martes, 7 de abril de 2015

Homilía del párroco Benjamín Oltra; Jueves Santo ‘14
El corazón humano está hecho para el trigo, no para la cizaña;
nadie, en su sano juicio, duda que la felicidad está en la bondad y el amor.
Hoy celebramos el día del amor fraterno y de la institución de la eucaristía.

Del amor fraterno porque si no se da el perdón humano, no se da el divino;
sin reconciliación humana no puede darse la reconciliación divina.
¡A ver si nos enteramos!: “Dios perdona como perdonamos”.
El perdón divino se realiza en el perdón humano.
Antes reconciliarse que confesarse. Primero la vida, luego el ritual.

Lo central y esencial del cristianismo es la vida, no lo es el ritual;
el ritual, el sacramento es la celebración simbólica de la vida.


La eucaristía es la celebración simbólica de nuestra vida comunitaria,
es la celebración del amor, de la unión y entrega fraterna que vivimos,
es expresión de la experiencia de la presencia real de Cristo entre nosotros.

Formamos una comunidad, vivimos atentos y cercanos los unos a los otros,
nada de lo que le pasa al prójimo nos resulta ajeno, rezamos juntos,
nadie puede sentirse solo ni abandonado estando a nuestro lado.

Los cristianos, por vocación estamos llamados a formar una gran familia.
La palabra “familia”, viene de “famulus” y puede significar:
“grupo humano que sacia su hambre en una misma casa”,
o, “conjunto de personas que se sirven mutuamente”.
Ambos significados nos valen, nos vienen bien.

Hoy es Jueves Santo, es el día del amor fraterno porque
ser cristiano conduce a servir y a saciar el hambre del prójimo.
Nuestra común-unión quiere expresar el amor que Jesús nos tiene.

Si no hay deseo ni esfuerzo por vivir en unión de amor y entrega
celebrarlo en un ritual no tiene ningún sentido. Ese no es nuestro caso.

A nosotros, lo que realmente nos importa es vivir eucarísticamente,
mucho más que realizar una solemne, bonita y correcta liturgia; pero,
también sabemos que es conveniente reforzar la vida celebrándola juntos.  
Justamente es lo que estamos haciendo y lo que estamos pidiéndole a Dios.

Os recuerdo que al final de los tiempos no se nos examinará de catecismo, sino de “Mt 25” : “Lo que a uno de estos hicisteis, a mi me lo hicisteis…”
La fe hace de los ricos, pobres para que los pobres sean menos necesitados.
Vivir “Mt 25” es más importante que la ley y el ritual, nos hace cristianos, bautizados o no, pero siempre ciudadanos del reino de Dios en este mundo.

En Jueves Santo celebramos el día del amor fraterno, que es el trigo,
y el de la institución de la eucaristía, que es la vida dada y compartida”.

El Jueves Santo celebramos también la institución de la eucaristía,
porque vivir eucarísticamente, vivir en comunión y en participación
es tan importante, si no más, que celebrar el sacramento de la eucaristía.
Pues sin amor, comunión y participación no hay eucaristía ni sacramento.

El sacramento es la expresión de la experiencia de una vida en el amor,
expresión simbólica y celebración de un modo de vida, el de Cristo Jesús.

Jesús nos mostró que lo sagrado está en lo secular, en el mundo, en la vida;
por eso su religión es para la vida y a su Padre se le encuentra en el mundo.
San Ignacio de Loyola, decía: “Encontramos a Dios en todas las cosas
y a todas las cosas en Dios”. De esto se trata.

Para encontrar a Dios en el mundo, en la vida y en todas las cosas
hay que ponerse a servir en y con humildad, ponerse a “lavar los pies…”
El “Lavatorio de pies” nos muestra que la humildad es la fuente de amor;
“los primeros serán últimos y los últimos, primeros”. Solo salva el amor.

El Jueves Santo es un buen día para recordar que
el bautismo nos confiere la fe y en la eucaristía la celebramos,
pero ni el bautismo ni la eucaristía son pasaportes para la salvación.
Son llamadas para una misión en este mundo: construir el Reino de Dios,
reino o reinado que realizaremos teniendo a Dios por nuestro único Amo.

Sabemos que vida y rito son necesarios y se complementan,
que la vida ha de vivirse de forma radical, nunca a medias
y el ritual, la celebración, nos lo recuerda y exige.
La palabra Misa, significa reunión de enviados.

Hoy, a la luz de las lectura de 1ª Cor 11,23-26  y de Jn 13,1-5,
memorial de la eucaristía y el lavatorio de pies,
recuerdo a D. Bonhoeffer, cuando afirmó:
“No podemos ser honestos, -los creyente-, sin reconocer, que hemos de vivir en el mundo etsi Deus non daretur, es decir, como si Dios no existiera”. A lo que Benito XVI, añadió: “Y a los ateos habrá que recordarles que han de vivir como si Dios existiera”.
Todos somos para todos, somos para los demás. Así queremos ser. AMEN.
 Párroco Benjamín Oltra





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