martes, 7 de abril de 2015

La homilía de Betania II Domingo de Pascua 12 de abril de 2015


II Domingo de Pascua
12 de abril de 2015
La homilía de Betania

1.- LA AUTÉNTICA MISERICORDIA DE DIOS
Por José María Martín OSA
2.- LA IMPORTANCIA DE VER PARA CREER EN LA EVANGELIZACIÓN CRISTIANA
Por Gabriel González del Estal
3.- EL SEÑOR PENSÓ EN LOS QUE VENDRÍAMOS DESPUÉS
Por Antonio García-Moreno
4.- LA PLATA Y LAS MARCAS
Por Javier Leoz
5.- INCRÉDULOS, COMUNISTAS Y PACÍFICOS
Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ENCUENTROS DEL RESUCITADO
Por Pedrojosé Ynaraja



1.- LA AUTÉNTICA MISERICORDIA DE DIOS
Por José María Martín OSA
1.- Hoy es el domingo de la Divina Misericordia. Un Papa, Juan Pablo II, instituyó esta fiesta, otro Papa, Francisco, ha convocado el "Jubileo de la Misericordia". Misericordia tiene dos significados: perdón y solidaridad. En el evangelio de hoy Jesús envía a sus discípulos: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. El perdón de Dios se derrama a raudales. Esto es lo que les dijo el papa Francisco a los presos que lavó los pies el Jueves Santo: “Dios os ha perdonado”. Celebrar la misericordia de Dios es algo más que venerar una imagen, es celebrar que Dios es un Padre con entrañas que quiere a sus hijos. Me sorprende que algunas personas sean muy devotas de la misericordia divina y luego condenen a todos o tengan miedo al castigo de Dios. "La misericordia es un camino que comienza con una conversión espiritual, y todos estamos llamados a recorrer este camino", ha dicho el Papa Francisco. El "Jubileo de la Misericordia" comenzará el próximo 8 de diciembre con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro del Vaticano y concluirá el 20 de noviembre de 2016. Para el próximo Año Santo extraordinario, la elección de la fecha en que se publicará la bula, justo en la víspera del Segundo Domingo de Pascua, manifiesta claramente la atención especial del santo padre hacia el tema de la misericordia. Su apertura significa que, durante el tiempo jubilar, la Iglesia ofrece a los fieles una "vía extraordinaria" hacia la salvación. La Iglesia quiere recordarnos que Dios tiene compasión, que siempre hay un camino de vuelta a casa. A su vez, nosotros tenemos que ser mensajeros de compasión y perdón.
2.- Los frutos de la resurrección son la alegría, la paz y el testimonio de vida. ¿La alegría se nota en nuestra vida y en nuestras celebraciones? Hay muchos niños y jóvenes que no se sienten atraídos por nuestra forma de celebrar rutinaria y triste. Sin embargo, hay muchas comunidades que saben vivir el gozo de la experiencia pascual, que celebraron con entusiasmo la Vigilia Pascual sin mirar al reloj. Ahí se nota que hay algo más que un mero cumplimiento del precepto dominical. ¿Y la paz? La que Jesús nos regala es lo más grande del mundo, es la plenitud de todos los dones del Espíritu. Si la paz reina en nuestro corazón seremos capaces de transmitirla a los demás y de construirla a nuestro alrededor. ¿Cómo dar testimonio de nuestra fe en el mundo de hoy? No bastan las palabras, es nuestra propia vida el mejor testimonio. La diferencia entre alguien "que practica" y alguien "que vive" es que el primero lleva en su mano una antorcha para señalar el camino y el segundo es él mismo la antorcha. Se notará en tu cara, en tus comentarios, en tus gestos, en tu forma de ser si has experimentado la alegría del encuentro con el resucitado. Si eres feliz, transmitirás felicidad. Y quien te vea dirá: "merece la pena seguir a Jesús de Nazaret".
3.- Es muy difícil encontrarse con Jesús fuera de la comunidad. Tomás volvió a la comunidad y es allí donde tuvo su experiencia pascual. El error de muchas personas es retirarse a sus soledades como hizo Tomás al principio. Sólo en la comunidad podemos compartir, celebrar, madurar y testimoniar nuestra fe. Valoremos más que nunca lo privilegiados que somos por haber visto a Jesús y por tener una comunidad en la que compartimos nuestra fe. Sólo si permanecemos unidos haremos signos y prodigios, ayudaremos a los que sufren y seremos capaces de dar un sentido auténtico a nuestro mundo perdido y desorientado.

2.- LA IMPORTANCIA DE VER PARA CREER EN LA EVANGELIZACIÓN CRISTIANA
Por Gabriel González del Estal
1.- Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Nos dicen los evangelios que los discípulos quedaron desconcertados y llenos de miedo después de la muerte de Jesús. No habían entendido las palabras que Jesús, antes de morir, les había dicho sobre su resurrección. Cuando la Magdalena les dijo que había visto a Jesús, no la creyeron. Sólo después de que ellos mismos le vieron, estando reunidos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos, se llenaron de alegría y creyeron. Lo mismo le pasó a Tomás; sólo creyó cuando se vio ante él y pudo comprobar con sus propios ojos que Jesús tenía en las manos las marcas de los clavos, y el costado llagado. Fue el ver lo que les llevó a creer. La importancia de ver para creer fue grande y decisiva para los discípulos del Señor. Lo mismo sigue pasando hoy día para la mayor parte de la gente, aunque se trate de otras maneras de ver. Una fe rutinaria en Jesús y en su evangelio se puede adquirir por la simple tradición oral, pero una fe viva y transformadora en el Cristo resucitado sólo se adquiere mediante una visión personal, mediante un encuentro vivo y profundo con el Jesús resucitado. Y sigue siendo verdad que para llegar a este encuentro vivo y profundo con Jesús tiene mucha importancia lo que vemos, sea con los ojos del cuerpo, o con los ojos del alma. Sobre todo, lo que los demás ven en el comportamiento de los que nos llamamos cristianos y decimos ser discípulos de Cristo. Creer con fe viva sin haber visto es lo menos frecuente. Por eso, los cristianos debemos actuar de tal manera que los que nos vean se sientan animados a creer en el Jesús en el que nosotros decimos creer. Porque, si ven que decimos una cosa, pero hacemos otra, no nos creerán.
2.- Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. En los Hechos de los Apóstoles se nos dice que fue el modo de vida que llevaban los primeros cristianos lo que animaba a los no creyentes a seguirles. No era tanto lo que oían decir a los apóstoles, sino lo que veían que los apóstoles hacían. Era el ver, más que el oír, lo que animaba a la gente a seguir a los apóstoles. San Agustín, que fundamenta su Regla en este pasaje de los Hechos, lo primero que recomienda a sus monjes es que vivan como vivían los primeros discípulos de Jesús, sin tener nada propio, sino poniéndolo todo en común: “no consideréis nada como propio, sino tenedlo todo en común…, no con criterios de igualdad, porque no todos tenéis idéntica salud, sino conforme a la necesidad de cada cual. Pues así leéis en los Hechos de los Apóstoles: tenían todas las cosas en común y se distribuía a cada uno según su necesidad”. La Iglesia cristiana, nuestro Iglesia, debe tener esto siempre muy en cuenta: que la gente vea que vivimos como verdaderos hermanos. Si no nos ven así, no creerán en nosotros, por muchas bellas palabras que les digamos.
3.- En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. “Obras son amores y no buenas razones”; “dímelo hilando”; “el mundo actual necesita más testigos que predicadores”. Es fácil decir con palabras que amamos a Dios, pero es difícil demostrarlo con nuestras obras. Cristo nos dio un solo mandamiento, un mandamiento nuevo: que nos amemos como él nos amó. Si intentamos cumplir este mandamiento de Cristo somos buenos cristianos, si no hacemos todo lo posible por cumplirlo no somos buenos cristianos y no podemos decir que amamos de verdad a Dios. Él dice que ama a Dios, pero no ama a sus hermanos es un mentiroso, nos dice san Juan. La mejor prueba de nuestro amor a Dios es nuestro amor a los hermanos, es el cumplimiento del mandamiento nuevo de Jesús. Si el mundo ve que los cristianos queremos amarnos como Cristo nos amó, creerá en nosotros y, consecuentemente, creerá en el Cristo en el que nosotros decimos creer. La mejor manera que tenemos los cristianos para convertir nuestro mundo a Cristo es cumplir el mandamiento nuevo que él nos dio. ¡Que el cumplimiento del mandamiento nuevo de Jesús, sea la mejor prueba de nuestro amor a Dios!

3.- EL SEÑOR PENSÓ EN LOS QUE VENDRÍAMOS DESPUÉS
Por Antonio García-Moreno
1.- VENCER AL MUNDO.- Todos queremos ser amados y poder amar. Es como una necesidad vital del corazón humano. Si no se ama ni se es amado, la vida del hombre es algo baldío, seco, árido, truncado, roto, vacío. Ser amado y amar, la única felicidad que de veras puede llenar las ansias más íntimas del hombre.
Por eso precisamente Cristo llega a decir que la señal inequívoca de sus discípulos es la de amarse mutuamente. Tan importante es el amor que en él se resumen toda la ley y los profetas; es decir, toda la revelación de Dios. El amor es como la síntesis perfecta de todo lo que el Señor manda. Y es que el amor es parte integrante de la esencia misma de Dios. Y Dios quiere que lleguemos a ser un día como él mismo es, empezando ya aquí por medio del amor.
Abrirse a los demás, abrirse ante todo a Dios. Y desde la íntima unión con Dios volcarse hacia los hombres en perenne actitud de servicio. Sencillamente, hacer lo que Dios nos manda en cada momento, eso que nuestra conciencia, bien formada e informada, nos va dictando. Nada más y nada menos. Nos vemos desbordados, nos sentimos impotentes, incapaces de amar siempre, según el querer de Dios. Muchas veces nuestro corazón es ciego a la luz de Dios. Se empeña en seguir su propio camino. Y camina sin rumbo con los ojos tapados... Y entonces, al final de ese camino que parecía maravillosamente iluminado, se entra en el valle oscuro de la tristeza y el desengaño, víctima del poder del Príncipe de este mundo.
No, el amor que salva ha de conjugarse con la fe. La fe en Dios y en su palabra, la fe en Cristo, en su Evangelio, en la Iglesia que él fundó. Esa fe es la que nos conducirá a la posesión plena del amor, a la victoria sobre el maligno y sus secuaces.
El hombre tendrá que caminar por caminos escarpados, por senderos difíciles de recorrer. Muchas veces, menos de las que pensamos, se tendrá la impresión de vivir crucificados, cosidos a la cruz de la renuncia y de la generosidad. Pero todo eso es la prueba que garantiza la autenticidad del verdadero amor, y la purificación dolorosa del fuego, que hace posible el milagro supremo de amar y de ser amado con el más grande amor que existe, el único verdadero amor, el de Dios.
2.- EL VENCEDOR DE LA MUERTE.- "Al anochecer de aquel día, el primero de la semana..." (Jn 20, 19). Jesús se apresura a volver junto a sus discípulos y apóstoles después de resucitar. Él sabía lo tristes y decaídos que se encontraban después de su crucifixión y muerte. Él comprendía que los de Emaús iniciaran una dispersión que, de haber tardado un día más, hubiera sido general. Aquellos hombres no podían ni imaginar que Jesús atravesara ileso las barreras de la muerte. A pesar de que el Maestro lo había predicho, ellos ni le habían entendido, ni habían aceptado como posible tal realidad; lo mismo que no aceptaron entonces, ni comprendieron luego cómo era posible que el Mesías, el Rey de Israel, terminase sus días en una cruz.
El Maestro amaba entrañablemente a los suyos y no les toma en cuenta tanta incredulidad, aquella dureza de corazón para aceptar sus palabras. Por eso se llega hasta ellos y les saluda con la paz, como si nada hubiera ocurrido, como si no le hubieran dejado solo cuando más los necesitaba, como si todo siguiera igual. Y no sólo les da la paz; le confiere, además, unos poderes únicos y supremos, los de perdonar los pecados, los de ser continuadores de su misión salvadora, ser sus enviados lo mismo que él lo es del Padre.
Para hacer posible esa misión grandiosa, les comunica el Espíritu Santo, la fuerza misma de Dios que en Pentecostés vendrá con ímpetu y ardor los transformará en grandes pescadores de hombres, a ellos que eran unos pobres pecadores. Empujados por el viento divino alcanzarán los más lejanos puertos y pescarán en las más profundas aguas, realizarán la pesca más milagrosa de toda la Historia.
Hombres débiles eran, duros de mente para las cosas de Dios. Lo mismo que dudó Tomás, hubieran dudado probablemente todos los demás. Eran desconfiados, difíciles de convencer, hombres que se guiaban sobre todo por sus sentidos. Para creer no sólo tenían que ver sino también tocar.
Jesús volvió de nuevo, dándoles otra vez su paz, pasando por alto su rudeza e incredulidad. "Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente". Tomás cae rendido ante la evidencia y confiesa con humildad el señorío y la divinidad de Jesús. El Señor piensa entonces en nosotros, en los que vendríamos después y también quisiéramos, como Tomás, ver y tocar para creer. En aquella ocasión, para animarnos a creer, enuncia la última de sus bienaventuranzas, la felicidad inefable de quienes no necesitan verle para creer en él y para amarle sobre todas las cosas.

4.- LA PLATA Y LAS MARCAS
Por Javier Leoz
Al acercarnos a un objeto de plata, y sobre todo si es de cierto valor o de cierta antigüedad, comprobaremos con nuestros propios ojos y también al tacto que el fabricante dejó su impronta o identidad en el metal noble. Con ello se nos da a conocer varias cosas: su procedencia, su fecha o incluso su autenticidad.
1.Tomás, al igual que nosotros cuando nos hacemos con una joya de metal noble y miramos sus quilates o su autoría, también necesitaba encontrar huellas en el cuerpo de Cristo que denotasen que “ese cuerpo” era el mismo que había bendecido, multiplicado el pan, sanado enfermos, sufrido, burlado, crucificado y enterrado. No se fiaba de lo que llegaba a sus oídos y, mucho menos, de que Aquel del que hablaban fuera el mismo (la misma joya divina) que adornó su existencia y colgó por amor de cruz.
El corazón cerrado, hoy más que nunca, es un problema añadido para la Nueva Evangelización. Y no porque encontremos resistencias en los nuevos cristianos sino porque, en muchos casos, las mayores dificultades nos vienen de los que en teoría han sido bautizados en el nombre de Cristo pero han olvidado su procedencia: ni tan siquiera se preocupan por acercar los dedos de su vida en el Cuerpo de Cristo, en la familia de la Iglesia o en la gracia de los sacramentos. ¿Resultado? Incrédulos y ateos prácticos. En nada, o en poco se diferencian, con el resto que nunca escucharon nada sobre Dios o ni tan siquiera fueron bautizados. Son los nuevos Tomás de los tiempos de hoy. ¡Si no lo veo no lo creo! ¡Si no cambia la Iglesia, no creo! ¡Si los curas…! ¡Si el Papa…! ¡Si…! ¡Si…! ¡Si….!
2. Varios interrogantes se nos plantean en este segundo domingo de la Pascua. ¿Es nuestra fe sólida? ¿Responde con un conocimiento de Cristo? ¿Es comprometida o light? ¿Es oportunista o constante? ¿Duda en algunos momentos o es simple inercia?
Pidamos al Señor que le veamos con todas las consecuencias. Que lejos de exigir pruebas, como lo hacemos con el oro o la plata cuando compramos una joya y buscamos una marca de su autor, tengamos una adhesión firme y sin fisuras. En estos tiempos de dificultades en los que ser cristiano es poco menos que de héroes es cuando, nuestra fe, ha de ser una fe contrastada, formada, entusiasta, contagiosa y estimulante. Pero, para que ello sea así, primero hemos de sentir en nuestra propia mano que Cristo es el que es y que, por lo tanto, puede configurar nuestra vida con unos parámetros muy distintos a los que nos ofrece el mundo para alcanzar la felicidad, el bienestar, el modo de vida o los valores éticos y morales.
3.- No podemos consentir que diferentes problemas que sacuden a nuestra Iglesia Universal, nos atrincheren. Hoy, más que nunca, como los apóstoles tenemos que decir: “hemos visto al Señor”. Y, aunque algunos –con intereses mezquinos y destructivos- intenten callar o desautorizar la voz de la Iglesia, hemos de responder con la fuerza de nuestra fe, con el entusiasmo activo y efectivo de nuestro testimonio cristiano. No podemos dejarnos llevar, como decía el Papa Benedicto XVI, por murmuraciones que entre otras cosas debilitan, pero no consiguen su propósito: herir y a conciencia. Minar lo que, por cierto, es algo inquebrantable y sólido: CRISTO NOS ACOMPAÑA EN NUESTRA PASIÓN Y MUERTE, PARA LLEVARNOS A UN MAÑANA FELIZ. También, a nuestra Iglesia, le espera.
5.- ¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
Abriré las puertas, cuando  me llamen a tiempos y a deshoras
y, aun con incertidumbres o  dudas,
proclamaré que estás vivo y  operante
Que, en mis miedos y  temores,
me das la valentía de un  león
para hacer frente a mis  adversarios.

¡CON  MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
Ven, Señor, y como a Tomás  muéstrame tu costado
no para que crea más o menos
sino para sentir un poco el  calor de tu regazo.
Ven, Señor, y como a Tomás,  enséñame tus pies
no porque desee verlos  taladrados
sino porque, al  contemplarlos,
conoceré el precio que se  paga
a los que desean andar por  tus caminos
Ven, Señor, y como a Tomás,  dame tus manos
no para advertir los  agujeros que los clavos dejaron
sino para, juntando las mías  sobre las tuyas,
comprender que he de ayudar  al que está abatido
animar al que se encuentra  desconsolado
o servir con generosidad,
a todo hombre que ande  necesitado

¡CON  MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
Porque, sé que, los  Apóstoles
débiles y santos, con  virtudes y defectos,
nos han dejado esta Iglesia  que es Madre y sierva
Santa y pecadora, grande y  pequeña,
Rica y pobre, pero  esplendorosa
por la alegría de tu Pascua  Resucitadora
¡ALELUYA,  CREO CON TU IGLESIA, EN TI SEÑOR!

5.- INCRÉDULOS, COMUNISTAS Y PACÍFICOS
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Tomás no se oponía a la fe en el Señor, pero no creía, sin embargo, el testimonio de los Apóstoles. No le era posible aceptar la resurrección de Jesús, ni la "irracionalidad" del mantenimiento glorioso, no sangrante, de sus heridas. Si meditamos un tanto el tema nos damos cuenta que, dentro de un cierto orden de categorías mentales, se puede admitir la aparición perfecta del Señor, no con la presencia de sus antiguas heridas. Por eso, probablemente, Tomás no habla de tocar su rostro o estrechar las manos del maestro. Se plantea la inspección táctil de las heridas transformadas.
2.- El cuerpo glorioso de Jesús tomó una apariencia muy distinta, no es reconocido por María Magdalena, ni por los discípulos de Emaús. Ni tampoco por los discípulos reunidos en el interior de una casa. No es fácil –tampoco serio—especular con las diferencias visibles que experimentó el cuerpo del Señor al resucitar. Es uno de los misterios paradójicos que dan más fuerza a la verosimilitud del relato evangélico. Un "inventor" habría creado unos datos más fáciles, menos chocantes o difíciles. Tomás creyó después ardientemente, con la fe fuerte de los incrédulos. Por eso no nos deben asustar nuestras propias dudas porque de ellas saldrán grandes avances.
3.- En la primera lectura, sacada de los Hechos de los Apóstoles, nos presentan esa situación comunitaria y "comunista" en que los primeros cristianos se unían para compartir todo, absolutamente todo y no solo la propiedad. Dicen que los conventos son hoy una continuación de ese tipo de comunidad total. No hay duda que algunos suspiramos con nostalgia por ese ambiente de reparto de la propiedad privada. Pero no hay que engañarse. También se repartía el amor y el pensamiento, porque "todos pensaban y sentían lo mismo". En cualquiera de los casos no era una decisión impuesta y, por tanto, el engaño sería tan duramente castigado. Como en las profecías pacificas de Isaías no se puede evitar una gran emoción al ver instituida la paz, aquí ocurre lo mismo ante la posibilidad de obviar "el tengo y el quiero" por una actitud de igualdad fraterna y voluntaria.
4.- Lo que mejor define al cristiano es su amor del que genera paz por doquier. Ese sentido de lo pacífico es que lo que debería evitar la explotación económica que tiende a producir violencia sin límites. Se entiende muy bien que los Apóstoles decidieran tenerlo todo en común. No duró. Sin embargo, no por eso debe dejar de ser un anhelo de los seguidores de Cristo. Y todo ello inserto en una realidad pacífica y pacifista. Y la conversión no es otra cosa que pasar de incrédulos a creyentes. Y de ahí a pacíficos. Luego nos podremos hacer “comunistas” paro en paz sin violencias. El error de muchos movimientos de tinte cristianos que han buscado a ultranza la reforma social ha sido no hacerlo sobre una base de paz total. La Teología de la Liberación, al menos en alguna de sus concreciones, abusó de la violencia. La “lucha” pacífica es posible. Y ahí están ejemplos como los de Gandhi, Martin Luther King y, sobre todo, la proeza maravillosa de Jesús, Nuestro Señor.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ENCUENTROS DEL RESUCITADO
Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Desde mi quinto de bachillerato, más o menos 15 años de edad, para que estéis orientados, mis queridos jóvenes lectores, pasando después por el macizo curso correspondiente de apologética del seminario, hasta hoy, el episodio que nos narra la lectura evangélica del presente domingo, ha servido de ejemplo para demostrar, muy bien demostrada, la resurrección de Jesús. Pero este tipo de argumentación sirve excelentemente para discutir y quedarse cada uno con la suya. Es lo que sinceramente opino y que nadie se ofenda, aunque su actitud sea diversa.
2.- Por Santo Tomás, recordando aquellos tiempos de instituto de los que os hablaba, siento mucha simpatía. Le tengo en mis adentros, lo considero y hablo de él, como el apóstol científico, más que el evangelizador de la India, que no dudo pudo serlo. Es el Tomás que quiere pruebas y desconfía de entrada. Criterio fundamental de serio investigador. Quería tocar, ¡ingenuo de él! Me gusta con los niños, hacer aquella prueba del lápiz que roza los dedos cruzados y que hace creer que son dos ejemplares, siendo sólo uno, para que empiecen a desconfiar de los sentidos.
3.- Es algo así como lo que me pasa con el Santo Síndone de Turín o el Santo Sudario de Oviedo, de los que me intereso, leo y conservo libros y fotografías y me asombra los procesos científicos a los que someten estas venerables piezas, los expertos de los que no desconfío. Me interesan muchísimo, pero, os lo digo sinceramente, queridos jóvenes lectores, no enriquecen mi Fe, no me mueven a sentir dentro de mí mayor confianza en el Señor, no me exigen mayor rectitud de conducta. Me identifico con el Tomás que pretende meter el puño en la herida. Escucho al Señor lo que le dice a continuación. Imagino, son cosas y opiniones mías, que las palabras de Jesús, las pronunció sonriendo y en tono que implicaba una cierta ironía. (Alerta lectores del “Nombre de la rosa”, si todavía recordáis las disquisiciones de aquellos avispados monjes) .Si bien es verdad lo dicho, también añado que olvido los datos que me aportaron en aquella juventud mía, son cosas de la edad, pienso.
4.- Tomás reconociendo que Jesús es su Señor y abrazado humildemente a Él, es lo que me más emociona y aprovecha, al que más quiero, el que me convence. Un Dios rodeado de certezas, no dudo admitirlo, pero, lo que mi persona más ansía no son verdades físicas, ni siquiera trascendentes. Preciso aportación de Felicidad y Esperanza.
5.- El Jesús de mi sagrario, el que recibe mis cuitas y acompaña mi vida, lo experimento, ese es mi Dios y mi Señor. Y la de vosotros también, mis queridos jóvenes lectores. Agradezco al que recogió la advertencia posterior que pronunció el Maestro, al decir que más privilegiados somos los creemos sin tocar. Soy uno de ellos y que Dios me conserve esta Fe, que es puro don. Y la de vosotros también, mis queridos jóvenes lectores.


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