lunes, 25 de mayo de 2015

El Evangelio de Hoy Martes 26 de Mayo de 2015


VIII Ordinario, Ciclo B, Año Impar, Memoria: San Felipe Neri, Lit. de las Horas: Tomo III, IV Semana del Salterio, Salmo 49

Primera Lectura 
Eclesiástico 35, 1-15 

La ofrenda más grata al Señor
es la que ofrece aquel que cumple su ley.
El que guarda los mandamientos
ofrece un sacrificio de acción de gracias,
el que hace favores al prójimo ofrenda el mejor trigo,
el que da limosna ofrece un sacrificio de alabanza.

Apartarse del mal es darle gusto al Señor,
evitar la injusticia es sacrificio de expiación por el pecado;
no te presentes, pues, ante Dios con las manos vacías:
todo esto es mandato del Señor.


La ofrenda del justo enriquece el altar
y su aroma sube hasta el Altísimo.
La ofrenda del justo es agradable a Dios
y su memorial no será olvidado.

Honra al Señor con ánimo alegre
y no seas tacaño al pagarle tus primicias.
Haz tu ofrenda de buena gana
y santifica con gozo tus diezmos.

Dale al altísimo según la medida en que él te ha dado a ti;
dale tan generosamente como puedas,
porque el Señor sabe recompensar
y te dará siete veces más.

No pienses en sobornar al Señor, porque él no recibirá tus dones,
ni confíes en la ofrenda de cosas mal habidas,
porque el Señor es un juez
que no se deja impresionar por apariencias.


Meditatio
La ley es una palabra que parece estar en constante lucha contra el valor absoluto de las sociedades actuales: la libertad. Cuando el hombre es invitado o impelido a cumplir la ley, éste se siente mancillado en lo más sagrado de su interior, siente que es victimado en el templo de su sacralidad. Pero, la ley es algo propio al hombre, precisamente porque es sujeto de derechos.

La ley nace, ante todo, para proteger los derechos que los hombres ganamos desde el momento mismo de nuestra concepción. Sin embargo, debido a estos derechos, corremos el riesgo de olvidar que otras personas tienen los mismos derechos que nosotros y es por eso que nuestras libertades se ven acotadas por el derecho del otro. Dios no busca limitar nuestras libertades, sólo espera que nosotros recordemos que los demás son hermanos nuestros que requieren respeto, atención, cuidado y afecto.

Y que, así como ellos pueden tener alguna necesidad, yo también me puedo encontrar alguna ocasión en su lugar; por eso, a Dios le agrada que los demás renunciemos un poco a nuestra egolatría y seamos un poco generosos con los demás. 


Oratio 
Dios Padre lleno de amor, tú que constantemente nos invitas a salir de nosotros para ir al encuentro del hermano necesitado, del mismo modo que tú has salido a nuestro encuentro en la persona de tu Hijo Jesucristo, ayúdanos a ser dóciles a las mociones del Espíritu Santo que nos invita a socorrer a quien espera tendido en el camino de la vida, para que merezcamos algún día vivir juntamente contigo en el cielo. 

Operatio 
El día de hoy brindaré mi ayuda, tiempo y atención a quien yo vea que lo necesita. 


El Evangelio de hoy 
Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".

Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros". 


Reflexión 
Este pasaje, usado de manera ordinaria por la pastoral vocacional referido a dejar casa y familia por seguir al Señor, pude tener un significado más profundo para todos nosotros. Recordemos que el contexto es la negación del hombre que no ha querido dejar aquello que lo ataba para seguir a Cristo.

Es por ello que Pedro dice a Jesús que él y sus compañeros sí lo han dejado todo por seguirlo. En este contexto podemos pensar que la pregunta de Pedro está también referida a aquellos que, aun haciendo un fuerte sacrificio y con todo el dolor que puede implicar han dejado lo que los detenía para seguir al Señor. No se trata, pues, de dejar nuestras casas, a nuestras familias y todo lo que se posee, sino de dejar aquello que nos impide responderle con más generosidad al Señor. Jesús espera de nosotros una respuesta total.

Esto, por un lado nos llenará de dones y gracias, dándonos la paz y la alegría (manifestada en el pasaje como el ciento por uno, figura de abundancia y plenitud); y por otro lado, nos convertirá en buenos instrumentos para que el mensaje del evangelio se difunda en nuestros ambientes. Piensa entonces, por un momento qué cosas te ayudarían a responder con más generosidad al llamado de Dios. 


Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

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