domingo, 31 de mayo de 2015

Bidean Himilía CORPUS CHRISTI 7 de junio 2015 “Este es mi cuerpo... Esta es mi sangre” (Mc 14, 22. 24)

CORPUS CHRISTI

7 de junio 2015


“Este es mi cuerpo... Esta es mi sangre” (Mc 14, 22. 24)


EVANGELIO: Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
- «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
- «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena».


Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
- «Tomad, esto es mi cuerpo».
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo:
- «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios».

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.


ACERCARNOS AL TEXTO

â Las instrucciones que Jesús imparte a los discípulos y la ejecución de las mismas, nos indican claramente la situación de semiclandestinidad que vivió Jesús en su última semana en Jerusalén. La amenaza de la conspiración parece dar al momento una extraña quietud. Todo el relato contribuye a presentar a Jesús, una vez más, como el Señor de los acontecimientos. No son los acontecimientos los que salen a su encuentro y le dominan; Él es quien conscientemente se acerca a ellos.

Con esta imagen de Jesús, el evangelista nos invita a participar en la cena de Jesús con los suyos.


â La ÚLTIMA CENA con sus discípulos tiene lugar en la fiesta de la Pascua. La Pascua es el paso de Israel -gracias a la intervención liberadora de Dios- de Egipto, tierra de opresión e injusticia, a la tierra prometida, espacio de libertad y justicia.

No podemos separar la última cena de Jesús de la pascua judía; ésta constituye, histórica y teológicamente, su contexto.


â En el RELATO de la INSTITUCIÓN de la EUCARISTÍA, sin alusión alguna al cordero, que ocupaba el centro de aquella comida, el acento recae en los gestos y las palabras de Jesús. Estos gestos y palabras nos han llegado envueltos en el ropaje de las reflexiones comunitarias y, aun encontrándonos en el terreno firme de la historia, es difícil poder remontarnos al acontecimiento en su tenor original.

No obstante, el SIGNIFICADO FUNDAMENTAL es bien palpable. Jesús realiza el signo profético de lo que ha sido toda su vida y de lo que está a punto de acontecer con su muerte: UN PAN que SE COMPARTE, una EXISTENCIA ENTREGADA y rota por todos.

Es, pues, la explicación del misterio de la encarnación y, en definitiva, la clave de lectura de toda la historia de la salvación, historia de DONACIÓN y COMUNIÓN.


â En el pan y en el vino entregados está la presencia de una vida vivida como DON, dada y rota por todos, que obliga necesariamente a TOMAR PARTE en ella. El gesto que Jesús hace es profético-simbólico, pero recoge todo lo que él ha hecho: él ha ido rompiendo el pan de su vida hasta la muerte. Ha compartido con la gente su pan, su vida, su fe en el reinado del Padre. Ahora comparte su cuerpo-pan para la vida, y su sangre será el SELLO de la ALIANZA que constituya el NUEVO PUEBLO de Dios.


â En esta cena tiene un puesto destacado la copa de vino que hace pasar entre todos, contra el habitual vaso individual. Las palabras del v. 25 son, sin duda, un recuerdo histórico. Intuye muy cercano su fin y lo anuncia a los suyos: “Ya no beberé más del fruto de la vid”. Pero incluso ahora sigue creyendo en el reino y lo anuncia a los suyos: “Hasta el día aquel en que lo beba de nuevo en el reino de los cielos”.

La despedida, aún siendo triste y dolorosa, está LLENA de ESPERANZA; hay un más allá, no puramente espiritual sino íntimamente vinculado con este mundo, donde está el vino “que alegra el corazón humano”.


â El gesto simbólico-profético de Jesús en la última cena, a la que precedieron muchas comidas con los pobres hambrientos, los pecadores arrepentidos y los discípulos amigos, y a la que siguieron las comidas del Resucitado con los suyos, es hoy celebrada en comunidad por la asamblea de creyentes hasta que él vuelva. Recibe diversos nombres: “fracción del pan”, “cena del Señor”, “Acción de gracias” (Eucaristía), Misa...


â Con estos datos nos hemos aproximado al contexto real en el que Jesús celebró la Eucaristía con los suyos. Sacarle de este ámbito puede llevarnos a tergiversar su significado, el que él mismo le dio y quiso que los suyos lo vivieran. No lo podemos olvidar.



REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

*    Lo primero: es necesario que seamos conscientes que para Jesús la celebración de la Eucaristía tiene una CONEXIÓN ESTRECHA con la VIDA, con la REALIDAD. Dicho esto, celebrar la Eucaristía y vivir indiferentes ante las injusticias y la desigualdad y, más aún, contribuir con las opciones políticas y económicas a mantener esa situación, es incompatible e impensable (aunque, de hecho, sea una realidad, esto es, se da en la realidad). Aquí tendremos que sacar los creyentes las consecuencias pertinentes, a no ser que “todo nos dé igual” y tranquilicemos nuestra conciencia con el “estar en Misa”.


*    CORPUS CHRISTI es una FIESTA de ALIANZA con el Señor; una fiesta en la que hacemos memoria de su compromiso de amor y entrega; una fiesta en la que recordamos que el culto y la celebración cristiana van UNIDAS siempre a la USTICIA.

Jesús se da como alimento y comida, en una nueva alianza, al estilo de lo que nosotros podemos comprender, para darnos vida, para hacernos partícipes de su vida. Por eso, si no practicamos su voluntad de vida y de justicia, vaciamos de contenido nuestra participación en el culto cristiano, en la Eucaristía.

La situación de injusticia y marginación del pobre aparece como un clamoroso alejamiento de los requerimientos de la nueva alianza sellada con la sangre de Cristo. Cada celebración eucarística nos debe recordar las estructuras de pecado existentes en el mundo de hoy. Hacer alianza con Cristo supone empezar a construir esta sociedad desde las necesidades de los oprimidos y excluidos de ella. No hacerlo es renunciar a celebrar el día del amor fraterno, de la caridad y de la comunidad y de la comunión.


*    CORPUS CHRISTI es celebrar una FIESTA ABIERTA a la COMUNIÓN, a la ENTREGA y a la VIDA, enfrentándonos a estructuras injustas y opresoras y de muerte, no de manera pasiva o resignada, sino en actitud de servicio y con ánimo de fiesta, sostenidos por la fuerza del Jesús muerto y resucitado.



COMPROMISO DE VIDA


Necesito descubrir y ganar en profundidad respecto a la EUCARISTÍA.

-        Prepararé, con esmero, la celebración del Corpus Christi: leeré antes de la celebración las lecturas, las reflexionaré, ayudándome -si fuera necesario- de algún sencillo material, y participaré con todo mi ser.

-        Expresaré la celebración del Día del amor fraterno con ALGÚN SIGNO de SOLIDARIDAD; y si es permanente, mejor que mejor: lo escogeré, lo decidiré y lo llevaré a cabo, al estilo de Jesús.

-        Utilizaré la oración que se me ofrece a continuación, y lo haré mío durante esta semana como expresión de mi caminar en el sentido profundo de la Eucaristía.

ORACIÓN para esta SEMANA

COMPARTIR

Partir con quien nada tiene,
pero que es digno de todo,
a sus ojos y a los de Dios.

Partir no sólo lo sobrante,
también lo que hemos robado,
y hasta lo necesario.

Partir por justicia, por amor,
por encima de lo que es legal,
sin llevar cuenta,
hasta que el otro se sienta a gusto.

Partir con sencillez y entrega,
sin creerse superior o mejor,
sin exigir cambio o reconocimiento.

Partir evangélicamente en todo tiempo,
en todo lugar, en toda ocasión,
ahora ya.

Partir, o al menos intentarlo;
nunca en soledad, siempre en compañía;
nunca para salvar
y menos aún para sentirse salvado;
sencillamente para hacer posible
el COMPARTIR,
como Tú, Señor.


Ulibarri Fl.

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