domingo, 24 de mayo de 2015

DECÁLOGO PARA VIVIR EL TIEMPO ORDINARIO

Habría que completar el título de la entrada diciendo: decálogo para vivir el Tiempo Ordinario de una manera extraordinaria.

Al retomar el tiempo ordinario, que ya tuvimos unas semanas tras la Navidad y antes de la Cuaresma, podemos tender a "relajarnos". Se van completando cosas: el curso de va terminando, los trabajos tienen en el horizonte los días de vacaciones... Los ciclos tienen eso, que comienzan y se acaban y, en no pocas ocasiones, a los tiempos "fuertes" y álgidos, suceden tiempos menos intensos, en algunos casos relajados. Pero en la vida cristiana no hay relajación sino resintonización. Cambiamos el gozo de la Pascua por el tiempo del Espíritu, por lo que no es muy bueno relajarse mucho.

Os dejo un texto que es un DECÁLOGO PARA EL TIEMPO ORDINARIO, cosas que podemos tener en cuenta para no relajar nuestra vida de cristianos.

1. Dialoga: Empieza por comunicar con otros tus ideas, pensamientos, afectos. Pero no te olvides de expresar las palabras del corazón. 
2. Busca: Aprovecha cualquier situación que se te presenta para buscar la mirada de Dios. No te agobies si no la encuentras, quien se tiene que hacer el encontradizo eres tú.
 
3. Arriesga: "El que no arriesga no gana". Nuestro ideal como seguidores de Cristo siempre nos invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual (cf Evangelii gaudium 88).
 
4. Confía: Déjate llevar por el proyecto que Dios tiene para ti. No temas que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre y eres mío (Is 43, 1).
 
5. Reza: También en el Tiempo ordinario tu corazón clama a Dios. Pero tienes que escuchar su grito para que sea elevado al Creador. Grita a Dios y deja que Dios te grite.
 
6. Disfruta: Gózate de la alegría de un hermano; de la confianza de un amigo; de las maravillas de la creación; del arte y la belleza... Disfruta el tiempo para amar, tu tiempo libre y el no tan libre. Vive la vida, la justicia, la paz y tu vocación.
 
7. Construye: Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la altura del edificio, tanto más hondo hay que cavar el cimiento (San Agustín).
 
8. Crece: Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero (cf Evangelii gaudium 8).
 
9. Acompaña: No termines tu jornada sin haber regalado, a quien lo necesita, algo de tu tiempo. No dejes solo al sin amor, al sin amistad, al sin Dios, al sin...
 
10. Comparte: Por último, aunque no por eso menos importante, comparte la alegría. No dejes que la rutina te haga un daño grande; haz del "Tiempo ordinario", el tiempo donde haces más fuerte tu seguimiento de Cristo.
 
Gustavo Camarena Lara, agustino recoleto

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