viernes, 15 de mayo de 2015


Párroco Benjamín Oltra, 
Carta a Caritas Arciprestal
Pentecostés nos hace “providencia de Dios en éste mundo”

Solo el amor genera comunión. Lo que disgrega es el egoísmo y la indiferencia. El amor es un sentimiento, deseo y actitud que conduce a la unicidad entre los amantes. Los amante, sin dejar de ser ellos mismos, quieren ser uno con sus amados, quieren correr una misma suerte, vivir en unicidad. Nosotros nacimos para eso, para amar, este es más que uno de nuestros principios, es el principal.

            Si bien somos hijos del amor, hijos de Dios, que nacimos por amor y para amar, para ocupar un espacio de amor en éste mundo, somos también seres contradictorios      -que sabemos lo que nos conviene y no lo hacemos- por lo que a la hora de gobernar nuestras vidas tendremos que tener muy presente lo que dice San Pablo en 1ª Cor 6, 12: “Todo me está permitido. Sí, pero no todo aprovecha,(…) yo no me dejaré dominar por nada”. Por norma, siempre pondremos en cuestión si determinado comportamiento es o no acorde con el amor que profesamos, pues “nuestra vida es nuestro mensaje”,(Gandi). Las obras hablan por nosotros mismos, son la verdad que predicamos. Siempre y en todo discerniremos.


Los cristianos, con nuestro comportamiento estamos llamados a expresar que somos la provindencia de Dios, las manos de Dios en este mundo, que somos su linaje, que estamos naciendo de Él constantemente, que su sangre corre por nuestras venas. Los cristianos, con nuestras vidas, estamos llamados a actualizar la presencia de Dios en este mundo y para eso contamos con la asistencia del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Para vivir en cristiano hay que aprender a leer con ojos evangélicos los signos de los tiempos, dejándonos interrogar por ellos y actuando según el Espíritu nos inspire. Nos preguntaremos: ¿En lo que está ocurriendo, Dios qué me está diciendo y qué me pide?

Digan lo que digan los signos de los tiempos, siempre estaremos llamados a ser  “providencia de Dios en este mundo”, y si de verdad nos lo creemos la responsabilidad que se te viene encima es tremenda, incluso podemos llegar a pensar que Dios, al elegirnos, se ha equivocado pues no somos nada de fiar; pero si caemos en la cuenta que también escogió a Pedro, al joven rico, a Judas y unos cuantos más ya nada nos extraña; somos débiles y pecadores pero somos de Dios, Él nos eligió y nos dio su Espíritu Santo; Espíritu que hoy nos habita, nos mueve, nos compromete y nos posibilita ser “providencia de Dios en éste mundo”. Él no tienen a nadie más.

Si ser cristiano es “ser providencia de Dios en este mundo”, trabajar en Caritas es nuestra forma de vivirlo y expresarlo, este es otro de nuestros principios. Por eso, los miembros de Caritas necesitamos rezar para que Jesús nos acompañe a compartir la fe y la esperanza,  a compartir cuanto somos, tenemos y sabemos que eso es amar. Y si en un momento de apuro exclamamos: “Señor ten piedad” le estamos diciendo “ven y abrázame”; pues, bien sé que siempre me esperas con los brazos abiertos y la mesa puesta, pero ahora, en este momento, yo no lo siento, no lo noto, no lo sé ver. Ser de Dios, ser propiedad suya como “ser providencia de Dios en este mundo” no te ahora dudas, angustia ni sufrimiento alguno.

Repito, ser cristiano es ser “providencia de Dios en este mundo”; esto no es sólo para una élite personas escogidas entre millones y millones, es para gentes corrientes que por su fe, buscando inspiración en el Evangelio y poyados en el Espíritu, miran con paz lo que ocurre en el presente y están dispuestos, con audacia esperanzada, a enfrentarse al futuro intentando transformarlo para el bien del prójimo.

 Nuestra fe no es una filosofía de vida propia del “sálvese quien pueda”, pues en clave individualista no se puede ser testigo de un Dios que es Trinidad, que es comunión de personas. Nuestras fe es comunitaria, “Qué nos diría Dios si nos salváramos los unos sin los otros” (Ch. Pegui)

 Nuestra fe nos conduce a ser samaritanos en cualquier momento y circunstancia. Eso ni se programa, ni se planifica. Eso surge y hay que estar preparados para acogerlo con rapidez y desprendimiento. Lo que surge es lo que surge y tú siempre has de estar a su disposición y que sea lo que Dios quiera, y que sea como Él quiera.

   Recordad, ante lo que es importante, lo más práctico es tener claros los principios.
   Seamos buenos y los tiempos serán mejores. ¡Que Dios nos bendiga!
   Un abrazo. Vuestro, benjaoltra


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