domingo, 31 de mayo de 2015

Homilías dominicales del Padre Carmelo, El domingo, 7 de junio de 2015 LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

El domingo, 7 de junio de 2015



LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

(Éxodo 24:3-8; Hebreos 9:11-15; Marcos 14:12-16.22-26)

El hombre era orgulloso de su nación nativa.  Vino del país vasco.  Dijo que allá la sacudida de la mano era suficiente para sellar un acuerdo.  No había necesidad de documentos escritos, mucho menos de abogados.  En las lecturas hoy escuchamos de otros tipos de sellos para los acuerdos.

En la primera lectura del libro de Éxodo Dios está consumando un acuerdo formal con Israel.  Es una alianza en que Dios promete a proteger al pueblo en cambio del acatamiento de Israel a su voluntad.  Se sella el pacto con la sangre de novillos primero derramada sobre el altar y entonces rociada sobre la gente.  El simbolismo es dramático. La sangre significa la vida del hombre.  Echada sobre el altar, que
simboliza Dios, y sobre el pueblo la sangre indica que los dos ya están unidos para siempre.

En el evangelio Jesús hace una alianza nueva entre Dios y los hombres.  No limita el número de los participantes ni a sus discípulos ni a Israel sino incluye al mundo entero. Tampoco usa símbolos para sellar el pacto.  Más bien, ocupa su propio cuerpo en forma del pan y su propia sangre en forma del vino.  Entregados a nosotros, estos elementos se hacen en nutrición para fortalecernos desde el interior.  Ya tenemos la mera vida de Jesús para movernos a cumplir la voluntad de Dios Padre.  El próximo día el cuerpo de Jesús será desgarrado y su sangre derramada como compruebas de la realidad de su don. 

La segunda lectura explica más el sacrificio de Jesús  y la alianza nueva que hizo.  Dice que su sacrificio vale más que la sangre y las cenizas de los animales esparcidas sobre la gente.  Pues, donde el sacrificio de los animales sólo puede lograr un perdón del pecado, el sacrificio de Jesús transforma la conciencia para que dirija actos de verdadera adoración.  Esta transformación configura la nueva alianza entre Dios y nosotros.  Dios nos ha hecho en sus propios hijos e hijas con un destino eterno.  Ya por nuestros actos de bondad hacia los demás hacemos  los sacrificios que le agradan.

La alianza nueva nos hace posible ser fieles a los otros compromisos que hemos hecho. Por ser hijos e hijas de Dios, ustedes no quieren decepcionarlo por engañar a sus esposos o esposas.  Conscientes del destino eterno, todos queremos cumplir nuestras tareas en la vida diaria, sea en el trabajo, en la esquela, o en la casa.  Relacionados con los otros miembros de la alianza, apoyamos a uno y otro cuando nos pongamos desconsolados. Así nos conformamos cada vez más a Jesús, nuestro hermano mayor.

Todavía existe la costumbre de hacer la procesión del Cuerpo y Sangre de Cristo en las calles.  La idea es que no sólo la gente dentro de los templos sino toda la comunidad tenga la oportunidad para considerar la alianza nueva que hizo Jesús.  Es una muestra de buena voluntad que simboliza el sacrificio de Jesús por el mundo entero.  Ahora celebramos el sacrificio de Jesús por el mundo.

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