, manteniendo un espíritu firme y fuerte ante el desgaste de los años. Hemos de aprender a respetar el ritmo de la vida, aprender a recorrer pacientemente nuestro propio camino, un camino único y original, con sus gozos y sus tristezas, sus logros y sus fracasos, sus momentos buenos y malos. «Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios, por este camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol, y un camino virgen Dios» (León Felipe). En este caminar los creyentes sabemos que no estamos solos.


*    Y todo esto, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: he aquí la revelación más accesible de Dios y de su misterio trinitario.

La TRINIDAD no sólo es el ideal y modelo de unión, diversidad y comunión que la Iglesia debe intentar realizar entre sus miembros; es también la fuente de nuestra vida e IDENTIDAD CRISTIANA. Dios, en su misterio más íntimo y en su revelación más honda, no es soledad sino FAMILIA; lleva en sí y nos comunica paternidad/maternidad, filiación y amor vivo y creativo. La Trinidad es la mejor expresión para comprender nuestra vida cristiana como encuentro, envío, promesa, presencia y paciencia.

Romper nuestros muros, para seguir a Jesús; ir al mundo y encarnarnos, para descubrir lo que somos y lo que estamos llamados a ser; consagrarnos al Dios de Jesús, para experimentar su revelación y compañíaes la TAREA y QUEHACER de la Comunidad Cristiana.



COMPROMISO DE VIDA


La Fiesta de la TRINIDAD es una buena ocasión para reflexionar y tomar conciencia del DIOS DE MI VIDA, la imagen de Dios que soporta mi vida.

-        ¿Cómo describiría la imagen de Dios que hoy VIVO? ¡No la imagen que “pienso” o me “imagino”, sino la que vivo!

-        ¿Sería capaz de escribirlo y de ofrecerlo a otros como testimonio de mi fe cristiana, actual y viva? ¡Escríbelo...!

-        Termina orando, cada día de esta semana, las ORACIONES que se nos ofrecen a continuación.



ORACIÓN para esta SEMANA

SER DISCÍPULO

Podría seguir así,
tirando más o menos como hasta ahora:
manteniendo el equilibrio prudentemente,
justificando mis opciones dignas,
diciendo sí cuando todo es a medias.
Pero también puedo ser... discípulo.

Quiero ser dueño de mi vida,
no renunciar a mi libertad,
gozar de tantas cosas buenas,
entregarme a los míos,
y tener esa serena paz del deber bien cumplido.
Pero también puedo ser... discípulo.

Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;
también complicarme la vida
y complicársela a otros con osadía,
hablar de la buena noticia
y soñar nuevas utopías.
Pero también puedo ser... discípulo.

Anhelo hacer proyectos,
proyectos vivos y sólidos
para un futuro solidario;
deseo ser eficaz, acertar,
dar en el clavo y ayudar.
Pero también puedo ser... discípulo.

Soy capaz de pararme y deliberar,
escuchar, contrastar y discernir;
a veces, me refugio en lo sensato,
otras, lanzo las campanas al vuelo
y parece que rompo moldes y modelos.
Pero también puedo ser... discípulo.

No siempre acabo lo que emprendo,
otras arriesgo y no acierto
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta apuntarme a todo
y dejar las puertas abiertas, por si acaso.
Me asusta tu oferta.
Pero también puedo ser... discípulo.

Ulibarri, Fl.



ORACIÓN PARA HACER UN CRISTIANO

Yo te signo en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo,
para que seas cristiano:
los ojos, para que veas la luz de Dios;
los oídos, para que oigas la voz del Señor;
las narices, para que percibas el suave olor de Cristo
las labios, para que, una vez convertido,
confieses al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;
el corazón, para que creas en la Trinidad.

El Padre nos ha engendrado,
el Verbo nos ha santificado,
el Espíritu nos ha sellado;
el hombre viejo ha sido sepultado
y el hombre nuevo ha salido al mundo,
encontrado de nuevo su juventud por la gracia.

Tu don más gratuito: ser cristiano.
Tu compromiso más urgente: ser cristiano.
Tu esperanza más fuerte: ser cristiano.

San Gregorio de Nisa


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