sábado, 18 de abril de 2015

Orden de Predicadores, Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria Tercera Semana de Pascua Del 20/4/2015 al 25/4/2015

Intrroducción a la semana
El domingo que abre esta semana pascual viene llamándose ‘el de las apariciones’, pues en los tres ciclos la página evangélica nos muestra al Señor resucitado con los suyos, y en una comida compartida; no es de extrañar que las comunidades cristianas vean una alusión a la mesa abierta que es la eucaristía, ‘donde comemos y bebemos el pan y el vino de la vida’ como reza un himno de la Liturgia de las Horas.
Las lecturas de este tercer domingo pascual pivotan entre el valiente discurso de Pedro a la gente, aunque recortado en cuatro versículos, apretado resumen del contenido de la predicación apostólica, y un fragmento de la primera Carta de Juan donde pone en evidencia la contradicción entre afirmar que se conoce a Dios y no se guarda su Palabra. Buena oferta de ánimo para perder el miedo a vivir lo que decimos creer.
Las primeras lecturas de los tres días de la semana nos presentan a Esteban, mártir en el sentido más pleno de la expresión, que nos deja el admirable encargo de creer en el Dios que ha enviado a Cristo Jesús. En los restantes días, asistimos a episodios tan señeros como el de Felipe o el impresionante relato de la conversión de quien otrora se ensañaba con la Iglesia, Saulo de Tarso.
Los fragmentos evangélicos tienen el hilo conductor del profundo discurso del Pan de la Vida, que en el relato de Juan se apoya en la multiplicación de los panes y los peces. Ocasión para acoger en nuestro corazón a quien se nos da como alimento y mejor razón de vivir.
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Lunes 20/4/2015Santa Inés de Montepulciano 
“¿Por qué me buscáis?”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 8-15
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: - «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y con-tra Dios.» Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrin, presentando testigos falsos que decían: -«Este individuo no para de hablar contra el templo y la Ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.» Todos los miembros del Sanedrin miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.


Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30 R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros. R/.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6,22-29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no habla habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: - «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: - «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: - «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: - «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» 

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Presentaron testigos falsos

Todo discípulo de Jesús ha de seguir sus pasos, vivir sus actitudes, realizar lo que San Pablo llama el proceso de cristificación. “Sufro dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros”. Pero hay algunos cristianos que llegan a vivir situaciones personales como las de Jesús. Es el caso de Esteban, cristiano de la primitiva iglesia. Hombre “lleno de gracia y de poder, que realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo”, y todo ello en nombre de Jesús el Resucitado. Algo que molestó a ciertos judíos de la sinagoga de los Libertos, que veían amenazada su religión. A Jesús también le pidieron explicaciones de sus curaciones y signos. También Esteban discute con ellos pero sus adversarios “no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba”. El mismo Jesús siempre pronunciaba palabras muy por encima de sus oponentes, porque “Yo hablo lo que he visto en el Padre… Mi doctrina no es mía, es de quien me ha enviado”.
No teniendo mejores argumentos acuden a testigos falsos para que testifiquen con mentira en su contra: “Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”. La misma situación que sufrió Jesús en su injusto proceso. En este pasaje de la primera lectura, no se relata el desenlace de Esteban. Pero sabemos que fue el mismo que el de Jesús. Fue martirizado, aunque su final, al igual que Jesús, no fue la muerte, sino la resurrección a una vida de eterna felicidad.
  • “¿Por qué me buscáis?”

Ciertamente hay que alabar al que en nuestro mundo luche por solucionar el problema del hambre en cualquier parte del mundo. Merece un gran aplauso. Pero Jesús ya nos advirtió que “no sólo de pan vive el hombre”. Por eso, además de saciar el hambre de pan de sus oyentes, en alguna ocasión nos ofrece el alimento que sacia el hambre de sentido, el hambre de absoluto, el hambre de esperanza, el hambre de eternidad, el hambre de felicidad. Algo que el hombre necesita tanto o más que el pan material.
Jesús, a propósito de lo que relata el evangelio de hoy, preguntó a sus buscadores de entonces y a nosotros, sus buscadores de ahora, sobre la verdadera razón de nuestra búsqueda: “¿Por qué me buscáis?”. No es una pregunta retórica. Por desgracia, en nosotros no todo es limpio como el agua clara. En nuestra búsqueda y seguimiento de Jesús, además de motivos limpios, hay también, a veces, deseos de prestigio, de poder, de la alabanza de los demás, de cubrir solo las necesidades materiales… En el evangelio de hoy Jesús, queriendo purificar nuestro corazón, nos pregunta: ¿Por qué me buscáis?
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
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Martes 21/4/2015
Mi Padre os da el verdadero pan del cielo

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51-59
En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas; -«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.» Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: -«Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: - «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: - «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.
Sal 30. 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21 ab R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35
En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: - «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • No les tengas en cuenta, Señor, este pecado

Admirable analogía la que se establece entre el testigo Esteban y el mismo Jesús el Señor; el Espíritu de Dios Padre animó por completo el recorrido vital del Maestro, así como para la primera comunidad Esteban es un creyente lleno asimismo del Espíritu. El martirio del diácono reproduce con intención la muerte del Nazareno, y por eso contempla la gloria de Dios: si ha visto, puede ser testigo, y a fuer de veraz y fuerte, ocupa el primer rango en la innumerable relación de testigos de la muerte y resurrección que han vigorizado siempre al Pueblo de Dios. Claro exponente de predicación del Evangelio con la fuerza del Espíritu, porque está más que acreditado en la historia de la comunidad creyente que cuando pretendemos predicar desde nuestros planes y gran despliegue de recursos institucionales y técnicos, nuestra evangelización adolece de corto recorrido y nula credibilidad. Solo desde el Espíritu del Señor Jesús podemos blasonar de valentía y desparpajo a la hora de decir a nuestro mundo el evangelio. Solo desde el Espíritu de Jesús caemos en tierra para dar fruto y nuestro perdón se torna en acta acreditativa del estilo compasivo y humanizador de nuestra comunidad creyente. Hijos de un Padre rico en misericordia no tenemos otra opción que ser transmisores de compasión y amor restaurador; pero, para esto, es obligado estar en la órbita fecunda del Espíritu del Señor, no bajo otra supuesta protección.
  • Mi Padre os da el verdadero pan del cielo

El discurso del pan de vida concluye con el abandono de muchos discípulos y la confesión de Pedro (Señor ¿a quién vamos a acudir? Solo tú tienes palabras de vida eterna), reacción provocada por el trenzado de afirmaciones que hace Jesús sobre el nuevo maná y el alimento que garantizó la supervivencia en el largo camino del desierto. Jesús se manifiesta como el verdadero maná, el Pan de la vida, realidad y símbolo de quien es alma y la vida de la comunidad de seguidores, que no tiene reparos en afirmar que la autoría de aquella maravilla del camino hacia la Promesa no se debía a Moisés sino al Padre de todos, el del cielo.
Nosotros, los creyentes de hoy, en tanto comunidad de hermanos, haremos bien en hambrear este pan que es alimento y trabajo fraterno a la vez, convocatoria y cemento aglutinador de iguales, Jesús mismo y regalo perenne del Padre para que el Pueblo de Dios no pierda nunca el horizonte al que nos lleva este alimento: ser de hecho y derecho imagen y semejanza de nuestro Padre para humanizar nuestra historia en el nombre del Señor, en la mejor proyección de esperanza que nos marca el Reino de Dios entre nosotros.
El Pan de la vida es un pan partido, repartido y compartido ¿son éstas las formas de nuestra iglesia en el momento presente?
¿Cómo experimentamos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesús renueva nuestra Iglesia y nuestro mundo?

 
Fr. Jesús Duque O.P.Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de San Jacinto (Sevilla)
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Miércoles 22/4/2015
Todo el que ve al Hijo y cree en Él tendrá la vida eterna

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, l-8
Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a R. Aclamad al Señor, tierra entera
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna enteramente. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre:'que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • «La ciudad se llenó de alegría»

La Iglesia de Jesús es perseguida. La situación se hace crítica y existe el lógico temor entre los primeros cristianos, fundamentalmente los helenistas, que son privados de su libertad o incluso muertos como Esteban. Hay una doble actitud entre los judíos: los que entierran piadosamente a Esteban que se lamentan de la injusticia para con los cristianos y la de Saulo o la ciega intolerancia. Han de huir de Jerusalén, pero todo esto es una señal del Espíritu que envía a Felipe a Samaria. Y, al igual que Jesús, realiza signos entre quienes eran considerados unos paganos. Ellos creen porque descubren en todo ello la verdadera Salvación para sus vidas y se sienten felices plenamente, hondamente, más allá de dogmas aprendidos o de prejuicios sobre Dios.
  • «Yo soy el pan de vida»

Tras el episodio del milagro de la multiplicación de los panes, el texto del Evangelio nos plantea una catequesis sobre el Pan de Vida, es decir, el don del Amor que Dios otorga a los hombres por Jesucristo: un don que sacia definitivamente el hambre de Salvación y nos otorga una felicidad que nunca se acaba. Bien conoce Jesús que esa multitud que le sigue tras el milagro, busca en su mayoría sólo un remedio inmediato contra el hambre material, sentirse cerca de alguien que tiene poder y poder medrar. En el fondo no son personas libres, no saben verdaderamente lo que quieren. Pero Jesús, que los conoce muy bien, les deja patente que no tiene ambiciones terrenas. Descubre su falta de fe y les invita a cambiar de actitud de vida, a ver, más allá de lo material, el don inmenso del Amor de Dios que otorga el Pan de la Vida Eterna.
No es nada fácil vislumbrar un sentido más allá de las necesidades materiales y que nos abocan a adherirnos a unas opciones de oportunismo egoísta y de éxitos inmediatos. La opción de Jesús nos remite a una felicidad integral y trascendente de un Dios que es Amor en plenitud y nos invita a seguir el camino del Evangelio de su Hijo, que no es fácil ni inmediato, pero sí definitivo.
- ¿Me he sentido a veces señalado por mi condición de cristiano?
- ¿Reconozco a mi alrededor las ofertas de éxitos materiales que se me proponen? ¿En cuántas ocasiones he preferido optar por ellos a pesar de mis convicciones cristianas?
D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad Fray Bartolomé de las Casas (Sevilla)
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Jueves 23/4/2015
“Nadie viene a mí, si no lo atrae el Padre”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40
En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe: - «Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.» Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: - «Acércate y pégate a la carroza.» Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: - «¿Entiendes lo que estás leyendo?» Contestó: - «-Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?» Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste-' «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» El eunuco le preguntó a Felipe: - «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?» Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: - «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?» Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría. Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.
Sal 65, 8-9. 16-17. 20 R. Aclamad al Señor, tierra entera
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R/.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6,44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “Acércate y pégate a la carroza”

De nuevo Lucas sitúa “el camino” como el lugar donde Dios nos sale al encuentro. El relato que leemos este día en los Hechos de los Apóstoles nos muestra un ejemplo de lo que debe ser una verdadera catequesis bautismal y, a través del diácono Felipe, el modelo del buen evangelizador. Me gustaría subrayar de éste los siguientes rasgos:
- Se pone en camino, por un mandato del Señor: la tarea de Evangelizar no brota de una iniciativa personal, sino de acoger la llamada de Dios que nos envía a ello.
- Es enviado a ir “hacia el Sur”; a salir hacia otros espacios más allá de los conocidos y cercanos.
- Tiene los ojos abiertos y atentos a la realidad y es capaz de fijarse en aquellos que encuentra en el camino. Por eso “ve” a este hombre etíope que está de peregrinación a Jerusalén; Toma conciencia de quién es él, de su situación, su identidad. No evangelizamos en abstracto, sino a personas con sus historias y realidades bien concretas.
- Se acerca al él “corriendo”. Felipe sabe percibir, en la situación en que se encuentra el eunuco, el tiempo oportuno que puede ser para él tiempo de salvación. Saber captar cuál es el “momento” para las personas con las que estamos es un arte y necesitamos estar muy atentos a lo que está pasando por ellas y escuchar a Dios a través de ello.
- Establece un diálogo hondo con aquel hombre partiendo de lo que él está viviendo. Es el momento de iluminar la realidad a la luz de la Palabra; de ese “explicar las Escrituras” que también hizo Jesús con los de Emaús y que les hizo arder el corazón.
- Acompaña el proceso de despertar a la fe del eunuco sin imponer ritmos: será el etíope quien pida ser bautizado; ha confesado su fe en Cristo, ha realizado la conversión del corazón y comienza para él el camino del seguimiento del Señor.
- Sabe desaparecer cuando ha cumplido su misión y acoger nuevas llamadas.
Que el ejemplo de Felipe sea para cada uno de nosotros un estímulo para recrear nuestro estilo misionero en el anuncio del Evangelio.
  • “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”

El Evangelio de este día está precedido del relato de la multiplicación de los panes y forma parte del discurso del pan de vida que constituye todo el capítulo 6 de Juan.
La gente, que por una parte, ante los signos que Jesús realiza quieren aclamarlo como Rey, no puede sin embargo acogerlo como enviado de Dios. Por eso, en este texto del Evangelio, Jesús dirige la palabra a toda esa gente fascinada por el gesto del pan multiplicado y repartido y se presenta a sí mismo como el “pan de la vida” “el pan vivo que ha bajado del cielo”.
Mirar la realidad como historia de Salvación, es contemplar cómo Dios ha ido saliendo al encuentro de la humanidad, atrayéndola hacia sí, guiándola. Sí, es el Padre el que nos ha ido conduciendo hacia el encuentro con Cristo a través de tantas personas y situaciones.
Porque como diría San Agustín, “nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Y formamos parte de una humanidad inquieta, que anda a tientas aunque muchas veces se pierda por caminos que no llevan a la Vida. Pero el Padre no deja de buscarnos y atraernos hacia esa mesa de la fraternidad universal, hacia la fiesta de la Vida; una Vida que es don de aquel que ha entregado la suya para que todos la tengan en abundancia.
En este tiempo pascual, celebramos que en Cristo está la Vida. Ojalá podamos buscar en él, en sus gestos, palabras, sentimientos y estilo de vida nuestro alimento cotidiano.
Hna. María Ferrández  Palencia, OPHna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo
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Viernes 24/4/2015
“El que come este pan vivirá para siempre”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 1-20
En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres. En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: - «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Preguntó él: - «¿Quién eres, Señor?» Respondió la voz: - «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.» Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: - «Ananías.» Respondió él: - «Aquí estoy, Señor.» El Señor le dijo: - «Ve a la calle Mayor, a casa de judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.» Ananías contestó: - «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.» El Señor le dijo: - «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.» Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: - «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.» Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios.
Sal 116, 1. 2 R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio,
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: - «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: - «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • ¿Quién eres Señor?

En el conocido relato de la vocación - conversión de San Pablo encontramos el germen de las enseñanzas del apóstol acerca de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo del que Él es la cabeza. A Pablo le queda tan claro, desde el primer momento de su conversión, que ya no se le va a olvidar.
Saulo, en realidad, persigue a los cristianos, es decir, a la Iglesia y Jesús a su pregunta: ¿Quién eres Señor?, le responde: “soy Jesús, a quien tú persigues”. Queda claro que Jesús y la Iglesia no se pueden separar, como no se puede separar el cuerpo de la cabeza y seguir teniendo vida. Muchos, que quieren vivir un cristianismo a la carta, defienden el criterio de: yo creo en Dios pero de la Iglesia (donde meten, como en un cajón desastre, al Papa, los Obispos, los sacerdotes, los religiosos, las monjas…) no quiero saber nada.
La conversión de San Pablo es, después de la resurrección de Cristo, el acontecimiento al cual el Nuevo Testamento hace alusión más a menudo. Es realmente un signo de esperanza, una muestra clara de que Dios elige a sus discípulos cómo y cuándo quiere y del modo más imprevisto. En Pablo conversión y vocación se dan simultáneamente. El violento perseguidor queda transformado en un misionero imparable, con la misión concreta de llevar el nombre de Jesús a todas las naciones.
Si Dios hizo de Saulo, el perseguidor, a San Pablo el apóstol. ¿No podrá hacer de nosotros criaturas nuevas? Sólo hay un secreto: “si tú Lo dejas, lo hará”.
  • “El que come este pan vivirá para siempre”

Estamos en el final del discurso del pan de vida. Es un discurso Eucarístico. Jesús se presenta como el Pan de vida que por amor se nos da, y del que recibimos la vida eterna. Hoy nos es muy fácil escuchar este texto, pero tenemos que ponernos en el lugar de los que escucharon por primera vez este anuncio, y comprender su reacción.
Los cristianos creemos en la presencia real de Cristo en las especies sacramentales, pero los que no tienen fe no ven más que un trozo de pan y un poco de vino. Sólo desde la fe se puede descubrir esta verdad que confunde a la razón, y acercarse a recibir la sagrada comunión sabiendo que es: “medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo”, como escribió San Ignacio de Antioquia. La comunión no es sólo alimento para el alma que camina hacia Dios, sino prenda de la vida eterna y anticipo del Cielo.
Participar en el banquete eucarístico, lo que llamamos comúnmente ir a Misa, no es una práctica religiosa más. Jesús es bien claro al enumerar los frutos extraordinarios que se producen en el alma al recibir la comunión: tendremos vida en nosotros, permaneceremos unidos a Él, nos resucitará el último día, viviremos para siempre…
Y esto que sabemos y creemos se tiene que notar en nuestras caras. Durante la celebración de la Eucaristía nuestros rostros debieran estar radiantes de alegría; y al salir a la calle e incorporarnos a nuestra cotidianeidad ser portadores de la alegría de quien ha recibido el mejor regalo. Que quien nos vea tenga deseo de saber de dónde venimos.
 MM.  Dominicas MM. Dominicas 
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
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Sábado 25/4/2015San Marcos Evangelista 
“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5,5b-14:
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella. Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno. Paz a todos vosotros, los cristianos.
Sal 88,2-3.6-7.16-17 R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 16,15-20:
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

II. Oramos con la Palabra

No hay oración para este día.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

No es posible hablar de San Marcos sin recordar “la casa de María”. Decir que la casa de María era el hogar de Marcos, por ser la casa de su madre, es decir la verdad, pero no toda la verdad. Porque la casa de María era el hogar de los discípulos y posiblemente el lugar más habitual para sus reuniones. Lo que fue Betania para Jesús fue la casa de María para las primeras comunidades cristianas. Según algunas tradiciones, fue allí donde se reunieron los discípulos cuando murió Jesús, y también después de la Ascensión. Y es probable que fuera allí donde los discípulos recibieron el Espíritu Santo. Puestos a escoger un buen hogar para Marcos, niño y adolescente, no hubiéramos podido encontrar otro mejor que “la casa de María”. 
  • “Id a proclamar el Evangelio”

Jesús usa el imperativo, por tanto es un mandato. Ser escogidos, secundar la llamada y marchar a anunciar lo visto y oído parece una misma cosa. Lo contrario sólo indicaría no estar convencidos o no haber valorado la importancia y transcendencia de lo que hemos visto en Jesús y le hemos oído. La proclamación, por deseo de Jesús, ha de ser universal, a todos los hombres en todos los pueblos. Luego vendrá la aceptación o rechazo del mensaje y sus consecuencias, en una decisión siempre libre. Aceptarlo es salvarse; lo contrario, condenarse. Jesús habla muy claro. Uso el presente porque su presencia, no física, sino espiritual, está garantizada.
El Libro de los Hechos de los Apóstoles marca un antes y un después en las presencias de Jesús. Hasta entonces, los discípulos gozaron físicamente de Jesús, lo veían y oían. A partir de entonces, su presencia empezó a ser mística, espiritual, aunque tan real como antes. Los Hechos nos hablan de aquellos primeros discípulos y seguidores de Jesús. Hoy, en concreto, de Marcos. Al recordar estas historias, vivirlas y hacerlas nuestras escribimos también páginas en ese Libro, siempre incompleto, dado que el último apartado debería contar los acontecimientos de los últimos días. Hasta entonces, cada uno de nosotros somos los actores de sus páginas.
  •  Juan Marcos

Hoy recordamos y celebramos a uno de los que mejor cumplió el mandato de Jesús en su despedida, Marcos. Hacia el año 44, Bernabé fue enviado a predicar a Antioquia. Allí se le unió Pablo para ayudarle en la misión evangelizadora. En Antioquia se hizo una colecta para los cristianos de Jerusalén y Bernabé y Saulo fueron los encargados de llevársela. Allí, lógicamente, se hospedaron en “la casa de María”. Al marchar, Marcos se les unió en la misión. Misión conjunta que no durará mucho tiempo, pues Marcos, primeramente, se separará de Pablo y, más tarde, incluso del mismo Bernabé, para regresar a Jerusalén.
Algún tiempo después Marcos acompañará a Pedro a Roma. Allí se convirtió en el discípulo más fiel de Pedro, hasta el punto de llamarle éste “su hijo Marcos”. Marcos hacía de intérprete griego de Pedro, le acompañaba a todas partes, anotaba cuando decía su maestro, era como su secretario. No sabemos mucho más de su estancia en Roma, aparte de que allí se encontraba cuando en el año 61 llegó Pablo a presentar su apelación al César; y cuando, un año más tarde, Pablo enviaba recuerdos de él a los colosenses (4,10), y a Filemón (24).
A Marcos se le pidió que, puesto que llevaba tanto tiempo con Pedro y conocía sus catequesis y predicaciones, lo pusiera por escrito para poder conservarlo y que sirviera, a su vez, de perenne memoria y evocación. Así lo hizo, después de consultarlo con Pedro que, más tarde –refiere Eusebio- recomendaba su lectura en las iglesias.

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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