lunes, 18 de mayo de 2015

Oración Pentecostés "La fuerza del Espíritu" Espíritu Santo danos Respeto Creo en el Espíritu Santo


Posted: 17 May 2015 01:00 PM PDT
Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés. Con ella terminamos el tiempo de Pascua y volvemos al llamado litúrgicamente Tiempo Ordinario. Pero para el que ha pasado "internamente" por la experiencia de la Pasión y la Pascua, ya nada puede tener de ordinario el día a día. Cada día es una nueva oportunidad de encuentro con Jesús Resucitado, que vive en el mundo, que trabaja junto a nosotros y con nosotros en hacer real el Reino de Dios.
En esta fiesta de Pentecostés recordamos que esta tarea que tenemos por delante de transformar el mundo, no es algo que dependa de mis fuerzas. Nada podré hacer si no me dejo primero transformar por el Espíritu Santo que recibo de Dios y que me habita. Si no dejo que sea él quien actúe a través de mí. Si no dejo que sea él mi fuerza y mi ánimo.
 No es un trabajo fácil. Quizá hoy en pleno siglo XXI el asumir que algo no depende de mí sea una de las tareas que más nos cuesta. Asumir con humildad que no va a ser mi dedicación, mi trabajo o mi esfuerzo lo que cambien mi vida o el mundo. Que sólo si escucho y dejo actuar al Espíritu que Dios me envía estaré realmente ayudando a dar forma al Reino de Dios. Y sobre todo, será entonces cuando podré ser testimonio para otros de lo que significa ser cristiano y les podré transmitir la verdadera alegría que me llena.

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. (Hechos 2, 1-4) 



Posted: 17 May 2015 01:55 AM PDT
“Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.
Creo en su soplo, imperceptible,
pero lleno de fuerza, que nos estimula a crear comunión
con nuestros hermanos.
Creo que El nos hizo renacer de las aguas del bautismo,
y nos constituyó hijos de Dios y hermanos de Cristo Jesús.
Creo que en la confirmación renovó la gracia de Pentecostés y,
fortalecidos con su unción, nos envió como miembros
de un pueblo sacerdotal y profético
a dar testimonio de Cristo en medio del mundo”

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