martes, 12 de mayo de 2015



Este 13 de mayo recordamos a Nuestra Señora de Fátima. Un buen momento para renovar las oraciones por el Papa Francisco que consagró su Pontificado a Ella.

Durante la consagración realizada a la Virgen de Fátima (14/10/2014), el Papa Francisco pronunció un discuro muy hermoso sobre María que bien vale la pena citarlo:

"María es bienaventurada por su fe en Dios, por su fe, porque la mirada de su corazón ha estado siempre fija en Dios, en el Hijo de Dios que ha llevado en su seno y que ha contemplado en la cruz. En la Adoración del Santísimo Sacramento, María nos dice: «Mira a mi Hijo Jesús, ten los ojos fijos en él, escúchalo, habla con él. Él te mira con amor. No tengas miedo. Él te enseñará a seguirlo para dar testimonio de él en las grandes y pequeñas obras de tu vida, en las relaciones de familia, en tu trabajo, en los momentos de fiesta; te enseñará a salir de ti mismo, de ti misma, para mirar a los demás con amor, como él, que te ha amado y te ama, no de palabra, sino con obras

¡Oh María!, haznos sentir tu mirada de Madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos «de escaparate», sino de los que saben «mancharse la manos» para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz" (Consagración a la Virgen de Fátima el 14 de Octubre 2013)

Oración del Papa Francisco para consagrarse a María

Bienaventurada María Virgen de Fátima:

Con renovada gratitud por tu presencia maternal unimos nuestra voz
a la de todas las generaciones que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado, para curarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de Madre el acto de consagración
que hoy hacemos con confianza ante esta imagen tuya tan querida por nosotros.

Estamos seguros de que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos,
y de que nada de lo que habita en nuestros corazones es ajeno a ti.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la consoladora caricia de tu sonrisa.

Custodia nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza todo deseo de bien;
reaviva y alimenta la fe;
sostén e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad.

Enséñanos tú mismo amor de predilección por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón.

Congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu amado Hijo, nuestro Señor Jesús.

Amén.

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