miércoles, 27 de mayo de 2015

Domingo de la Santísima Trinidad 31 de mayo de 2015 La homilía de Betania


1.- EL DIOS CRISTIANO ES UN DIOS AMOR
Por Gabriel González del Estal
2.- SOLO DIOS BASTA
Por José María Martín OSA
3.- DIOS, LA LUZ QUE ALEGRA NUESTRA VIDA ENTERA
Por Antonio García-Moreno
4.- ¿CÓMO? ¡SÍ! ¡TRINIDAD!
Por Javier Leoz
5.- TRINIDAD DE AMOR
Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

DIOS-TRINIDAD: SU CARIÑOSA IMAGINACIÓN…
Por Pedrojosé Ynaraja



1.- EL DIOS CRISTIANO ES UN DIOS AMOR
Por Gabriel González del Estal
1.- San Agustín y el niño de la concha. Para explicar la imposibilidad de entender el misterio de la Santísima Trinidad, los agustinos solemos contar a nuestros alumnos una historieta que dio origen a un famoso cuadro de Rubens: “san Agustín y el niño de la concha”. En este cuadro aparece el santo obispo de Hipona, paseando por la playa, inclinándose ante un niño que está echando con una concha agua del mar en un pequeño hoyo que él mismo ha hecho en la arena. El santo le pregunta al niño: ¿qué haces? A lo que el niño responde: voy a meter toda el agua del mar en este agujero. El santo, paternal y bondadoso, le dice: toda el agua del mar no va a caber en este agujero. A lo que el niño le responde: ya lo sé, como tampoco Dios cabe en tu inteligencia. La respuesta del niño sorprendió a Agustín y le hizo reflexionar. Porque san Agustín en aquellos momentos estaba muy ocupado y preocupado, tratando de escribir su famoso libro para explicar a sus fieles el misterio de la Trinidad, un libro que, por cierto, tardó catorce años en escribir. Tenía razón el niño, claro, porque los misterios, como nos dice el diccionario de la Real academia, significan una cosa arcana o muy recóndita que no se puede explicar o comprender.
2.- Dios es amor. Para entender algo de lo que es nuestro Dios, según nuestra pobre manera humana de hablar y pensar, debemos atenernos de lo que nos dice san Juan, cuando afirma que Dios es amor. Nuestro Dios es un Dios que ama, el fruto de ese amor es el Hijo y el cordón umbilical que une el Padre con el Hijo es el Espíritu Santo. Dios Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu Santo es amor: Dios es amor. El amor, por su propia naturaleza, necesita expandirse, alteridad. El misterio de la Santísima Trinidad es un misterio de amor y, así como las tres divinas Personas forman un misterio de amor, también nosotros, las personas humanas, debemos formar una familia de amor. Este es, quizá, el principal mensaje pastoral de esta fiesta cristiana. Voy a referirme ahora, aunque sea muy brevemente, a las lecturas de la liturgia de hoy.
3. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En nuestro bautismo fuimos bautizados en un Dios trinitario, en un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuimos bautizados en un Dios único, pero no solitario. Los cristianos creemos en un solo Dios, no somos politeístas, y decimos que nuestro único Dios, como Padre es creador, como Hijo es nuestro redentor y como Espíritu Santo nos da espíritu y vida. El hecho que hablemos de un Dios trinitario quiere decir que hablamos de un Dios único pero no solitario; esto lo deducimos del hecho de que nuestro Dios es un Dios Amor, un ser de relaciones. Y el ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, es también un ser de relaciones, porque vivimos relacionados con otras personas desde el momento mismo en que nacemos. Sin relaciones el ser humano no llegaría nunca a desarrollarse íntegramente. Bautizar a una persona con un bautismo cristiano es bautizarla en un Dios Amor, en un Dios de relaciones. En este sentido, celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad es celebrar la fiesta de un Dios Amor. Por eso, esta fiesta debe llenarnos de gozo y esperanza.
4. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Estas palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, también nos están hablando de un Dios trinitario, de un Dios Padre que, en su Hijo, nos ha dado su Espíritu. El Espíritu de Dios es el amor de Dios; como hijos de Dios somos hijos del amor de Dios. Y vivir como hijos de Dios es vivir relacionándonos con los demás en el amor, en el amor de Dios. El que ama en Dios es hijo de Dios, porque participa del amor de Dios. Vivamos, pues, esta fiesta de la Santísima Trinidad con alegría y gozo, como auténticos hijos de Dios y relacionándonos con todas las personas en el amor de Dios.

2.- SOLO DIOS BASTA
Por José María Martín OSA
1.- Dios es comunidad de Amor. Como culminación de los misterios de nuestra fe celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Sirve de muy poco que intentemos explicar en términos filosóficos o matemáticos lo que es un misterio que nunca vamos a comprender del todo. Reconociendo que vemos estas cosas en espejo y en enigma, como dice San Agustín, "se nos presenta en el Padre el origen, en el Hijo la natividad, en el Espíritu Santo del Padre y el Hijo la comunidad, y en los tres la igualdad". Nuestra experiencia de fe nos dice que Dios es Padre amoroso, que cuida de sus hijos y les protege, porque es "auxilio y escudo" (Salmo); Dios está a nuestro lado, dialoga con nosotros y nos ayuda, respeta nuestras diferencias, pero nos quiere a todos por igual. Dios es Hijo, que nos ama hasta el extremo de dar su vida por nosotros, que quiere darnos a conocer que sólo es feliz aquél que es capaz de darse al otro y de perdonar. Dios es Espíritu, que nos fortalece y nos da su aliento para que sigamos caminando hacia su encuentro. Pero lo que más nos importa es saber que Dios es Amor, amor entre personas. Dios es comunidad.
2- Buscar, comprender y amar. Es muy conocida la leyenda del episodio de San Agustín en la playa: un niño trata de meter todo el agua del mar en un pequeño pozo que está construyendo en la arena. El santo obispo de Hipona contempla lo que está haciendo el niño y le dice que es imposible que consiga su objetivo. Pero el niño le responde diciéndole que es más difícil todavía desentrañar lo que estaba pensando. Al parecer, San Agustín estaba meditando en el misterio de la Santísima Trinidad. Leyenda o realidad, lo cierto es que, tras escribir un extenso tratado con el título "De Trinitate” llegó a la conclusión de que lo importante no es sólo conocer, lo más importante es amar ¿De qué sirve conocer algún bien si no lo amásemos? Busquemos con todas nuestras fuerzas a Dios con la seguridad de que El sale antes a nuestro encuentro. Quien busca, encuentra, quien desea un bien acaba teniéndolo. Nuestra súplica debe ser ésta: "Dame fuerzas para la búsqueda, tú que hiciste que te encontrara y me has dado la esperanza de un conocimiento más perfecto. Ante Ti está mi ciencia y mi ignorancia; si me abres, recibe al que entra; si me cierras, abre al que llama. Haz que me acuerde de Ti, te comprenda y te ame" (San Agustín). He aquí la clave: buscar, comprender y amar.
3.- No es cuestión de doctrina, sino de vivencia. El amor de Dios se ha difundido en nosotros por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Dios se da a conocer al hombre mediante el amor. Sólo será capaz de conocer a Dios aquél que experimente el amor de Dios en su vida, que se sienta amado por El. Ya lo decía San Juan: "sólo el que ama conoce a Dios". Es significativa esta parábola:
"Un hombre le decía a su amigo que había conocido a Dios. Este le preguntó: ¿quién es Dios, dónde vive, qué hace? Pero nuestro hombre no supo contestarle, sólo le dijo que antes era un alcohólico, que pegaba a su mujer, que había arruinado a su familia y se había quedado sin trabajo. Ahora, sin embargo, desde que sintió que Dios estaba a su lado su vida cambió totalmente: dejó la bebida, encontró trabajo y se sentía muy feliz junto a su mujer y a sus hijos. Había descubierto la única verdad importante: Dios es Amor. Este descubrimiento transformó su vida. Esto es lo que sabía de Dios.....".
4.- “Solo Dios basta” En la Fiesta de la Santísima Trinidad la Iglesia celebra la Jornada “Pro orantibus”. En este día se nos invita a orar por aquellos que oran continuamente por nosotros; invitación más significativa en este año de la Vida Consagrada; orar para que los llamados a esta vocación singular vivan su vocación de contemplación en total fidelidad al Espíritu. El lema de este año, “Sólo Dios basta””, es un conocido verso de un poema de Santa Teresa de Jesús y nos recuerda que seguimos celebrando el Año Jubilar Teresiano. En una fase tan corta se resume lo esencial de la vida contemplativa: entender la vida únicamente desde Dios, relativizando todo aquello que tanto nos ocupa y así recordarnos a todos que estamos llamados a vivir deseando el mundo futuro. Debemos seguir orando con más intensidad que nunca al dueño de la mies que siga enviando vocaciones contemplativas a los monasterios para que no falte entre nosotros esta dimensión eclesial que nos ayude a todos a vivir nuestra vocación de seguidores de Jesús.

3.- DIOS, LA LUZ QUE ALEGRA NUESTRA VIDA ENTERA
Por Antonio García-Moreno
1.- DIOS INFINITO.- El Señor invita a los suyos a que pregunten por doquier si se ha visto en algún lugar tanta grandeza y maravilla como ellos han contemplado, tan grande amor como ellos han experimentado. Por eso la ira de Dios se enciende contra su pueblo, porque a pesar de lo que han visto le han abandonado. No han comprendido aún que "Yahvé es fuego abrasador, un Dios celoso".
Misterio profundo de Dios que se nos escapa por mucho que nos esforcemos en comprehenderlo. Misterio que hay que aceptar al margen de la razón, de esa lógica que los hombres usamos en nuestro pensar y en nuestro obrar. Dios que ama hasta los celos, siempre, también cuando el pueblo le traiciona o le olvida, le desprecia o le vuelve la espalda. Ese pueblo de dura cerviz que con sus claudicaciones insistentes no logra apagar la capacidad infinita de perdón que el Señor tiene.
Incluso su castigo terrible, todo el daño que sobreviene al pueblo, no es otra cosa que una tentativa más para beneficiar a su pueblo. Ese pueblo del que también nosotros formamos ahora parte, repitiendo con nuestros pecados e infidelidades la historia triste del pueblo elegido.
Haz que lo sepamos, Señor, y lo meditemos en lo más profundo de nuestro corazón. Es tu misterio tan grande que supera nuestra corta capacidad de entendimiento. Saber lo que tú eres, saberlo de verdad, con todas sus consecuencias, con todas sus implicaciones prácticas. Es algo que está por encima de las fuerza humanas. Por eso te rogamos, Señor, que nos concedas saber de veras que tú eres Dios y que fuera de ti no hay nada ni nadie que pueda colmar las ansias del hombre.
Dios Uno y Trino, inmensamente bueno, y justo, y poderoso. Pobre mente y pobre corazón, cuánta estrechez para dar cabida a tanta amplitud. Y, sin embargo, sólo él colmará esa sed ardiente de plenitud que nos devora. Sólo Dios. En definitiva lo nos queda es escuchar la voz del Señor y esforzarnos en cumplirla: "Guarda las leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy para que seas feliz tú y tus hijos después de ti y vivas largos años en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da".
 Hay que fiarse de Dios, hay que atender a lo que nos dice y luchar por ponerlo en práctica. Hemos de tener fe en él, aunque a veces no comprendamos ni veamos con claridad el camino que se nos abre. Hemos de pensar, incluso, que esa grandeza y ese misterio de Dios es una razón más para creer en él y amarle con toda el alma. Siendo como somos tan limitados, es lógico que el Señor sobrepase nuestra capacidad de entendimiento.
2.- CONFIDENCIA SUPREMA.- Un monte es de nuevo el escenario propicio para el encuentro del hombre con Dios... En el silencio de las alturas es más fácil escuchar la palabra inefable del Señor, en la luz de las cumbres es más asequible contemplar la grandeza divina, sentir su grandiosa majestad. En esta ocasión que nos relata el evangelio, Jesús se despide de los suyos y antes de marchar les recuerda que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Esto supuesto los envía a todo el mundo para que hagan discípulos de entre todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Podríamos afirmar que en ese momento la revelación de los divinos misterios llega a su plenitud: se desvanecen los celajes que durante milenios habían cubierto los secretos de Dios. Su Corazón movido por su infinito amor se abre a todos los hombres su más íntima confidencia, su misterioso y sorprendente modo de ser, su inefable esencia una y trina: Una sola Naturaleza y tres divinas Personas, distintas entre sí e iguales al mismo tiempo en grandeza y soberanía.
Ante este rasgo de confianza suprema por parte de Dios, nos corresponde a los hombres un acatamiento rendido, un acto de fe profunda y comprometida para con este Dios y Señor nuestro, único y verdadero, muy por encima de nuestra corta capacidad de conocimiento y de amor. Creer firmemente en él, esperar también contra toda esperanza su ayuda y su perdón. Tratar sobre todo de amarle y servirle con todas las fuerzas de nuestro ser.
Hoy es un buen día para remozar las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Fomentar además nuestro trato en intimidad y confianza con las tres divinas Personas. Con el Padre que hizo el cielo y la tierra. Con el Hijo que dio su vida por nosotros y se nos ha quedado cercano y asequible en la Eucaristía. Con el Espíritu Santo que en todo momento nos impulsa hacia Dios, la Luz que alegra nuestra vida entera.

4.- ¿CÓMO? ¡SÍ! ¡TRINIDAD!
Por Javier Leoz
1.- Misterio, fiesta, gloria, cielo, común unión, complicidad o “los tres a una” pueden definir perfectamente esta primera Solemnidad que celebramos dentro del Tiempo Ordinario recién retomado después de la Pascua.
-Misterio. Nunca llegamos a alcanzar lo que representa y es en sí misma la figura de Dios. Difícil estamparlo en un dibujo e, incluso, de mil maneras puede ser posible pensarlo y pergeñarlo en nuestra mente. Pero lo cierto es que, soñar con Dios, significa pensar en Él en el día a día sabiendo que Dios, ante todo es familia y que va mucho más allá de nuestras categorías humanas o divinas que podamos establecer sobre Él. Un Misterio que, no obstante, se hace cercano aunque aparentemente sea indescifrable.
-Fiesta. Porque, después de la Pascua, todo apunta y despunta en la Santísima Trinidad. Hacemos fiesta y alabanza porque, en ese secreto indescifrable, sabemos que se encuentra la magnanimidad de Dios que es Padre, que se visualiza con el Hijo y que permanece en nosotros con el Espíritu Santo. No se rompe ni mucho menos pero, siendo tan diferentes, son misma esencia. Fiesta porque, un cristiano, disfruta cantando, alabando y bendiciendo a la Trinidad que habita en lo alto del cielo.
-Gloria. Destinados, desde el Bautismo, a participar de la misma suerte de Cristo no concebimos el final de nuestra historia sin el mismo final que Jesús tuvo después de su Ascensión: visionar cara a cara la gloria del Padre. Ese es nuestro triunfo y nuestro reto: que nada ni nadie nos aparte de la gloria del Padre. Que las “pequeñas glorias del mundo” no nos alejen de aquella auténtica y definitiva que nos aguarda en la eternidad. O dicho de otra manera: ojo con los “trinos del mundo” y miremos mucho más al que es UNO Y TRINO en el cielo.
-Común unión. Es el secreto más profundo y vigoroso de la Santísima Trinidad. Es el aceite que hace posible que, el motor, se mantenga a punto. No se entiende el “filing” entre los tres personajes de la Santísima Trinidad si no es por el amor que existe entre ellos. No es cuestión de caerse bien o mal. Las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu, no se entienden de forma individual. Están unidos por el amor y, ese amor, es la razón de su ser.
-Complicidad. Lo reconocemos en las múltiples manifestaciones que Dios ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad. El Padre, hablo por el Hijo. Se encarnó y ha compartido con nosotros su humanidad (pequeño y hombre en Belén); hemos visto su cara solidaria, ha curado enfermos, levantado muertos de su fosa, devuelto la vista a los ciegos y el oído a los sordos. La complicidad de las tres personas se manifiesta en algo real y palpable: los tres a una llevan a cabo la obra de la redención del hombre.
2.- Nuestra fe, hoy más que nunca, contempla a un Dios comunitario. A un Dios familia. A un Dios que disfruta siendo Padre, Hijo y Espíritu. Un Dios que, entre otras cosas, nos promete un final feliz donde brillarán nuestros ojos al contemplar –entonces sin secretos, acertijos o laberintos- la inmensidad de su rostro divino.
Pidamos al Dios que no nos deje de sorprendernos. Que, en cada amanecer, en cada eucaristía, en la lectura de su Palabra, en la práctica de los sacramentos, en la próxima procesión del Corpus Christi se nos vaya revelando y, a la vez, velando para que nunca dejemos de tener apetito de Él, curiosidad por El y amor por El.
3.- ¡QUIEN TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Tan Único y, a la vez tan  distinto
como Padre, Hijo y Espíritu  Santo
pero, sabiendo que el AMOR,
puede interpretar tan gran  secreto.
Eres el Dios con nosotros y,  todavía,
andamos empeñados en caminar  solos
en creer y vivir  incomunicados
en amarnos, más a nosotros  mismos,
que disfrutar dándonos a los  demás.

¡QUIEN  TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Como Alguien que no alcanzo  a entender
pero, como Alguien, que vive  conmigo
que se ofrece en un misterio  de Tres personas
que habla con la fuerza y la  autoridad del Padre
que ama con las manos y el  cuerpo del Hijo
que quema con el fuego del  Espíritu Santo

¡QUIEN  TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Como Dios verdadero, único e  indiviso
Como Dios futuro,
pero presente en nuestras  tribulaciones
Como Dios familia, y  llamándonos a la comunión
Como Dios que busca la  unión, y no la dispersión

¡GRACIAS,  SEÑOR!
No eres un Dios solitario
No eres un Dios cerrado
No eres un Dios  independiente

¡GRACIAS,  SEÑOR!
Porque, en tu intimidad,
sabes desplegarte en tres  personas tan distintas
pero en un mismo Dios  verdadero
¡GRACIAS,  SEÑOR!

5.- TRINIDAD DE AMOR
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Jesús de Nazaret quiso dar a la religión judía su camino inicial de amor. El Dios, creador del mundo, “perseguía” a su pueblo para que volviese a Él. Pero este pueblo, obstinado, siempre estaba huyendo. O buscaba otros caminos. En tiempos de Jesús, el culto oficial a Dios tenía más de ejercicio administrativo que de acción de amar. Se ha dicho que los judíos de entonces habían metido a Dios en una jaula de oro, para disponer de Él a su antojo. Yo diría que, realmente, le habían dado despacho en un ministerio, con su subsecretario, sus directores generales, con sus ordenanzas y mensajeros. Realmente, aunque la imagen sea muy negativa para las actividades de cualquier administración del Estado, parece que eso era la religión oficial judía en tiempos de Jesús: un enorme aparato ministerial y administrativo donde todo estaba previsto, salvo el amor de Dios y la libertad de sus hijos para buscar el auténtico rostro de Dios.
2.- A veces he pensado que la persecución de la religión oficial judía a Jesús de Nazaret no se producía, porque se proclamara hijo de Dios. La especial espiritualidad de los judíos no tenía lejos este concepto, ni era considerado blasfemo. El Antiguo Testamento en muchos lugares habla de los hombres como hijos de un Padre que los ha creado. Creo que el gran choque fue en torno al mensaje de revelación de cómo era en realidad Dios: las características de ternura y de amor de Dios. Para una religión en la que se ingrediente piramidal era la autoridad se necesitaba un Dios autoritario, lejano, juez, castigador y eso es lo que habían creado como concepto de Dios. Apenas se hablaba de los múltiples pasajes de la Escritura en la que ese Dios tan poderoso mendiga un poco de cariño y de su fidelidad de sus hijos. Y muchos fieles judíos no conocían esos pasajes. Y por ello, un Dios al que cada persona pudiera llamar papaíto (Abba) era un algo totalmente contrario a las tesis autoritarias, administrativistas y totalmente jerarquizadas de la religión judía de entonces. Pensarían, entonces, que un Dios cariñoso, amante y perdonador continuo de sus hijos tendería a provocar anarquía, ya que –según ellos—es el miedo lo único que entiende el pueblo.
3.- Y este largo exordio mío no tiene otro significado que la realidad más notable de la Trinidad Santísima no es otra cosa que el Amor como substancia fundamental de Dios. La idea de que Dios Padre engendrara a Dios Hijo por un acto de supremo amor, pleno de belleza, y que el hilo conductor de ese sublime amor sea el Espíritu Santo es, intelectualmente, muy atractiva. A partir del amor se entiende o se acepta. Si la establecemos, solo, como dentro de que el enorme poder divino puede hacer cualquier cosa por ingente, grande o incompresible que sea, pues no tendría sentido y sería mucho más difícil de entender. Es el amor lo que hace “posible” para nosotros la Trinidad. Y así vamos reforzando, más y más, el concepto de “Dios es amor”, columna vertebral de nuestras creencias y que no debe estar ausente, ni un segundo, de todas nuestras meditaciones o indagaciones sobre Dios.
4.- El concepto de Trinidad estuvo siempre presente en la realidad cristiana. El Evangelio de San Mateo nos enseña hoy que Jesús envía a sus discípulos a bautizar a los hombres y mujeres de todos los pueblos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Los signos externos del cristiano, sus bendiciones, sus saludos se hacían en el nombre de las Tres Personas. Pero es a partir del siglo X cuando el pueblo inicia una devoción a esas Tres Personas Unidas. En 1331 se convirtió en fiesta litúrgica y se incluyó en el calendario romano. Pero como es obvio la presencia de las Tres Personas en el concepto de Dios Único tropezó con no pocos escollos. Es posible que la dificultad estuviera agravada por esa falta de conocimiento –o de aceptación—de que Dios es amor. En fin, desde antiguo se habían ido dando los pasos para construir una teología de la realidad trinitaria. A mí me gusta recordar la conclusión del Concilio VI de Toledo que, en 638, definía a Dios “como uno pero no solitario”. La idea de la soledad, de la lejanía, de la “frialdad” de Dios es muy negativa, terrible.
5.- La fiesta de la Santísima Trinidad, que guarda una clara relación con la de Pentecostés, celebrada el domingo pasado, es el principio del Tiempo Ordinario. Alguna vez he definido a ese tiempo como la “velocidad de crucero” o la “normalidad” del tiempo litúrgico. En realidad también podríamos llamarlo “Tiempo del Espíritu Santo”, porque, con su ayuda, recorremos esa veintena de domingos que al recibir la descripción de la biografía de Jesús, configuramos la realidad básica de nuestra religión cristiana y de la Iglesia. Serán un tiempo de formación y crecimiento que nos acompañará hasta el 29 de noviembre, fecha del Primer Domingo de Adviento.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

DIOS-TRINIDAD: SU CARIÑOSA IMAGINACIÓN…
Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Venía a misa los domingos un determinado señor. Supe algo de él un día, me contó alguien su importante dedicación científica. Me enteré, poco a poco, de que era una personalidad de categoría mundial. Al cabo de un tiempo de vernos semanalmente, nos empezamos a saludar educadamente. Un día vino una amiga de ambos día y nos presentó, se inició entonces una relación de cierta cordialidad. Un día supe que entre nosotros se tejía lentamente un sentimiento de simpatía. Me alegré, pero continué sintiéndome un tanto alejado de él. Tampoco era seguro el encuentro semanal. Me dijeron que solicitaban su presencia, querían escucharle en muchos y alejados lugares. Se despejaron mis dudas cuando un día recibí una carta de su esposa, enviada desde las antípodas. Había sufrido ella, su esposa, un grave accidente. En el hospital la había visitado el capellán y había podido seguir la misa dominical. Este detalle les había emocionado a ambos, les había recordado nuestra semanal misa. Sabía yo también que había contribuido económicamente el profesor a la adquisición y erección de nuestro altar. La carta recibida demostraba claramente que había entre nosotros una vinculación emotiva. Este evento doloroso facilitó que tuviera con nosotros una comunicación que, poco a poco, exigía que explicara algunas de sus intuiciones. Aprendimos mucho de él, sin llegar nunca a entenderle.
2.- Cayó enfermo, la amistad se estrechó. Al acercarse la muerte, él, laico, me describía y ofrecía su manera de concebir la vida eterna, su resurrección personal que esperaba. Nuestro último encuentro ocurrió el día antes de fallecer, no aprovecho mi visita para trasmitirme ninguno de sus descubrimientos. Me dijo y repitió que rezara por él. Le había dicho yo un día que evolucionaba de las ciencias naturales, a la filosofía. Me di cuenta de que lo que le importaba en el supremo momento al que se acercaba, era el ámbito espiritual.
3.- Lo que os he estado explicando, mis queridos jóvenes lectores, es totalmente cierto. No os facilito el nombre de mi amigo científico, para no distraer vuestra atención. Lo he contado como una parábola. Para mí su vida, de alguna manera compartida, ha sido una parábola. Nunca pude igualarme. Tampoco importaba. Lo substancial era la amistad que aumentaba. El sentirme bien con él y con los suyos, con los que era querido y obsequiado. Trataba de corresponder y lo hice como pude y siempre que pude.
4.- Cambio de tercio. Hoy celebramos litúrgicamente el Misterio de la Santísima Trinidad. Generalmente nos ha preocupado con exceso querer desentrañar cerebralmente el misterio, que no es lo importante. Intelectualmente no se conseguirá nunca. Ahora bien, el corazón es capaz de gozar de la relación personal con Dios, y esto sí que importa y convence.
5.- La pasada noche, después de la Vela de Pentecostés, comentaba cosas de Dios con una chiquilla. Dudaba ella. Estaba con su madre a la que conozco y quiero de antiguo. Le digo de repente a la estudiante: tu madre no existe. Contestó enojada: claro que existe. Le dije yo: dime el número de su DNI. No lo sé, me contestó. ¿Y su huella dactilar, sabes cómo es?, tampoco, respondió. ¿Tendrás, pues, una fe de vida firmada por el juez? Qué dices, añadió… ¿y para qué la he de tener? Pues, porque si es así, no tienes ninguna prueba de su existencia, ya lo ves. Que no, que no, que mi madre está aquí, que es mi madre, que la quiero y ella me quiere, decía mientras la abrazaba…
6.- Mis queridos jóvenes lectores, con Dios ocurre algo parecido… Lo importante no es entender a Dios, que nunca lo conseguiremos. Tampoco tener pruebas. Lo importante es dejarse amar por Dios y amarle cuanto más mejor. En su invisible compañía nos sentiremos felices. Es lo importante. Así es la Santísima Trinidad.
Lo entenderéis mejor si habéis estado enamorados, si estáis enamorados. Y os vuelvo a repetir que lo que os he explicado no ha sido un cuento. Del científico amigo os podría dar nombre y apellidos, de la estudiantita también. De Dios-Trinidad, de su Amor, de su cariñosa imaginación, os podría dar muchas pruebas…


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