martes, 7 de abril de 2015

Homilía del Padre Ximo: DOMINGO de RAMOS 13 de abril del 2014
Entrada triunfal de Jesús
1. Encima de un pollino, hijo de una borrica.
2. Es la hora de Jesús
3. Bendito el que viene en nombre del Señor.
1. Encima de un pollino, hijo de una borrica. El Papa Francisco, quiere una Iglesia pobre, para los pobres. Jesús entra triunfal en una Jerusalén, invadida de peregrinos que vienen a celebrar la Pascua. Se acompañan de grandes cabalgaduras, carrozas y todos aquellos adornos que ostentan su riqueza o sus ofrendas para el Templo. Vienen a la Ciudad Santa, a celebrar la Pascua.
Olvidando la escena, tal como nos la cuenta el Evangelio, a lo largo de Historia, hemos querido dar una idea de triunfo, que hemos proyectado hacia una Iglesia triunfal, tan lejana al inicio del gran compromiso de Jesús, con las profecías, que se van a dar cumplimiento, a lo largo de esta semana.


Hemos llegado a anular, la importancia de la catequesis que Jesús ha intentado darnos con la puesta en escena, de un hecho, no necesario, en la Semana más trágica de su vida, pero a la vez más gloriosa.
Hemos traicionado la enseñanza de Jesús, que con su ridícula y pobre entrada en Jerusalén, nos anuncia una Iglesia montada en un pollino, pero nunca sobre un lujoso caballo. La entrada de Jesús en Jerusalén es la antítesis de las entradas triunfantes de los poderosos de este mundo. Las de entonces y las de ahora.
El Papa Francisco, se identifica con esa entrada humilde de Jesús y al decir una Iglesia pobre, hay que traducir una Iglesia humilde que no espanta a los pobres, cercana y cariñosa, carente de toda prepotencia.

2. Es la hora de Jesús.  A la luz del Evangelio, Jesús es director de escena y de guion. Sólo lo sabe Él y va conduciendo a los que le siguen. Ha llegado “su hora”, para lo que ha venido y debe cumplirse. El único que es consciente de la profecía que nos relata el hecho (Is 62, 11 y Zac 9.9). Se inicia la “hora de Jesús”. El inicio de su soledad.
El Papa Francisco, con sus gestos y actitudes, nos invita a reflexionar: En este Domingo de Ramos, ¿Escuchamos y atendemos a Jesús o vamos a lo nuestro? Aprendamos lo que nos quiere decir con esta escena, no exigida por el guion de la Pasión, pero necesaria para enseñarnos que hemos de imitarle “manso y humilde de corazón”. a lomo de un pollino.
Manifestar nuestra fe en Jesús. Nos lo ha dicho el Papa: no ha de darnos vergüenza.
Ponernos al lado de Jesús, no consiste en vitorearle sino acompañarle en esta antítesis de todo triunfo falso, soberbio, dominador de los humildes. Este es el estilo de los que se creen dominadores de los demás. ¡Cuántos desfiles de triunfadores hemos visto a lo largo de la Historia, de aquellos que vienen a esclavizar y no a liberar!
Solo Jesús, en su soledad, sabe la historia que hoy se inicia,
¿Estamos dispuestos a seguirle en una Iglesia humilde, misericordiosa, no prepotente, sin disfraces que engañen nuestra realidad?
Mi Reino no es de este mundo, mis triunfos son lo que suponen “que los ciegos ven, los cojos andan… los pobres son evangelizados”.

3. Bendito el que viene en nombre del Señor. Descubrir a Jesús. Esforzarnos en saber cómo es. Es otra de las insistencias del Papa Francisco. Todos los Papas han insistido en esa búsqueda, pero su estilo directo, como si tocáramos a Jesús, nos recuerda, muchas veces, que es jesuita y lo tiene como vocación primera, nos ha de llevar a unirnos a Jesús y exclamar sabiendo que viene a traernos un amor infinito, misericordioso, abierto a todos.
Si no nos sentimos hermanos, ni miramos con sus ojos, ni perdonamos con su corazón, no podemos decir, “Bendito el que viene…”.
Hemos de olvidar el “Creo” de una formula teológica, para transformarla, en el gozo de quien ha encontrado el mayor amor de su vida, el haber encontrado “el alivio por el cansancio y el agobio” de la vida.
Cuando nos sepamos libre de toda atadura, ídolos, nos dice el Papa, sabiéndonos pecadores, ya podemos decir “Bendito el que viene” porque solo su misericordia, nos resucita de nuestros pecados, entonces la palabra “Creo” se nos convierte en una exclamación amorosa, que da respuesta al “Sígueme” de Jesús.

Virgen de la Esperanza, del Amor más Hermoso, rogad por nosotros.
Padre Ximo Núñez Morant





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