sábado, 23 de mayo de 2015

Orden de Predicadores; Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria Octava semana del Tiempo Ordinario Del 25/5/2015 al 30/5/2015

Introducción a la semana
Termina esta semana la serie de textos que nos ofrece, por ahora, el libro del Eclesiástico, recogiendo aspectos muy variados de su enseñanza sapiencial. Invita a la conversión –que permite una digna alabanza a Yahvé- mientras alienta la vida en nosotros, pues, según la convicción del Antiguo Testamento, en el abismo de la muerte ya nadie puede alabar al Señor. Son los convertidos, los “justos”, los que experimentan el gozo de estar reconciliados con él y ensalzar su nombre.
Reconoce este escrito el valor religioso de una conducta recta, fiel a los mandamientos divinos, pero subraya también el de una ofrenda generosa ante el altar –en plena sintonía con ese comportamiento-, es decir, el de un sacrificio acorde con el querer y el obrar de Dios para con nosotros. Quien así se comporta “verá la salvación de Dios”, experimentará su amor de predilección.
El sabio se preocupa además por la suerte de su pueblo, amenazado por sus enemigos, y pide para él la compasión de Dios, a fin de que se cumplan las antiguas profecías en su favor. Reconoce la responsabilidad de ese pueblo en sus propios males, pero acude confiado a la misericordia y al perdón divinos, de los que tantas manifestaciones ha habido en el pasado. En efecto, la sabiduría de Dios no sólo ha mostrado su grandeza y su poder en las maravillas de la creación, sino que se ha hecho también patente en toda la historia de la salvación. Tantos hombres de bien como se cuentan en esa historia merecen el elogio de quien los recuerda, un elogio que se traduce en reconocimiento de la acción providente de Dios en ellos. No cabe duda, Dios ama a su pueblo desde siempre y para siempre.
Saber esto y obrar en consecuencia: he ahí la expresión de una auténtica sabiduría. Desearla, gozar con ella, contemplándola y practicándola sin apartarse jamás de su camino: tal es el ideal del verdadero sabio israelita, cuyo corazón rebosa de alegría al experimentar la dulzura que se encuentra en el cumplimiento de los mandatos del Señor.
 Archivo Evangelio del día Archivo Evangelio del día 

Enviar comentario al autor 


Lunes 25/5/2015
“A los que se arrepienten Dios los deja volver”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 17,20-28:
A los que se arrepienten Dios los deja volver y reanima a los que pierden la paciencia. Vuelve al Señor, abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas; retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. En el Abismo, ¿quién alaba al Señor, como los vivos, que le dan gracias? El muerto, como si no existiera, deja de alabarlo, el que está vivo y sano alaba al Señor. ¡Qué grande es la misericordia del Señor, y su perdón para los que vuelven a él!
Sal 31,1-2.5.6.7 R/. Alegraos, justos, y gozad con el Señor
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/. 

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-27:
En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras.
Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por todo el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “A los que se arrepienten Dios los deja volver”

Vemos cómo ya en el Antiguo Testamento se afirma: “¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a él!”. Pero con Jesús de Nazaret la misericordia y el perdón de Dios llegan a su culmen. Tanto es así que, como sabemos, las autoridades religiosas de su tiempo le echan en cara que se está excediendo en lo del amor, que acoge y perdona a todos los pecadores, a los que incluso va a buscar. Conocemos la respuesta de Jesús: “No tienen los sanos necesidad de médico, sino los enfermos. Id y aprended qué significa misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Y esta actitud no fue la de un solo día que se les escapó su mano perdonadora. Fue la actitud constante de su corazón, y nos pidió que también nosotros perdonemos hasta setenta veces siete, es decir, siempre, porque esa es la actitud de nuestro Padre Dios que “hace salir su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos”. Y a punto de morir injustamente pide perdón por los que le están crucificando: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.
Como nuestro Maestro y Señor, nuestro perenne referente es Jesús… hemos de imitarle también en el terreno del perdón y la misericordia.
  • “Él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico”

El joven rico tuvo un error de cálculo. Se creyó que su fortuna le iba a dar más felicidad que Jesús. Por eso, dejó plantado a Jesús y se fue tras su dinero, pero se equivocó. Puso al dinero como el dios de su vida, al que tenía que servir y adorar y como “no se puede servir a dos señores”, dio la espalda a Jesús. Pensó que el dinero le iba a proporcionar muchas más ganancias que Jesús. No cayó en la cuenta en ese instante, aunque sospechamos que después sí, que el dinero solo le podía proporcionar aquello que se puede comprar con dinero: buenas casas, buenos viajes, buenas fiestas, buenos banquetes, buena ropa… Pero nunca puede ofrecer ilusión, sentido, esperanza, amor, ternura, compañía, amistad… algo que Jesús puede ofrecer a raudales y que llena el corazón mucho más que el dinero.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Enviar comentario al autor 


Martes 26/5/2015San Felipe Neri 
No te presentes a Dios con las manos vacías

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 35,1-15:
El que observa la ley hace una buena ofrenda, el que guarda los mandamientos ofrece sacrificio de acción de gracias; el que hace favores ofrenda flor de harina, el que da limosna ofrece sacrificio de alabanza. Apartarse del mal es agradable a Dios, apartarse de la injusticia es expiación. No te presentes a Dios con las manos vacías; esto es lo que pide la ley. La ofrenda del justo enriquece el altar, y su aroma llega hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su ofrenda memorial no se olvidará. Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas; cuando ofreces, pon buena cara, y paga de buena gana los diezmos. Da al Altísimo como él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más. No lo sobornes, porque no lo acepta, no confíes en sacrificios injustos; porque es un Dios justo, que no puede ser parcial.
Sal 49,5-6.7-8.14.23 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio.
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R/.

«Escucha, pueblo mío, me voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
yo, Dios, tu Dios.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.» R/.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.» R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,28-31:
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • No te presentes a Dios con las manos vacías

Los que conocen bien la Biblia nos dicen que el libro del Eclesiástico es una gavilla de textos en los que se plasma lo mejor de la tradición judía de su tiempo como defensa frente a la helenización que amenazaba las esencias del pueblo elegido como tal. Su autor amasa el amor a la Ley con el amor a la sabiduría, y sus páginas rezuman pasión por el Templo y sus ritos. Nuestro texto es una excelente muestra de cómo el notable ritualista de su autor, adicto al culto por más señas, es al tiempo un delicado moralista que se manifiesta muy solícito de observar la Ley en todos sus extremos de justicia y cariada. Entiende el texto que practicar la Ley es de suyo un acto de culto; de ahí que nos desafíe a hacer en la vida diaria la síntesis personal entre lo que creemos y vivimos, entre lo que sentimos respecto a la divinidad y su plasmación tanto ritual como vivencial en el tiempo y espacio litúrgicos. Es como si ampliara el aforo del Templo a los parámetros del vital día a día, para que siempre que el fiel acudiera a Dios llevara bien colmada la mochila de actos y vivencias bien fecundados por la fuerza de la alianza con Yahvé, la Ley que los padres legaron a sus descendientes como signo de su predilección por parte de Dios. 
  • Lo hemos dejado todo y te hemos seguido

En el relato de Marcos Jesús de Nazaret está comunicando su mensaje acerca de lo difícil que lo tienen para entrar en el Reino los que centran su corazón en los recursos materiales, en la riqueza. A los discípulos no les entra en la cabeza que en la alternativa que diseña el Maestro se pueda uno desenvolver sin el respaldo de los bienes económicos. Y Pedro busca más precisión, implicando en su cuestión a todo el grupo de seguidores de Jesús, porque quiere conocer el alcance real de su entrega y solidaridad a favor del Reino de Dios. El Maestro afronta la cuestión ampliando su alcance a todo aquel que abandone todo para manifestar su adhesión y seguimiento a Él, para dedicarse así a la difusión de su mensaje. Jesús invita a aceptar el regalo del Reino con la actitud proclive al afecto y al compartir lo que uno es y tiene como seña de identidad cristiana, con el fin de desterrar la miseria deshumanizadora y de no dar pie a un desigual perfil de la comunidad, aunque todo este horizonte se cobre el peaje de la persecución y el descrédito. El Reino no admite rangos por definición desiguales y creadores no sólo de dependencia sino también de realidades nada fraternas. Cristo nos llama a una comunidad de amor y abundancia que pivote entre la fidelidad a su Palabra y la devoción efectiva al hermano, al margen de cómo en cada cultura seamos capaces de visualizar este mandado sus seguidores.
El padre de los sacerdotes del Oratorio, Felipe Neri, apunta con su perfil evangélico, trufado de fino sentido del humor y excelente hondura humana, al horizonte humanizador que nos ofrece el proyecto del Reino de Dios.
¿Le damos a nuestro culto la expresividad de nuestra vida diaria y la inquietud de nuestras preguntas y esperanzas?
¿Hasta qué punto el seguimiento del Maestro cuestiona nuestros estilos de vida personales y el de la institución eclesial?

Fr. Jesús Duque O.P.Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de San Jacinto (Sevilla)
Enviar comentario al autor 


Miércoles 27/5/2015
Dios está atento y presente para socorrernos

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 36,1-2a.5-6.13-19:
Sálvanos, Dios del universo, infunde tu terror a todas las naciones, para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti. Renueva los prodigios, repite los portentos. Reúne a todas las tribus de Jacob y dales su heredad como antiguamente. Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien nombraste tu primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo. Llena a Sión de tu majestad, y al templo, de tu gloria. Da una prueba de tus obras antiguas, cumple las profecías por el honor de tu nombre, recompensa a los que esperan en ti y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos, por amor a tu pueblo, y reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno.
Sal 78,8.9.11.13 R/. Muéstranos, Señor, la luz de tu misericordia
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso,
salva a los condenados a muerte. R/.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas
de generación en generación. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,32-45:
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.
Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • «Escucha la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo, y reconozcan los confines del orbe que Tú eres Dios eterno»

La manifestación del Dios Soberano que pretende el autor del Eclesiástico no se corresponde con los designios salvíficos divinos. Él en su buena fe, pide para que sea bendecido y enaltecido el Dios todopoderoso que alienta su fe y sus promesas, e incluso le ofrece sus súplicas y alabanzas. Pero Dios es grande y su brazo llega a los confines de la tierra, no cuando nosotros lo pedimos o necesitamos, sino como manifestación de su gloria y sabiduría infinitas, reconocibles en sus obras maravillosas. Reconocer esa grandeza y misericordia divinas es lo que nos acerca al cumplimiento de las promesas de Dios para con su Pueblo. Es lo que nos permite implorar a Dios y acoger su bendición y su gracia; lo que nos une a Él en la promesa de elección y filiación que se realizó con Jesús, primogénito de todos los Pueblos en el nuevo Reino de Dios. Esta es la verdadera Sabiduría que nos llega a nosotros en la alabanza de Dios.
  • «El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos»

Jesús nos viene a recordar que la grandeza de Dios está detrás de lo pequeño y humilde de este mundo. Ante su hora definitiva, su pasión y muerte que percibe inminente, transmite a los apóstoles la verdadera conducta agradable a los ojos de Dios. Igual que «el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y dar su vida como rescate por muchos», la grandeza que Dios quiere es la de ser servidores de los demás.
Esta enseñanza, que figura en los tres sinópticos, en entornos parecidos, choca con la incomprensión que se nos narra en este evangelio. Ellos piden privilegios, ser los primeros, pero están ciegos, no han entendido todavía el mensaje de Jesús, no han sido bautizados con su Espíritu. A pesar de los años de convivencia con Él, no han renovado su forma de vida ni su percepción de la misma. Piden los primeros puestos. Pero Jesús es radical en su respuesta: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber y de recibir el bautismo con que yo voy a ser bautizado? ¿Sois capaces de servir hasta entregar vuestra vida por los demás? ¿Estáis dispuestos a aceptar la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias? Jesús les enseña el camino correcto contra los privilegios y la rivalidad. Invierte el sistema a insiste en el servicio como remedio contra la ambición personal. El que quiera ser grande, sea vuestro servidor. Y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo, aquel que todo lo da por su amo, incluso la vida.
Nosotros ya hemos sido bautizados en el Espíritu de Jesús, no tenemos que interpretar sus palabras enigmáticas como los apóstoles ante este anuncio de su muerte, sino que tenemos su ejemplo y su testimonio para reconocer la verdadera vivencia evangélica en nuestras vidas. Sólo nos queda aplicarla y llevarla a cabo en nuestras comunidades. Pidamos la fuerza al Señor para que cada día nos parezcamos más a Él.
- ¿Estamos dispuestos a ser servidores y generosos con nuestros hermanos?
- Cómo cristianos, ¿entendemos que el servicio es el verdadero comportamiento que nos engrandece y nos acerca a Dios?

D. Oscar Salazar, O.P. D. Oscar Salazar, O.P. 
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)
Enviar comentario al autor 


Jueves 28/5/2015Jesucristo Sacerdote 
“Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 52,13–53,12:
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Sal 39 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro;
nadie se te puede comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo número. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio. R/.

Entonces yo digo: «Aquí estoy,
como está escrito en mi libro,
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios;
Señor, tú lo sabes. R/.

No he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»
Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.»
Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

En el pueblo judío, en el AT, los sacerdotes eran los encargados de ofrecer los diversos sacrificios a Dios, principalmente de animales. Estas ofrendas podían ser de alabanza, de expiación por los pecados, de acción de gracias…
Cuando llegó Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote, a nuestra tierra borró este sacerdocio y todos estos sacrificios de la antigua alianza y ofreció al Padre Dios su persona, su vida. Gastar su vida de la manera que el mismo Dios Padre le había indicado. En el fondo, gastar su vida de acuerdo con su propio ser, con su propia naturaleza que es el Amor. Es decir, le ofreció una vida de amor, una vida de servicio a sus hermanos los hombres, indicándoles el camino a seguir. Le ofreció su vida, su muerte y, por eso Dios, le resucitó. En cada eucaristía renovamos esta única ofrenda, este único sacrifico de Jesús, donde se nos recuerda su vida de amor y de entrega.“Tomad y comed, esto es mi cuerpo entregado. Tomad y bebed, esta es mi sangre derramada”.
Todos los cristianos, los seguidores de Jesús, participamos de su único sacerdocio. Unos participamos del sacerdocio ministerial y otros del sacerdocio común. Tanto unos como otros debemos imitar a Cristo sacerdote de dos maneras: En primer lugar, participando en la eucaristía, cada uno desde su condición, es decir, presentando al Padre a Cristo víctima, y comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre. Y en segundo lugar, haciendo lo mismo que él hizo, ofrecer al Padre la ofrenda de una vida de entrega, de servicio a los demás. Que también nosotros podamos decir las palabras de Jesús, pero aplicadas a nosotros mismos: Ésta es mi persona que se entrega a mis hermanos por amor, como signo de cumplir la voluntad del Padre, como signo de ser fieles a nuestro ser, que es un ser creado para el amor, para la entrega…
¡Que el Señor, nos ayude a cada uno, a vivir el sacerdocio que él nos ha regalado!
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Enviar comentario al autor 


Viernes 29/5/2015
“El Señor adorna con la victoria a los humildes”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 44,1.9-13:
Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos. No así los hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará.
Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b R/. El Señor ama a su pueblo
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 11,11-26:
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti.» Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.»
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz.
Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»
Jesús contestó: «Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “Su caridad no se olvidará”

Si la gloria de Dios brilla en las obras de la creación, mucho más resplandece en los hombres que Dios elige para realizar sus designios de salvación. El autor del Eclesiástico primero alaba a Dios en la naturaleza y luego pasa a alabar a Dios en la historia.
Los hombres de bien, los hombres de bondad, a los que se refiere la primera lectura, son aquellos que fueron fieles a la gracia de Dios, acogieron Su bondad y la pusieron en práctica para con los demás, de este modo participan de la gloria de Dios.
Todo pasa menos el amor; la fe y la esperanza se acabarán pero el amor no acaba nunca. Nos dice San Juan de la Cruz “al final de la vida te examinarán del amor”. Las buenas obras que hayamos hecho es lo que quedará, éstas serán la semilla que fructificará en las siguientes generaciones.
Las tres virtudes teologales se entrelazan, la fe es el motor de la caridad, es la que mueve el corazón para obrar haciendo el bien, y todo esto unido a la esperanza de que nuestras buenas obras sirven para algo, que tienen un sentido porque existe el Cielo y la Vida Eterna.
El cristiano con una fe firme también goza de una esperanza firme y esto lo manifieste en sus obras de caridad, en su amor a Dios y al prójimo. “Su caridad no se olvidará”, el bien que hacemos no se pierde ni se evapora, sino que planta semillas que siguen germinando.
La mayor herencia que se le puede dar los hijos es la transmisión de la fe, esto es lo que les hará ser personas de bien y es lo que realmente les hará felices.
Pidamos que nuestros hermanos de bien, los santos, a los que no sólo rezamos, sino que también intentamos imitar en su gran amor a Dios y al prójimo, intercedan por nosotros para que nuestras vidas también den gloria a Dios reflejando Su bondad y fidelidad.
  •  “Tened fe en Dios”

El axis de este evangelio es la fe. Jesús nos exhorta a confiar plenamente en Dios, a revestirnos de una fe firme y verdadera, que es la que nos ayudará a dar frutos de vida eterna.
Marcos nos presenta el texto de la maldición de la higuera y la expulsión de los mercaderes del templo. Ambas escenas apuntan a la esterilidad. Los cristianos estamos llamados a dar fruto y que nuestro fruto dure.
Todo tiempo es bueno para dar fruto, no hay que esperar circunstancias especiales, la conversión debe ser cada día. Todos los días el Señor nos pide frutos de santidad, de buenas obras para con el prójimo.
No seamos como la higuera del evangelio que, aunque aparentemente era frondosa, en realidad, no tenía ningún fruto, sólo hojarasca. Procuremos que nuestra fe no sea estéril, llena de prácticas exteriores pero al fondo vacía, sin fruto, como les pasaba a los fariseos y responsables del Templo, que sus prácticas religiosas eran estériles, llenas de rituales pero vacías de amor a Dios y al prójimo.
El evangelio de hoy termina invitándonos no sólo a la oración llena de fe, sino también a la caridad. Examinemos nuestra vida y veamos si verdaderamente podemos presentar al Señor ese fruto bueno que espera de nosotros.
 MM.  Dominicas MM. Dominicas 
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
Enviar comentario al autor 


Sábado 30/5/2015
“¿Quién te ha dado semejante autoridad?”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 51,17-27:
Doy gracias y alabo y bendigo el nombre del Señor, Siendo aún joven, antes de torcerme, deseé la sabiduría con toda el alma, la busqué desde mi juventud y hasta la muerte la perseguiré; crecía como racimo que madura, y mi corazón gozaba con ella, mis pasos caminaban fielmente siguiendo sus huellas desde joven, presté oído un poco para recibirla, y alcancé doctrina copiosa; su yugo me resultó glorioso, daré gracias al que me enseñó; decidí seguirla fielmente, cuando la alcance no me avergonzaré; mi alma se apegó a ella, y no apartaré de ella el rostro; mi alma saboreó sus frutos, y jamás me apartaré de ella; mi mano abrió sus puertas, la mimaré y la contemplaré; mi alma la siguió desde el principio y la poseyó con pureza.
Sal 18,8.9.10.11 R/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor
son verdaderos y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 11,27-33:
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les respondió: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.»
Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?" Pero como digamos que es de los hombres...» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)
Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»
Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

El Libro del Eclesiástico ensalza la sabiduría. Es una acción de gracias a Dios porque la sabiduría se identifica con Dios. Y quien la consigue, lo agradece y da gracias. Da gusto leer tantas bendiciones juntas por este don, con el que le han venido tantos bienes. El Evangelio nos muestra discusiones de Jesús con las autoridades religiosas que, asustadas por el gesto, para ellas “provocativo” de Jesús”, quieren “aclarar” su autoridad para actuar de aquella forma.
  •  Preguntas sinceras y preguntas capciosas

Jesús choca con los fariseos, sumos sacerdotes, letrados y senadores. Todos los poderes fácticos desconfían de Jesús. Como si este les estuviera quitando las ovejas del rebaño que ellos tan cuidadosamente habían escogido y de las cuales vivían. No podemos universalizar, hubo fariseos y gente importante que creyó en Jesús y acabó apostando por él. Pero, tenían miedo de perder su influencia y prestigio ante el pueblo.
En contraste con los fariseos y autoridades, está la gente sencilla, los pobres, los enfermos, los pecadores “oficiales”, oficial e injustamente tratados. Estos veían en Jesús, primero a un auténtico Profeta, y con el devenir de los días, al Mesías que necesitaban y que estaban esperando desde hacía tanto tiempo. Estos hacían las preguntas más sinceras y auténticas a Jesús, sobre el sentido de la vida y de la enfermedad y la muerte. Y Jesús siempre mostró compasión y misericordia hacia ellos y hacia todos los que se acercaban a él con fe, con sinceridad y con buena voluntad. Las preguntas capciosas sobre el sábado, sobre la pureza legal, sobre el ayuno, etc. nunca se las hicieron sus seguidores fieles, sino sus “enemigos potenciales”.
  • Autoridad de Jesús

Lo que más les irrita son sus gestos. Lo que juzgan como su pretensión de hablar en nombre de Dios, algo que les corresponde a ellos, conocedores de la Ley como nadie y preocupados continuamente por su interpretación y actualización. Jesús aparece como un innovador, habla en nombre propio y de su Padre Dios, sin atenerse a Escuela alguna o a las enseñanzas de los maestros e intérpretes de turno.
Y los gestos suben de tono, hasta llegar a lo que ya hemos visto sobre la expulsión de los vendedores del Templo. Aquello descoloca a todos, y todos se juntan para preguntarle oficialmente a Jesús: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?”
Una lástima que no se lo pregunten a la adúltera salvada y perdonada por Jesús; a Bartimeo, que quería ver y Jesús le concedió la vista; a la viuda de Nain, cuyo hijo Jesús volvió a la vida; y a tantos leprosos, ciegos, cojos y lisiados de mil formas curados por Jesús. Estos sabían que la autoridad de Jesús era su credibilidad. Se podía creer en una persona que se preocupaba por ellos; se podía confiar ciegamente en un hombre volcado en la Buena Noticia del Evangelio y de mostrar el rostro, más que amable, apasionado por todos los humanos, de su Padre Dios. La autoridad de Jesús era su bondad, la bondad de Dios. Sólo que para verla y captarla se necesitaba y se necesita un corazón limpio, en la medida de lo posible, semejante al suyo.

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino

No hay comentarios:

Publicar un comentario