lunes, 8 de junio de 2015

Salud de la Botica del Señor (V) de Maria Treben



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GALIO (Galium)
Hay varias clases de Galio: El Amor de Hortelano (Galium aparine), que invade [as campos, prados y setos, por lo cual muchos agricultores tratan de eliminarlo con herbicidas; esta variedad alcanza una altura de 60 a 160 cm., las hojas forman rodajuelas y las florecitas verde-blancas se agrupan en ramilletes pedunculados. El tallo está armado con pelitos ganchudos con los que la planta se agarra a las matas vecinas o »a los pantalones del hortelano«, de donde viene su nombre.
El Galio (Galium verum) con sus nombres populares Cuajaleche, Hierba cuajadera o Presera, se cría con más abundancia en las regiones montañosas. Es de 30 a 60 cm. de altura y se mantiene erguida. Las flores tienen un hermoso color amarillo y despiden un olor a miel muy fuerte. Se recolecta en junio en plena floración.


El Galio blanco (Galium mollugo) tiene florecitas finísimas blancas o amarillentas, parecidas a las de la Gipsofila, de un delicado olor a miel. Crece en abundancia en los ribazos y en los bordes de los caminos y durante la floración suele tumbarse. Todas las mencionadas variedades del Galio tienen más o menos, según dónde se crían, las mismas virtudes curativas y el mismo uso.
Desgraciadamente esta planta tan frecuente ha ido cayendo con el tiempo en el olvido. Sin embargo, justamente hoy, deberíamos prestarle más atención, en una época en que el cáncer se extiende cada día más. Insisto aquí también, en que las hierbas recién cogidas son mucho más eficaces y que por eso en las enfermedades graves es imprescindible usar la planta fresca. En invierno también se encuentran brotes frescos del Galio blanco, p. ej. debajo de la hierba seca y donde no hay nieve.
La infusión de Galio depura los riñones, el hígado, el páncreas y el bazo de las sustancias tóxicas. Los que padecen de trastornos de las glándulas linfáticas deberían tomar cada día esta infusión, que actúa asimismo contra la clorosis, la hidropesía y las punzadas del costado. En uso externo, la infusión de Galio ayuda rápidamente a curar toda clase de afecciones de la piel, heridas, forúnculos y espinillas. Además se utiliza en forma de enjuagues calientes contra el cutis ajado. El jugo fresco de Galio da también muy buenos resultados untando con él diariamente las partes afectadas de la piel y dejándolo secar.
La Medicina Popular recomienda el Galio también contra la erisipela, la histeria, el baile de San Vito, las enfermedades de los nervios, la retención de orina, las arenillas y los cálculos. Para combatir el bocio hay que hacer varias veces al día gárgaras repetidas con la infusión. Una mujer me contó que no sólo desapareció el bocio, sino que también se le curó la afección del tiroides que tenía.
Cada año me encuentro en un balneario con un matrimonio vienés. Cuando nos vimos en 1979 constaté que la mujer tenía un bocio, y que ya se le notaba bastante. No se atrevía a operarse. Yo le recomendé el Galio. Dije que con la infusión caliente hiciera asiduamente gárgaras bien profundas. En febrero de 1980 nos volvimos a ver en el mismo balneario y — el bocio ya no estaba. La mujer me contó llena de alegría que su marido le había traído con frecuencia la planta recién cogida y desde el principio había observado como el bocio iba disminuyendo, hasta desaparecer por completo.
Últimamente se repiten los casos de parálisis de las cuerdas vocales. Parece que se trata de una enfermedad por virus. Contra ese mal ayuda rápidamente la infusión de Galio, en forma de gargarismos y enjuagues. Según el padre Künzle, el Galio es también un remedio indicado contra las graves afecciones o supuraciones renales, incluso cuando los demás medicamentos hayan fracasado. Los mejores resultados se consiguen con una mezcla de Galio, Vara de oro y Ortiga muerta amarilla, en partes iguales. Künzle dice que el efecto se demuestra ya a los 15 días. La infusión nunca se debe hervir. Se toma primero media taza, 30 minutos antes del desayuno, y el resto a sorbos durante el día. En los casos graves hay que tomar 4 tazas diarias.
Antiguamente el Galio era muy apreciado por las mujeres como un remedio contra las alteraciones de la matriz. Para facilitarles el parto, les metían a las parturientas una matas de la planta en la cama. Esta creencia pasó a las leyendas marianas. Una de ellas cuenta que la Virgen María se preparó el »lecho santo« con Galio y en otra se dice que la Virgen le hizo al Niño Jesús una almohada blanda con esta hierba. Según una narración de Silesia, la Madre de Dios se valió para su lecho del Galio porque era la única planta que el burro no comía. Y esto es verdad porque se sabe que a las vacas esta hierba les gusta mucho, mientras que los cerdos y los burros la desdeñan.
El padre Künzle habla en sus escritos de un hombre de 45 años afecto de una grave nefritis, que empeoraba cada vez más. Finalmente se le tuvo que extirpar un riñón. El otro también supuraba y no funcionaba normal. Entonces empezó el enfermo con una cura de Galio: 4 tazas al día de la mezcla arriba indicada (Galio, Vara de oro, Ortiga muerta amarilla). Bebía la infusión a sorbos distribuidos durante el día y finalmente se curó del todo. La misma mezcla de infusión se emplea contra la atrofia renal y todas las demás afecciones graves de los riñones.
El conocido fitobiólogo autriaco Richard Willfort sostiene en su obra »Gesundheit durch Heilkráuter« (salud debida a las plantas medicinales) que el Galio es un remedio excelente para combatir el cáncer de lengua, bebiendo la infusión y haciendo enjuagues con la misma; asimismo ayuda el jugo fresco mezclado con mantequilla a curar toda clase de úlceras y afecciones malignas de la piel.
Por otra parte, el doctor Heinrich Neuthaler escribe en su libro »Das Kráuterbuch« (el herbario): »El Galio blanco se sigue recomendando en algunas partes como remedio contra el cáncer, — una tontería que hay que rechazar con vehemencia. «
Para que ustedes, estimados lectores, puedan hacerse una idea sobre estas dos opiniones opuestas, voy a exponerles mis propias experiencias con el Galio. Hace diez años me enteré de que un dentista de Linz tenía cáncer de lengua. Después de la operación adelgazó considerablemente y lo querían mandar a Viena para que se sometiera a una radioterapia. Yo le aconsejé que hiciera gárgaras con infusión de Galio. Al cabo de una semana supe que la terapia de rayos ya no era necesaria y que el enfermo se recuperaba día a día. En poco tiempo, se curó.
Más tarde me contaron el caso de una mujer de 28 años que también tenía un carcinoma de lengua. Le recomendaron que consultara a un médico de Carintia. Este le prometió curarla dentro de 5 años y le dio unas hierbas, que la mujer me enseñó un día. Vi que era Galio y para que ella se ahorrara los gastos de viaje etc. le enseñé la planta para que pudiera recolectarla personalmente en el campo. Esta mujer también se curó de esa mala enfermedad.
Otro ejemplo: Era a fines de marzo, cuando una joven vienesa me contó que su madre, de 63 años de edad, estaba gravemente enferma y que iban a operarla por segunda vez el 19 de abril. Medio año antes, a la enferma le había crecido en poco tiempo un tumor canceroso en la laringe. El médico le ocultó la verdad diciendo que se tratabe de un bocio y entonces se realizó la primera operación. Durante los siguientes seis meses fue todo bien. Pero posteriormente le dieron unos dolores insoportables en el brazo izquierdo, que la atormentaban día y noche. La mano se hinchó y todo el brazo se puso tan insensible que no podía sostener con la mano ni siquiera una hoja de papel. Para aliviarle los dolores, el mismo médico (jefe de hospital) que había hecho la primera operación, propuso otra intervención quirúrgica que se realizaría, como ya se ha dicho, el 19 de abril, con el fin de seccionar un nervio situado entre el cuello y la clavícula; así por lo menos se liberaría de los peores dolores. Según dijo, no había otra solución desde el punto de vista médico. A pesar de todo, yo le aconsejé a la mujer que bebiera infusión de Galio y que hiciera también gargarismos con ella. Además le recomendé una mezcla de tisana que detiene el cáncer: 300 g de Maravilla, 100 g de Milenrama, 100 g de Ortiga (un litro y medio diario, cada 20 minutos un trago); convenía que hiciera también fricciones con pomada de Galio. Se podrán imaginar mi alegría cuando me enteré que a los cuatro días habían desaparecido los dolores. Hasta el 19 de abril la mujer recuperó la sensibilidad en el brazo y la mano y podía moverlos sin dificultad. El médico se extrañó mucho cuando la hija de la paciente le rogó que desistiera de la segunda operación y se quedó muy impresionado del informe detallado que le dio sobre el tratamiento con hierbas medicinales, y dijo: »I Que continúe su madre esa cura!« Después de algún tiempo supe que el estado de salud de la mujer era magnífico y que había vuelto a ocuparse de sus quehaceres de ama de casa de una familia numerosa.
Incluso úlceras cancerosas pueden curarse.
En la actualidad aumenta el número de dermatitis de carácter maligno, que se presenta en forma de manchas oscuras, ásperas y bien delimitadas. Seguramente se trata de una enfermedad infecciosa. En este caso ayuda un tratamiento con jugo fresco de Galio y pomada de Maravilla. Es importante que se tome simultáneamente una tisana purificante de la sangre, compuesta de Maravilla, Ortiga y Milenrama.
Una señora de Austria Alta padecía de un bulto que se le había formado en el paladar y que le causaba dolores en toda la boca. A los cuatro días de gargarismos con infusión de Galio desapareció el bulto y con ello todos los dolores.
Todo esto demuestra que la afirmación anterior, de que la administración de Galio en esta clase de enfermedades sea una tontería, no se mantiene en pie. Claro que las hierbas solas no curarían si no fuera con la ayuda del Todopoderoso. Al fin y al cabo, todo está en la mano de Dios.
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         1 cucharadita repleta de Galio por cada 1/4 I. de agua; no hervir; reposar brevemente.
Jugo fresco:   Galio recién cogido se lava y antes de que se seque se pasa por la licuadora.
Pomada:         El jugo fresco de Galio se mezcla con mantequilla a temperatura ambiente hasta formar una crema. Se guarda en la nevera.
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HIPERICO, HIERBA DE SAN JUAN (Hipericum perforatum)
Esta hierba medicinal se cría en los setos y ribazos frescos, en los prados no demasiado húmedos, a orillas de los caminos y bosques y florece de mayo en adelante. Sus nombres vulgares, Hierba de las heridas y Hierba militar, ponderan su gran reputación como planta curativa.
La planta, de 25 a 60 cm. de altura, tiene un tallo principal endurecido y muy ramificado, con un ramillete terminal de flores de color amarillo dorado. Para identificarla con más seguridad se estruja una flor abierta hasta que se vea salir un jugo rojo. Se recolecta el tallo florido para la preparación de infusiones y baños; para el aceite de Hipérico se utilizan sólo las flores.
Antiguas creencias populares relacionaban el jugo balsámico rojo con la sangre y las heridas de Nuestro Señor Jesucristo. Yen efecto, el aceite de Híperico es el mejor aceite vulnerario: calma los dolores, reduce la inflamación y cura. Una leyenda sobre la Hierba de San Juan (Hipérico) cuenta que estando el discípulo preferido del Señor hondamente afligido al pie de la Cruz, recogió piadosamente las hierbecillas bañadas en la sangre divina para ofrecerla a los fieles como recuerdo de la muerte del Salvador. Y misteriosamente, el jugo rojo de la Hierba de San Juan, evoca en nosotros la impresión, de que una gota de sangre de nuestro salvador se esconde en el colorante de las flores.
El día de San Juan, símbolo de los poderes sagrados de la luz y del calor, la Hierba de San Juan está en plena floración. Antes las mozas solían hacer coronas con ella y se las ponían los que bailaban alrededor de las hogueras. En esa noche llena de misterios también se echaban ramitas de la planta en el agua, y las doncellas, según se abrían o no las flores marchitas, sabían si iban a tener novio el próximó año. En Austria Alta los campesinos tenían la costumbre de ofrecerles a sus animales, para preservarlos de las enfermedades, unas ramas de Hipérico entre dos tajadas de pan. Es un lástima que esta tradición sólo se haya conservado en algunas familias religiosas.
Todo lo antedicho demuestra en cuánta estima se tenía el Hipérico desde tiempos remotos.
La infusión de Hipérico se utiliza en las lesiones de los nervios y toda clase de trastornos nerviosos, en las contusiones y en las lesiones por esfuerzo.
Con el Hipérico se combate también la neuralgia del trigémino, tomando 2 ó 3 tazas de infusión al día y untando durante un tiempo prolongado las partes del cuerpo afectadas con aceite de Hipérico. — Bajo »Arnica de los nerviosa se conoce una tintura hecha de Hipérico que puede hacerse uno mismo y que es muy eficaz contra las enfermedades de los nervios, las neuritis, las neurosis, el insomnio y la debilidad nerviosa.
Los trastornos del lenguaje y del sueño, los accesos de histerismo y el sonambulismo se curan con el Hipérico; asimismo la eneuresis (orinarse en la cama) y las depresiones. Según mis experiencias, en todas estas enfermedades se consigue muy buenos resultados, si a parte de la infusión en uso interno, se toman baños de asiento: uno por semana y los demás días pediluvios. Este tratamiento se recomienda en todos los trastornos debidos a los nervios.
Las jóvenes en la pubertad deberían tomar durante una temporada cada día 2 tazas de infusión de Hipérico; esta cura favorece el desarrollo de los órganos de la mujer y ayuda a equilibrar las irregularidades de la menstruación.
Un remedio vegetal de gran renombre es el aceite de Hipérico. No debe faltar en ningún hogar. Puede hacerse fácilmente por uno mismo (véase »Modos de preparación«). Conserva sus virtudes curativas durante dos años y se aplica con mucho éxito en las llagas abiertas, las heridas recientes, los hematomas, las inflamaciones de las glándulas y, como cosmético, en el cutis ajado; en forma de fricciones es muy eficaz contra los dolores de espalda, el lumbago, la ciática y el reumatismo. Para tener siempre a mano un excelente remedio casero contra las quemaduras y escoceduras, se maceran las flores en aceite de lino. Este aceite también se emplea en el tratamiento de las quemaduras del sol. Los nenes pequeños con dolores de tripa se calman pronto si se les frota la barriguita con aceite de Hipérico. — conozco a una campesina que cura toda clase de heridas, incluso las de sus animales domésticos, con aceite de Hipérico. Su marido se cogió un día la mano en una máquina y se hirió gravemente. Compresas con aceite de Hipérico calmaron muy pronto los dolores y cicatrizaron las heridas sin problemas. — Otro campesino curó con este aceite una grave herida externa en el pie de su caballo.
Un médico diagnosticó una inflamación de las glándulas linfáticas en la barriga de una niña de 8 años. Cada vez que la niña se exponía al frío le daban dolores de barriga, que últimamente se presentaban cada día, sobre todo por la mañana. La madre leyó en este folleto que el aceite de Hipérico ayudaba contra las inflamaciones de las glándulas. Cada vez que la niña se quejaba de dolores, la mujer le frotaba la barriga con el aceite. Al poco tiempo desapareció el mal.
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         Se escalda una cucharadita repleta de hierba con 1/4 I. de agua hirviendo y se deja reposar brevemente.
Aceite de Hipérico: Se recolectan las flores mientras el sol esté en lo alto, se llena con ellas una botellita hasta el gollete. Después se cubren las flores con un aceite fino de oliva. Bien cerrado se deja en maceración durante unas semanas, al sol o cerca de la lumbre. Finalmente se filtra a través de un lienzo, se exprime bien los residuos y se guarda en botellas de cristal oscuro. Para el tratamiento de quemaduras se prepara la maceración con aceite de lino.
Tintura:          Sobre 2 puñados de flores, cogidas en un día de sol, se echa un litro de aguardiente y con la botella bien cerrada se deja reposar 3 semanas al sol o cerca de otra fuente de calor.
Baños de asiento: Un cubo lleno de Hipérico (tallos, hojas y flores) se deja durante la noche a remojo en agua fría. Antes del baño se calienta hasta que rompa a hervir y después de colarlo se mezcla con el agua del baño.
Duración del baño: 20 minutos (véase en Generalidades »Baños de asiento«).
Licopodio 
LICOPODIO (Lycopodium clavatum)
Esta planta siempreviva forma como un musgo, con tallos rastreros de uno hasta dos metros de longitud que se arraigan en el suelo con raicitas finísimas. De los tallos brotan ramitas, suaves al contacto, de 7 a 10 centímetros de largo, ramificadas y muy frondosas. En verano nacen de esta planta cuadrienal unas panículas amarillentas que traen esporas, llamadas también Polvos de Licopodio. Estos polvos se emplean homeopáticamente para curar excoriaciones.
El Licopodio es una planta medicinal que contiene radio y que por sus tallos extendidos, a modo de maromas, y las esporas amarillentas de sus panículas se puede distinguir fácilmente de las otras clases de musgos. Sólo se cría en las vertientes nórdicas de los bosques y sus orillas, a partir de una altura de 600 m. Después de producirse desmontes completos, la planta se vuelve amarilla, hasta que desaparece del todo, ya que no puede vivir bajo insolación directa.
En Austria y Alemania el Licopodio está bajo la protección rigurosa del Estado. Por eso recomiendo que adquieran la hierba en farmacias y herbolarios. Los mayoristas compran el Licopodio en los países nórdicos, lo que garantiza una buena calidad. Para enfermos de gota y de reuma, aun cuando ya se hayan deformado las articulaciones, contra el estreñimiento crónico y almorranas, el Licopodio en infusión es un remedio muy aconsejable. Las personas que padecen de diarreas deben »0› tener mucho cuidado al tomar esta infusión; pues podría producirles calambres intestinales. El Licopodio nunca se debe hervir, sino que solamente se escalda con agua hirviendo. La infusión también se emplea (11     contra todas las enfermedades de los órganos genitales y urinarios, los dolores e induraciones de los testículos y contra la formación de arenillas ( renales y cólicos nefríticos. El Licopodio es indispensable para curar la hepatitis y la excrecencia del tejido conjuntivo del hígado (hígado grande) aun cuando ya se denota su malignidad. Ayuda al convaleciente a recuperar rápidamente sus fuerzas.
El marido de una señora mayor, conocida mía, padecía ya desde hacía muchos años de disnea nocturna grave, tratada como asma de corazón. Se sentía cada vez peor, hasta que un día fue otra vez al médico. »Si no deja enseguida de trabajar, dentro de ocho días se morirá.« El médico lo mandó al hospital. De su mujer supe que tenía cirrosis hepática en su última fase. La cirrosis va acompañada de disnea nocturna. Poco tiempo después mandaron al hombre a casa, ya que no tenía ninguna esperanza de sobrevivir. Yo le aconsejé a la señora que le diera a su marido Licopodio, lo que le ayudó enseguida. ¿No le parece a Vd. también como un milagro el hecho de que después de tcimar el hombre la primera taza de infusión de Licopodio, le despareciera la respiración penosa nocturna bajo la cual había sufrido tantos años?
Si entre sus amistades conoce a alguien con cirrosis, aunque ya no tenga remedio, déle ánimo y recomiéndele Licopodio, esta planta radioactiva de tanta importancia para la medicina natural. Incluso personas que sufren enfermedades malignas del hígado pueden reconquistar la vida mediante el Licopodio.
Estando un día herborizando en un bosque de la Austria Alta con un pequeño grupo, le llamé la atención a mi acompañante, el fitibiólogo Dr. Bruno Weinmeister, sobre las virtudes curativas del Licopodio en los casos de cirrosis y cáncer del hígado. Entonces él me contó el siguiente episodio: Siendo todavía un joven estudiante hizo con unos amigos una excursión a las montañas. En el sendero que conducía al refugio se encontró entre unos pinos carracos un tallo de Licopodio que se puso de broma enrollado sobre su sombrero. Más adelante, al llegar al refugio, uno de sus compañeros tuvo un calambre de pie muy doloroso, que llegó a torcerle la pierna desde la rodilla. Todos intentaron ayudarle, pero fue en vano. El dueño del refugio trajo aguardiente para frotarle pero no ayudó. Entonces el joven Weinmeister, en un momento de intuición, se quitó el tallo de Licopodio del sombrero y envolvió con él el pie acalambrado desde abajo hacia arriba. Imnediatamente se puso el pie en su posición normal. El joven pensó que había sido una casualidad, probablemente la convulsión hubiera desaparecido también sin el Licopodio. A la vuelta cogió para el ama de su casa que padecía frecuentemente de calambres de la pantorrilla (sural), un puñado de Licopodio. La mujer fue inmediatamente librada de sus calambres. Varios años después habló el Dr. Weinmeister con un especialista sobre este acontecimienro. El médico le señaló que el Licopodio era una planta radioactiva. Desde entonces han sido curadas muchas personas de sus calambres de pie y pantorrilla aplicando almohadillas de Licopodio a las partes enfermas.
Una conocida mía ingresó en el hospital porque no podía orinar. El brazo lo tenía todo hinchado. Cuando salió del hospital, todo comenzó de nuevo. Por suerte tenía yo justamente Licopodio en casa, ya que mi suegra, de 86 años, padecía en aquella época de calambres de pantorrilla. Mi sospecha que en el caso de mi conocida se trataba de un calambre de vejiga (convulsión de la vejiga) se confimó cuando al ponerle a la mujer un saquito de Licopodio desecado sobre la parte de la vejiga, pudo orinar dos minutos después normalmente. Ella llevó aún unos días este saquito de Licopodio sujeto en la zona de la vejiga; la hidropesía (el edema) del brazo también fue desapareciendo poco a poco.
Yo misma sufría muchos años de hipertensión (tensión alta de la sangre). Esta suele venir de una hiperfunción del riñón. Así que me puse durante la noche en la zona renal un saquito lleno de Licopodio; al día siguiente mi tensión había bajado de 200 a 165. Desde entonces me pongo de vez en cuando un saquito con Licopodio fresco en la zona de los riñones.
Contra los calambres de pantorrilla se envuelve el Livopodio en una tela y se ata en torno de la pantorrilla. Pero también se pueden hacer baños de pie y contra convulsiones de la vejiga baños de asiento de Licopodio (véase en Generalidades »Baños de asiento«).
Como consecuencia de heridas de guerra y accidentes resultan muchas veces cicatrices que provocan convulsiones.
Un inválido de guerra tenía en la espalda una cicatriz tan profunda que se podía meter la mano en ella. Esta herida le causaba continuamente calambres dolorosos que le provocaban sudaderas profusas. Los dolores se le extendían hasta el cuero cabelludo. Después de un martirio que había durado 30 años, pude librar a este hombre de su tormenta mediante almohadillas y baños de Licopodio.
Las esporas del Licopodio, los llamados »polvos de Licopodio« o »azufre vegetal,« que venden en algunas farmacias, ayudan a enfermos graves a cicatrizar rápidamente úlceras de decúbito. Se espolvorea suavemente el polvo de Licopodio sobre las llagas abiertas. Frecuentemente ya se hace sentir un gran alivio después de la primera aplicación. (Sobre otros éxitos terapéuticos con Licopodio léase en el folleto »Maria Treben's Heilerfolge« - Éxitos terapéuticos de María Treben, publicado en la editorial Wilhelm Ennsthaler, A-4400 Steyr, Austria).
Quien como yo, está tan familiarizado con las hierbas medicinales y ha obtenido con ellas tantos éxitos, que hacen pensar en milagros, no olvida que es el creador del Universo quien extiende esta riqueza ante nuestros pies. Sin embargo muchos tropiezan con ellas y no advierten la omnipotencia del cielo.
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         Se echa 1/4 de litro de agua hirviendo sobre una cucharadita rasa de Licopodio y se deja reposar brevemente. Se bebe sólo una taza al día a pequeños sorbos, por la mañana, media hora antes del desayuno. Quien padezca de cirrosis hepática o de una enfermedad tumorosa del hígado debe beber 2 tazas.
Almohadilla de Licopodio: Con Licopodio desecado (100 gramos — 300 gramos) según dimensión de la parte acalambrada se llena una almohadilla que se aplica durante la noche sobre la zona doliente. Esta almohadilla conserva todo un año su efecto.
Baños de asiento: Véase en »Generalidades«.
Llantén mayor (Plantago major) 
LLANTEN MENOR (PI antago lanceolata)
Entre la abundancia de nuestras hierbas medicinales voy a tratar ahora de una que, según parece, en tiempos antiguos era tan común como hoy y gozaba también de gran fama. Su nombre alemán es »Wegerich« cuyo sentido etimológico es »rey de los caminos«. En un códice, probablemente del siglo XI, se halla un ensalmo anglosajón que invoca a nueve plantas, entre ellas al Llantén:
»Y tú, Llantén
madre de las plantas
de cara al Este
poderosa adentro:
sobre ti, carros chirriando sobre ti, mujeres cabalgando sobre ti, novias cabalgando sobre ti, becerros bufando.
A todos resististe
a todos te opusiste.
¡ Resiste pues al veneno y al contagio
y al mal
que camina sobre el país!«
El mal camina sobre el país, hoy como antaño, y necesitamos de las plantas curativas como el Llantén, glorificado en todos los herbarios. El Llantén mayor (Plantago major) tiene las mismas cualidades y el mismo uso que el Llantén menor. Las dos variedades crecen en las orillas de todos los caminos y campos, en los ribazos y en lugares incultos y húmedos y se crían prácticamente en todas las partes del Llantén mayor mundo.
El Llantén se utiliza en primer lugar contra todas las afecciones de las vías respiratorias, sobre todo en los casos de catarro, tos, tos ferina, asma pulmonar e incluso tuberculosis pulmonar. El padre suizo Künzle, médico naturista y conocedor de las grandes virtudes curativas de nuestras plantas, escribe: »En todas las variedades del Llantén se utiliza la planta entera con raíz, hojas, flor y semilla. Limpia mejor que otra hierba la sangre, el pulmón y el estómago, y por eso es buena para todas las personas que tienen la sangre sucia, los pulmones y los riñones endebles, la cara pálida, erupciones, roña o líquenes, o los que tienen tosecillas o se enronquecen o siempre están delgados como las cabras aunque se les meta en una cuba de mantequilla. Pone a flote a los niños débiles que a pesar de recibir buenos alimentos se quedan atrasados.
Yo misma he podido ayudar a muchos en casos de asma pulmonar y bronquial con una infusión de Llantén y Tomillo, en partes iguales (véase »Modos de preparación«). Esta tisana la recomiendo también para combatir afecciones del hígado y de la vejiga.
En bronquitis, asma bronquial y pulmonal la infusión es muy eficaz si se prepara de la siguiente manera: Se pone al fuego una taza de agua fría con una rodaja de limón (si está tratado químicamente, se quita la piel) y una cucharadita repleta de azúcar moreno y se le da un hervor; después se retira del fuego, se echa una cucharadita repleta de la mezcla de hierbas y se deja reposar medio minuto. En los casos graves se prepara la infusión 4 ó 5 veces al día y se toma recién hecha y lo más caliente que se pueda beber.
Según se puede leer en antiguos herbarios, la semilla del Llantén ayuda contra la formación de cálculos si se toman de ella 8 gramos al día. Aparte se bebe tisana de Llantén. El jarabe de Llantén (véase »Modos de preparación«) depura la sangre de todos los residuos y materias morbosas. Se debería emplear en forma de una cura, tomando antes de cada comida una cucharada y los niños una cucharadita.
En el ámbito labriego se sabe que el Llantén es un remedio vulnerario muy apreciado desde tiempos remotos. Una vez estuve presente cuando un campesino que estaba trabajando en el campo se lastimó gravemente con una herramienta. Me sorprendí cuando vi que el hombre arrancó unas hojas de Llantén, las desmenuzó aplastándolas y se las puso en la herida. Esta no se infectó aunque la hierba estaba sin lavar. Las hojas recién cogidas y machacadas, aplicadas en forma de cataplasmas, ayudan a curar las grietas, las cortaduras, las picaduras de avispa e incluso las mordeduras de perros y bichos venenosos como las serpientes. En este último caso se utiliza provisionalmente, cuando no se tiene médico a mano. En un antiguo herbario pone: »Si al sapo le pica la araña, va corriendo al Llantén, el cual le ayudará.«
Las hojas frescas, restregadas con las manos y mezcladas con un poco de sal, curan el bocio aplicándolas en el cuello. Para sanar las ampollas que se producen al caminar mucho, se mete unas hojas de Llantén en los zapatos. Los tumores, por malignos que sean, desaparecen si se tratan con hojas de Llantén machacadas. Asimismo ayudan, aplicándolas en las partes enfermas, contra las afecciones malignas de las glándulas. En estos casos conviene emplear también aceite de Mayorana (Origanum majorana). En una botellita se mete Mayorana fresca (en casos urgentes se puede utilizar seca), se cubre de aceite de oliva y se deja 10 días en un lugar cálido. Con el aceite de Mayorana, conseguido de esta forma, se untan las glándulas enfermas, se les aplica una cataplasma de hojas machacadas de Llantén y se cubre todo con un paño. Pronto se notará mejoría.
En ocasión de una conferencia que di en la casa parroquial de la catedral de Linz, señalé que las hojas machacadas del Llantén curaban toda clase de heridas, aunque tuvieran 10 añosa Cuando a los 5 meses hablé en el colegio de enfermeras de la misma ciudad, una mujer pidió la palabra: »Yo dudaba de que las hojas del Llantén curaran las heridas aunque fueran antiguas, según dijo usted la última vez. Mi vecina tenía desde hacía 17 años una llaga abierta en el pie, por lo que no salía de su casa. Yo le traje al día siguiente de su conferencia, las hojas y las apliqué a la pierna enferma, según sus indicaciones. Tengo que retirar mi duda: La herida se cicatrizó en poco tiempo, lo cual nos dejó atónitos, y no ha vuelto a abrirse en los últimos 5 meses.«
Otro ejemplo: Un inválido de guerra con una pierna artificial tenía a causa del calor continuo del verano heridas abiertas en el muñón. A pesar de diversos tratamientos con ungüentos, rayos X e inyecciones no se curaban las llagas. Pero al tratarlas con Llantén se cicatrizaron de un día a otro y el hombre pudo volver a su trabajo habitual.
Yo misma conseguí una vez una curación rápida con el jugo fresco de hojas de Llantén. Hace años, mi nieto de un año que llevaba yo en el brazo, me dio jugando, un mordizco muy fuerte en la mejilla sobre la comisura de la boca. Durante unos días esa mordedura me hacía mucho daño y por eso me la unté varias veces con jugo fresco de Llantén, pero estaba inquieta por miedo a que se formara una induración maligna. A fines de abril fui con mi marido a Freistadt a un congreso. De repente me di cuenta de que de un día a otro se había formado en el lugar de la mordedura un nudo endurecido del tamaño de un guisante. Salí enseguida a coger en el prado un puñado de Llantén y durante el día iba estrujando hojas y untándome el bultito varias veces con el jugo. Por la noche ya no se notaba casi nada el endurecimiento y al dia siguiente observamos con gran satisfacción que había desaparecido del todo. Como vemos, el padre Kneipp no exagera cuando dice en sus escritos que »contra cada mal hay una hierbecilla«. Cuanto más profundizo en el conocimiento de las hierbas medicinales, más numerosos son los milagros que experimento. Mucha gente muere cada año atormentada de dolores, debido a tumores cancerosos, habiendo plantas curativas adecuadas. Cuánta salud y cuánto ánimo podríamos recobrar si les hiciéramos más caso a las plantas medicinales. A los ojos de los ignorantes, desde luego, no son nada más que hierbas malas. ¡Dedíquese usted más a las hierbas medicinales y verá como poco a poco desaparecerán todos sus males!
Con estas palabras también quiero devolverles valor y confianza a las personas ancianas que padecen desde años de pies llagados. El Llantén también cura sus heridas. La edad no tiene que ver nada en este caso. Si los pies están además hinchados, hay que hacer pediluvios con una maceración de Malva o de Cola de caballo. Las orillas de las llagas se untan después del baño con una pomada de Maravilla (véase en Maravilla »Modos de preparación«). Incluso en los casos de trombosis recomiendo calurosamente el tratamiento con Llantén.
Estos ejemplos demuestran claramente que uno puede confiar en la Farmacia del Señor, incluso cuando los médicos ya no den esperanzas.
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         Escaldar una cucharadita repleta de hojas con 1/41. de agua hirviendo y reposar brevemente.
Mezcla de tisana: Hojas de Llantén y Tomillo se mezclan en partes iguales y se prepara una infusión (véase en el texto).
Cataplasmas de hojas frescas: Las hojas lavadas se machacan en un mortero hasta que se forme a modo de una papilla, que se aplica a las partes dañadas del cuerpo.
Jarabe N°1: 4 puñados de hojas de Llantén se pasan por una máquina de picar. A la masa resultante se le añaden 300 g. de azúcar moreno y 250 g. de miel de abeja y se pone al fuego con un poco de agua para que no se coja. Removiéndolo se hierve lentamente hasta que se forme un líquido espeso, que se echa, caliente, en botes de cristal y se guarda en la nevera.
Jarabe N°2:   Un bote grande de cristal se va llenando con capas de hojas de Llantén lavadas y azúcar moreno. Se aprieta todo bien y se deja posar. Al día siguiente se continúa llenando el bote del mismo modo hasta que ya no quepa nada más. En un rincón del huerto se hace un hoyo en el que se mete el bote previamente bien tapado con tres o cuatro hojas de papel apergaminado. Encima del bote se coloca una tabla y sobre ella una piedra. Ahora se cubre todo de tierra. La tabla y la piedra tienen que estar a la vista. La temperatura constante de la tierra provoca una fermentación que convierte el azúcar y las hojas en un jarabe. A los tres meses se saca el bote, se exprime el jugo en la licuadora, se le da un hervor y se guarda en botes pequeños que se puedan cerrar bien.
Quien no tenga la posibilidad de preparar esta forma de fermentación, puede dejar el bote al sol o cerca de otra fuente de calor hasta que se sedimente el jarabe. A éste también se le da un hervor.
Apuntes de este libro

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