jueves, 11 de junio de 2015

Diario Vaticano / Los últimos nombramientos antes de la renuncia Desde Gänswein a Balestrero pasando por el IOR. Un análisis de los nombramientos decididos por Benedicto XVI en la fase final de su pontificado. No todos eran obligados. ¿Serán de obstáculo o de ayuda para el futuro Papa?





CIUDAD DEL VATICANO, 27 de febrero de 2013 – Durante las últimas dramáticas semanas del pontificado de Juan Pablo II, en ese entonces sin voz y extremadamente debilitado, hubo algunos nombramientos que suscitaron perplejidad.

Como es el caso de Angelo Comastri, hoy cardenal, como coadjutor del arcipreste de la Basílica de san Pedro.

O como la aceptación de la renuncia del cardenal Miguel Obando Bravo como arzobispo de Managua, publicada, junto a otras veintitrés disposiciones pontificias, en los últimos dos días de pontificado, con el papa Karol Wojtyla ya moribundo.

Sin contar con que circuló insistentemente el rumor, no exento de fundamento, de un intento – no concretado – para sustituir in extremis al secretario de Estado, Angelo Sodano, por el cardenal Giovanni Battista Re, en esa época prefecto de la Congregación para los Obispos, la misma que por su parte había dispuesto con éxito la dimisión de Obando Bravo.


También al final del pontificado de Benedicto XVI no faltan, y no faltarán, observaciones críticas sobre sus nombramientos de fin de pontificado. Aunque nadie podrá jamás refutar el hecho que estos nombramientos han sido efectuados por un Papa realmente “dimitente” porque está debilitado por la edad, pero siempre en pleno ejercicio de sus poderes y, sobre todo, en pleno uso de sus facultades físicas, mentales y espirituales.

Dicho esto, es por cierto interesante analizar cuáles han sido las últimas decisiones que ha tomado el papa Joseph Ratzinger en el gobierno de la curia romana y cuáles dejará a su sucesor, si bien es bueno siempre recordarlo, éste último será plenamente libre para confirmarlas o no al comienzo o en el transcurso de su pontificado.

A pesar de los rumores desencadenados por el llamado "Vatileaks", Benedicto XVI no ha castigado en absoluto a sus más estrechos colaboradores, sino que en todo caso los ha fortalecido también para el futuro.

Es en esta clave que se puede leer el nombramiento de su secretario particular Georg Gänswein como arzobispo y prefecto de la Casa Pontifica. Cuando esto tuvo lugar, el 7 de diciembre pasado, no faltó quien hizo notar la inédita anomalía de un eclesiástico que asumía en sí mismo el doble cargo de secretario y de prefecto de la Casa Pontifica. Pero el Papa, con toda probabilidad, ya sabía que esta anomalía no habrá de durar mucho tiempo.

Respecto también a las cuestiones económico-financieras, parece que Benedicto XVI había querido dejar a su propio sucesor un Instituto para las Obras de Religión, el IOR, dirigido por una "gobernanza" clara, ya sin las insanables contradicciones internas que se había producido con Ettore Gotti Tedeschi como presidente del Consejo de Superintendencia laico.

Es en esta clave que hay que leer el nombramiento del alemán Ernst von Freyberg en el puesto de Gotti Tedeschi y la renovación de la Comisión Cardenalicia de Vigilancia en el "banco " vaticano, que ha visto la inevitable salida del cardenal Attilio Nicora – pedida por Moneyval por cuanto era incompatible con su cargo de presidente de la Autoridad de Información Financiera –, pero no la del cardenal Jean-Louis Tauran, voz autorizada – también crítica – de la clásica escuela diplomática vaticana.

El cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, ha sido confirmado por el Papa como miembro y presidente de la Comisión Cardenalicia del IOR. El purpurado salesiano consiguió además que un cardenal de su estrecha confianza, Giuseppe Versaldi, se convierta en delegado pontificio en la Congregación de los Hijos de la Inmaculada Concepción [Concepcionistas], propietaria en Roma de dos importantes estructuras sanitarias que se encuentran al borde de la quiebra por mala gestión.

En la última fase del pontificado se ha acrecentado también en la curia romana el peso de los Focolares.

Además del prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada  y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal brasileño Joao Braz de Aviz, los seguidores de Chiara Lubich ya tenían dos puntos fuertes en la Secretaría de Estado, con los arzobispos Angelo Giovanni Becciu, quien ocupa el cargo de sustituto, muy importante también en el período del cónclave, y Luciano Suriani, una especie de jefe de personal de la curia, con un rol influyente en especial en los nombramientos y en los desplazamientos de los nuncios.

Pero esta patrulla, ya nutrida, de focolares curiales, ha adquirido un peso todavía mayor con la promoción, en noviembre del año pasado, de Angelo Zani, de sub-secretario a arzobispo secretario de la Congregación para la Educación Católica.

Hay que señalar como significativo también el nombramiento del nuevo sub-secretario de esta Congregación, en la persona del padre Friedrich Bechina, de 47 años de edad, austríaco, muy estimado en el departamento pontificio. Él es miembro de la familia espiritual “La Obra” (Das Werke), de la que forma parte también la hermana Christine, la religiosa que asiste al hermano de Benedicto XVI, Georg Ratzinger, en sus estadías en Roma.

Pero el nombramiento que ha capturado la mayor atención mediática de los últimos días ha sido el del joven y brillante vice-ministro de los Asuntos Exteriores vaticano, Ettore Balestrero, como arzobispo y nuncio en Colombia.

El nombramiento en cuestión, madurado en los días próximos a la Navidad, ha adquirido una dimensión particular porque fue publicado luego del anuncio de la renuncia pontificia y justamente en los días en los que el eclesiástico era objeto de artículos hostiles en el diario "la Repubblica".

Es un nombramiento importante y difícil de descifrar.

En los tres años de servicio, Balestrero conquistó la confianza tanto del secretario de Estado como del departamento pontificio. Esto le ha provocado no pocas envidias, sin contar con que fue sobre todo él quien innovó en la política internacional de su cargo: de un acercamiento más "soft" a actitudes más intransigentes en cuestiones éticamente sensibles.

Ahora, a los 46 años, es enviado a un país importante, convirtiéndose así en el más joven entre los nuncios y entre los obispos italianos. Pero al mismo tiempo está obligado a dejar Roma para ir a un país lejano. Los veteranos de la curia sostienen que un puesto aunque sea menor en la Secretaría de Estado tiene más importancia que una nunciatura aunque sea prestigiosa, tal como lo han probado las carreras de los grandes Agostino Casaroli y Achille Silvestrini, que recorrieron su propio "cursus honorum" sin dejar jamás el Palacio Apostólico.

De todos modos, en el Vaticano se hace notar que el nombramiento de Balestrero en Colombia tiene un ilustre antecedente.

En 1975, el entonces asesor (equivalente al vice-ministro de Asuntos Exteriores) Eduardo Martínez Somalo, en el cargo desde 1970, fue nombrado por Pablo VI, cuando tenía tan solo 48 años de edad, nada menos que arzobispo y nuncio en Bogotá. Se trató solamente de un alejamiento provisorio. En 1979, efectivamente, el nuevo papa Juan Pablo II lo llamó a Roma como sustituto en la Secretaría de Estado, cargo que dejó posteriormente en 1988 porque fue promovido a cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

La comparación entre Balestrero y Martínez Somalo es indudablemente sugestiva. Pero es obvio que por ahora se limita solamente a la primera fase, y nada puede garantizar que evolucione en un sentido análogo. En efecto, todo dependerá de quién será el próximo Papa y de quién será el próximo secretario de Estado.

El pontificado de Benedicto XVI concluye entonces con una serie de nombramientos significativos, pero también con una designación que falta.

En efecto, permanece vacía la casilla de secretario de la Congregación para el Instituto de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, dicasterio que todavía debe extraer conclusiones de la espinosa y contradictoria visita apostólica a las religiosas estadounidenses.

Luego de haber evaluado la hipótesis de un obispo con barras y estrellas, últimamente parecía que se pensaba en la promoción de un religioso de Estados Unidos, con toda probabilidad un dominico.

Pero en este tema el papa Ratzinger ha querido dejar totalmente la decisión en manos de su sucesor.

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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

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