martes, 21 de abril de 2015

LECTIO DIVINA-MIÉRCOLES 3ª SEMANA DE PASCUA preparada José-Román Flecha Andrés


 
                                                                                              Sinagoga de Cafarnaúm (Israel)
Miércoles III
Hch 8,1b-8
Jn 6,35-40                                                                                                                  ABRIL 22
En aquel tiempo Jesús dijo: “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed. Pero, como ya os dije, vosotros no creéis aunque me habéis visto. Todos los que el Padre me da vienen a mí, y a los que vienen a mí no los echaré fuera. Porque no he venido del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite el día último. Porque la voluntad de mi Padre es que todo aquel que ve al Hijo de Dios y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día último”.


Preparación: Parodiando las célebres palabras de Hamlet, podríamos decir: “Creer o no creer: esa es la cuestión”. Efectivamente, ese es el núcleo del discurso que Jesús pronuncia en la sinagoga de Cafarnaún después de la multiplicación de los panes y los peces. Y esa es la cuestión que se plantea cada día a los que tratan de seguirle.

Lectura: Según los Hechos de los Apóstoles, el martirio de Esteban determinó la dispersión de sus discípulos y el anuncio del Evangelio. Y ese anuncio fue causa de alegría entre los que comenzaron a creer. En el evangelio  que hoy se proclama se repiten las palabras centrales del discurso de Jesús: “Yo soy el pan que da vida”. A continuación descubrimos que ir a él y creer en él se identifican. Quien se acerca a Jesús y cree en él encuentra satisfacción definitiva para su hambre y su sed.

Meditación:  Muchas personas afirman que les sería fácil creer en Jesús si lo hubieran visto. Pero el evangelio nos da a entender que hay una importante diferencia entre ver a Jesús y venir a él. “Como ya os dije, vosotros no creéis aunque me habéis visto. Todos los que el Padre me da vienen a mí, y a los que vienen a mí no los echaré fuera”. Nosotros creemos en Jesucristo resucitado sin haberlo visto. Sin embargo, la fuerza de su palabra, el testimonio de los que vieron y creyeron y la luz del Espíritu nos llevan a creer en él, a acercarnos a él y a seguir sus pasos.

Oración: Señor Jesús, nosotros sabemos y creemos que tú eres el pan de la vida. Y que solo tú puedes calmar nuestra hambre y nuestra sed. Atiende nuestra oración y llévanos a ti.

Contemplación: El discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún nos ayuda a contemplar los sentimientos de Jesús. La obediencia al Padre marca su misión. Él es el puente entre el Padre  y todos los que creemos en él. Su vida nos orienta por el camino. Y su resurrección garantiza la nuestra: “Porque no he venido del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite el día último. Porque la voluntad de mi Padre es que todo aquel que ve al Hijo de Dios y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día último”.

Acción: Oremos hoy, pidiendo por todos los que en cualquier parte del mundo, están iniciando un camino de acercamiento a Jesucristo y encuentran dificultades para seguirlo.
                                                                      José-Román Flecha Andrés 

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