miércoles, 15 de abril de 2015

Evangelio de hoy jueves 16 de abril de 2015

II de Pascua, Ciclo B, Año Impar, Memoria: Santa María Bernarda Soubirous, Lit. de las Horas: Tomo II, II Semana del Salterio, Salmo 33

Primera Lectura 
Hechos 5, 27-33 

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles ante el sanedrín, y el sumo sacerdote los reprendió, diciéndoles: "Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre".

Pedro y los otros apóstoles replicaron: "Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen".

Esta respuesta los exasperó y decidieron matarlos.


Meditatio
Qué diferente modo de pensar de estos primeros seguidores de Jesús y de muchos de los que hoy nos decimos discípulos del Resucitado. 

Para ellos la Palabra de Jesús era verdaderamente Palabra de Dios, por lo que no se ponía ni en duda ni en discusión, y cuando llegaba el momento en que se tenía que decidir y tomar partido, eran claros: "Primero debemos obedecer a Dios y luego a los hombres", aunque esto les pudiera costar la vida. Hoy, no sólo se discute si es o no posible vivir los mandamientos (o algunos de ellos), sino que, por la manera de actuar, para muchos, el Evangelio no pasa de ser "otra opinión". Esto, lógicamente, hace que cuando se tiene que tomar partido o decidir entre los valores del Evangelio y los del mundo, la balanza se incline hacia el mundo.

Producto de esto es toda la injusticia que vivimos en nuestra sociedad, la falta de compromiso social, y la frialdad en muchos cristianos. Es necesario pedirle al Espíritu Santo que vitalice en nosotros el celo por el Evangelio y que fortalezca nuestra voluntad para que, como los apóstoles, podamos hacer siempre la voluntad de Dios, aunque ésta no agrade a aquellos con los que convivimos.


Oratio 
Enséñame, Señor, por la acción de tu Espíritu Santo, a tener siempre la disposición de obedecerte; que mi corazón tenga esa tendencia natural de buscar lo que es correcto a tus ojos y de descubrir tu querer. Mi vida te pertenece, Dios mío, por eso te pido tu gracia para vivir siempre conforme a tu voluntad.

Operatio 
Buscaré aquella cosa que sé que a Dios le agrada y que a mí tanto me cuesta hacerla y la haré en este día. 


El Evangelio de hoy 
Juan 3, 31-36

"El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él".


Reflexión 
Es interesante el binomio que utiliza San Juan en este pasaje. Fijémonos que dice: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida". De manera que no basta creer, sino que es necesario obedecer.

Esto lo refiero pues hay algunos hermanos que dicen: "Yo creo en Dios, incluso yo creo en Jesucristo pero "no voy a misa"; o algunos otros: "Yo soy un buen cristiano, pero en lo que se refiere a mis negocios, sigo la "ley del más fuerte". Este abismo que se va creando entre fe y vida, entre creer y obedecer es el que hace que la resurrección de Cristo no se manifieste con fuerza en muchas comunidades.

Es esencial creer, pero esto es fundamentalmente un don de Dios, pues quién puede creer que un hombre resucitó hace dos mil años y aún está vivo, si no es porque Dios se lo atestigua en el corazón; sin embargo, obedecer es una respuesta libre de nuestra voluntad a la fe en el Resucitado. Jesús nos probó que es Dios resucitando, probémosle que realmente creemos en su resurrección y en él mismo, llevando una vida conforme al Evangelio. Creo que es justo, ¿no?
 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

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