miércoles, 10 de junio de 2015

Salud de la Botica del Señor (XII) de Maria Treben


CONSEJOS PARA CURAR ENFERMEDADES MALIGNAS
BAJO VIENTRE (ovarios y matriz)
Se prepara una mezcla de hierbas con 300 g. de Maravilla y 300 g. de Milenrama. Con 6-8 cucharaditas repletas de la mezcla se prepara diariamente de 1,5 a 2 litros de infusión que se bebe a lo largo del día a sorbos espaciados. Tres cucharadas soperas de Hierbas Suecas se diluyen en un poco de tisana y se beben repartidas antes y después de cada comida.
Además hay que tomar cada semana baños de asiento de Milenrama (véase en Modos de preparación »Milenrama«). Después del primer baño se vuelve a mezclar el líquido con las hierbas y así se puede utilizar el baño hasta tres veces, volviéndolo a calentar cada vez. Si el enfermo lo soporta puede tomar cada día un baño de Milenrama. En caso de dolores conviene aplicar además cataplasmas al vapor de Cola de caballo y compresas de Hierbas Suecas (véase en »Tumores«).
He aquí una carta de una señora de R./RFA del 4 de febrero de 1980: »Siento la necesidad de escribirle y darle las gracias. En diciembre de 1978 estuve cuatro meses en el hospital a causa de dos vértebras fracturadas. Durante ese tiempo tuve ocasión de estudiar detenidamente su folleto. En febrero de 1979 mi cuñada fué dada de alta en el hospital por un cancer abdominal incurable. Los médicos le dijeron a mi hermano que a su mujer sólo le quedaban unas cuatro semanas de vida y que ya no había ningún remedio para ella. La enferma ya no podía comer nada y el cuarto olía a podrido. Entonces empezó con el tratamiento de las hierbas según su folleto. Bebía cada día dos litros y medio de una mezcla de tisana compuesta de Milenrama, Ortiga y Maravilla; por la mañana, a mediodía y por la noche tomaba una cucharada sopera de Hierbas Suecas diluida en infusión. También se aplicaba compresas de Hierbas Suecas sobre el vientre. Al poco tiempo volvió a tener apetito, empezó a comer y ya no se olía a podrido en su cuarto. Después le salieron de la vagina unos grumos negros. Al principio se asustó mucho, pero se trataba simplemente de la depuración. Hoy ya se ocupa de sus quehaceres, prepara la comida y sale de paseo. Su médico de cabecera que recibió el informe del hospital no había conocido nunca un caso semejante. Pero nosotros sabemos que son los milagros de la botica del Señor.«


ESTOMAGO
En este caso se aplica de día durante cuatro horas una compresa de Hierbas Suecas sobre el estómago, si es posible conviene que el enfermo esté esas cuatro horas fuera de la cama. Pero en este caso hay que cubrir bien la compresa con un paño para que no se enfríe por la evaporación. Durante la noche se aplican cataplasmas al vapor de Cola de caballo. Si se presentan dolores fuertes conviene aplicar estas cataplasmas por la mañana y por la tarde durante dos horas y en la cama (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas de hierbas frescas al vapor«).
Aparte de las cataplasmas y compresas hay que tomar de 1,5 a 2 litros de infusión de Ortiga y Maravilla (conviene que las hierbas sean frescas), en partes iguales, a sorbos espaciados. Contra el cáncer de estómago incipiente ayuda el jugo fresco de Aleluya, de 3 a 5 gotas por hora, con la infusión arriba indicada.
Un veterano de la guerra me escribió en julio de 1979: »Cuando en 1947 salí del campo de prisioneros tenía cáncer de estómago. Tres médicos me mandaron a casa como un caso incurable. No me quedaba otro remedio que la naturaleza de nuestro Señor y me dispuse a buscar las hierbas adecuadas: Ortiga, Milenrama, Diente de león y Llantén de cuyo jugo tomaba cada hora un trago. A las pocas horas ya noté un gran alivio, sobre todo que el estómago ya no rechazaba lo poco que conseguía comer. Fue mi salvación. Desde entonces me dediqué con gran cariño a las plantas medicinales y pude experimentar con ellas muchas curaciones maravillosas. Nuestro Señor las ha dotado de grandes virtudes. Ahora comprenderá usted el porqué siento tanta simpatía hacia las personas que siguen el mandamiento del amor al prójimo sirviéndose de las plantas curativas y experimentando un milagro tras otro. Por eso, no se deje usted abatir por ciertas críticas que en realidad sólo provienen de fuerzas negativas. La inmensa alegría por las curaciones con hierbas sobrepasa en mucho las imperfecciones humanas que nos causan a veces tantas dificultades.«
GLANDULAS LINFATICAS
Se llena una botella hasta el gollete con Mayorana de la última cosecha, se cubre todo de aceite de oliva y se deja 10 días en maceración al sol o cerca de la lumbre. Con ese aceite de Mayorana se untan las glándulas enfermas, lo mismo que con pomada de Maravilla o aceite de Hipérico (véase el capítulo »Maravilla« e »Hipérico«).
Con las hojas frescas de Llantén mayor o menor, o también con hojas de Petasita (pertenece a la misma familia que la Fárfara y sus grandes hojas se encuentran a orillas de los arroyos y en los linderos húmedos de los bosques) o Galio fresco o tallos y hojas frescos de Maravilla, que se lavan y se machacan en el mortero, se hacen compresas que se aplican alternativamente sobre las glándulas dañadas. El enfermo notará él mismo, cual de las plantas le sienta mejor. Es importante que las hierbas estén mojadas en el momento de machacarlas porque así el agua extrae mejor el jugo.
Si ya ha tenido lugar una intervención quirúgica se pueden aplicar aparte de las cataplasmas de plantas frescas, compresas de Hierbas Suecas, de una duración de cuatro horas. También se recomiendan fricciones con Hierbas Suecas y cataplasmas al vapor de Cola de caballo. Las compresas y cataplasmas se aplican estando en la cama (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas al vapor«). Por vía interna es imprescindible tomar a sorbos espaciados durante el día, de 1,5 a 2 litros de una infusión de la siguiente mezcla de tisana: 300 g. de Maravilla, 100 g. de Cola de caballo y 100 g. de Ortiga. Por cada cuarto de litro de agua se toma una cucharadita colmada de la mezcla. Además conviene tomar diariamente 3 cucharadas soperas de Hierbas Suecas, diluidas en tisana y distribuidas antes y después de las comidas.
Las afecciones malignas de las glándulas linfáticas suelen ir acompañadas de una hinchazón endurecida de los brazos o las piernas, como la llamada elefantitis. Los brazos y las piernas empiezan a hincharse, se vuelven insensibles y duros y el enfermo tiene la sensación de que sus miembros son como unos palos que cuelgan de su cuerpo. En este caso se puede aplicar cataplasmas de hierbas frescas, como hemos indicado antes, empezando por las glándulas linfáticas y cubriendo, si se quiere, todas las partes entumecidas. Un remedio excelente contra este mal son las hojas de Pánace heraclio (Heracleum spondylium), una planta vivaz con umbelas entre blanquecinas y un rosa claro, que se cría en los prados y escombreras húmedas, a orillas de los cultivos y entre los matorrales sombreados. Sobresale en los prados y en los bordes de los campos por su porte vigoroso y sus hojas grandes que se dividen y subdividen formando a modo de garras de oso. Estas hojas son también un pasto excelente para los conejos. La campesina donde compro la leche me contó que las vacas siempre escogen entre el forraje, primero estas hojas. De las hojas de Pánace heraclio se recolecta una cantidad grande, se lavan y se machacan, todavía mojadas. Se aplican en forma de cataplasma sobre las partes enfermas, se venda todo bien y se deja actuar toda la noche. El enfermo siente, como por milagro, un gran alivio en su estado desesperado.
Asimismo ayudan los baños con Malva, que se pone a remojo en agua fría durante la noche. Con estos baños se disminuye poco a poco la tumefacción. El jugo fresco de Aleluya, también suele dar buenos resultados untando con él las tumefacciones endurecidas (véase en »Aleluya«).
HIGADO-CIRROSIS
Dos tazas diarias de infusión de Licopodio, una por la mañana en ayunas y la otra por la noche media hora antes de la cena, ayudan tanto contra la cirrosis como contra enfermedades malignas del hígado. Se toma una cucharadita rasa de hierba por cada cuarto de litro de agua. Con esta infusión se suprimen instantáneamente las dificultades respiratorias características de estas dos enfermedades. Aparte conviene aplicar sobre la zona del hígado, diariamente, durante cuatro horas, compresas de Hierbas Suecas (véase en Generalidades »Compresas«).
Cataplasmas al vapor de Cola de caballo se aplican durante la noche y además dos horas por la mañana y dos horas por la tarde estando en cama. (véase en Generalidades »Cataplasmas de hierbas al vapor«). — Las compresas y las cataplasmas hay que cubrirlas y envolverlas bien para evitar un enfriamiento por evaporización.
HUESOS
Se toman cuatro tazas al día de infusión de Milenrama, ya que esta hierba activa la formación de la sangre en la médula. Además hay que tomar dos tazas de infusión de Maravilla y dos tazas de infusión de Ortiga para purificar la sangre (procúrese emplear las plantas frescas). Por cada cuarto de litro de agua se toma una cucharadita repleta de hierba. Aparte se diluye antes de cada comida (tres veces al día) una cucharada sopera de Hierbas Suecas en una taza de infusión y se bebe la mitad antes y la otra después de la comida.
Varias veces al día se hacen fricciones con tintura de Milenrama (véase en »Milenrama«), tintura de Consuelda (véase en »Consuela mayor«) y Hierbas Suecas. En el caso que se haya formado un tumor en el hueso, hay que seguir el tratamiento contra »Tumores malignos«. Si los dolores en el hueso se deben a metástasis, se debe tratar la parte del cuerpo de donde provienen.
INTESTINOS
Una cucharadita rasa de raíz de Cálamo se deja en maceración con un cuarto de litro de agua fría durante la noche; al día siguiente se calienta y se cuela. De esta maceración se toma antes y después de las comidas, cada vez un trago, que son seis tragos diarios; no es necesario tomar más. Además se prepara la siguiente mezcla de hierbas: 200 g. de Maravilla, 100 g. de Milenrama y 100 g. de Ortiga, todo bien mezclado; por cada cuarto de litro de agua se toma una cucharadita de la mezcla para preparar la infusión. La ración diaria es de 1,5 a 2 litros. El enfermo debe tomar exactamente cada 15 ó 20 minutos un trago; así la infusión se absorbe bien en el estómago. La experiencia ha demostrado que mediante esta infusión el enfermo recupera el apetito.
Antes de las comidas principales (3 veces al día) se diluye una cucharada sopera de Hierbas Suecas en media taza de la infusión (de la ración del día) y se bebe la mitad de esa cantidad media hora antes y la otra mitad media hora después de cada comida a sorbos espaciados. Si al enfermo no le sienta bien esa dosis de Hierbas Suecas, se puede reducir a una cucharadita por cada media taza.
La infusión debe mantenerse caliente en un termo. Además se aplican compresas de Hierbas Suecas sobre todo el vientre. Para ello se moja un pedazo grande de algodón con las gotas y se extiende sobre toda la barriga. Cataplasmas al vapor de Cola de caballo también alivian los dolores. Por eso se deben repetir todo lo que se pueda. Conviene aplicarlas por la mañana y por la tarde estando echado, cada vez durante dos horas y más adelante durante toda la noche (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas de hierbas al vapor«).
El 1 de octubre de 1979 vino desde Hamburgo el matrimonio Helmut y Berta E. para agradecerme la ayuda prestada a través del folleto »Salud de la botica del Señor«. La señora Berta E. que ahora tiene 53 años, tuvo un tumor en el bajo vientre como consecuencia de una caída de la escalera y padecía dolores muy fuertes. En enero de 1977 fue operada en una clínica de Hamburgo, pero resultó que el tumor era inoperable a causa de las múltiples adherencias. Después de siete semanas de estancia en el hospital y la pérdida total de su cabello, la mandaron a casa en febrero 1977. Entonces la señora Berta ya sabía que tenía cáncer. En noviembre de 1978 ingresó otra vez en el mismo hospita. Esta vez le abrieron el vientre por la parte derecha. Recibió nuevamente un tratamiento clínico durante siete semanas. En febrero de 1979, durante una cura postoperatoria, se diagnosticó la presencia de un tumor quístico del tamaño de una cabeza de niño en la parte superior izquierda del abdomen. El 20 de marzo 1979 operaron de nuevo a la mujer. Según el diagnóstico se habían registrado metástasis, sin duda alguna. Durante cinco semanas nutrían a la enferma artificialmente sin que se manifestara ninguna mejoría. Devolvía instantáneamente todos los alimentos, incluso los semilíquidos.
En aquella época los médicos informaron al marido que su mujer no tenía ninguna esperanza. La
pérdida de peso de 80 a 62 kg. hablaba por sí sólo. Pasando por aquel difícil trance alguien regaló al señor Helmut E. mi folleto »Salud de la botica del Señor«. Compró enseguida, en una farmacia de Hamburgo, unos litros de Hierbas Suecas, Maravilla, Milenrama y Ortiga, así como raíz de Cálamo aromático. Con la aprobación de los médicos de la clínica se le aplicaron a la enferma compresas de Hierbas Suecas sobre todo el vientre, tal como está descrito en el folleto. También tomó la mujer las infusiones de hierbas y los seis tragos de maceración de raíz de Cálamo.
A las 48 horas del tratamiento, se constató un cambio inesperado que dejó pasmados a los médicos del hospital y a todas las personas interesadas. La mujer mejoró tan rápidamente, que a los 10 días, el 24 de abril de 1979, pudo salir del hospital para seguir el tratamiento en casa. Hay que añadir que la señora E. todavía estaba tan floja que tuvo que permanecer varias semanas en cama.
En casa siguió concienzudamente la terapia de hierbas y tisana. Su estado general mejoró de semana en semana. El apetito se podía considerar como bueno y el peso iba aumentando continuamente. El señor E. me escribió más adelante, es decir, el 8 de agosto de 1979, diciendo que tal »milagro se debía a la gracia de Dios«. Muchos de sus amigos, conocidos y familiares se han aficionado a las hierbas medicinales. Al final de la carta escribe entre otras cosas: »Mi mujer y yo autorizamos explícitamente la publicación de ,nuestro caso', para infundir así nueva esperanza a las personas enfermas que buscan ayuda.»
LARINGE
Sobre todo se necesita Malva fresca. Esta planta pierde al desecarla la tercera parte de sus virtudes curativas. Por esto es muy importante que se utilice la hierba fresca, que se deja en maceración durante la noche. La ración diaria son dos litros y medio de la maceración: cuatro tazas para beberlas en el curso del día y seis tazas para hacer enjuagues y gargarismos. Por cada taza se toma una cucharadita repleta de la hierba. Por la noche se deja en maceración con agua fría y al día siguiente se calienta ligeramente y se cuela. Después se puede guardar la tisana en un termo previamente enjuagado con agua caliente o se calienta cada vez al baño María. Cuatro tazas se toman a sorbos espaciados y seis tazas se emplean en gargarismos y enjuagues. Estas diez tazas curan muy pronto las afecciones malignas de la laringe, aun cuando la enfermedad esté en el último estado. Los residuos de la maceración diaria se guardan y por la noche se calientan con un poco de agua; después se mezcla todo con harina de cebada (que venden en molinos o tiendas dietéticas) y se calienta nuevamente. Con esta papilla caliente se hace una cataplasma que se aplica sobre la laringe y se venda bien, cubriendo después todo con un paño caliente. Después de la primera aplicación ya notará un alivio; a veces recobra la voz después de 4 ó 5 días de tratamiento.
Contra las afecciones del esófago se sigue el mismo tratamiento indicado arriba. Aparte de las cataplasmas calientes con harina de cebada, se aplican durante la noche cataplasmas al vapor de Cola de caballo (véase en Generalidades »Cola de caballo«) y se hacen gargarismos profundos con Galio recién cogido (véase también en »Lengua«).
LENGUA
Galio recién cogido se tritura, se escalda con agua hirviendo y se deja reposar brevemente. Se necesita por día de 6 a 8 tazas de esta infusión; por cada taza se toma una cucharadita repleta de Galio. Durante el día se van haciendo enjuagues y gárgaras bien profundas sin tragar el líquido. Sólo se bebe un trago de vez en cuando. La hinchazón desaparece muy pronto y los dolores se calman a veces ya después de 4 ó 5 días. En la mayoría de los casos la radioterapia ya no es necesaria. Haciendo enjuagues y gárgaras y bebiendo infusión de Galio se cura el enfermo muy rápidamente.
LEUCEMIA
Se recomienda la siguiente mezcla de hierbas:      
30 g. de Ortiga
20 g. de Verónica      
30 g. de brotes de Saúco       
15 g. de Hipérico
25 g. de Galio
30 g. de Maravilla     
25 g. de Ulmaria
25 g. de Milenrama   
30 g. de Celidonia     
15 g. de raíz de Diente de león.

Para preparar la infusión se toma de esta mezcla, por cada cuarto de litro de agua una cucharadita colmada. A lo largo del día hay que beber por lo menos dos litros a sorbos espaciados. Es muy conveniente utilizar las hierbas recién cogidas, aunque sean sólo algunas de las indicadas. Como en la mayoría de los casos la leucemia tiene su origen en el bazo, hay que tomar aparte 6 tragos de infusión de raíz de Cálamo aromático, que se prepara de la siguiente manera: una cucharadita rasa de raíz de Cálamo se deja en maceración durante la noche con 1/4 I. de agua fría; por la mañana se calienta y se cuela. De esta tisana se bebe antes y después de cada comida un trago. Además se toman diariamente 3 cucharaditas (se puede tomar hasta 3 cucharadas soperas) de Hierbas Suecas diluidas en 3 tazas de infusión de hierbas. Esta cantidad se debe beber distribuida media hora antes y después de cada comida.
Se recomiendan también compresas de Hierbas Suecas, de duración de cuatro horas, aplicadas sobre la zona del hígado y bazo, así como cataplasmas al vapor de Cola de caballo (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas de hierbas al vapor«). Conviene evitar toda clase de ácidos, como naranjas, limones, pomelos, jugos de fruta, fruta ácida o cruda, así como comidas con mucha sal y especies, embutidos y carne grasa. Compota de manzana se puede comer toda la que se quiera.
A principios de noviembre de 1978 vinieron a mi casa unos padres desesperados con un hijo que apenas tenía 6 años: Peter W. de N./ RFA tenía leucemia en el último estadio. Todo había empezado en mayo 1978 con fiebre y dolores en las piernas. Como su estado no mejoraba, Peter ingresó a principios de julio 1978 en el hospital de Mannheim donde permaneció once semanas. Cuando salió del hospital no había mejorado. La primera vez que vi a Peter, ya se le había caído el pelo, estaba muy pálido y cansado y sin ganas de comer. Tenía ojeras muy marcadas y se veía que estaba gravemente enfermo.
El niño se reanimó enseguida después de tomar el primer baño de Serpol (véase en »Serpol« Modos de preparación) que prepararon los padres según mi consejo. El mismo baño lo utilizaron tres veces, mezclando cada vez, después del baño, las hierbas con el líquido y calentándolo antes de utilizarlo. Después empezó a tomar la mezcla de hierbas arriba indicada. Aunque el chiquillo era todavía pequeño tomaba cada cuarto de hora un trago de la infusión; él mismo miraba el reloj. También seguía estrictamente la dieta indicada. A finales de noviembre de 1978 fueron los padres con el niño al hospital de Mannheim para que le controlaran la sangre. Al profesor le pareció misterioso, el cuadro sanguíneo había mejorado. A mediados de diciembre el cabello le había vuelto a crecer normalmente y fueron otra vez a examinarle la sangre. En el hospital dijeron que el cuadro sanguíneo estaba mejor de lo normal. Los médicos no sabían cómo valorar ese hecho increíble.
En abril de 1979 vino Peter, un niño completamente sano, con sus padres a Traunstein/Alta Baviera en ocasión de una conferencia que di en la Chiemgauhalle. Habían allí 1800 oyentes. Pueden figurarse el aplauso, cuando presenté a Peter y conté su caso. En octubre de 1979 también estuvieron los tres en Pforzheim oyendo mi conferencia en la Jahnhalle a la cual asistieron 2.200 personas. Allí también pude presentar al público el niño completamente sano.
Peter toma todavía la infusión de hierbas, según me escribió en Navidad de 1979, y su madre le aplica de vez en cuando compresas de Hierbas Suecas sobre el bazo y el cuello y le frota el cuello con aceite de Mayorana, ya que las glándulas de la garganta también las tenía afectadas. En una hoja de papel me había dibujado con lápices de color las plantas de Maravilla, Ortiga y Milenrama y debajo había escrito »Mis salvadores«, lo cual me causó gran alegría. Los padres van de vez en cuando con el niño al control de la sangre, aunque el chiquillo está sano del todo.
Los controles médicos los considero muy importantes. También encuentro bien que se siga tomando infusión y aplicando compresas, ya que esto protege contra una posible recaída.
PANCREAS
Para combatir este mal se sigue el tratamiento indicado bajo el título »Intestinos« (véase más arriba).
PECHOS
El tratamiento empieza después de la operación. Las heridas operatorias se untan hasta el sobaco con pomada de Maravilla (véase en »Maravilla«, pomada). Los residuos de la preparación de la pomada también se pueden aplicar 4 ó 5 veces; se calientan cada vez un poco. Contribuyen a que la piel se vuelva lisa y recobre el color normal. La pomada de Maravilla calma los dolores tirantes que se manifiestan como consecuencia de una intervención quirúrgica como ésta y que se extienden hasta los brazos. Si las glándulas linfáticas han sido afectadas, se aplican repetidas veces cataplasmas frescas de Llantén menor o mayor (véase en »Llantén« Modos de preparación) y se procede según los consejos descritos en el capítulo »Glándulas linfáticas«.
Además se prepara la siguiente mezcla de hierbas: 300 g. de Maravilla, 100 g. de Milenrama y 100 g. de Ortiga. De estas hierbas bien mezcladas se hace una infusión con una cucharadita colmada por cada 1/4 litro de agua. Diariamente se tiene que preparar de 1,5 a 2 litros de infusión, que se toma durante el día a sorbos espaciados. Aparte se diluye antes de las comidas principales (3 veces al día) una cucharada sopera de Hierbas Suecas en media taza de infusión (de la ración del día) y se bebe a sorbos la mitad de esa cantidad, media hora antes y la otra mitad media hora después de cada comida.
Contra los dolores se aplican compresas de Hierbas Suecas y cataplasmas al vapor de Cola de caballo (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas de hierbas al vapor«). Todos los tratamientos indicados se siguen también en el caso en que se formaran nuevas induraciones.
Como los pechos y el abdomen están en estrecha relación, conviene observar también los consejos dados en el capítulo sobre las enfermedades malignas del »Bajo vientre«.
Una mujer me escribió: »Dos semanas después del nacimiento de mi hijo tuve induraciones en el pecho y una inflamación del pezón acompañados de fiebre y fuertes dolores. Con una compresa de Hierbas Suecas se curó todo de un día a otro. — Soy campesina. Un día me di cuenta de que una de nuestras vacas también tenía una inflamación e induración en la ubre. Pensé que si las Hierbas Suecas actuaban tan rápidamente en los hombres, también podrían ayudar a los animales. Traté de seguir el mismo tratamiento y me alegré mucho cuando dentro de poco tiempo tuve un resultado parecido.
PIEL
Si se trata de una afección maligna todavía cerrada, hay que untarla varias veces al día con el jugo anaranjado de la Celidonia. A las personas que no tengan la posibilidad de procurarse del huerto o del campo las hojas y los tallos frescos, les propongo que se planten una mata en una maceta.
En el caso en que la enfermedad se manifieste en forma de herida abierta en putrefacción y con secreción maloliente, se hacen lavados y baños con infusión de Cola de caballo y una maceración en frío de Malva alternativamente. Las orillas de la herida se mojan primero con jugo fresco de Celidonia y cuando éste esté absorbido por la piel, se unta con pomada de Maravilla (véase »Maravilla«).
Las hojas de Llantén mayor y menor, lavadas y machacadas se aplican directamente sobre la herida abierta. Si el enfermo no lo resiste por la fuerte tensión o presión, se quita; después se prueba otra vez con otras hojas frescas y lavadas y se repite hasta que el enfermo sienta alivio. También se pueden aplicar durante la noche compresas empapadas con infusión de Cola de caballo y Malva.
Por vía interna se toman para purificar la sangre diariamente cuatro tazas de infusión de Ortiga, Verónica, Maravilla y Milenrama, mezclado todo en partes iguales. Por cada cuarto de litro de agua se toma una cucharadita repleta; se escalda con agua hirviendo y se deja reposar brevemente.
A veces sucede que después de operar nevus maternos o nódulos de la piel se forman llagas purulentas abiertas de carácter maligno. En este caso se sigue el mismo tratamiento descrito contra las heridas abiertas en putrefacción con secreción maloliente. Si el mal se extiende sobre todo el cuerpo, se toman baños completos con Cola de caballo y Malva. Durante la noche se envuelve el enfermo en una sábana, sobre la cual se ha extendido una capa de Llantén mayor y menor machacado en forma de papilla.
Hoy día va en aumento una clase de enfermedad maligna de la piel que se manifiesta en forma de manchas oscuras costrosas y circunscritas; un buen remedio contra estas manchas constituye el jugo fresco de Galio (véase en »Galio«, Modos de preparación), que se aplica varias veces al día. El jugo se puede guardar en botellitas pequeñas en la nevera.
A una madre de 30 años le extirparon un nevus materno que tenía en la zona del sobaco y que había empezado a aumentar; se constató que era maligno. Se hicieron cuatro intervenciones quirúrgicas difíciles, ya que las glándulas linfáticas tambíen estaban afectadas. Las profundas heridas operatorias debajo del brazo estaban abiertas e inflamadas. La mujer estaba desesperada; no era capaz de hacer sus trabajos caseros y de cuidar a sus hijos. Tuvo que recurrir a la ayuda de una enfermera de Caritas. Finalmente hizo el siguiente tratamiento de plantas medicinales, el cual le ayudó rápidamente:
Cataplasmas de Llantén (mayor y menor) fresco (véase en »Llantén«), lavados con tisana de Malva y Cola de caballo, baños completos de Serpol (200 g. por baño) y de la mezcla de hierbas de 300 g. de Maravilla, 100 g. de Milenrama y 100 g. de Ortiga, diariamente un litro de infusión, bebida a sorbos espaciados durante el día (una cucharadita colmada de la mezcla de hierbas por cada 1/4 de litro de agua). Las heridas se curaron exactamente en un mes y la mujer pudo hacer todos sus trabajos sola. Estas son las »maravillas« de la farmacia del Señor.
PULMON
Se toman diariamente a sorbos espaciados 4 tazas de infusión de Milenrama y además una taza de infusión de Cola de caballo por la mañana en ayunas y otra por la noche, media hora antes de la cena. Durante el día se mascan raíces de Cálamo aromático; se traga el jugo con un poco de tisana de Milenrama y se tiran los residuos. Si se presentan dolores, se aplican durante la noche cataplasmas al vapor de Cola de caballo y de día compresas de Hierbas Suecas sobre la zona de los pulmones y eventualmente también sobre la espalda (véase en Generalidades, »Compresas« y »Cataplasmas de hierbas al vapor«).
RIÑONES
Es este caso se toma una infusión de hierbas recomendada contra la atrofia renal por el médico naturista suizo, Padre Künzle: Vara de oro, Galio, Ortiga muerta blanca y amarilla, mezclado todo en partes iguales. Se beben 4 tazas al día a sorbos espaciados. En tres de estas tazas se diluye una cucharadita de Hierbas Suecas. Además hay que tomar baños de asiento de Cola de caballo con 100 g. de hierba por baño. La hierba se pone a remojo durante la noche; por la mañana se calienta todo y se mezcla con el agua de baño. Duración del baño: 20 minutos. Un baño de hierbas se puede utilizar tres veces si se vuelve a mezclar con las hierbas. Durante la noche se aplican sobre la zona de los riñones cataplasmas al vapor de Cola de caballo y de día, compresas de Hierbas Suecas de duración de 4 horas. (véase en Generalidades »Compresas« y »Cataplasmas al vapor«).
TESTICULOS
Desgraciadamente van aumentando los casos en que no sólo los mayores, sino también chicos jóvenes que todavía van al colegio son afectados por esta enfermedad maligna. Quizás contribuya a ello la moda juvenil de llevar los pantalones muy ceñidos al cuerpo. A veces, semanas después de una operación, se manifiestan improvisamente dolores acompañados de tumefacciones en otras partes del cuerpo. A pesar de ello, hay que curar sin interrupción la parte donde la enfermedad tuvo su inicio, es decir la zona de los testículos. Se sigue el mismo tratamiento descrito bajo enfermedades malignas de las glándulas linfáticas.
TIROIDES
Se recomiendan gargarismos profundos con tisana de Galio y Malva. Durante la noche se aplican cataplasmas de hierbas frescas de las mismas plantas. Se lavan las hierbas, se machacan en el mortero y después se aplica esta papilla y se venda todo bien. Quien no disponga de las hierbas frescas, puede utilizar los residuos de las hierbas que han servido para hacer la tisana para los gargarismos. Estos se ponen a calentar con un poco de harina de cebada (que venden en molinos y tiendas dietéticas); la papilla se extiende sobre un lienzo que se aplica sobre la parte enferma y se venda. Durante el día se aplican, estando echado, cataplasmas al vapor de Cola de caballo y compresas de Hierbas Suecas (véase en Generalidades).
Aparte se toman diariamente a sorbos espaciados un litro y medio o dos litros de infusión de una mezcla de Maravilla, Milenrama y Ortiga, en partes iguales. De la ración de infusión del día se aparta antes de cada comida, tres veces al día, una taza que se mezcla con una cucharadita de Hierbas Suecas y se bebe la mitad media hora antes y la otra mitad media hora después de cada comida.
TUMORES
El padre Kneipp dice en sus escritos que la Cola de caballo detiene el desarrollo de toda clase de tumores, aunque sean malignos, y los disuelve poco a poco. Yo misma lo he experimentado. ¿Por qué prestamos tan poca atención a los escritos de Kneipp? Cuántos enfermos de muerte podrían salvarse y cuánta pena se evitarían los familiares.
Según mis observaciones, las cataplasmas al vapor de Cola de caballo son el mejor remedio contra toda clase de tumores. En una olla con agua hirviendo se coloca un colador o escurridor grande con dos puñados de Cola de caballo y se mantiene todo en el fuego tapado con una tapadera. También se puede utilizar una marmita a vapor para hervir patatas y verduras. Después de un rato se envuelve la Cola de caballo caliente y reblandecida en un lienzo y se aplica a la zona del tumor (benigno o maligno), la úlcera, el quiste, el adenoma, el melanoma, el papiloma o el hematoma. En los casos muy graves se empieza ya por la mañana, en la cama, con la aplicación de una cataplasma al vapor que se deja actuar dos horas. Por la tarde se hace otra, también en la cama, y de duración de dos horas; por la noche se aplica la tercera cataplasma que se deja actuar durante toda la noche. Es necesario mantenerse caliente y sudar. La misma Cola de caballo se puede utilizar 3 ó 4 veces.
A mediodía se aplica durante cuatro horas una compresa de Hierbas Suecas. Primero se untada parte enferma con manteca de cerdo o pomada de Maravilla y se aplica un algodón empapado con gotas de Hierbas Suecas; encima se coloca un algodón seco, para que se mantenga todo caliente, se cubre de un plástico y se venda. Con esta compresa bien atada, el enfermo puede estar sentado o moverse dentro de casa. Después de quitar la compresa, se empolva la piel para evitar picores.
Para combatir los tumores (benignos o malignos) y las úlceras que se encuentran en la superficie de la piel, se aplican cataplasmas frescas de Llantén (mayor o menor) y Pánace heraclio (véase en enfermedades malignas de las glándulas linfáticas). Siguiendo este tratamiento regularmente y sin interrupciones, se puede obtener a los cinco días un mejoramiento y a los 10 ó 15 días, excelentes resultados. El jugo fresco de Aleluya (las hojas frescas se lavan y se pasan por una licuadora) aplicado repetidas veces a la parte enferma, también actúa favorablemente.
Por vía interna se toma por la mañana, media hora antes del desayuno, y por la noche, media hora antes de la cena, cada vez una taza de infusión de Cola de caballo. Además se hace un mezcla de hierbas de 300 g. de Maravilla, 100 g. de Milenrama y 100 g. de Ortiga, de la cual se prepara diariamente un litro y medio o dos litros de infusión, que se bebe distribuida durante el día. Con esta tisana se toman, si es posible, seis veces al día de 3 a 5 gotas de jugo fresco de Aleluya, siempre con una hora de intervalo. Una mujer de Baviera me escribió: »Hace poco le comuniqué que nuestro vecino, un hombre de 48 años y padre de cuatro hijos, salió del hospital gravemente enfermo, con un tumor en la cabeza y manifestaciones paralíticas. Estaba desesperado, ya que un lado de la cara lo tenía paralizado y no conseguía abrir el ojo. Usted podrá imaginarse nuestra alegría cuando a los pocos días de seguir sus consejos de la »Botica del Señor«, el hombre pudo abrir el ojo y empezó a encontrarse mejor. Cuando vino el médico de cabecera y vio el ojo abierto y la mejoría del paciente, se quedó tan sorprendido que tuvo que sentarse. Dijo que jamás había visto tal cosa.«
El señor Joachim M. de B./Allgáu escribe el día 25 de junio 1979 a la redacción de un periódico alemán: »En relación con los ataques por parte de la prensa alemana contra la señora María Treben y su folleto ,Salud de la botica del Señor', quisiera exponerles el caso de mi propia hija: Daniela nació el 4 de agosto 1973 y nosotros siempre la cuidábamos mucho y la llevábamos a todos los exámenes preventivos. Sin embargo ningún médico pudo descubrir a tiempo la amenaza de su enfermedad mortal. Sólo cuando ya era tarde, a principios de agosto 1978, se descubrió el mal. Nuestra hija siempre había sido muy viva, pero a partir de esa fecha, empezó a decaer día a día; no le interesaba nada y estaba siempre cansada. Después de múltiples consultas médicas que no aportaron ninguna diagnosis exacta la ingresaron en una clínica pediátrica cerca de Augsburg. Al cabo de días y días de exámenes diversos que sobrepasaban casi la resistencia física de la niña, nos comunicaron que nuestra hija tenía un tumor incurable, contra el cual la medicina moderna no tenía ningún remedio. La posibilidad de curación se calculaba entre el dos y el tres por ciento, para no quitarnos toda la esperanza. Con una radioterapia e inyecciones de cortisona se intentó reducir el tumor hasta el punto que fuera operable. A principios de septiembre 1978 se procedió a una intervención quirúrgica, la cual se tuvo que interrumpir en su inicio, ya que nuestra hija a pesar de todas las transfusiones de sangre se hubiera desangrado. El tumor se había extendido por toda la barriga, y sus excrecencias envolvían los órganos más importantes, como el hígado, la bilis, el bazo y los riñones, y estrangulaban además la aorta y las arterias de las piernas, lo cual nos explicaba entre otras cosas, el porqué nuestra hija no podía andar. Ahora empezó el verdadero calvario para la niña, con continuas radioterapias e inyecciones de cortisona. No se pueden imaginar lo que suponía todo esto para nosotros. Durante siente semanas no nos separamos de la cama de Daniela y en su presencia fingíamos risas y bromas para animarla. Todo esto nos costó inmensas fuerzas físicas, ya que veíamos que nuestra hija iba decayendo más y más. A causa de la radioterapia y las inyecciones de cortisona, ya no podía comer casi nada. Una semana después de la operación tuvo ictericia, que cada vez era más grave. Al principio creían los médicos que provenía de las trasfusiones de sangre. Después de nuevos y repetidos exámenes de muchas horas, se supo que el tumor había interrumpido el conducto cístico y se propuso otra intervención para crear un conducto cístico artificial. A mi pregunta si esa operación era de veras necesaria, me respondieron si quería que mi hija muriera de insuficiencia hepática. Suponía una tentativa que la niña muy probablemente no resistiría. Dio la casualidad de que en aquellos días se llevaba a cabo unos cambios en la sala operatoria y a pesar de la urgencia de la operación, el médico prefería esperar 10 días hasta que la sala estuviera lista, para tener las condiciones óptimas que requería el caso.
Entonces insistí en que nos dejaran llevar a la niña a casa, esos 10 días, ya que en ese tiempo no podían hacer nada. Esto fue a finales de septiembre 1978. Yo había estado esperando ese momento, porque mientras tanto un conocido me había hablado de la señora María Treben, a quien llamé por teléfono. Me aconsejó que siguiera el tratamiento de hierbas curativas contra tumores malignos, según el folleto, Salud de la botica del Señor'. Como estábamos tan desesperados y no sabíamos ya qué hacer, pensamos que ya no se podía empeorar nada, sólo mejorar. Según supimos más adelante, los médicos calculaban que la niña viviría todo lo más hasta Navidad. La señora Treben nos dijo por teléfono que a los 5 días la niña mejoraría. El gran milagro se verificó.
En la quinta noche empezó nuestra hija a llorar, aunque poco antes había estado gritando de dolor. De repente fuimos los padres más felices del mundo. ¿Qué había pasado? La sangre que a causa de la estrangulación de los vasos sanguíneos no podía llegar a las arterias de las piernas, empezó de repente a fluir libremente causando en los pies una sensación de hormigueo. Ahora sabíamos que las hierbas curativas estaban actuando. Poco antes de la fecha prevista para la operación nos dimos cuenta de que la ictericia estaba en vía de curación, por lo cual nos opusimos a la intervención. Mientras tanto, a nuestra hija se le habían caído todos los pelos de la cabeza a causa de las inyecciones.
Poco antes de Navidad 1978 estuvimos otra vez en Augsburg para que examinaran a la niña y el profesor, una autoridad en esta especialidad, constató la desaparición del tumor. En las radiografías sólo se veían manchas de calcificación, lo cual nos dio nuevas esperanzas.
Todo esto ha sucedido dentro de un plazo de nueve meses. Daniela está muy bien hasta ahora; ha vuelto a ser la de siempre. Gracias a los consejos de la señora Treben hemos podido tener a nuestra hija hasta este momento medio año más de lo que habían previsto los médicos.
Quisiera subrayar que la señora Treben ha prestado su ayuda gratuitamente. Tanto más me asombra el hecho de que en este momento la prensa alemana esté atacando a la señora Treben. Por ese motivo les he expuesto este caso. Para contar todo tendría que escribir toda una novela. Vuelvo a darle las gracias a la señora Treben por su ayuda generosa. Para mi familia ha sido un gran milagro.«
Este informe era muy alentador y daba la impresión de que ya no habrían complicaciones. El tumor que había sofocado todos los órganos vitales amenazando la vida de la pequeña Daniela, se había disuelto y había desaparecido con todas sus adherencias. Sin embargo la niña murió medio año más tarde. Desgraciadamente yo no me enteré de ello por parte de los padres sino de un modo muy desagradable, a traveé de un artículo muy cínico de un periodista alemán que se había unido a la campaña general de la prensa alemana contra mi persona. ¿Cuál fue la causa de ese fin inesperado de la pequeña Daniela, después de haber experimentado un cambio tan optimista en su enfermedad mortífera?
El padre me escribió unos seis meses después y me contó que su hija tuvo repentinamente un ataque de fiebre; pero también dijo que después de obtener los buenos resultados del examen médico, no siguieron el tratamiento con las hierbas »porque no se le puede obligar a una niña tan pequeña a que beba infusión de hierbas«. No, eso no se puede. Pero los padres hubieran podido conseguir con prudencia que la niña la bebiera. La enfermedad era mortífera, los médicos no podían ayudar. Fueron las plantas de la botica des Señor las que ayudaron. Seguro que habrían seguido ayudando. Lean, por favor, el informe sobre el pequeño Peter W. en el capítulo »Leucemia«.
ADVERTENCIA IMPORTANTE
Es importante que se tomen las grandes cantidades de infusión indicadas, sobre todo en todas las afecciones malignas. La ración diaria, que al enfermo quizás le parece muy elevada, se puede beber facilmente tomando un trago cada 15 ó 20 minutos. Antes que el estómago reciba el próximo trago, el anterior ya está digerido. En los casos de falta de apetito, la infusión lo restablece pronto. También facilita una digestión normal. Muy importantes son los baños completos de Serpol para los enfermos muy débiles y decaídos, sobre todo si también se presenta fiebre. El enfermo experimenta una revitalización sorprendente, que a veces cambia la situación.
Muchas enfermedades cancerosas incurables provocan a veces improvisamente una considerable retención de agua. En este caso se deja de tomar la infusión indicada y se toma durante cinco días sólo de 5 a 6 tazas diarias de infusión de Cola de caballo, a sorbos espaciados. Si el edema desaparece a los 3 ó 4 días, se continúa con la terapia de infusión interrumpida. Si la retención de agua vuelve a aparecer, se interrumpe el tratamiento nuevamente para tomar sólo infusión de Cola de caballo.
Pero lo más importante en todas estas enfermedades es el control médico, que se debe hacer regularmente. Sólo el médico puede diagnosticar con exactitud el estado de salud.
LA FERMENTACION LACTICA
No quiero dejar de poner al alcance de mis lectores la siguiente propuesta excelente que me hizo la señora Eike B. de Erkrath/RFA en su carta del 8 de abril 1980: »Ya que sus consejos han ayudado tantas veces y con tan buenos resultados y nos han servido también para socorrer a algún vecino con sus remedios, quisiera darle las gracias por haber sabido divulgar sus conocimientos de una manera tan comprensible para todos.
Hoy he recibido el folleto ,Heilerfolge' (éxitos curativos) y he leído el párrafo en el que usted sugiere que se guarden las hierbas curativas congelándolas. Respecto a eso tengo que decir que en el congelador se altera, por ejemplo, el contenido de azúcar; muchos médicos naturistas prohiben a los enfermos de cáncer los alimentos congelados, por lo cual yo no aconsejaría que se hiciera lo mismo con las hierbas medicinales. Pero tengo otra idea: ponerlas en conserva mediante la fermentación láctica, así como se prepara el choucroute (col fermentada) y otras verduras (judías verdes, betarraga roja, pepinos).
Sé que funciona bien, porque un conocido mío lo ha hecho con Diente de león, Ortiga y hojas de Apio. Yo tengo la intención de conservar este año todas las hierbas frescas que tenga a mi disposición mediante la fermentación láctica; justamente ayer cogí de mi huerto (de cultivo biológico-dinámico) Pulmonaria, la flor y la raíz de Diente de león y preparé de cada cual un bote de conserva. Es facilísimo: Se necesitan botes con cierre hermético, de cuello ancho, para que más tarde se pueda sacar el contenido con cuchara. Tampoco deben ser demasiado grandes, ya que una vez abiertos no se conservan las hierbas mucho tiempo (en la nevera unas tres o cuatro semanas). Las plantas, limpias y cortadas a trocitos, se meten en el bote apretándolas bien (como en el choucroute). Después se echa en cada bote una cucharadita de suero de leche o jugo de choucroute (naturalmente del preparado por uno mismo, no del de fábrica) y se llena el bote de agua, de modo que no quede aire entre las hierbas. Se llena el bote hasta 2 cros. de su borde para facilitar la fermentación. Después se deja el bote dos días en un lugar cálido, hasta que empiece a fermentar. ¡Cuidado con el líquido, que se puede salir! ¡ Póngase un plato debajo! Dos días después se pone el bote en el sótano o en un lugar fresco. A las 5 ó 6 semanas la fermentación está concluida. Entonces se cierra el bote. Como los productos de fermentación láctica se recomiendan a las personas afectadas de cáncer, supongo que las hierbas medicinales fermentadas de este modo deben ayudar también muy bien.«
La editorial Waerland-Verlagsgenossenschaft/D-6800 Mannheim ha publicado un librito de Maria Lingenfelder con el título »Die Milchsáuregárung« (la fermentación láctica). Si acaso aún tienen alguna pregunta respecto a este método de conservación, pueden dirigirse a la señora Eike Bretschneider, Nelkenweg 5, D-4006 Erkrath 2/RFA. Pero no olviden de mandar un sobre con sus señas y el porte de vuelta.
Apuntes de este libro

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