domingo, 10 de mayo de 2015

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria Sexta Semana de Pascua Del 11/5/2015 al 16/5/2015

Introducción a la semana
Está próximo el final del Tiempo Pascual. El evangelio nos va descubriendo con especial énfasis el gran don prometido por Jesús: el “Paráclito”, el Defensor, el Espíritu Santo. Para derramarlo sobre los discípulos es necesario que él “se vaya” (alusión a su muerte y resurrección). La tarea de este Espíritu será esencial y variada: llevar a los discípulos a una comprensión profunda del misterio de Jesús (de su persona y de su mensaje); sostener su fe frente a las adversidades que su predicación va a suscitar; dar a su palabra una poderosa fuerza de convicción; despertar en los corazones bien dispuestos la adhesión a la nueva fe; descubrir el carácter escatológico –es decir, definitivo- de la revelación de Jesús para la salvación del mundo.
Esa misión del Espíritu glorifica a Cristo, al estar totalmente orientada a hacernos asimilar y difundir la realidad manifestada en él; y glorificando a Cristo, glorifica también al Padre, a quien Cristo Jesús vino a revelar. Es una magnífica síntesis narrativa del misterio íntimo del Dios-con-nosotros: el Padre nos comunica su designio de amor al enviarnos a Jesús, su Hijo, y nosotros podemos comprenderlo, vivirlo y difundirlo gracias al Espíritu Santo, enviado a su vez “desde el Padre” por Jesús resucitado.
Las primeras lecturas hablan sobre todo de Pablo, cuyos viajes apostólicos se describen con cierto detalle. Funda la Iglesia de Filipos, que será especialmente generosa con él. En Atenas adapta su predicación a los paganos, hablando del Dios desconocido, creador y providente, que juzgará al mundo por Jesús. Funda después la Iglesia de Corinto, donde convivirá con algunos laicos arraigados en la nueva fe, trabajando y predicando.
 Archivo Evangelio del día Archivo Evangelio del día 

Enviar comentario al autor 


Lunes 11/5/2015
“El Señor le abrió el corazón”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16,11-15
En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: - «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.
Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b R. El Señor ama a su pueblo.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R. 

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 15,26-16,4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “El Señor le abrió el corazón”

La historia se repite. La historia de cada uno de los que han sido y somos cristianos, en su núcleo central, es la misma, seamos del siglo I, del XXI o del XXV, si se llega allí. En todas, Jesús sale a nuestro encuentro, aunque el modo suele ser distinto, en unas circunstancias, en otras, a la hora primera, a la undécima, a través de una lectura, de un persona… pero a todos igualmente nos emociona, nos seduce con su palabra y su amor. Y cuando él nos hace una invitación: “Si quieres, puedes seguirme”, ilusionados le decimos que queremos seguirle siempre, “donde quiera que vayas”, porque nos ha convencido que siempre nos llevará por el camino que conduce a la vida, a la felicidad, en medio de las alegrías y dolores de toda vida humana.
Es lo que le pasó a Lidia que el “Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo”. Y por eso pudo ser bautizada ella y toda su familia, y como cualquier cristiano, decidieron vivir la vida que Jesús les ofrecía.
  • “Os enviaré el Espíritu”

Dentro del insondable misterio de Dios, un solo Dios y tres personas distintas, lo que brilla en él es el Amor. Un amor que lleva a Dios Padre a hacernos regalos apoteósicos y desmesurados. Nos regaló a su propio Hijo Jesús, que bajó hasta nuestra tierra a convivir con nosotros y enseñarnos muchas de las cosas que él sabe y que nosotros necesitamos saber. “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su hijo Unigénito”. Y cuando su Hijo, quedándose para siempre con nosotros como resucitado, ascendió a los cielos, nos regaló a su propio Espíritu, “el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre”. La lectura de hoy le asigna dos tareas impotentísimas: dará testimonio de Jesús ante nosotros, y nos convencerá de que Jesús es quien es, el Hijo de Dios y el Hijo del hombre, al que hay que escuchar y seguir. Y gracias a ese testimonio recibido, nosotros también podremos dar el mismo testimonio ante los que nos rodean.
Los dominicos celebramos hoy la fiesta de San Antonino de Florencia (1389-1459). Prior del convento de San Marcos de Florencia, maestro de derecho canónico, obispo, gran predicador, defensor de los pobres. En uno de sus sermones dice que Jesús en la cruz nos consiguió cuatro frutos: “nuestra redención, el amor divino, ser escudo de nuestra defensa, la exaltación que hemos tenido”.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Enviar comentario al autor 


Martes 12/5/2015
Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 22-34
En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pablo lo llamó a gritos: - «No te hagas nada, que estamos todos aquí.» El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó y les preguntó: - «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le contestaron: - «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.» Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.
Sal 137, 1-2a. 2bc y 3. 7c-8 R. Señor, tu derecha me salva
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Adónde vas?" Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia

Los viajes misioneros de Pablo presentan la dolorosa constancia de la persecución y la hostilidad más o menos abierta. También, lo más importante, se levanta acta del valiente descaro del apóstol y sus compañeros junto con la prodigiosa intervención de la fuerza de Dios no desprovista de espectacularidad. Resultado en nuestra página: la libertad para Pablo y Silas, como en su día para Pedro y el resto de los apóstoles, que es algo más que el verse libre de las cadenas de hierro, porque también es vivencia para el carcelero y su familia. En esta gavilla de personajes, guardia, familia y presos, emerge con fuerza propia la Palabra del Señor que da respuesta a los interrogantes del carcelero, quien con toda su familia la escucha y, desde ella, acepta el nuevo sentido que ésta da a sus vidas, hasta el punto que el relato se encarga de destacar la inmensa alegría que se vive en el grupo, quien tras el bautismo dan forma de comida, eucaristía, a tal experiencia de fe y libertad.
  • Si no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito

La partida de Jesús no sólo era inevitable, sino también necesaria; porque no parte a un lugar desconocido, sino al Padre, el destino que da plenitud a todo lo que dijo e hizo. Pero hay relevo, la comunidad no queda abandonada, pues será el Paráclito quien tome el testigo de ser fuente de fuerza y luz para los seguidores del resucitado. ¿Cuál será el principal cometido del Paráclito dentro de la comunidad cristiana? Aclarar y convencer al mundo –todo aquello que se opone al plan salvador de un Dios que es Padre- de la razón de ser de Jesús el Señor. Pues el mundo no creyó en él ni entendió la peculiar forma de glorificación que le cupo a Jesús de Nazaret: entregarnos su vida para que la nuestra no solo tuviera sentido, sino siempre el mejor y más humanizado horizonte. Cierto que el mundo o se escandaliza o no entiende la lógica de la cruz; motivo más que suficiente para que las comunidades creyentes tengan siempre a su disposición el empuje necesario que da el Espíritu para dar buena cuenta del amor restaurador de Dios; amor que no sabe de etiquetas previas ni de privilegios, sino de humanidad capaz de aliento y esperanza.

¿Cómo nos animamos para creer más en el Espíritu que en nuestros planes pastorales?
¿Intentamos vivir nuestra fe como la vivían los que quedaban fascinados por la Palabra del Señor, con inmensa alegría?
Fr. Jesús Duque O.P.Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de San Jacinto (Sevilla)
Enviar comentario al autor 


Miércoles 13/5/2015
El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la verdad plena

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 17,15.22-18,1
En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: - «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios. Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya." Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos.» Al oír «resurrección de muertos" unos lo tomaban a broma, otros dijeron: - «De esto te oiremos hablar en otra ocasión.» Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.
Sal 148,1-2.11-12.13.14 R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños. R.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Estamos en la VI semana de Pascua y parece que la resurrección suena a lejana y se concentra uno más en las próximas fiestas de la Ascensión, Pentecostés o Corpus Christi. Sin embargo, las lecturas de hoy nos hacen darnos cuenta de cuánto de importante es la fiesta de la Resurrección, pues sin ésta no habría otras.
  • «Lo que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo»

Pablo nos centra el mensaje de salvación en el areópago de Atenas. Aprovechando el altar «Al Dios desconocido», el Apóstol de los gentiles les habla de dos ideas básicas: hay un solo Dios, creador y providente y, la otra idea, este Dios ha resucitado a Jesús y lo ha constituido juez universal.
Después de una breve introducción, la primera parte presenta a Dios creador de todo y cuidador de todas sus criaturas; de las cuales, sin embargo, no necesita. Les explica que «de un solo hombre sacó todo el género humano» y que a la humanidad que él creó le concedió poder descubrirlo por medio de la creación, especialmente en el hombre, imagen suya. Y así, si somos imagen de Dios, no tiene sentido la idolatría.
En la segunda parte, mucho más breve, se afirma que Dios ha ignorado la praxis idolátrica pretérita, pero «ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan», ello debido a que se revela por un hombre, Jesús, a quien ha resucitado y ha constituido juez universal.
Todo es aceptado por los areopagitas, menos la resurrección de los muertos. Me atrevería a decir que a algunos «cristianos» de hoy casi les pasa igual, sobre todo cuando dicen que la resurrección no es real, que dónde está el cuerpo de Jesús o que creen en la reencarnación. Aquí vemos que la resurrección es una gracia ofrecida a todos, pero no acogida por todos. Por eso, aun siendo una grandeza, nos parece que la Vigilia Pascual queda allí, en el pasado.
  • «Muchas cosas me quedan por deciros»

Sin embargo, no deberíamos entristecernos por lo dicho; aunque sí tomar conciencia de ello. Nos pasa, relatado por Juan, como a los Apóstoles que no están preparados para comprenderlo todo: «muchas cosas (les dice Jesús resucitado) me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora». Y sigue diciéndoles: «cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena».
El mensaje esencial sobre Dios, que proclama el cristianismo, es que Dios no es el resultado de la fantasía humana, sino que la misma realidad humana procede de Dios. A esta verdad -y otras- no llega el ser humano por propia destreza, sino por ésta y, esencialmente, por la guía y luz del Espíritu Santo que nos comunica la Verdad. Una verdad que, como señala el texto joánico, no es una verdad individual, sino comunitaria: el Espíritu nos entrega lo que tiene, lo recibido del Hijo que, a su vez, es del Padre. Además de esto, nosotros, vivimos en el aquí y en el ahora, en el tiempo y en el espacio, en la historia y aquí es donde se irá comprendiendo poco a poco el mensaje de Cristo que no podrá nunca quedar codificado en unos términos concretos de una cultura determinada, pues es un mensaje dinámico que se va descubriendo al ritmo mismo del avance de la historia.
- ¿Hasta qué punto la resurrección de Jesús es el eje vertebrador de mi vida?
- ¿Qué verdades cristianas me cuesta más comprender y, por ello, debería ponerlas bajo la guía del Espíritu?
D. Juan Jesús  Pérez Marcos O.P.D. Juan Jesús Pérez Marcos O.P.
Fraternidad Laical Dulce Nombre de Jesús de Jaén
Enviar comentario al autor 


Jueves 14/5/2015San Matías 
Desde ahora los llamaré amigos

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26
Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): -«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartia el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: "Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella", y también: "Que su cargo lo ocupe otro. " Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión.» Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así: -«Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.» Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8 R. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Testigos de su resurrección

Hoy el libro de los Hechos nos presenta un hecho de la comunidad: el proceso de elección de uno de los apóstoles, de Matías.
Aunque la liturgia no recoge el versículo 14, lo rescato porque nos dice el contexto donde sucede este hecho y quienes están, “solían reunirse (…) para orar en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de los hermanos de este”. Lucas explicita la presencia de las mujeres en las reuniones. Los integrantes de la comunidad, mujeres y hombres que permanecen y se han dejado tocar por las palabras y acciones de Jesús, están unidos y en oración.
Uno de esos días que se reúnen, se realiza la sustitución de Judas, hablan de él como “el que guió a los que arrestaron a Jesús”. ¿Por qué es importante sustituirlo? Es necesario restablecer el número de los doce apóstoles porque simboliza las doce tribus del AT, es decir el nuevo Israel renueva la realidad del antiguo Israel. Para la elección se expresan dos criterios: que haya seguido al Señor Jesús mientras vivió y ser testigo de su resurrección. La novedad de Jesús lo puede transmitir aquel que ha compartido su camino y ha experimentado su resurrección, es decir, se ha dejado transformar por los valores y los criterios de Jesús, como los discípulos de Emaús.
Hoy, estamos invitados a ser testigos de la resurrección, de la VIDA, allí donde vives, no porque nos han dicho que es importante, o es una costumbre o lo hemos estudiado, sino que nace de haberlo experimentado en nuestras vida personales y comunitarias.
  • Fui yo quien los elegí

El evangelio de hoy nos presenta algunos rasgos del discipulado de Jesús: permanezcan en mi Amor; si ponen en práctica mis mandamientos; amense los unos a los otros, como yo los he amado; participen en mi alegría y su alegría sea completa; da la vida por sus amigos; fui yo quien los elegí; vayan y den fruto abundante.
Jesús se sabe amado por el Padre y el ama como el Padre. Y de ahí surge esa invitación tan rotunda “Permanezcan en mi amor”, condición para ser discípulas, discípulos de Jesús, vivir la experiencia de ser amados sin condiciones, no por méritos propios, con nuestro barro y debilidades; esa experiencia personal nos impulsa a amar a los otros, no por mandato moral ni tampoco porque me cae bien o hace cosas buenas.
Cuando se vive del Amor del Padre, aunque sigan existiendo los problemas, las preocupaciones, las dificultades, predomina una alegría profunda que tiene relación con saber, por experiencia, que, más allá de lo que podamos expresar, el amor de Dios por mi, por ti no cambiará.
Dar la vida, den fruto abundante tiene relación con ese amor que experimentamos, si es verdadero, nos impulsa a poner lo que somos al servicio de los demás, no importa lo mucho o lo poco, es entregar mi persona, lo que soy a los otros, aquí y ahora.
Hna. Nélida Armas  Tejera O.P.Hna. Nélida Armas Tejera O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo 
Enviar comentario al autor 


Viernes 15/5/2015San Isidro 
“Nadie os quitará vuestra alegría”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18,9-18
Estando Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión: «No temas, sigue hablando y no te calles, que yo estoy contigo, y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío.»
Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la palabra de Dios.
Pero, siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron en masa contra Pablo, lo condujeron al tribunal y lo acusaron: «Éste induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la Ley.»
Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Galión dijo a los judíos: «Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, arreglaos vosotros. Yo no quiero meterme a juez de esos asuntos.»
Y ordenó despejar el tribunal. Entonces agarraron a Sostenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal. Galión no hizo caso. Pablo se quedó allí algún tiempo; luego se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se afeitó la cabeza, porque había hecho un voto.
Sal 46,2-3,4-5.6-7 R/. Dios es el rey del mundo
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16,20-23a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • "Muchos de esta ciudad son pueblo mío"

Pablo está en Corinto y una vez más lo acusan ante la Justicia de ser un perturbador. Corinto, donde se encontraba lo mejor y lo peor de la cultura griega, no era un foro fácil para la evangelización, pues la confrontación con el paganismo era extremada.
Pablo, acostumbrado al duro combate que supone anunciar el Evangelio en tierra hostil, nada lo detiene cuando se trata de proclamar la Palabra de Dios. Dios mismo lo conforta y lo confirma en su misión para que no desfallezca: "No temas, sigue hablando, no te calles, porque yo estoy contigo." Estas palabras, que el Señor le dice a Pablo en la visión nocturna, son de las que más veces se escuchan tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, dirigidas a personas a las que Dios ha elegido para ser sus testigos en el mundo. Oyeron lo mismo Moisés, Jeremías y la Virgen María, y ahora Pablo.
Dios ha elegido a Pablo para evangelizar Corinto porque más allá de las apariencias, Él ve en esos paganos un pueblo para su alabanza, llamado a aclamarlo con gritos de júbilo, como leemos en el salmo. Es el nuevo Pueblo de Dios: «muchos de esta ciudad son pueblo mío».
Esta lectura nos invita a preguntarnos: ¿Tenemos derecho a desconfiar nosotros, o desanimarnos, porque nos parece que nuestra sociedad está paganizada sin remedio? ¿no estarán destinados a ser pueblo de Dios tantos jóvenes a quienes vemos desconcertados en la vida, o tantas personas que parecen sumergidas irremediablemente en los intereses materialistas del mundo de hoy?
Hoy como ayer, evangelizar es ir contracorriente, es una tarea ardua, no podemos dejar que la comodidad y el miedo al fracaso nos venzan. Es cierto que no nos faltarán las dificultades, pero es igualmente cierto que tenemos garantizada la alegría. La alegría de ver brotar la vida donde había muerte en cualquiera de sus formas. La alegría de ver que cada vez son más los hombres que creen en Dios. No perdamos ninguna oportunidad de dar testimonio de nuestra fe.
  • “Vuestra tristeza se convertirá en alegría”

Una característica de la vida del cristiano es la alegría. Incluso cuando muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor formen todavía parte de la humanidad. Es una alegría profunda, no superficial, que pasa a veces por el crisol del dolor y la renuncia, pero que es fecunda en vida. Es la alegría del grano de trigo que muere para dar fruto. Es la alegría de la madre ante la nueva vida que ha brotado de ella. No encontraremos persona más alegre que un cristiano que vive a tope su vocación de entrega a los demás. Como la alegría de la Pascua de Cristo, que a través de la muerte alumbra un nuevo mundo y salva a la humanidad.
Si la alegría es un fruto característico de la Pascua que estamos celebrando y que nadie nos puede quitar, deberíamos preguntarnos: ¿cómo estamos de alegría interior en nuestra vida?, ¿es una asignatura aprobada o suspendida en nuestra comunidad?, ¿de veras creemos nosotros mismos la Buena Noticia de la Pascua del Señor?, ¿es ése el motor que nos mueve en nuestra vida cristiana o vivimos resignados, indolentes, desalentados y apáticos?, ¿se nota que hace seis semanas que estamos celebrando y viviendo la Pascua? El Papa Francisco es bien claro: Un cristiano sin alegría, o no es cristiano o está enfermo. ¡No hay otra! ¡Su salud no va bien allí! La salud cristiana. ¡La alegría!
Ya lo decía Santa Teresa: “un santo triste, es un triste santo”. Si Jesús nos ha prometido convertir nuestra tristeza en alegría, ¡que se nos note!… es el mejor testimonio que podemos dar de Él. La alegría es una excelente herramienta para la nueva evangelización.
 MM.  Dominicas MM. Dominicas 
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
Enviar comentario al autor 


Sábado 16/5/2015Beato Gil de Santarem 
“Si pedís algo al Padre en mi nombre os lo dará”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18,23-28
Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud. Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Sal 46,2-18-9.10 R. Dios es el rey del mundo.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 23b-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Mañana celebramos la Ascensión. Las Lecturas litúrgicas lo tienen en cuenta y, de alguna forma, se adelantan a la fiesta. Nosotros lo tenemos en cuenta también para llegar a mañana lo más y mejor preparados posible. El centro de la Ascensión es Jesús que “asciende”; y somos nosotros, que nos quedamos sin su presencia física, a la espera de nuestra particular “ascensión”, y con una encomienda entre manos.
  •  Ascensión, punto de llegada

Celebrar la Ascensión es creer que Jesús, en su humanidad, ha entrado más si cabe en la órbita de su Padre Dios, participando de la intimidad que con él tenía antes de hacerse humano, para seguir siendo el Hijo que era, que es y será a perpetuidad. El Papa emérito Benedicto XVI hablaba así del cielo: “El cielo no es un lugar que está por encima de las estrellas, es algo mucho más importante: es el lugar que el hombre tiene junto a Dios” Permítasenos añadir que el cielo es, también y sobre todo, el lugar que Jesús tiene, como Hijo, junto a su Padre, Dios. A ese lugar, al cielo, nos dirigimos nosotros a medida que “vamos subiendo” hacia nuestra Jerusalén particular.
La Ascensión para Jesús supone el final feliz de una existencia centrada en hacer la voluntad del Padre entre los hombres. Ascensión es el momento del triunfo, de la plenitud, del descanso, del deber cumplido. Lo encomendado por su Padre está realizado y felizmente consumado. Así se lo presenta al Padre.
Con la Ascensión celebramos la glorificación de Cristo, y la expresamos con la frase: “Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”, aunque sabemos que ni se sentó ni el Padre tiene derecha. Es un modo de hablar humano tratando de expresar el nuevo estilo de vivir de Jesús. 
  • Ascensión, punto de partida

Esta glorificación no significa que Cristo “haya ascendido”, desapareciendo de la historia y del hombre. Ya no está físicamente, pero sigue realmente presente apoyándonos en la misión confiada. Esta misión es una invitación a ir al mundo entero y predicar el Evangelio (Cfr. Mc 16,15).
Hay que empezar, como siempre, escuchando, orando, confiando, practicando y viviendo. Expresamente no he dicho “enseñando”, porque ese es un segundo paso. ¿Enseñar, qué? Nuestra experiencia con Jesús: lo que le hemos oído, lo que hemos visto, lo que nos ha dicho, lo que hemos vivido. Esto es lo que tenemos que enseñar, no como el profesor, sino como el testigo, como el que da testimonio de lo vivido y de lo que vive en este momento. Porque fue a nosotros, en la persona de los discípulos, a quienes se nos dijo: “¿Qué hacéis ahí, plantados, mirando al cielo?” (Hech 1,11). “Sed mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra” (Hech 1,8). Misión imposible si nos empeñamos en llevarla a cabo solos. Pero Jesús asciende para enviarnos el Espíritu. Sólo hace falta ir desapareciendo de la primera línea nosotros y dejarle la preferencia y la primacía a él; y, cuando tengamos que hablar y actuar, hacerlo con sus palabras y sus dones. Y el éxito, el suyo, estará garantizado.

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor 

No hay comentarios:

Publicar un comentario