lunes, 8 de junio de 2015

Salud de la Botica del Señor (IV) de Maria Treben



Consuelda
CONSUELDA MAYOR (Symphytum officinale)
En el lenguaje popular llamada también Suelda, Sueldaconsuelda, Consólida, Sínfito mayor y Orella d'ase — en inglés Comfrey. Esta planta medicinal es una de las mejores e indispensables de las que nos ofrece la naturaleza. Crece en praderas pantanosas, a las orillas de los campos, en zanjas húmedas y a lo largo de riberas. También se encuentra en setos y escombreras, donde florece todo el año. Las hojas son ásperas y terminan muy puntiagudas. La raíz perenne, marrón oscura, hasta negra, en el exterior y blanca o amarillenta en el interior, es del grueso del pulgar y cuando se corta se presenta muy viscosa, casi untosa y grasosa al tacto. Siendo una planta de raíz profunda no hay peligro de que se extinga. Las raíces se excavan en primavera o en otoño y para ello se necesita una pala apuntada. La hierba fresca se recolecta antes y durante la floración.


La tintura de la Consuelda mayor, que uno mismo puede preparar fácilmente, posee una fuerza maravillosa. Enfermos de reumatismo y de hinchazón de las articulaciones que han sido tratados durante años con excelentes medicamentos pero sin ningún mejoramiento, han recuperado su salud con la tintura de Consuelda mayor. Una mujer que casi ya no podía usar el brazo derecho (la articulación del húmero estaba más o menos inmovible y el médico había diagnosticado una parálisis) empezó a frotarse cada día, siguiendo mi consejo, la articulación y el brazo derecho con tintura de Consuelda mayor. De día en día se sentía mejor. Hoy la mujer puede mover el brazo normalmente y hacer otra vez todas sus faenas de casa. Pero también ayudan las hojas de la planta, escaldadas y machacadas aplicadas en forma de cataplasma a los miembros paralizados, si el mal viene de extenuación (exceso de trabajo), luxación, torcedura o de un ataque de apoplejía. En estos casos basta a veces la aplicación durante una noche.
La tía de mi marido fue atropellada en la calle por una motocicleta. La ingresaron en el hospital con una fractura de la articulación de la cadera, le pusieron un clavo y después de curada la mandaron a casa. Le dijeron que volviera al año para sacarle el clavo. Como no tenía dolores y podía andar normalmente, la mujer no cumplió el plazo señalado para la revisión prevista. Todo parecía estar perfectamente en orden hasta que un día le entraron unos dolores insoportables. Posteriormente le quitaron el clavo y vieron que ya se había formado una supuración en el hueso. Las inyecciones que le daban le calmaban por poco rato los dolores pero no le curaron la supuración. En aquel deplorable estado de salud vino la pobre mujer a visitarnos. Puedo afirmar sin ninguna exageración que cataplasmas calientes de raíces molidas le trajeron alivio de un día al otro. Al día siguiente, la mujer ya pudo estar sentada y acostada sin sentir dolores. Como en la herboristería solo venden raíces cortadas a pedacitos, nuestra sabia tía las terminaba de secar en el horno de la cocina y las molía con un viejo molinillo de café. Continuó poniéndose las cataplasmas de raíces (véase la receta en »Modos de preparación«) hasta que se sintió curada del todo.
Con estas cataplasmas de raíces se pueden curar igualmente bultos del tobillo o de la muñeca.
Las raíces de Consuelda mayor molidas, llamadas también »harina de Consuelda«, se pueden comprar hoy en día en muchas farmacias. Quisiera subrayar que estas cataplasmas de raíces de Consuelda mayor pueden aliviar a enfermos de paraplejía. Asimismo ayudan estas cataplasmas calientes en casos de úlceras varicosas, nódulos musculares reumáticos, tofos gotosos, hinchazones, dolor de nuca, dolor de muñón, e incluso contra la periostitis (inflamación de las membranas que recubren los huesos).
Las raíces también se pueden poner en maceración tomando la bebida contra catarro bronquial, trastornos del aparato digestivo, gastrorragia y pleuritis. Se beben de 2 a 4 tazas a lo largo del día a sorbos. Para curar las úlceras del estómago se recomienda una tisana compuesta de 100 gramos de Consuelda mayor, 50 gramos de Maravilla y 50 gramos de Centinodia (véase »Modos de preparación«).
Quisiera mencionar otra vez la tintura de Consuelda mayor y decir que compresas mojadas con esta tintura se han utilizado con mucho éxito en la curación de úlceras externas e internas, heridas de toda clase, contusiones, hematomas y fracturas.
Las hojas de la Consuelda mayor no sólo se usan para cataplasmas sino también como aditivo de baños de cuerpo contra dolores reumáticos, gota, dolor de los huesos, trastornos de la circulación de la sangre y lesiones intervertebrales. Los baños de asiento de la Consuelda mayor se emplean contra tra­stornos de la circulación de la sangre en las piernas, varices y para tratamientos postoperatorios de fracturas de hueso.
En algunas regiones se suelen freír las hojas de la Consuelda mayor rebozadas en una masa de leche, huevo y harina. De esta manera se beneficia toda la familia de los agentes activos de esta hierba medicinal.
MODOS DE PREPARACION
Maceración de raíces: Dos cucharaditas de raíces a pedacitos se ponen a macerar durante la noche en 1/4 de litro de agua fría; por la mañana se calienta ligeramente y se cue­la. Se bebe a sorbos.
Infusión para úlcera de estómago: Una cucharadita bien llena de la mezcla se escalda con 1/4 de litro de agua hirviendo y se deja reposar durante 3 minutos. Se beben 3 ó 4 tazas al día a sorbos y caliente.
Cataplasmas de raíces: Raíces bien secas se muelen finamente y se remueven en una taza con agua muy caliente y unas gotas de aceite a modo de una papilla. Esta masa se ex­tiende sobre un lienzo, se aplica caliente a la parte enferma del cuerpo y se venda.
Cataplasmas de hojas frescas: Hojas recién cogidas se lavan y se machacan sobre una tabla o en el mortero hasta formar una masa que se aplica a las partes afectadás y se venda.
Cataplasmas de hojas escaldadas: Hojas de Consuelda mayor se escaldan y se usan como cataplasmas.
Baño de cuerpo: Se ponen 500 gramos de hojas de Consuelda mayor frescas o desecadas durante la noche en 5 litros de agua fría a remojo. Al día siguiente se calienta hasta que rompa a hervir, se cuela y se mezcla el líquido con el agua del baño (véase en Ge­neralidades »Baños de cuerpo«).
Baño de asiento: Como para baño de cuerpo pero solamente con 200 gramos de hojas.
Tintura:          Se lavan las raíces de la Consuelda mayor y se limpian bien con un cepillo. Cortadas a pedacitos se meten, sin apretar, en una botella hasta que lleguen al gollete y se cubre todo de un buen aguardiente o de alcohol. Hay que dejar la botella ta­pada 15 días al sol o en un lugar cálido. Todas las raíces tienen que estar cubier­tas de aguardiente.
Pomada:         De 4 a 6 raíces frescas y bien lavadas se pican y se fríen brevemente en unos 250
gramos de manteca de cerdo pura de la parte de los intestinos y se deja todo repo­sar durante la noche. Al día siguiente se calienta un poco, se filtra a través de un lienzo y se exprime. Se llenan enseguida pequeñas vasijas bien limpias y se guar­dan en la nevera. La pomada de Consuelda mayor puede emplearse en vez de la cataplasma de raíces. Es un vulnerario indispensable para el hombre y animal.
Vino de Consuelda mayor: De 2 a 5 raíces frescas y bien lavadas se cortan en trocitos y se dejan macerar durante 5 ó 6 semanas en un litro de vino blanco puro. ¡Es un remedio ex­celente para enfermos del pulmón!
Taraxacum officinale - Köhler–s Medizinal-Pflanzen-135.jpg 
DIENTE DE LEON (Taraxacunn officinale)
Se le denomina también Taraxacón, Achicoria amarga, Amargón, Cardeña, Hocico de puerco y Pelosilla (cuando tiene el fruto ya hecho). El Diente de león, que en los céspedes suele ser una hierba mala muy molesta, constituye para la humanidad afligida una planta medicinal de gran valor. Se cría en los pra­dos y todos los lugares herbosos y florece casi todo el año. En las regiones de los Alpes aparece la flor en abril y mayo, cubriendo todo a modo de un tapiz amarillo, lo que ofrece un aspecto muy alegre. La planta huye los suelos demasiado húmedos.
Sus dos virtudes más destacadas son las de curar las afecciones de la bilis y las enfermedades del hígado.
Las hojas se recolectan antes de la floración, las raíces en primavera u otoño, los bohordos durante la floración. Toda la planta es curativa. Yo misma he tomado la costumbre de poner en primavera cada día una ensalada de toda la planta en la mesa, para la cena la solemos comer mezclada con patatas hervidas y guarnecida con huevos duros. Cuando estuve en Yugoslavia sometida a una cura, nos daban a todos cada día, aparte de las
otras ensaladas frescas, un platito de ensalada de Diente de león. El médico, un famoso especialista del hígado, con el que hablé del asunto, me dijo que el Diente de león era un
estimulante poderoso del hígado. Hoy sé que los bohordos floríferos recién cogidos, de los que se comen cada día unos 5 ó 6, crudos, ayudan rápidamente contra la hepatitis crónica (dolor agudo y punzante que se extiende hasta la parte inferior del omóplato derecho). También combaten la diabetes. Los diabéticos deben comer cada día unos 10 de esos rabillos de la planta en flor. Estos se lavan antes de quitarle la cabezuela de la flor y se mascan espaciosamente. Al principio parecen un poco amargos, pero son muy tiernos y jugosos y es como si se comiera una hoja de endivia. Las personas enfermizas que se sienten siempre decaídas y cansadas, deberían someterse a una cura de 15 días a
base de bohordos frescos de Diente de león. Se quedarían sorprendidas del buen resultado que dan. Pero estos bohordos curan también otros males. Por ejemplo quitan los picores, los líquenes y las erupciones de la piel, mejoran los jugos gástricos y depuran el estómago. Asimismo eliminan los cálculos biliares, sin causar dolores, y estimulan la actividad del hígado y de la bilis. — El Diente de león contiene, aparte de sales minerales, importantes sustancias curativas y reconstituyentes, imprescindibles para curar las enfermedades metabólicas. Gracias a sus cualidades depurativas de la sangre, es un remedio indicado contra la gota y el reuma; la hinchazón de las glándulas desaparece, sometiéndose durante 3 ó 4 semanas a una cura de bohordos frescos. Contra la ictericia y el mal del bazo se sigue el mismo tratamiento.
Las raíces del Diente de león, que se comen crudas o se utilizan desecadas para infusiones, actúan de purificante de la sangre, digestivo, sudorífico, diurético y tónico. Fomentan la fluidez de la sangre por lo que se consideran un remedio excelente contra la sangre espesa.
Según antiguos herbarios, las mujeres usaban el cocimiento de la planta como cosmético. Con esa tisana solían lavarse los ojos y la cara para obtener un cutis fino.
Esta planta se mantiene fresca todo el año y produce hojas incluso en invierno.
Cada año en primavera suelo hacer de las flores de Diente de león un jarabe que tiene un sabor riquísimo y es además muy bueno para la salud. En Navidad preparo los dulces de miel siempre con este jarabe. Mi madre se encontró una vez con una mujer que llevaba en el delantal un montón de flores de Diente de león. Cuando le preguntó lo que hacía con ellas le dio la receta de ese exquisito jarabe o »miel« que les apunto aquí para que la puedan copiar:
Cuatro puñados de flores de diente de león se ponen a hervir a fuego lento en un litro de agua fría. Se le da un hervor y se retira la olla del fuego. Al día siguiente se cuela todo y con las manos se exprimen bien las flores. Al líquido se le añade un kilo de azúcar moreno y medio limón cortado en rodajas (si está tratado se quita la piel). Se remueve bien todo y se pone la olla al fuego sin taparla. Para que se conserven las vitaminas se deja a fuego muy lento. Así se va evaporandó el líquido sin hervir. Hay que dejar enfriar la masa una o dos veces para constatar su consistencia. El jarabe no debe estar demasiado espeso ya que al guardarlo se cristalizaría con el tiempo. Pero si está demasiado claro se estropea pronto. Tiene que quedar a modo de una miel; se puede comer con pan para el desayuno y está delicioso.
Un día había estado trabajando un carpintero en nuestra casa y para cenar le di a él fiambre mientras que mi familia se deleitaba con pan con mantequilla y miel de Diente de león. Cuando el hombre vio lo a gusto que nos la comíamos quiso probarla. El, que hacía también de apicultor, no creía que la »miel« la hubiera hecho yo misma. Se quedó entusiasmado y dijo que el jarabe casi no se distinguía de la miel de abeja. Aquí hay que mencionar que a los enfermos de los riñones no les sienta muy bien el ácido de la miel de abeja, por lo que les recomiendo el jarabe de Diente de león.
A pesar de que esta planta tan valiosa goza de gran fama en la Medicina popular, la mayoría de la gente la desprecia y la toma por una hierba mala muy molesta.
Durante una procesión de Semana Santa me di cuenta de que un chico que portaba una bandera tenía la cara desfigurada por el acné. Hablé con su madre llamándole la atención sobre el efecto depurativo de la Ortiga y del Diente de león. La mujer ni siquiera conocía esta planta, aunque ella no era de ninguna capital, sino una habitante de nuestra pequeña ciudad. Cuando le enseñé la planta se escandalizó y dijo que cómo iba a dar tales hierbas malas a su hijo.
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         1 cucharadita colmada de raíces se ponen a macerar durante la noche en 1/4 I. de agua fría; al día siguiente se calienta hasta que rompa a hervir y se cuela. Esta
cantidad se bebe media hora antes y media hora después del desayuno.
Ensalada:       Se prepara con las hojas y las raíces frescas (véase arriba)
Bohordos:       Se comen de 5 a 10 bohordos crudos al día, después de lavarlos y mascarlos espaciosamente.
Jarabe:           véase arriba
Epilobium parviflorum korseby.jpeg 
EPILOBIO DE FLOR PEQUEÑA (Epilobium parviflorum)
De un padre de familia recibí una vez una carta en la que ponía estas palabras: »Le suplico de rodillas que me indique un camino para recuperar mi salud y devolverle a mi familia, que sufre, igual que yo, un padre sano.« Primero me había descrito su vía crucis: En 1961 se agudizó una inflamación crónica de la próstata, después de haberse bañado en agua radioactiva. Lo mandaron de un hospital a otro, sin que ningún médico se decidiera a operarlo; estaba desesperado. Cada evacuación del vientre iba acompañada de sangre y pus. La gran cantidad de medicamentos que tomaba le causaron úlceras duodenales, la destrucción de la flora intestinal y una grave in­suficiencia hepática. Estaba más cerca de la muerte que de la vida y finalmente el médico le ordenó que se dejara de tomar todos los medicamentos. Después lo operaron, según escribió, con »bisturí eléctrico«. Pero a pesar de la operación la inflamación no se le había quitado. Tabletas e inyecciones empeoraron nuevamente su estado de salud.
Finalmente tomó infusión de Ortiga y de Epilobio, lo cual mejoró su enfermedad hasta tal punto que hoy ya puede ir al trabajo. Quizás este padre de familia tan probado no hubiera tenido que sufrir este calvario si hubiera conocido a tiempo el Epilobio de flor pequeña, que cura radicalmente todas las afecciones de la próstata.
El Epilobio, que hasta hace poco se desconocía como planta curativa y tampoco se mencionaba en ninguno de los herbarios comunes, ha conseguido un éxito triunfal como remedio vegetal contra las enfermedades de la próstata sólo desde su presentación en la primera edición de mi folleto »Salud de la Botica del Señor«. En muy poco tiempo se ha hecho famoso dentro y fuera de Europa, sobre todo por haber curado a tantos prostáticos. Últimamente ya aparece en los herbarios y en revistas especializadas. Sin embargo existe una cierta inseguridad debido al gran número de variedades de esta planta.
Las siguientes variedades se pueden considerar como curativas: El Epilobio de color rosa (Epilobium roseum), el Epilobio de flor pequeña (Epilobium parviflorum), el Epilobio de montaña (Epilobium montanum), el Epilobio verdescuro (Epilobium obscurum), el Epilobio lanceolado (Epilobium lanzeolatum), el Epilobio de colina (Epilobium collinum), el Epilobio de pantano (Epilobium palustre), el Epilobio de guijo (Epilobium fleischeri), el Epilobio de los Alpes (Epilobium anagallidifolium).
Los Epilobios curativos se pueden identificar a través de su flor pequeña de color rojizo, rosa pálido o casi blanco. Esta parece estar clavada en la punta de una vaina (de cuatro valvas) alargada y delgada que al secarse y abrirse despide infinitas semillas coronadas por sendas mechitas de pelo blanco algodonoso. En el Tirol se conoce el Epilobio con el nombre de »Cabello de mujer«.
De las mencionadas variedades medicinales se recolecta la hierba entera, es decir el tallo, las hojas y las flores, procurando cortar la planta a media altura (se deja romper fácilmente) para que puedan desarrollarse renuevos. La hierba recién cogida se corta a pedacitos. De la infusión de Epilobio se beben incluso en los casos más graves sólo dos tazas al día, a saber, una por la mañana en ayunas y la otra por la noche. Pero esto no quiere decir que uno pueda ahorrarse el ir al médico. Es imprescindible consultarlo cuando se trate de enfermedades graves.
Existen dos variedades de Epilobio que jamás deben ser recolectadas, pero que tampoco se confunden fácilmente con las de flor pequeña. Se trata de la Hierba de San Antonio (Epilobium hirsutum) y del Epilobio de bosque (Epilobium angustifolium). La primera tiene flores de unos 2 cm. de anchura, de color purpúreo. Crece en los matorrales a orillas de las acequias y de los arroyos y puede alcanzar 150 cm. de altura; los tallos y las hojas son carnosos y están cubiertos de un vello muy suave. Richard Willfort, el conocido fitobiólogo austriaco, que sí que conocía el Epilobio como planta medicinal, dice en su libro que el Epilobio de flor pequeña se puede confundir con la Hierba de San Antonio; ésta se hace mucho más alta, tiene las hojas y los tallos carnosos y las flores cinco veces más grandes que aquella, pero produce el efecto contrario. El Epilobio de bosque alcanza una altura de 150 cm. y se cría en los claros y linderos de los bosques, en los desmontes y sobre todo donde crecen los frambuesos salvajes. Las grandes flores purpúreas están agrupadas en largos racimos piramidales sobre un tallo rojizo. Se presenta en abundancia formando durante la floración verdaderas llanuras ardientes. Este Epilobio no vale para combatir las afecciones de la próstata.
Siendo yo todavía muy joven murió mi suegro, en la flor de su vida, de una hipertrofía de la próstata. Un vecino nuestro, muy instruido en la ciencia de las hierbas medicinales, me enseño entonces el Epilobio de flor pequeña y comentó: »Si su suegro hubiera tomado infusión de esta planta estaría hoy aún en vida. ¡Grávese esta planta en la memoria! Usted es todavía una mujer joven y podrá ayudar a muchos con ella.« Pero como suele suceder cuando uno es joven y está sano, no le hice mucho caso a esta hierba. Sin embargo mi madre sí. Ella la recolectaba cada año y ayudaba a muchos enfermos de la vejiga y de los riñones. La eficacia curativa de esta planta es tal que muchas veces quita instantáneamente las molestias debidas a las afecciones de la próstata. Ha habido casos en que hombres que ya estaban a punto de operarse y expelían la orina a gotas, sintieron alivio después de tomar una sola taza de infusión de Epilobio. Está claro que para conseguir una curación total hay que tomar la infusión durante un período.
Mi madre me contó el caso de un hombre que se había operado tres veces — cáncer de la vejiga clínica­mente demostrado — y que se encontraba en condiciones físicas deplorables. Yo le aconsejé que bebiera infusión de Epilobio. A través de su médico me enteré más tarde de la curación del enfermo. Esto sucedió en un tiempo en que yo todavía no me dedicaba a las plantas medicinales. Aquella curación me causó una impresión profunda. Mi madre me advirtió que si ella una vez muriera, no olvidara nunca de recolectar en verano esta planta. El día de la Candelaria de 1961 falleció mi querida madre y aquel año me olvidé dé coger Epilobio.
En otoño del mismo año supe en la consulta de mi médico que un conocido mío se encontraba sin ninguna esperanza en el hospital con cáncer de la vejiga. »i No«, exclamé, »un hombre tan bueno no debe morir!« Me acordé del Epilobio, pero el médico, aunque no era contrario a las plantas curativas, dijo que en ese caso ya no había remedio. Pero como había olvidado de recolectar la hierba me entró un pánico al pensar que a mediados de octubre la planta estaría ya sin flor y seca. No obstante me fui a buscarla. Me acordé de un sitio donde la había visto florecer en verano. Aunque allí sólo encontré ya unos tallos amarillos, los cogí y se los mandé cortados a pedacitos a la mujer del pobre enfermo. Este empezó a tomar dos tazas diarias, una por la mañana y otra por la tarde y al cabo de 15 días me llamó el médico por teléfono diciéndome que el enfermó había mejorado considerablemente y añadió riéndose: »Conque tú hierba ayuda, ¿eh?« Desde entonces he podido ayudar a centenares de personas, tal como me lo había sugerido el anciano de mi pueblo: »¡Grávese esta planta en la memoria! Usted podrá ayudar a muchos con ella. «
Un farmacéutico de Munich me enseñó una antigua farmacopea según la cual por 1880 el Epilobio todavía se citaba oficialmente. Medicamentos químicos suprimieron por completo su uso. Pero a través de mis conferencias, excursiones botánicas y publicaciones, el Epilobio ha vuelto a ser apreciado en todas las capas de la población. Mis sugerencias tienen gran resonancia en muchas personas, ya que por dondequiera que pase con mi marido en nuestros paseos, sea en las montañas, por los caminos de los bosques, a orillas de arroyos o en desmontes, incluso en las colinas cercanas a Linz, observamos con gran satisfacción que la gente ha arrancado cuidadosamente el tallo central de la planta. Quien conoce esta hierba medicinal la estima y procura no estropearla para que no se extinga. Recolectándolo debidamente, el Epilobio se renueva dos o tres veces. En primavera brota del rizoma una nueva planta.
Por las cartas que recibo me entero con gran placer de que el Epilobio de flor pequeña se cría en muchos huertos entre las fresas, las verduras y los arbustos. Antes se arrancaba como hierba mala. ¡A cuántos infelices hubiera podido devolver la salud y el ánimo de vivir! Hace poco pude ayudar a un sacerdote afectado de cáncer de próstata y de vejiga a quien los médicos tenían por incurable. Hoy ha recuperado sus fuerzas y puede dedicarse plenamente a su oficio.
Una señora de la Selva Negra me escribe lo siguiente: »Mi cuñada tuvo como consecuencia de un tratamiento del bajo vientre con rayos, lesiones en los intestinos y en la vejiga. Le dieron tan fuertes dolores de vejiga que el médico tuvo que darle morfina para calmarlos. Finalmente nos decidimos a buscar, con ayuda del dibujo en ,Salud de la Botica del Señor' el Epilobio de flor pequeña; lo encontramos y después de tomar la enferma durante una semana la infusión desaparecieron los dolores. ¡ Estos son los milagros de la farmacia de Dios!«
Con el Epilobio de flor pequeña se curan muchos prostáticos, a veces sin tener que operarse. En los casos donde ya se haya operado, el Epilobio elimina el escozor y las otras molestias prostoperatorias. Pero en cada caso es imprescindible consultar al médico.
Desde Coburg me escribe un prostático reconvalesciente: »El Epilobio de flor pequeña me ha ayudado a curar mi próstata. Estando en el hospital como consecuencia de un infarto de corazón tuve problemas con la próstata, y como mi corazón enfermo no permitía ninguna clase de operación, me dijeron que si empeorara tendrían que introducirme una sonda permanente. En eso me alcanzó la noticia del maravilloso Epilobio de flor pequeña, que había ayudado a tantos en casos semejantes. Empecé a tomar tres tazas diarias; en pocos días se fueron todas las molestias prostáticas. De momento sigo tomando dos tazas por día para conseguir una curación completa. A Nuestro Señor le doy las gracias de todo corazón y deseo que usted, señora Treben, pueda socorrer con el Epilobio a muchas personas en estos trances difíciles. Es increíble lo que consiguen las hierbas medicinales del Señor donde la medicina clásica fracasa. «
MODOS DE PREPARACION
Infusión:         Se echa 1/4 I. de agua hirviendo sobre 1 cucharadita repleta de hierbas y se deja un poco en reposo. Sólo se toman 2 tazas diarias, una por la mañana en ayunas y la otra media hora antes de la cena.
Maitohorsma (Epilobium angustifolium).JPG 
EL EPILOBIO AYUDA (del doctor Dirk Arntzen, Berlín)
Una carta del doctor Arntzen, médico y antropósofo: »La siguiente exposición se basa en un concepto de la planta como lo sugirió Rudolf Steiner y lo desarollaron después varios biólogos y botánicos. Este concepto es en realidad una imagen y se le denomina: ,EI hombre invertido tripartito'. Esto significa que la raíz corresponde a la organización de los nervios y de los sentidos, es decir a la cabeza del hombre, la zona de las hojas al sistema central o rítmico y la zona de la flor y del fruto al metabolismo y a los miembros.
Esta imagen, como sucede con todas las cosas de la vida, no se deja proyectar mecánicamente. Hay que elaborarla de nuevo para cada planta y para cada paciente. Pero una vez se haya captado, aunque por el momento sea sólo a través de unos pocos ejemplos, proporciona una base duradera para la comprensión, bastante difícil, de las ,relaciones' entre el hombre y la planta.
El principio de este procedimiento se va a demostrar con un ejemplo. Tomemos la Hamamelis virginica, Avellana de bruja. En esta planta brotan en invierno las flores directamente de la corteza. No existe la unión habitual a través de la hoja. La corteza se atribuye a la zona mineral de la raíz. Se trata pues de una situación donde el ,principio metabólico' de la flor se encuentra en conexión directa con el ,principio nervioso' de la raíz y corteza, sin que haya un equilibrio ,sano y normal' por medio de la hoja. En este estado se encuentra p. ej. el hombre (y naturalmente el animal) cuando se trata de heridas, especialmente en la zona anal. La Hamamelis es un modelo para la úlcera, para la almorrana. Sabe manejar esta situación toda la vida, sin caer enferma; incluso se podría decir que vive de esta situación excepcional y por ella. Así se convierte la planta en un remedio para nosotros, porque nos enseña cómo podemos manejar toda una vida una cierta situación que se nos presenta como una realidad, sin que nos pongamos malos. Y como tales ,situaciones' son hechos de la vida, es decir que ya son inmateriales, ya no cuenta lo cuantitativo, lo material, lo cual puede explicar el efecto de las diluciones homeopáticas (potencias).
Ahora bien, hablemos del Epilobio de María Treben. Esta planta se caracteriza sobre todo por el hecho de quedo que parece ser en el primer momento un simple cabillo, es en realidad el ovario hipógino que, como es propio de los frutos, se engruesa, cambia de color y se alarga. En otoño despide las semillas, envueltas en gran cantidad de algodón. El Epilobio en sus variedades es una planta bastante frecuente. Florece y fructifica mucho, es decir que en ese ámbito despliega sus energías vitales, mientras que las hojas, el tallo y las raíces pasan a segundo término. Todo esto, transmitido al hombre, significa que podemos suponer el efecto principal en la parte inferior del hombre, a la que pertenecen sobre todo los órganos urinarios y genitales. Otras reflexiones llevan a excluir con bastante certeza los intestinos (aquí se prestan más las drogas con sabor, p. ej. las amargas).
El ovario de esta planta, su parte más importante y llamativa, se inclina hacia dentro. Con ello se explica claramente la analogía con la posición de la próstata. La maduración en otoño recuerda el otoño del hombre, su ubicuidad, la divulgación de la enfermedad'.
Algo parecido ocurre con el melón, la calabaza: ovario hipógino, aumento gigantesco después de la floración y la acción necesaria sobre los órganos urinarios. Lo mismo pasa con la pera (Pyrus). Y para los peritos: la Hypoxis rooperi, la planta original del Sitosterin de Sudáfrica, también tiene un ovario hipógino.
Es interesante que algunas plantas urogenitales, como el álamo, el algodonero (Gossypium) produzcan también esa abundancia en algodón. Todavía no se ha encontrado la explicación.
El mayor efecto se consigue, como dice también María Treben, con la infusión. Esa forma de preparación aromática y agualosa indica a los principios curativos el camino hacia la parte inferior del hombre, hacia el aparato urinario.
¡Y lo más importante es que el Epilobio ayuda!
Muchas gracias a la descubridora de esta planta olvidada de la Farmacia de Dios. «
 Fárfara (Tussilago farfara)
FAR FARA (Tussilago farfara)
Cuando en los prados y ribazos de las regiones frías todavía escasea la vegetación a finales de invierno y apenas empieza a brotar el sauce, ya se asoman las florecitas amarillas de la Fárfara para saludar la primavera.
En terrenos húmedos, escarpaduras peladas, graveras, baldíos y escombreras aparecen las flores de la Fárfara a grandes cantidades, como tapices amarillos, y mucho antes que las hojas, abejas y otros insectos encuentran allí su primer alimento del año. La Fárfara se cría solamente en tierra arcillosa, por lo que su presencia ya basta como indicador de terrenos arcillosos. Sus flores son las primeras que podemos recolectar para nuestras provisiones del invierno. Por sus facultades expectorantes y antiinflamatorias esta planta medicinal es muy eficaz para combatir la bronquitis, la laringitis, el catarro de garganta, el asma bronquial y la pleuritis, e incluso tiene buenos efectos en el caso de tuberculosis pulmonar. Contra la tos per­sistente y la ronquera se debe tomar varias veces al día una tacita de ti­sana de Fárfara con miel bien caliente.
Más tarde, en mayo, salen las hojas, verdes por encima y blancas algo­donosas en el reverso, y las usamos, ya que contienen mucha vitamina C, para enriquecer sopas y ensaladas primaverales. Como las hojas contienen más agentes activos que las flores se recolectan también para obtener una tisana compuesta de hojas y flores.
Desde los médicos naturalistas de la antigüedad hasta el Padre Kneipp, todos han elogiado con unanimidad las virtudes de la Fárfara. Las hojas frescas lavadas y desmenuzadas, aplicadas en forma de ca­taplasma al pecho, ayudan a curar las graves afecciones del pulmón, la erisipela, las contusiones que producen moraduras e incluso la sino­vitis. Los efectos de estas cataplasmas son asombrosos.
Compresas empapadas en una infusión de Fárfara bien cargada se emplean en casos de úlcera escrofulosa. Los afectados de bronquitis crónica acompañada de tos convulsiva deben inhalar varias veces al día los vapores de Fárfara, tanto de flores como de hojas; al poco tiempo notarán un gran alivio. Contra pies hinchados es muy conveniente tomar unos baños de pie con tisana de hojas de Fárfara.
Con las hojas de Fárfara se puede preparar un jarabe que es un remedio excelente para toda clase de enfermedades pulmonares y catarro bronquial. En un recipiente de loza o de cristal se van poniendo, ca­pa por capa, hojas de Fárfara y de azúcar moreno hasta que esté lleno. Después de dejarlo asentarse se vuelve a llenar y se tapa con dos o tres hojas de papel pergamino o celofán que se ata bien. En un lugar protegido del huerto se hace un hoyo en la tierra, se mete el recipiente y se pone una tabla de madera encima. Finalmente se cubre todo de tierra. La temperatura constante favorece la fermentación. Al ca­bo de 8 semanas se saca el recipiente y se da un hervor al jarabe de Fárfara que se ha formado. Se deja enfriar y se echa en botellitas de cuello ancho para guardarlo. Este jarabe es nuestra mejor defensa du­rante el período invernal contra la gripe. Se toma a cucharaditas.
En primavera se da a los enfermos de asma, bronquitis y catarro de fumadores dos o tres cucharaditas de jugo fresco obtenido de las hojas de Fárfara. Se toman en caldo de sopa o en leche caliente.
La flebitis se puede curar con una especie de ungüento que se prepara de hojas de Fárfara machacadas y mezcladas con nata fresca batida. Esta masa se aplica a las partes inflamadas y se cubre con un paño. Contra los dolores de oído ayudan unas gotas de jugo recién exprimido de hojas de Fárfara intro­ducidas en el oído.
TISANA CONTRA LA TOS
Si desea obtener un remedio expectorante y contra la tos mezcle en partes iguales flores y hojas de Fárfara, flores de Gordolobo, Pulmonaria y hojas de Llantén. Tome dos cucharaditas de esta mezcla y escáldelas con 1/4 de litro de agua. De esta tisana se toman tres tazas al día, bien caliente y endulzada con miel.
MODOS DE PREPARACION
Tisana:           1 cucharadita colmada de flores (más tarde hojas y flores mezcladas en partes iguales) se escalda con 1/4 de litro de agua hirviendo y se deja reposar brevemente.Cataplasmas frescas: Hojas frescas se machacan y se aplican a las partes enfermas.
Inhalaciones: Escaldar una cucharada colmada de flores y hojas y aspirar el vapor debajo de una sábana o manta. Repetir las inhalaciones varias veces.
Pediluvios:     Dos puñados de hojas de Fárfara se escaldan con la cantidad necesaria de agua hirviendo y se deja todo reposar un poco. Duración del baño: 20 minutos.
Jugo fresco:   Hojas de Fárfara recién cogidas y lavadas se exprimen en la licuadora.
Jarabe y tisana expectorantes: Véase lo expuesto más arriba.
 Apuntes de este libro

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