miércoles, 8 de abril de 2015

El problema del sultán Raices El viejo lobo y el león


Posted: 07 Apr 2015 03:30 AM PDT
El sultán estaba desesperado por no encontrar un nuevo recaudador.
— ¿No hay ningún hombre honesto en este país que pue­da recaudar los impuestos sin robar dinero? — se lamentó el sultán. Acto seguido llamó a su consejero más sabio y le ex­plicó el problema.
— Anunciad que buscáis un nuevo recaudador. Alteza —dijo el consejero,
— y dejadme a mí el resto.
Se hizo el anuncio y aquella misma tarde la antecámara del palacio estaba llena de gente. Había hombres gordos con trajes elegantes, hombres delgados con trajes elegantes y un hombre con un traje vulgar y usado. Los hombres de los trajes elegantes se rieron de él.
— El sultán, por supuesto, no va a seleccionar a un pobre como su recaudador —dijeron todos.
Por fin entró el sabio consejero.
— El sultán os verá a todos enseguida —dijo—, pero tendréis que pasar de uno en uno por el estrecho corredor que lleva a sus aposentos.
El corredor era oscuro y todos tuvieron que ir palpando con sus manos para encontrar el camino. Por fin, todos se reunieron ante el sultán.
-¿ Qué hago ahora? —susurró el sultán.
—Pedid que bailen todos - dijo el hombre sabio.
Al sultán le pareció extraña aquella medida, pero accedió, y todos los hombres empezaron a bailar.
—Nunca en mi vida he visto unos bailarines tan torpes
—dijo el sultán—. Parece que tienen pies de plomo.
Sólo el hombre pobre pudo saltar mientras bailaba.
—Este hombre es vuestro nuevo recaudador -  dijo el hombre sabio -. Llené el corredor de monedas y joyas y él fue el único que no llenó sus bolsillos con las joyas robadas.
El sultán había encontrado un hombre honrado.
Posted: 07 Apr 2015 03:30 AM PDT
"Cuanto más largo tenga que ser el camino hacia afuera,
más profundo deberá serlo hacia tu interior.
Sólo cuando tus raíces sean profundas,
tus frutos podrán ser abundantes".

Henri NOUWEN.
Posted: 07 Apr 2015 02:30 AM PDT
Un día ví un viejo lobo en la boca de una cueva excavada en la montaña. El pobre animal, apenas si podía moverse. Me preguté entonces ¿Cómo haría el viejo lobo para sobrevivir si no podía salir a buscar alimento?". Y me quedé largo rato mirándolo. Pasado un rato, vi aparecer entre los matorrales a un león que traía un cabrito muerto entre sus fauces, depositarlo junto al lobo, y marcharse en silencio, tal como había llegado.

Entonces me admiré de la sabiduría de Dios, que había puesto a ese león en el camino del lobo herido para que día a día lo alimentase.

Y decidí yo también abandonarme a la misericordia de Dios. Me recosté entonces en la boca de una cueva, confiado en la providencia divina que no tardaría en acercarme alimento. Pero pasaron los días, y nada ocurría. ¡Paciencia!- me dije- ¡Que se haga, Señor tu voluntad!

Días después, ya casi desfallecía de hambre, cuando escuché la voz de Dios que me decía: "¡Insensato! ¿Qué haces ahí tirado esperando que alguien venga a alimentarte? ¡Tú eres un león, no un lobo viejo!"

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