viernes, 17 de abril de 2015

Vía Crucis Jesus Habla

INTRODUCCION
Aquí nos tienes, Señor, para recorrer contigo el camino hasta el Calvario.
Queremos escuchar tus palabras dolorosas, grabarlas en nuestra alma, para que no olvidemos jamás la lección de tu cruz y de tu muerte.
Queremos, junto a Ti, aprender a morir y también aprender a vivir; aprender a vivir, plenamente, la vida que tú nos ganaste con tu dolor y tu sangre.
Que tu sangre caiga sobre nosotros perdonando y limpiando.
Te necesitamos, Señor. Eres el único de quien tenemos necesidad.
Ven a nuestra Vida con tu cruz y con tu muerte; esa es la única verdad. Todo lo demás es engaño y mentira.
Estamos locos cuando nos apartamos de Ti.
Sólo tú puedes llenar nuestro corazón.
Ven, Señor, a nuestra vida o moriremos.




1ªestación: JESUS CONDENADO A MUERTE
No eches la culpa a nadie.
No fue sólo Pilato quien me condenó a muerte.
Fuisteis, y sois, todos vosotros los hombres;
todos habéis gritado en vuestra vida:
¡No queremos a ese! ¡No tenemos más Rey que el César! ¡No tenemos más Rey que el dinero, la venganza, el placer!
Acepto. ¡Moriré! Solamente quisiera saber:
¿Por qué? ¿Por qué me rechazas,
por qué no me amas, por qué me condenas? ¿Qué te hice?
¿En qué te contristé?
Pueblo mío, respóndeme.







 2ª estación: JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS
El que quiera ser discípulo mío que tome su cruz y me siga. Yo voy el primero.
Todos tenéis que llevar vuestra cruz.
A todos os costará, como me cuesta a mí.
Yo llevo vuestra cruz,
la que merecisteis vosotros, pecadores;
pero de mis hombros pasa el largo madero del dolor hasta vuestros hombros;
todos vamos llevando la cruz.
Mas la cruz te puede hacer un santo
o un rebelde blasfemo.
Ante el dolor, la muerte, la injusticia,
la persecución; cuando la rebeldía se levante en tu corazón, mira a la cabeza de la procesión de todos los que sufren:
Allí estoy yo, tu Dios, llevando la cruz.










3º CAE EL SEÑOR POR PRIMERA VEZ
Aquí me tienes, tirado por los suelos.
No puedo más. Ten compasión de mí.
Quítame este madero, ¡es más tuyo que mío!
Es tu pecado que me oprime.
No te apartes.
Mírame, al menos, a los ojos;
quiero saber si te burlas, si te ríes,
si eres indiferente.
Quiero saber si me odias o me amas.
Continuaré mi camino:
quiero que sepas hasta dónde te amo;
quiero que sepas lo que vales,
lo que supones para mí.








4ª JESUS ENCUENTRA A SU MADRE
Lo esperabas, ¿verdad, madre mía?
Ah no, no son malos, es que no saben lo que hacen.
¡Los hombres! Los amo tanto... Tú lo sabías desde siempre. No llores; sufre solamente.
Quiero que no te pierdas nada.
Sube al Calvario conmigo. Sufre, madre.
No quiero librarte de nada.
Serás para siempre la madre dolorosa,
la más dolorosa.
Al pie de la cruz aprenderás cómo es el corazón del hombre; al pie de la cruz aprenderás a amarlos con locura;
allí serás la madre de todos;
todos los hijos que aman a sus madres te quieren a ti.
Gracias, madre. El Señor ha estado siempre contigo,
y tú siempre con el Señor, también ahora,
camino del Calvario.









5º EL SEÑOR AYUDADO POR SIMÓN EL CIRINEO
No importa que lo hagas a la fuerza.
Gracias, Simón. Yo no podía más.
Eres el padre de muchos hombres, que llevarán mi cruz a través de los siglos.
La cruz de su dolor, de su humillación, de su pobreza,
de sus pecados; la llevarán sin saber que es la mía;
como tú no sabes que la que llevas es la cruz de Dios.
Los que sufrís, hermanos, mirad a este hombre bueno
llevar mi cruz; sabed que todos sois mis cirineos,
que todos me acompañáis hasta el Calvario.
No hay hombres sólo para clavar;
también los hay para llevar la cruz.
Yo he santificado vuestro dolor.
















6ª LA VERONICA SALE AL ENCUENTRO DE JESUS
Ya casi no veía.
Esta sangre que caía hasta los ojos era de las heridas de las espinas.
Ahora sí; ahora que me has limpiado el rostro con tu lienzo, ahora sí, veo mejor a los hombres, que no se conmueven;
veo a los niños asustados;
veo a las mujeres, tus hermanas, que sufren.
Nadie se ha atrevido;
¡ah!, cuántos cobardes a mi alrededor;
no sólo ahora, esto será siempre;
cuántos de ahora y de después se creían amigos míos
y no lo eran ni para limpiarme el rostro de sangre.
¡Cuántos me dejarán pasar así, manchado y sucio!
Pero tú has sido valiente, no has tenido miedo,
y te has acercado y me has limpiado el rostro.
Ya casi no veía.






7ª CAE EL SEÑOR POR SEGUNDA VEZ
Aquí me tienes, otra vez, por tierra.
La hice con mis manos esta tierra que ahora me es tan dura; de ella os hice a todos vosotros.
Pegad, hermanos; sólo a golpes podré levantarme.
Es que no puedo más. No tengáis compasión de mí;
quiero llegar hasta el fin. Levantadme.
Han sido tantos vuestros pecados,
que me aplastan...
Yo he cargado con ellos y todos los borraré en la cruz,
en esa que lleva el Cirineo.
Levantadme. Quiero llegar hasta el fin.
Cuando todo termine, acuérdate que me viste
por los suelos caído.
¡Cuántas veces lo he estado en tu vida!
No vivas en pecado; levántame;
no me dejes caído en tu alma tanto tiempo;
quiero llegar hasta el fin.








8ª JESUS HABLA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
Llorar, no. Sufrir. No lloréis por mí.
Sufrid por vosotras y por vuestros hijos.
No quiero espectadores de mi pasión.
¡Vosotras que lloráis al borde del camino, callad!
No es hora de llorar; es hora de sufrir y de amar:
de sufrir por los hombres, de amar la redención.
Entrad en el misterio. Lloráis de compasión;
pero no basta.
No lloréis por mí, sufrid por los hombres;
por los que me rechazan, por los que me condenan,
por vuestros hijos, que pidieron mi muerte ante Pilato.
¡Llorar, no. Sufrir!






9ª CAE EL SEÑOR POR TERCERA VEZ
No; no me matéis aún; estamos cerca, llegaré.
Está el Calvario a cuatro pasos;
dejadme respirar en el suelo.
Dejadme pensar en vosotros,
en los que han de venir detrás de vosotros
y me han de ver caído y no me han de hacer caso.
Los conozco a todos.
Tú me ves aquí, cristiano;
¿hasta cuándo me vas a tener así en tu vida?
No tengas miedo; ¡acércate! ¡No te haré nada, no puedo!,
sólo quiero que me mires; que veas mis ojos llenos de amor; que creas en mí, que me ames.
Quiero que te conmuevas,
que sientas vergüenza de ser así conmigo;
que sientas dolor de ofenderme, de tirarme por los suelos.
Aquí estoy, caído. Podéis hacer de mí lo que queráis;
sabéis que, a pesar de todo, os amaré.
Golpeadme, pisadme, despreciadme. No importa.
¡Siempre os amaré!

10ª JESUS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
Lo siento por ella, por mi madre;
ahora que me habéis desnudado, ha visto ella todas mis heridas; ahora lo sabe todo;
siento más su vergüenza que la mía.
¡Pobre madre!
Avergonzaos, hombres, de lo que estáis haciendo:
desnudar a Dios con vuestras manos...
Pero... hacedlo. Quiero morir hermano de todos los pobres; quiero clavar en la cruz todas las miserias de los hombres; quiero lavar todas vuestras vergüenzas.
A través de los siglos, desnudo, estaré en tantos cristianos que profanan su cuerpo, su cuerpo que me pertenece.
Avergonzaos, hombres, de lo que estáis haciendo.
No lo siento por mí, lo siento por ella, mi Madre.





11ª JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ
Ahí está, clavado, entre el cielo y la tierra.
Es mi hijo, vuestro hermano.
Ese cuerpo nació de mis entrañas.
¡Qué bello era! Esas manos clavadas,
¡qué suavemente acariciaban!
Esos pies clavados, ¡qué gozosos estaban sobre mis rodillas cuando me abrazaba de niño!
Ese rostro dolorido, ¡qué cielo era cuando estaba dormido!
¡Es mi hijo! Pero ya no me pertenece. Es vuestro.
Os lo entregué en vuestras manos, vuestras manos pecadoras. ¿Qué habéis hecho de Él?
Él os amaba, yo lo puedo jurar. Él os amaba con locura.
Nunca hizo mal a nadie. Desde la eternidad pensó siempre con amor en vosotros y lo habéis clavado en la cruz,
y le insultáis con vuestros gritos,
y le amenazáis con vuestros puños
Mirad, está muriendo por vosotros.
Es mi hijo, vuestro hermano.



12ª JESÚS MUERE EN LA CRUZ
No hay dolor como ver morir a un hijo, y aquí está:
muerto, inmóvil, el Hijo de Dios y de mis entrañas.
¡Ya habéis terminado vuestra obra! Podéis estar satisfechos los hombres.
Ya está muerto. La tierra está manchada con su sangre,
con su sangre que grita hasta los cielos gritos de perdón y de amor. No habéis sido vosotros solos los que lo matáis; vosotros sois la humanidad entera,
que ha reunido aquí todos sus pecados.
Ya está muerto. Ya no puede sufrir. Pero esta muerte la llevarán en sus corazones miles de hombres pecadores; cada corazón será un calvario cuando peca contra Dios.
Y junto a todos los calvarios, estaré yo en pie, viendo a mi hijo muerto en vuestras almas.
Vosotros que habéis visto cómo ha muerto,
no volváis nunca a crucificarlo en vuestro corazón;
es Hijo de Dios y de mis entrañas.








13ª JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE
Ha muerto. Ahora sí, ya me puedo acercar. ¡Es mi hijo! Dejadme abrazarlo. Dejadme darle el último beso.
Es el mismo, desfigurado, herido, muerto; pero el mismo. Murió amando; miradlo en los ojos abiertos, sin vida, pero ojos de amor.
Los que lo habéis matado, vosotros, los de todos los siglos, pecadores, venid a verlo, murió amando.
Los que lleváis a Cristo muerto en vuestra alma, venid a mí, soy su madre;
quiero tenerlo, y os quiero tener en mis brazos.
Quiero sufrir, también, junto a vosotros,
muertos por el pecado; quiero daros la vida,
ser plenamente vuestra madre.
El pecado, sólo él, ha puesto así a mi hijo, al que tengo muerto entre mis brazos. Ha muerto por salvar vuestra alma, por darle vida; no estéis muertos vosotros, los que ya sois mis hijos; los hijos de mi corazón doloroso.




14. JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO
Han cerrado el sepulcro. Mi soledad es total. Ya no lo tengo. Pero este sepulcro no es eterno.
Resucitará al tercer día, como dijo.
Vivirá para no morir jamás.
Saldrá radiante del sepulcro como un sol.
Pero no tiene este sepulcro solamente.
Hay muchos corazones que lo tienen encerrado, muerto, sin salir a la vida.
¿ Qué hacen los cristianos con Cristo muerto en su vida? ¿Qué hacen viviendo en pecado mortal?
Ante estos sepulcros estaré yo velando eternamente;
ante los que están muertos y debían vivir.
Esperaré amorosa el resurgir de tu alma;
esperaré amorosa ante tu sepulcro;
porque tú también eres mi hijo.
¡Porque también te quiero tener vivo



No quisiera, Señor, que terminase este trayecto hasta el Gólgota
sin manifestarte mi más profundo agradecimiento por
la ofrenda de tu vida en la cruz.
Tú nos dijiste Señor, que al final del camino,
la luz se impondrá a la tiniebla
la verdad sobre la mentira
tu Reino sobre los falsos castillos levantados por el hombre
y la vida sobre la muerte.
Descansa, Señor, pero vuelve pronto.
El mundo te necesita
El hombre quiere vivir
y la tierra, perdida en una oscura noche,
anhela el horizonte de un mañana mejor.
Que tu Resurrección, Señor,
sea la gran maravilla de este vía crucis que hemos seguido
desde la oración y la esperanza en tus palabras.
Que tu cruz, Señor nos haga ver la luz
Que tu muerte, Señor, sea semilla de Resurrección
Que tu sangre, Señor, sea el precio por nuestra redención.
Amén.
http://www.javierleoz.org/Javier%20Leoz/CUARESMA%2007/CARTEL%20VIACRUCIS.htm

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